martes, 15 de enero de 2019

DE SOROLLA, LISBOA Y LA MARATÓN DE NUEVA YORK

Carrera maratón (Nueva York). Joaquín Sorolla, 1911

En la gran exposición de Sorolla que está ahora en el Museu Nacional de Arte Antiga, de Lisboa, una de las obras que más me han impresionado es un gouache sobre papel que parece una instantánea fotográfica, o un plano en contrapicado de la mejor época experimental del cine: muy desde arriba, probablemente desde la ventana de un hotel, se ve una fila de automóviles negros con brillos de charol, una acera llena de gente, corredores con ropas blancas de deporte. Es una imagen del maratón de Nueva York de 1911, esbozada a toda velocidad para captar algo fugitivo que sucede en un momento, con un sentido plástico más propio de la fotografía o del cine que de la pintura de esa época. 
Antonio Muñoz Molina

 Un Sorolla que también inspiró la campaña publicitaria de la última maratón de Valencia, celebrada el pasado 2 de diciembre de 2018.

Sorolla inspira la maratón de Valencia


 Un bonito ejemplo de cómo el arte y el deporte pueden ir de la mano.

 Artículo completo de Antonio Muñoz Molina en Babelia:


lunes, 7 de enero de 2019

ANTONIO SOLER: UNO DE LOS NUESTROS


Pedro Delgado y Antonio Soler
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario

Hace muchos años leí en algún periódico que el escritor Antonio Soler (Málaga, 1956) practicó atletismo en su juventud, y que fue un accidente de tráfico lo que le apartó de las carreras y echó en brazos de la literatura. Lo reseñaban de pasada, lo que hizo que me picara la curiosidad, pues yo llevaba corriendo desde los 14 años y nunca lo había visto correr. Pregunté en Carranque a los más veteranos, pero ninguno sabía nada de él, ni siquiera Rodrigo, que antaño había custodiado la entrada a la Ciudad Deportiva. En definitiva, interrogué a tantas personas sin resultado, que di por hecho que aquello era una especie de leyenda urbana, uno de esos bulos que, sin saber muy bien cómo, terminan por recalar en los medios de comunicación.

 Una tarde, hace ya también bastantes años, en la que acababa de salir a correr fuera de la Ciudad Deportiva de Carranque en compañía de Rafael Morales, Francisco Espejo y Juan Sarria, me topé con Antonio Soler. Estaba parado en la esquina de la avenida Santa Rosa de Lima con la del Obispo Ángel Herrera Oria, y sostenía una raqueta de padel o de frontón en las manos mientras conversaba con otra persona. Al vernos llegar nos miró, y hubo un momento, al pasar junto a él, en que nuestros ojos se cruzaron. Durante esos breves instantes, sentí que Soler no me veía a mí, sino al corredor que una vez él había sido. O tal vez sólo fuesen imaginaciones mías. Corrí ese día ensimismado en mis pensamientos, pues por entonces ya empezaba a fantasear con colgar las zapatillas y dedicarme a escribir, cosa que hice, consciente de lo difícil de la empresa, en el año 2001, aplicando la misma constancia y fuerza de voluntad que me caracterizó en mi etapa atlética.

 Volviendo a Antonio Soler, les diré que logré desentrañar aquel misterio el año pasado, al asistir a unas jornadas sobre fútbol y literatura en el Instituto Andaluz del Deporte, de las que ya les hablé en otra entrada*. Allí escuché de su propia boca que había sido deportista, y que había hecho muchos kilómetros en la pista de Carranque, cuando era de ceniza y, luego, cuando tenía un buen tartán. También relacionó el atletismo con la literatura de una manera que no puedo más que suscribir plenamente:
"Yo que he hecho atletismo hasta los 21 años, compitiendo... Para mí el ejercicio de correr, de dar una zancada más, de salvar una distancia, de ejercitar esa voluntad, esa disciplina, tiene mucho que ver con escribir novelas, donde el trabajo de media mañana a lo mejor son cuatro frases que parece que no llevan a nada, lo mismo que en una carrera de fondo veinticinco zancadas parece que no son nada, pero son absolutamente imprescindibles para la carrera. El acto de estar pareciendo agotado, pero sigues y continúas... Y mañana otra vez, y vuelves a la pista, vuelves al campo... Todo eso tiene que ver con escribir una novela. Es una carrera de fondo, en soledad". 
 Hace ya tiempo, el escritor Pablo Aranda me dio el correo de Antonio para que le escribiese y saliese de dudas, pero por cierta timidez no llegué a hacerlo. Así que, al terminar la mesa redonda, me armé de valor y lo abordé. "Usted no lo sabe, pero esta tarde ha resuelto un interrogante que me ha acompañado durante mucho tiempo; aunque ahora, que sé que es verdad que fue atleta, me surgen nuevas preguntas, y esta vez, para no molestarle ahora, sí que se las voy a mandar en un correo".

