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domingo, 20 de noviembre de 2022

PAN Y CIRCO


Montaje: Pedro Delgado

Quería escribir una entrada sobre los aspectos desagradables que rodean al Mundial de Fútbol de Qatar, pero motivos de peso, de los que ya les hablaré en otra ocasión, me impedían centrarme delante del ordenador. Hoy, al abrir las páginas del diario Sur, me topé con este texto del escritor y columnista Antonio Soler, y pensé que ya no era necesario que yo escribiese nada.

Pan y circo
Por Antonio Soler

Lo escribió Juvenal allá por el año 100 antes de Cristo a la vista de la decadencia del sentido crítico en Roma. Luego lo hemos ido repitiendo en distintas versiones. Ahora resucita a raíz del mundial que hoy empieza en Qatar. Es el mundial del despropósito, el del petróleo, el de la liga partida y el de la resignación ante el cash, la pasta, la plata, el dólar, da igual en qué idioma o jerga se exprese. Y también se ha convertido en el mundial de la ética. Miles de trabajadores inmigrantes, esclavos en la práctica, han muerto en las obras de los estadios levantados en medio de la polvaranca, las cabras y las torres petrolíferas.

 Pero allí vamos. Los países del jardín europeo, que dijo Borrell, los de la jungla, los bosquimanos y las superpotencias. Porque lo dice el señorito/jeque de Qatar que quería su mundial y porque finalmente hay que seguir con el circo. Si en ese país no se respetan los derechos humanos, si la mujer vive como en la edad media y la democracia es un cuento chino, habrá que tragárselo, porque la pelota sigue rodando en la cancha global. El presidente de la FIFA, con el nombre, adecuado para la ocasión, de Infantino, ha salido en defensa del país organizador y ha llamado hipócritas a los críticos. Pero no se trata de hipocresía. Se trata de reconocimiento, de aceptación. De saber dónde pisamos y qué hay bajo el césped. Cuánta miseria hay bajo esa alfombra, en los cimientos de esos estadios y de esos hoteles de lujo extra.

 Europa, según Infantino, debe pedir perdón por los últimos trescientos años de abusos coloniales. El pasado, las guerras napoleónicas. Matusalén. Maniobra infantil del forrado Infantino. Porque no se trata del ayer, sino del hoy. Del presente de un país que representa, justamente, el pasado, por mucho dinero, plata o guita que tenga. El pasado moral encerrado en rascacielos de oro. Infantino se siente hoy, según ha confesado, catarí, africano, gay, discapacitado y trabajador. Cualquier cosa con tal de que la pelota y la plata sigan rodando. Mejor habría hecho Infantino en no apelar a la historia y aceptar humildemente las condiciones del planeta, el movimiento macroeconómico y la necesidad del circo por una parte del pueblo. No sé si con eso de trabajador, Infantino quería decir que también se siente obrero, marxista. El inventor de aquello aseguró que la religión era el opio del pueblo. El fútbol es el nuevo opio, el nuevo circo y para muchos hooligans la nueva religión. Pues eso. Para qué buscar más explicaciones ni apelar a tres o veinte siglos de historia. Hay que ir a misa, al estadio, comulgar con el gol y purgar los pecados. Amén.

 

miércoles, 8 de enero de 2020

ME ACUERDO (DE 2019)


Ahora que empieza el nuevo año me pongo a recordar el anterior y, como George Perec, me acuerdo:

 Me acuerdo de la tristeza de enero, y de la técnica japonesa del kintsugi.

Técnica japonesa del kintsugi

 Me acuerdo del homenaje a Paco Caballero en la cuarenta edición del Cross de Sonseca, y de lo bonito que es reconocer a las personas en vida.

Paco Caballero con Fermín Cacho, campeón olímpico en los 1.500 metros
Fotografía: Archivo personal de Paco Caballero

José Manuel Abascal, medalla de bronce en los 1.500 metros de los Juegos Olímpicos de 1984, habla sobre Paco Caballero y el Cross de Sonseca

Sur, de Antonio Soler (Editorial Galaxia Gutenberg)
Fotografía: Lucía Rodríguez

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2019/01/antonio-soler-uno-de-los-nuestros.html

 Me acuerdo de tener que darme de baja a mediados de marzo por la agravación de mi fascitis plantar y de una tendinopatía en el tendón del tibial posterior; de ponerme de nuevo en manos de Antonio Jurado, mi fisioterapeuta de toda la vida, y de estar leyendo su primera novela, El árbol de la cucaña, mientras me ponía ondas de choque en la camilla.

Pedro Delgado leyendo en el Centro de Rehabilitación Larios
Fotografía: Lucía Rodríguez

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2019/04/antonio-jurado-fisioterapeuta-y-escritor.html

 Me acuerdo de haber visto en abril retornar al porche de casa a gorriones y golondrinas, y de ponerles comida y sentarme en el banco a observarlos. De Notre Dame en llamas, y de inyectarme factores de crecimiento en la inserción de la fascia plantar en el calcáneo.

 Me acuerdo del vuelo nocturno de mi hijo Enzo a los mandos de una Piper en mayo, y de ir a recogerlo a las tres de la mañana al aeropuerto de Málaga. De volver ese mes al instituto, aún con dolor en el talón al caminar, y de alternar días de ciclismo con otros de natación en la piscina de la Universidad para tratar de ponerme en forma. De la aparición de John Ruskin, con motivo de su bicentenario, en el Cementerio inglés de Málaga. Y, algo menos prosaico, de preguntarme por qué tienen que poner La Noche en Blanco el mismo día de Eurovisión.