 Antonio Soler se prestó amablemente a ello, y aquí están mis preguntas y sus respuestas:

Pedro Delgado. Usted corrió hasta los 21 años, lo que significa que si nació en el 56 debió retirarse en el 77, dato que explica mi desconocimiento, y el de muchos, de su breve carrera atlética, pues ese año yo cumplía 11 años y sólo iba a Carranque en verano, como tantos malagueños, para bañarme en la piscina. ¿A qué edad se inició en el atletismo, y qué le motivó a ello?
Antonio Soler. Exactamente el año en que dejé de correr fue el 78, nací a final de año, con lo cual en ese momento del 78 tenía 21 años. Empecé a competir en el colegio Los Olivos, primero en las pruebas internas del colegio, y luego, formando parte del equipo del colegio, contra los otros centros de la provincia. También participé en encuentros interprovinciales y algunos campeonatos escolares. Puede que cuando empezara a competir con el equipo del colegio tuviese catorce o quince años. No lo recuerdo muy bien.

Antonio Soler (a la dcha.) en el laboratorio de ciencias del Colegio Los Olivos
Archivo fotográfico Padre Mayo

P.D. No sabía que había estudiado usted en Los Olivos, y me emociona descubrir que ambos llegamos al atletismo de la misma manera. Yo me fui de allí al terminar 1º de BUP, a Martiricos. Aunque luego también pasé por el Polígono de Cártama y el Cánovas del Castillo. Pero eso no viene ahora al caso. ¿Terminó usted sus estudios allí?
A.S. No, no acabé allí mis estudios. Estuve seis años y me fui a repetir curso al instituto Cánovas del Castillo, donde hice sexto de bachiller y COU.

P.D. ¿Para qué pruebas entrenaba? ¿Y lo hacía por su cuenta o bajo la dirección de algún entrenador?
A.S. En el colegio, empecé compitiendo en campo a través, de ahí pasé a 800 en pista. Recuerdo que en el colegio la "pista", era de tierra, sin calles. Y no sé muy bien si la longitud era muy exacta. Como federado básicamente corrí 400. En el colegio tuve un par de entrenadores, como federado uno que me daba, normalmente por medio de algún compañero, el plan de entrenamiento semanal. Yo estudiaba por las tardes, que era cuando entrenaba la mayor parte de los atletas del CAIM, así que los veía muy poco.

P.D. El club CAIM se fundó en febrero de 1976, por lo que no sé si llegaría usted a militar en él. ¿Llegó a pertenecer a algún club?
A.S. Sí, estuve en el CAIM.

P.D. Pues en eso también coincidimos. ¿Recuerda las marcas que hizo y en qué categorías?
A.S. En el CAIM básicamente hice 400, recuerdo que ocasionalmente y más por recordar los tiempos escolares que por otra cosa hice algún 800. No recuerdo con exactitud las marcas, en 400 estaba rondando los 50 segundos. En 800 bajé algunas veces de los dos minutos.

(En un correo posterior, Antonio me apuntó los tiempos que tenía anotados, donde se puede ver la progresión de sus marcas).

Marcas de Antonio Soler

P.D. ¿Participó en algún campeonato?
A.S. Recuerdo algunas competiciones interprovinciales en Andalucía, algún viaje a Sevilla, Granada, pero no el rango que aquello tenía.

(Tras preguntarle en otro correo si recordaba su participación en el Campeonato de España de Selecciones Provinciales de 2ª categoría que se celebró en Segovia en el año 76, donde corrió el 800 y el 4x400 –tal como me apuntó Antonio Castro que en aquella época viajó como delegado–, me dijo que tenía un recuerdo vago de aquellos viajes; aunque sí recordaba bien un campeonato de cross en Tarragona, pero ese dentro del ámbito escolar).