Un fantasmal y magistral John Ruskin hace su aparición en el minuto 29:34

 Me acuerdo de la graduación de 4º de mi hijo Pedro en junio. También de la de mis alumnos –fue un placer darles clase y, sobre todo, verlos crecer–.

Alumnos de 4º de ESO del Isaac Albéniz de Málaga
Fotografía: Pedro Delgado

Alumnos de 4º de ESO del IES Isaac Albéniz de Málaga
Fotografía: África Caro

Alumnos de 4º de ESO del IES Isaac Albéniz de Málaga
Fotografía: Pedro Delgado

 Me acuerdo del concierto que dio Rod Stewart en julio en Fuengirola y de lo bien que envejece. También del de los míticos The Beach Boys en el Starlite de Marbella, y del de La Bien Querida con el poeta Alejandro Simón Partal en el jardín de la Casa Gerald Brenan de Churriana.

Cartel concierto Rod Stewart en Fuengirola

 Para ver el concierto completo: https://www.youtube.com/watch?v=0JXJz-RJadY

The Beach Boys en el Starlite Festival (Marbella, 11 de julio de 2019)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Alejandro Simón Partal y La Bien Querida
Casa Gerald Brenan en Churriana

https://es-es.facebook.com/GPONChurrianaTV/videos/467764890678495/

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2019/07/playa-o-piscina.html

 Me acuerdo de las obras de reforma que realizamos en casa en el mes de agosto, y de lo terrible que es tener toda la casa patas arriba.

Fotografía: Pedro Delgado

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2019/10/la-baraka-y-otros-textos-marruecos.html

 Me acuerdo del comienzo de curso en septiembre, de las caras nuevas y las ya conocidas.

 Me acuerdo de nadar como si no hubiese un mañana un 2 de octubre en la playa de Guadalmar, del miedo que pasé y del alivio que sentí al poder evitar una tragedia. También de tragarme casi todas las retransmisiones del Campeonato Mundial de Atletismo celebrado en Doha; del keniata Eliup Kipchoge, que prefirió viajar a Viena en lugar de a Qatar para bajar de las dos horas en una maratón prefabricada y de laboratorio; del revuelo que causaron sus zapatillas de alta tecnología que valen cerca de 300 euros, y del daño que me hice en la espalda al levantar un mueble con uno de mis hijos.

Pedro Delgado, De La Fuente y Calle 
Jornada deportivo-recreativa en la playa de Guadalmar
Málaga, 2 de octubre de 2019

Campeonato Mundial de Atletismo en Doha 2019

Kipchoge rodeado de liebres en su récord no homologado de Maratón
1 hora 59 minutos y 40 segundos (Viena, 12 de octubre de 2019)
Fotografía: Agencia Reuters

Eliup Kichoge con sus zapatillas voladoras
El primer hombre en bajar de las dos horas en maratón

 Me acuerdo de ponerle a los alumnos la película Invictus, de las cuatro sesiones de rugby y de que los Springboks volvieron a ganar el campeonato del mundo de ese deporte el día 2 de noviembre. También de lo graciosa que estuvo Yolanda Ramos en la inauguración del Festival de Cine Fantástico de Málaga en el  cine Albéniz.

Cartel de la película Invictus

Cartel Copa Mundial de Rugby
Japón 2019

Sudáfrica campeona de la copa del mundo de rugby (Japón, 2019)

Tecla Lumbreras y Yolanda Ramos en la inauguración del Fancine
 Málaga, 2019

 Me acuerdo de ver entrar en meta al keniata Martin Cheruiyot en la Maratón de Málaga que se celebró en diciembre, y de lo bonito que hubiese sido que ganara el 2º clasificado, Elud Kibet, quien se cayó en la pasada edición a tres metros de la meta cuando iba segundo y fue adelantado por dos atletas.

Martin Cheruiyot vencedor de la Maratón de Málaga 2019
Fotografía: Pedro Delgado

Elud Kibet segundo clasificado en la Maratón de Málaga 2019
Fotografía: Pedro Delgado

Dramática llegada de Elud Kibet en la Maratón de Málaga de 2018

  Me acuerdo de los familiares y amigos que ya no están.

 Me acuerdo, por último, de la sorpresa (pensaba que mis dos agapornis eran machos) de ver que Tiberio ha puesto cuatro huevos.

Tiberio mirando a cámara, con Leonardo y los huevos al fondo
Fotografía: Pedro Delgado

lunes, 7 de enero de 2019

ANTONIO SOLER: UNO DE LOS NUESTROS


Pedro Delgado y Antonio Soler
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario

Hace muchos años leí en algún periódico que el escritor Antonio Soler (Málaga, 1956) practicó atletismo en su juventud, y que fue un accidente de tráfico lo que le apartó de las carreras y echó en brazos de la literatura. Lo reseñaban de pasada, lo que hizo que me picara la curiosidad, pues yo llevaba corriendo desde los 14 años y nunca lo había visto correr. Pregunté en Carranque a los más veteranos, pero ninguno sabía nada de él, ni siquiera Rodrigo, que antaño había custodiado la entrada a la Ciudad Deportiva. En definitiva, interrogué a tantas personas sin resultado, que di por hecho que aquello era una especie de leyenda urbana, uno de esos bulos que, sin saber muy bien cómo, terminan por recalar en los medios de comunicación.

 Una tarde, hace ya también bastantes años, en la que acababa de salir a correr fuera de la Ciudad Deportiva de Carranque en compañía de Rafael Morales, Francisco Espejo y Juan Sarria, me topé con Antonio Soler. Estaba parado en la esquina de la avenida Santa Rosa de Lima con la del Obispo Ángel Herrera Oria, y sostenía una raqueta de padel o de frontón en las manos mientras conversaba con otra persona. Al vernos llegar nos miró, y hubo un momento, al pasar junto a él, en que nuestros ojos se cruzaron. Durante esos breves instantes, sentí que Soler no me veía a mí, sino al corredor que una vez él había sido. O tal vez sólo fuesen imaginaciones mías. Corrí ese día ensimismado en mis pensamientos, pues por entonces ya empezaba a fantasear con colgar las zapatillas y dedicarme a escribir, cosa que hice, consciente de lo difícil de la empresa, en el año 2001, aplicando la misma constancia y fuerza de voluntad que me caracterizó en mi etapa atlética.

 Volviendo a Antonio Soler, les diré que logré desentrañar aquel misterio el año pasado, al asistir a unas jornadas sobre fútbol y literatura en el Instituto Andaluz del Deporte, de las que ya les hablé en otra entrada*. Allí escuché de su propia boca que había sido deportista, y que había hecho muchos kilómetros en la pista de Carranque, cuando era de ceniza y, luego, cuando tenía un buen tartán. También relacionó el atletismo con la literatura de una manera que no puedo más que suscribir plenamente:
"Yo que he hecho atletismo hasta los 21 años, compitiendo... Para mí el ejercicio de correr, de dar una zancada más, de salvar una distancia, de ejercitar esa voluntad, esa disciplina, tiene mucho que ver con escribir novelas, donde el trabajo de media mañana a lo mejor son cuatro frases que parece que no llevan a nada, lo mismo que en una carrera de fondo veinticinco zancadas parece que no son nada, pero son absolutamente imprescindibles para la carrera. El acto de estar pareciendo agotado, pero sigues y continúas... Y mañana otra vez, y vuelves a la pista, vuelves al campo... Todo eso tiene que ver con escribir una novela. Es una carrera de fondo, en soledad". 
 Hace ya tiempo, el escritor Pablo Aranda me dio el correo de Antonio para que le escribiese y saliese de dudas, pero por cierta timidez no llegué a hacerlo. Así que, al terminar la mesa redonda, me armé de valor y lo abordé. "Usted no lo sabe, pero esta tarde ha resuelto un interrogante que me ha acompañado durante mucho tiempo; aunque ahora, que sé que es verdad que fue atleta, me surgen nuevas preguntas, y esta vez, para no molestarle ahora, sí que se las voy a mandar en un correo".

 Antonio Soler se prestó amablemente a ello, y aquí están mis preguntas y sus respuestas:

Pedro Delgado. Usted corrió hasta los 21 años, lo que significa que si nació en el 56 debió retirarse en el 77, dato que explica mi desconocimiento, y el de muchos, de su breve carrera atlética, pues ese año yo cumplía 11 años y sólo iba a Carranque en verano, como tantos malagueños, para bañarme en la piscina. ¿A qué edad se inició en el atletismo, y qué le motivó a ello?
Antonio Soler. Exactamente el año en que dejé de correr fue el 78, nací a final de año, con lo cual en ese momento del 78 tenía 21 años. Empecé a competir en el colegio Los Olivos, primero en las pruebas internas del colegio, y luego, formando parte del equipo del colegio, contra los otros centros de la provincia. También participé en encuentros interprovinciales y algunos campeonatos escolares. Puede que cuando empezara a competir con el equipo del colegio tuviese catorce o quince años. No lo recuerdo muy bien.

Antonio Soler (a la dcha.) en el laboratorio de ciencias del Colegio Los Olivos
Archivo fotográfico Padre Mayo

P.D. No sabía que había estudiado usted en Los Olivos, y me emociona descubrir que ambos llegamos al atletismo de la misma manera. Yo me fui de allí al terminar 1º de BUP, a Martiricos. Aunque luego también pasé por el Polígono de Cártama y el Cánovas del Castillo. Pero eso no viene ahora al caso. ¿Terminó usted sus estudios allí?
A.S. No, no acabé allí mis estudios. Estuve seis años y me fui a repetir curso al instituto Cánovas del Castillo, donde hice sexto de bachiller y COU.

P.D. ¿Para qué pruebas entrenaba? ¿Y lo hacía por su cuenta o bajo la dirección de algún entrenador?
A.S. En el colegio, empecé compitiendo en campo a través, de ahí pasé a 800 en pista. Recuerdo que en el colegio la "pista", era de tierra, sin calles. Y no sé muy bien si la longitud era muy exacta. Como federado básicamente corrí 400. En el colegio tuve un par de entrenadores, como federado uno que me daba, normalmente por medio de algún compañero, el plan de entrenamiento semanal. Yo estudiaba por las tardes, que era cuando entrenaba la mayor parte de los atletas del CAIM, así que los veía muy poco.

P.D. El club CAIM se fundó en febrero de 1976, por lo que no sé si llegaría usted a militar en él. ¿Llegó a pertenecer a algún club?
A.S. Sí, estuve en el CAIM.