P.D. ¿Qué recuerdos guarda en la memoria de aquella época?
A.S. Yo andaba dividido en varias facetas. Aunque leía desde niño, en esa época había empezado a leer con bastante más rigor, vislumbraba la posibilidad de dedicarme a algo creativo, por otro lado estaba estudiando, andaba en una especie de montaña rusa personal, con las primeras relaciones sentimentales más o menos fuertes, escapadas con amigos, los primeros viajes. El atletismo era una parcela más, importante pero no decisiva. Alguna vez me lo dieron a entender en el club aunque nunca de un modo directo. Diríamos que no hacía vida de atleta ortodoxo. Pero los recuerdos alrededor del atletismo siempre son buenos. El mejor de todos aquella sensación de libertad que me producía correr rápido, sin cansancio, una verdadera liberación. También el compartir muchos kilómetros entrenando con algunos amigos. Fundamentalmente, y por los horarios coincidentes, entrenaba con Santi Rodríguez Cánovas, que hacía obstáculos, y Ángel López, que corría 1.500 y 800. También tuve amistad con Felipe Vicaría. Felipe y yo intentábamos pisarle los talones a Carlos Azulay en 400.

P.D. Azulay fue socio fundador del CAIM, y como atleta llegó a tener el récord nacional de 400 metros vallas y decathlon, siendo campeón de España absoluto en 400 metros vallas en 1983. También lo fue de decathlon en 1981 y 1988, de heptathlon en 1985, y de octathlon en 1982 y 1987. Es un mito del atletismo malagueño, y todo un ídolo para la gente del CAIM.

Carlos Azulay con el estadounidense Edwin Moses. Fotografía: Página web club CAIM

Carlos Azulay (a la izq.) en la final de los 400 metros vallas en el Campeonato de España de 1983
Fotografía: Revista Atletismo Español
https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2015/02/duelo-al-sol.html

¿Conserva usted memorabilia de su etapa atlética? Fotografías, recortes de periódicos, hojas de resultados, diplomas, medallas, equipaciones, zapatillas de clavos..., objetos de los que no haya querido desprenderse y que le recuerden o le conecten con aquella época de su vida.
A.S. No guardo nada. Una fotografía en blanco y negro y algo borrosa durante un entrenamiento,

"Te adjunto también una foto, la única mía que he encontrado corriendo en aquella época. Es de la primera carrera que organizó la peña El Bastón, esa que acababa en Gibralfaro. Fui de los primeros, pero realmente no recuerdo el puesto, la foto, tan movida en la que no se me reconoce demasiado, me la hizo una amiga desde un coche, por el paseo de Sancha".

y también, al menos hace poco lo vi, el carnet* del CAIM, no recuerdo si de 1.977 o 1.978.
*Esa ficha federativa tiene un valor histórico, así que, en cuanto Soler la encuentre, la adjuntaremos a esta entrevista. De hecho, su infructuosa búsqueda es lo que ha demorado esta entrevista cumplimentada en enero de 2018.

P.D. Tengo entendido que tuvo una fractura en la pierna a causa de un accidente de tráfico. Después de aquello, ¿por qué optó por la retirada en lugar de retomar los entrenamientos?
A.S. Fue una fractura muy importante. Estuve casi un año sin poder andar. La recuperación total duró un año y medio. Con 23 años, la carrera por terminar, la amenaza de la mili por delante y un futuro bastante incierto en el que la literatura cada vez tenía más importancia para mí, me hicieron desistir de cualquier posibilidad de competir medianamente en serio. Sí lo hice en el ejército, durante dos o tres meses, lo suficiente como para darme cuenta de que ya no tenía mucho sentido.

P.D. He leído en alguna parte que en el hospital empezó a escribir un relato, y que su hermana lo envió al Ignacio Aldecoa y le dieron el segundo premio. ¿Es eso cierto?
A.S. Sí, es exactamente así. Y fue el momento en el que dejé el atletismo aunque luego, en el ejército competí en 400, algo circunstancial y para librarme de algunas guardias. En cuanto a lo del relato aquel, lo escribí casi entero, en una mañana, en el hospital, adonde fui a parar a causa de un accidente de tráfico. Efectivamente mi hermana lo envió al premio Ignacio Aldecoa y me dieron el segundo premio. Unos pocos años después volví a participar y me concedieron el primer premio, entonces ya único. Lo que no es cierto, como alguna vez se ha contado, es que empezara a escribir debido a mi estancia en el hospital. La literatura no es una vocación súbita, llevaba leyendo continuamente desde la infancia, la literatura cada vez era más importante para mí y si no hubiera estado en el hospital habría escrito ese libro en mi casa.

P.D. Durante todos estos años y desde su retirada, ¿ha seguido el atletismo a nivel local e internacional?
A.S. He seguido las grandes competiciones, Campeonatos del Mundo, Olimpiadas, campeonatos europeos y algunos grandes mítines.