P.D. Pues en eso también coincidimos. ¿Recuerda las marcas que hizo y en qué categorías?
A.S. En el CAIM básicamente hice 400, recuerdo que ocasionalmente y más por recordar los tiempos escolares que por otra cosa hice algún 800. No recuerdo con exactitud las marcas, en 400 estaba rondando los 50 segundos. En 800 bajé algunas veces de los dos minutos.

(En un correo posterior, Antonio me apuntó los tiempos que tenía anotados, donde se puede ver la progresión de sus marcas).

Marcas de Antonio Soler

P.D. ¿Participó en algún campeonato?
A.S. Recuerdo algunas competiciones interprovinciales en Andalucía, algún viaje a Sevilla, Granada, pero no el rango que aquello tenía.

(Tras preguntarle en otro correo si recordaba su participación en el Campeonato de España de Selecciones Provinciales de 2ª categoría que se celebró en Segovia en el año 76, donde corrió el 800 y el 4x400 –tal como me apuntó Antonio Castro que en aquella época viajó como delegado–, me dijo que tenía un recuerdo vago de aquellos viajes; aunque sí recordaba bien un campeonato de cross en Tarragona, pero ese dentro del ámbito escolar).

P.D. ¿Qué recuerdos guarda en la memoria de aquella época?
A.S. Yo andaba dividido en varias facetas. Aunque leía desde niño, en esa época había empezado a leer con bastante más rigor, vislumbraba la posibilidad de dedicarme a algo creativo, por otro lado estaba estudiando, andaba en una especie de montaña rusa personal, con las primeras relaciones sentimentales más o menos fuertes, escapadas con amigos, los primeros viajes. El atletismo era una parcela más, importante pero no decisiva. Alguna vez me lo dieron a entender en el club aunque nunca de un modo directo. Diríamos que no hacía vida de atleta ortodoxo. Pero los recuerdos alrededor del atletismo siempre son buenos. El mejor de todos aquella sensación de libertad que me producía correr rápido, sin cansancio, una verdadera liberación. También el compartir muchos kilómetros entrenando con algunos amigos. Fundamentalmente, y por los horarios coincidentes, entrenaba con Santi Rodríguez Cánovas, que hacía obstáculos, y Ángel López, que corría 1.500 y 800. También tuve amistad con Felipe Vicaría. Felipe y yo intentábamos pisarle los talones a Carlos Azulay en 400.

P.D. Azulay fue socio fundador del CAIM, y como atleta llegó a tener el récord nacional de 400 metros vallas y decathlon, siendo campeón de España absoluto en 400 metros vallas en 1983. También lo fue de decathlon en 1981 y 1988, de heptathlon en 1985, y de octathlon en 1982 y 1987. Es un mito del atletismo malagueño, y todo un ídolo para la gente del CAIM.

Carlos Azulay con el estadounidense Edwin Moses. Fotografía: Página web club CAIM

Carlos Azulay (izq.) en la final de los 400 metros vallas en el Campeonato de España de 1983
Fotografía: Revista Atletismo Español
https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2015/02/duelo-al-sol.html

¿Conserva usted memorabilia de su etapa atlética? Fotografías, recortes de periódicos, hojas de resultados, diplomas, medallas, equipaciones, zapatillas de clavos..., objetos de los que no haya querido desprenderse y que le recuerden o le conecten con aquella época de su vida.
A.S. No guardo nada. Una fotografía en blanco y negro y algo borrosa durante un entrenamiento,

"Te adjunto también una foto, la única mía que he encontrado corriendo en aquella época. Es de la primera carrera que organizó la peña El Bastón, esa que acababa en Gibralfaro. Fui de los primeros, pero realmente no recuerdo el puesto, la foto, tan movida en la que no se me reconoce demasiado, me la hizo una amiga desde un coche, por el paseo de Sancha".

y también, al menos hace poco lo vi, el carnet* del CAIM, no recuerdo si de 1.977 o 1.978.
*Esa ficha federativa tiene un valor histórico, así que, en cuanto Soler la encuentre, la adjuntaremos a esta entrevista. De hecho, su infructuosa búsqueda es lo que ha demorado esta entrevista cumplimentada en enero de 2018.

P.D. Tengo entendido que tuvo una fractura en la pierna a causa de un accidente de tráfico. Después de aquello, ¿por qué optó por la retirada en lugar de retomar los entrenamientos?
A.S. Fue una fractura muy importante. Estuve casi un año sin poder andar. La recuperación total duró un año y medio. Con 23 años, la carrera por terminar, la amenaza de la mili por delante y un futuro bastante incierto en el que la literatura cada vez tenía más importancia para mí, me hicieron desistir de cualquier posibilidad de competir medianamente en serio. Sí lo hice en el ejército, durante dos o tres meses, lo suficiente como para darme cuenta de que ya no tenía mucho sentido.

P.D. He leído en alguna parte que en el hospital empezó a escribir un relato, y que su hermana lo envió al Ignacio Aldecoa y le dieron el segundo premio. ¿Es eso cierto?
A.S. Sí, es exactamente así. Y fue el momento en el que dejé el atletismo aunque luego, en el ejército competí en 400, algo circunstancial y para librarme de algunas guardias. En cuanto a lo del relato aquel, lo escribí casi entero, en una mañana, en el hospital, adonde fui a parar a causa de un accidente de tráfico. Efectivamente mi hermana lo envió al premio Ignacio Aldecoa y me dieron el segundo premio. Unos pocos años después volví a participar y me concedieron el primer premio, entonces ya único. Lo que no es cierto, como alguna vez se ha contado, es que empezara a escribir debido a mi estancia en el hospital. La literatura no es una vocación súbita, llevaba leyendo continuamente desde la infancia, la literatura cada vez era más importante para mí y si no hubiera estado en el hospital habría escrito ese libro en mi casa.

P.D. Durante todos estos años y desde su retirada, ¿ha seguido el atletismo a nivel local e internacional?
A.S. He seguido las grandes competiciones, Campeonatos del Mundo, Olimpiadas, campeonatos europeos y algunos grandes mítines.

P.D. ¿Podría darme el nombre de algunos corredores a los que haya admirado o seguido?
A.S. Siempre admiré por encima de cualquier otro a Sebastian Coe. Su modo de correr, tan elegante, tan vibrante, me emocionaba.

Sebastian Coe

 También me gustó muchísimo, Fernando Mamede, el mediofondista y luego fondista portugués.

Fernando Mamede

 El finlandés Lasse Viren, Said Aouita, José Luis González.

Lasse Viren

José Luis González y Said Aouita

 En velocidad tuve debilidad siempre por Pietro Mennea. Como se ve algunos ya casi prehistoria atlética.

Pietro Mennea

P.D. Comparto la admiración por todos esos atletas, aunque yo era más de Carlos Lopes que de Mamede. En un par de ocasiones le he visto por Carranque con una raqueta en la mano. No sé si para jugar al padel o al frontón. ¿Qué deportes practica ahora? Y si sale a correr de vez en cuando, ¿qué sensaciones tiene?
A.S. Jugaba a frontón hasta hace un par de años. Eso sí lo he mantenido durante veinte años seguidos. Ya a comienzos de los setenta iba a Carranque a jugar a frontón, todos los veranos, durante horas. Después lo retomé a principios de los noventa. Ahora de vez en cuando corro en una cinta, a veces he ido por la carretera interior de Gibralfaro. La sensación que tengo es que antes corría mucho.

P.D. Se ha dejado alguna vez llevar por la añoranza y se ha calzado las zapatillas para participar de forma anónima en alguna de las clásicas malagueñas, como la Mini Maratón de la Peña El Bastón, la Media Maratón Ciudad de Málaga o la Carrera Urbana Ciudad de Málaga?
A.S. No, no he participado en ninguna de esas carreras después de aquello. Sí lo hice, creo que debió de ser en 1.977 o 78, en una que salía de los alrededores de la carretera de Cádiz y acababa en Gibralfaro, me parece que era la de la Peña el Bastón. Como se ve mi memoria atlética necesita un engrase, pero son cuarenta años de distancia, casi un maratón de años.

P.D. A pesar del interés que despiertan, gracias al boom de las carreras, no hay muchos libros que aúnen literatura y atletismo. De esos pocos que hay, ¿cuál o cuáles le han gustado más?
A.S. Sobre todo "La soledad del corredor de fondo", de Alan Sillitoe. También me parece muy buena "La media distancia", de Alejandro Gándara.

La media distancia, de Alejandro Gándara y La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario

P.D. Yo llevo unos años enredado en una novela sobre Jean Bouin, el atleta francés que da nombre a la clásica barcelonesa. No quisiera ser impertinente, pero ¿cómo es que usted, que suele nutrirse de sus propias vivencias en sus novelas, todavía no ha escrito nada relacionado con el mundo del atletismo? ¿A qué cree que se debe eso?
A.S. No lo sé, hay bastantes aspectos de mi vida personal que no han aparecido en mis libros. En cualquier caso, en la novela que estoy escribiendo ahora* hay unos capítulos titulados "Diario del Atleta", y ahí se cuenta algo sobre la experiencia de correr, mucho más sobre la experiencia interna que sobre la competición.

*Antonio Soler se refería a "Sur" (Ed. Galaxia Gutenberg), novela recientemente galardonada con el I Premio de Narrativa Alcobendas Juan Goytisolo, y de la que aquí daremos cuenta próximamente.

Sur, de Antonio Soler (Ed. Galaxia Gutenberg)
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario

P.D. Como guionista de cine que también es usted, ¿qué película relacionada con el atletismo le ha llamado más la atención?
A.S. Se me viene a la cabeza una quizás muy obvia pero que creo que tiene mucho encanto, "Carros de fuego", y otra vez, ahora en forma de película "La soledad del corredor de fondo".



P.D. El otro día escribí una entrada acerca de lo que usted contó en el IAD, sobre lo que suponía salir a correr a la calle en pantalón corto hace 30 años**. ¿Podría cerrar esta entrevista con otra anécdota?
A.S. Alguna del mismo corte, cuando a veces, con Santi Cánovas, entrenábamos de noche y alguna vez nos tomaron por gente que huía de algo o de alguien, de la policía, me imagino.

P.D. Muchas gracias por su atención y por dejarme remover en todos esos recuerdos. Sin duda, el deporte perdió un atleta, pero la literatura ganó un escritor.

**https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/03/los-corredores-han-tomado-la-ciudad.html

*https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/02/futbol-y-literatura.html

Antonio Soler (Málaga, 1956) obtuvo el Premio Andalucía de Novela en 1993 con Modelo de Pasión, el Premio Andalucía de la Crítica en 1995 con Los héroes de la frontera, el Premio Herralde y Premio de la Crítica en 1996 con Las bailarinas muertas, el Premio Primavera en 1999 con El nombre que ahora digo, el Premio Nadal en 2004 con El camino de los ingleses –llevada al cine por Antonio Banderas con un guión del propio Soler– y el Premio Narrativa Juan Goytisolo el pasado 2018 con Sur. Sus novelas se han traducido a una docena de idiomas, y ha impartido conferencias y cursos en numerosas universidades e instituciones culturales de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Canadá.

domingo, 12 de marzo de 2017

¡LOS CORREDORES HAN TOMADO LA CIUDAD!

El otro día leí un artículo sobre el nacimiento de las vanguardias rusas, y me acordé de las estampas atléticas del constructivista El Lissitzky*.

El Lissitzky, Récord (MoMA)

El Lissitzky, Runner in the City  (The Metropolitan Museum of Art)

 Lissitzky fue un visionario. Y afortunadamente, los corredores han tomado la ciudad y ya nadie tiene que escuchar ningún improperio desde la ventanilla de un coche, como contaba el escritor Antonio Soler hace unos meses en el Instituto Andaluz del Deporte.
"En los últimos treinta años ha habido un incremento del respeto hacia los deportistas, algo que no existía hace treinta y pico años en absoluto. Antes he contado que venía a entrenar en esta pista (se refiere a la de Carranque),  y yo vivía relativamente cerca y me vestía y venía calentando desde mi casa aquí para ahorrar tiempo y tal. A mí nunca me han insultado tanto en mi vida por el hecho de ir corriendo por la calle. Desde los coches, ahí en Martínez Maldonado, me decían "¡¡Gilipollas!, ¿pero a dónde vas?!" El hecho de ir corriendo por la calle era como si estuvieras transgrediendo no se sabe qué".


 Por cierto, y hablando de Antonio Soler, pronto tendremos una entrevista con él en Calle 1, en la que nos hablará en profundidad de sus tiempos atléticos, algo que hasta hace bien poco muchos creíamos que era una especie de leyenda urbana.

*En 1926, Lissitzky se unió a los colegas de la ASNOVA, una asociación de vanguardia arquitectónica surgida en la Unión Soviética, para diseñar un nuevo club deportivo, creando esta representación de un atleta urbano para un friso, en la que combina imágenes de al menos tres elementos: el corredor, la pista y el obstáculo y una doble exposición de Times Square, en una sola impresión. Luego cortó la imagen resultante en tiras, creando una obra que se construyó y se desconstruyó. El resultado visual es una acción congelada, una instantánea recortada, separada y estirada, "que teje la mecánica del hombre en un dinámico tapiz de optimismo industrial. La actitud heroica del corredor, trasladada al centro de la ciudad de Nueva York, se convierte en un emblema del logro humano triunfante: el hombre y el metal realizan un salto ambicioso a través del vacío al servicio del progreso industrial".

lunes, 6 de febrero de 2017

FÚTBOL Y LITERATURA


"Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol".
Albert Camus
"La escritura, como el fútbol, es un reflejo de lo que somos, amamos y odiamos".
Miguel Pardeza
"El que está en un colegio y juega bien al fútbol, tiene ya media vida salvada".
Antonio Soler 


A mediados de diciembre el Instituto Andaluz del Deporte, en colaboración con el Centro Andaluz de las Letras, organizó en Carranque unas jornadas bajo el título La cultura del fútbol. Para la primera tarde anunciaban un diálogo sobre literatura y fútbol entre los escritores Rosa Regás y Antonio Soler, así que no quise perdérmelo. El acto fue presentado por  la esquiadora María José Rienda, directora general de Actividades y Promoción del Deporte de la Consejería de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía, y a la mesa redonda se sumaron Isabel Guerrero, en calidad de jugadora y entrenadora, y Lucía Quiroga, directora del IAD, como moderadora.

Jornada La cultura del fútbol en el Instituto Andaluz del Deporte
Lucía Quiroga, Antonio Soler, Rosa Regás e Isabel Guerrero
Fotografía: Pedro Delgado

Jornada La cultura del fútbol en el Instituto Andaluz del Deporte, Málaga 2016
Lucía Quiroga, Antonio Soler, Rosa Regás e Isabel Guerrero
Fotografía: Pedro Delgado

Foto de cierre de la primera jornada La cultura del fútbol en el Instituto Andaluz del Deporte
Fotografía: Pedro Delgado







 El debate no defraudó, aunque se enredó en la cuestión de si el fútbol es o no cultura. A nivel sociológico está claro que el fútbol es una creación, pero es una creación que no trasciende, que no supone un paso adelante para la humanidad. No es alta cultura, ni Messi ni Ronaldo son Kafka o Beethoven. Me habría gustado que en lugar de debatir sobre ese hecho, se hubiese hablado más de literatura y fútbol. Que nos hubiesen dado norte sobre los libros que se han escrito acerca o en torno a este deporte. Quizá en otra ocasión...

 El último libro que me he leído relacionado con el tema es Torneo, el debut literario de la mano de Malpaso del exfutbolista Miguel Pardeza, quien fuera jugador del Real Madrid y del Real Zaragoza.

Torneo (Malpaso, 2016) de Miguel Pardeza

 Miguel Pardeza nos avisa, desde la nota aclaratoria inicial, de que no estamos ante una autobiografía al uso, pues lo que el onubense ha hecho es recrear la realidad, "alternar la verdad histórica con la ficción literaria". No obstante, el protagonista del libro es el propio Pardeza, quien se vale de sus recuerdos, "incluidos los falsos e inventados", para narrarnos su infancia y adolescencia en Huelva y Madrid, adonde llega con los complejos, inseguridades y temores propios de la edad para intentar labrarse un futuro en las filas del Real Madrid.

 Miguel Pardeza es del 65, y yo del 66, así que es normal que compartamos vivencias y emociones como las que aparecen en el libro, unidas a unos juguetes (las canicas, los cromos y los soldaditos de plástico de Montaplex), un dulce (los megatones de Cropan), unas bebidas (la Miranda de naranja y la Fanta de naranja y limón), un postre (las natillas que nos hacía nuestra madre con doble ración de galletas Cuetara), unos cómics (los de la factoría Marvel), una serie de televisión (Orzowei), unas películas (las de Bruce Lee) o un sistema educativo (EGB). Compartimos hasta una pedrada en la cabeza. Y como él, yo también estuve a punto de irme de este mundo de pequeño, aunque en mi caso fue por culpa de una vacuna para el tétanos que me pusieron después de pincharme con el clavo mohoso de una valla en el aeropuerto de Bilbao (¿Quién iba a pensar que el niño fuese alérgico al suero de caballo?).

Sobre de soldaditos de plástico de Montaplex

Algunos de mis cómics de la Marvel (Foto: Pedro Delgado)

Mi disco de Orzowei (Foto: Pedro Delgado)

 En lo que no coincidimos es en lo de Torneo, aquel programa de Daniel Vindel heredero de los Cesta y puntos y Área cinco, aunque mi amigo Miguel Ángel Moya sí llegó a participar en él y solía narrarme algunas anécdotas al respecto, como cuando consiguió clasificar a su equipo, el colegio José Luis de Arrese, para la fase televisiva del programa. Incluso llegó a participar, posteriormente, en un Torneo dedicado al atletismo.




Imágenes del programa de televisión Torneo
(extraídas del blog Carta de ajuste)
http://carta-de-ajuste.blogspot.com.es/2011/03/torneo.html

 Créanme, el tono con el que te hablaba de todo aquello ya te hacía lamentar habértelo perdido. El que no se lo perdió fue el joven Miguel Pardeza que, proclamado como el mejor jugador de la competición, aprovechó el programa para dar el salto a Madrid, a donde llegó con la responsabilidad de no fallar y no defraudar a su familia.

La pensión no era más que eso, una pensión. Como residencia para jóvenes jugadores, el hostal era una broma que plasmó en mis padres un mohín de disgusto e inquietud nada más ver su puerta [...] 
[...] Y luego estábamos nosotros, todos jóvenes futbolistas de provincias que veníamos a conquistar el Santiago Bernabéu con muchas espinillas y acentos andaluces, gallegos o murcianos. Formábamos una biodiversidad que se resumía en impaciencias, deseos y miedos parecidos. Los más pequeños tenían catorce años; los mayores, dieciocho, como mucho diecinueve, edad ésta en la que tenías que abandonar la pensión y empezar a vivir por tu cuenta de alquiler o con quien quisieras. Infantiles, cadetes y juveniles repartidos por los distintos equipos que existían entonces en la cantera del Madrid. [...] En los que llevaban más tiempo se notaba el desgaste de aquella vida entregada a una causa incierta, peleada en clara desventaja en relación con los chicos que vivían con sus familias en Madrid o alrededores. Tras dos o tres años en la cantera, uno ya empezaba a vislumbrar las posibilidades de triunfo o, por el contrario, de fracaso, y esa revelación o intuición actuaba como un orientador de tu actitud tanto en la residencia como en tu vida privada.

 En un país que gusta de las etiquetas y de los compartimentos estancos, Pardeza tiene ante sí el reto de labrarse un nombre como escritor. No es fácil. Lo sé por experiencia propia (al principio a todo el mundo le extrañaba que un atleta pudiese escribir un libro). ¿Un futbolista metido a novelista?, se preguntarán torciendo el gesto. Pero si algo tenemos los deportistas es constancia y fuerza de voluntad, así que, si se lo propone, todo llegará.

"La Quinta del Buitre"
Emilio Butragueño, Miguel Pardeza, Míchel, Sanchís y Martín Vázquez

Miguel Pardeza con la camiseta del Real Madrid y de la Selección Española

 Un escritor primerizo no necesita palos, sino ánimos, así que vaya por delante que estamos ante una primera novela muy digna. Y si no estamos ante un debut literario redondo, como esos balones con los que el autor atormentaba las cancelas de hierro y las puertas de madera de su calle, es por mor de ciertos pasajes que, a mi entender, debería de haber suprimido. Más fútbol y menos psicoanálisis le pediría a Miguel Pardeza si va a proseguir con "su historia" en otro volumen; algo a lo que lo animo, pues tiene el tono, el estilo y, seguro, mucho que contar.

 Por otra parte, me gustaría pensar que alguien le leyó algunos pasajes a Cruyff antes de morir, pues el holandés sale muy bien parado en el libro.
[...] aquella en la que empezaba a rodar el balón, que invariablemente traía el chico más pudiente y, casi por ello, el menos diestro en materia balompédica de la pandilla. En aquellos años, nuestro único objetivo era divertirnos y demostrar nuestras habilidades, casi todas plagiadas de las de nuestros héroes del momento. Yo era un aventajado en los secretos del mimetismo y mi espejo era un delantero flaco y estilizado que había ganado tres Copas de Europa con el Ajax y acababa de ser fichado por el Fútbol Club Barcelona. Un día le pedí a mi madre que me cosiera con tela de hule el número 14 en una vieja camiseta. [...] Creía que copiando los signos externos de mis ídolos podía llegar a ser uno de ellos. Uno de esos signos, como digo, era el número 14 que mi progenitora zurció con aguja y dedal y que el astro holandés había popularizado al frente de la naranja mecánica en el Mundial del 1974, a pesar incluso de haber perdido en la final contra la anfitriona Alemania en un partido memorable. Todavía hubo más signos que intenté adquirir por simbiosis, pero tuve que esperar un tiempo a que Productos Cropan editase un álbum titulado Así juego al fútbol con las acciones más brillantes del astro holandés. La colección, formada por ciento veinte cromos que para mi desconsuelo no llegué a completar, contenía una carta con rúbrica de Johan Cruyff en la que confesaba su asombro por la gran afición española, aludía al camino recorrido desde que se enroló en los infantiles del Ajax y animaba a sus seguidores a disfrutar del muestrario de sus secretos y habilidades con palabras que yo tomé como un catón del que juré no desviarme por ningún motivo.

Johan Cruyff. Así juego al fútbol, álbum Cropan

 [...] El cuadernillo estaba dividido en diferentes capítulos ilustrados por cromos en serie en los que la estrella del Barcelona iba exhibiendo cómo debían realizarse algunas acciones técnicas. [...] Las lecciones eran de un didactismo tan cándido que llegaban a ser conmovedoras, lo que no era óbice para que a mí me parecieran indicaciones sagradas de un oráculo venido de otro planeta.


 [...] En la contraportada, el álbum mostraba a un feliz y sonriente Cruyff sentado en el Camp Nou atrincherado detrás de todos o parte de los bollos de Cropan: Rufo, Megatón y Bombón Licor, cada uno de ellos, como puede suponerse, provistos del soporte calórico ideal para una dieta sana y equilibrada.


 Por último, quiero terminar esta entrada con unos párrafos de la página 43, unas líneas que deberían leer algunos padres que llevan a sus hijos a la escuela de fútbol o a entrenar con un equipo federado; porque los hay que no se enteran.
Una tarde, cuando ya mi juego había empezado a captar el interés de cazatalentos pagados por equipos de primera división, se presentó en el taller un emisario del Betis. Se trataba de Rogelio, una de las glorias del belicismo, al que sus aficionados recordaban como "la zurda de caoba". Había militado diecisiete temporadas en el Betis, conseguido diez goles olímpicos y patentado un regate conocido como "el regate de la tostá". Quería saber si mis padres me dejarían realizar una prueba en la ciudad deportiva donde él dirigía la cantera. Nervioso, sin saber cómo agarrar la escoba, casi diría que asustado, mi padre continuó barriendo el pringoso suelo del taller sin levantar la vista, sin decir una palabra, mientras Rogelio exponía inútilmente las puertas que podría abrirnos aquella oportunidad. A pocos pasos de la conversación, acodado en la mesa de las herramientas, yo sufría por lo incómodo de la situación y me mordía el labio inferior esperando una respuesta positiva que nunca llegó a pronunciarse. Tres cuartos de lo mismo volvió a suceder cuando representantes de otros equipos andaluces se interesaron por mi situación. A todos, mi padre se enfrentó como un monolito de adustez, cuando no de desdén. ¿De dónde le vendría a mi padre esa repulsa? No me cuesta admitir que nunca lo he sabido del todo. Aunque tal vez una de las razones que lo explique esté en su biografía. Nacido en el desvalimiento de una época hambrienta y trágica, trabajador desde los diez años, un infatigable y concienzudo self-made man, mi padre, como muchos niños de posguerra, se había forjado una voluntad de hierro. Su ética profesional presentaba alergias a toda forma de ganarse el porvenir que no dependiera del trabajo o del estudio. Y el fútbol estaba en las antípodas de ese ideario fermentado en la maldición de Adán. Incluso en aquellas fechas, antes de los anuncios de Nike, los contratos de Abramovich y los tatuajes de Beckham, la fotografía que arrojaba mi padre era la de un tipo fuera de época. En la actualidad, un hombre como él sería tomado por una rareza, a tenor de la obscenidad con que algunos progenitores jalean a sus hijos para que no se desvíen del incierto sendero futbolístico. Una extorsión (imposible calificarlo de otro modo) que, a mi modo de ver, roza en según qué casos los bordes de la indecencia moral, por no decir de la demencia. Y lo digo porque a lo largo de mis días, no sólo he visto a papás, en plena enajenación, desgañitarse con vítores a sus retoños que daban una vergüenza indescriptible, aplaudir en trance tonto-místico hasta despellejarse las manos, insultar a los siempre incomprendidos árbitros, pelearse con otros papás por naderías y estupideces. También he tenido que ver a muchachos, cuyo poco talento era cristalino para cualquiera que no estuviera cegado por ambiciones infectas, vivir bajo un enjambre de complejos y frustraciones el resto de su existencia sólo porque no culminaron los proyectos de sus codiciosos reproductores. Esos padres se creían con derecho a exigir de sus hijos la grandeza y el éxito que ellos no habían tenido o sabido ganarse.

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