P.D. ¿Podría darme el nombre de algunos corredores a los que haya admirado o seguido?
A.S. Siempre admiré por encima de cualquier otro a Sebastian Coe. Su modo de correr, tan elegante, tan vibrante, me emocionaba.

Sebastian Coe

 También me gustó muchísimo, Fernando Mamede, el mediofondista y luego fondista portugués.

Fernando Mamede

 El finlandés Lasse Viren, Said Aouita, José Luis González.

Lasse Viren

José Luis González y Said Aouita

 En velocidad tuve debilidad siempre por Pietro Mennea. Como se ve algunos ya casi prehistoria atlética.

Pietro Mennea

P.D. Comparto la admiración por todos esos atletas, aunque yo era más de Carlos Lopes que de Mamede. En un par de ocasiones le he visto por Carranque con una raqueta en la mano. No sé si para jugar al padel o al frontón. ¿Qué deportes practica ahora? Y si sale a correr de vez en cuando, ¿qué sensaciones tiene?
A.S. Jugaba a frontón hasta hace un par de años. Eso sí lo he mantenido durante veinte años seguidos. Ya a comienzos de los setenta iba a Carranque a jugar a frontón, todos los veranos, durante horas. Después lo retomé a principios de los noventa. Ahora de vez en cuando corro en una cinta, a veces he ido por la carretera interior de Gibralfaro. La sensación que tengo es que antes corría mucho.

P.D. Se ha dejado alguna vez llevar por la añoranza y se ha calzado las zapatillas para participar de forma anónima en alguna de las clásicas malagueñas, como la Mini Maratón de la Peña El Bastón, la Media Maratón Ciudad de Málaga o la Carrera Urbana Ciudad de Málaga?
A.S. No, no he participado en ninguna de esas carreras después de aquello. Sí lo hice, creo que debió de ser en 1.977 o 78, en una que salía de los alrededores de la carretera de Cádiz y acababa en Gibralfaro, me parece que era la de la Peña el Bastón. Como se ve mi memoria atlética necesita un engrase, pero son cuarenta años de distancia, casi un maratón de años.

P.D. A pesar del interés que despiertan, gracias al boom de las carreras, no hay muchos libros que aúnen literatura y atletismo. De esos pocos que hay, ¿cuál o cuáles le han gustado más?
A.S. Sobre todo "La soledad del corredor de fondo", de Alan Sillitoe. También me parece muy buena "La media distancia", de Alejandro Gándara.

La media distancia, de Alejandro Gándara y La soledad del corredor de fondo, de Alan Sillitoe
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario

P.D. Yo llevo unos años enredado en una novela sobre Jean Bouin, el atleta francés que da nombre a la clásica barcelonesa. No quisiera ser impertinente, pero ¿cómo es que usted, que suele nutrirse de sus propias vivencias en sus novelas, todavía no ha escrito nada relacionado con el mundo del atletismo? ¿A qué cree que se debe eso?
A.S. No lo sé, hay bastantes aspectos de mi vida personal que no han aparecido en mis libros. En cualquier caso, en la novela que estoy escribiendo ahora* hay unos capítulos titulados "Diario del Atleta", y ahí se cuenta algo sobre la experiencia de correr, mucho más sobre la experiencia interna que sobre la competición.

*Antonio Soler se refería a "Sur" (Ed. Galaxia Gutenberg), novela recientemente galardonada con el I Premio de Narrativa Alcobendas Juan Goytisolo, y de la que aquí daremos cuenta próximamente.

Sur, de Antonio Soler (Ed. Galaxia Gutenberg)
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario

P.D. Como guionista de cine que también es usted, ¿qué película relacionada con el atletismo le ha llamado más la atención?
A.S. Se me viene a la cabeza una quizás muy obvia pero que creo que tiene mucho encanto, "Carros de fuego", y otra vez, ahora en forma de película "La soledad del corredor de fondo".



P.D. El otro día escribí una entrada acerca de lo que usted contó en el IAD, sobre lo que suponía salir a correr a la calle en pantalón corto hace 30 años**. ¿Podría cerrar esta entrevista con otra anécdota?
A.S. Alguna del mismo corte, cuando a veces, con Santi Cánovas, entrenábamos de noche y alguna vez nos tomaron por gente que huía de algo o de alguien, de la policía, me imagino.

P.D. Muchas gracias por su atención y por dejarme remover en todos esos recuerdos. Sin duda, el deporte perdió un atleta, pero la literatura ganó un escritor.

**https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/03/los-corredores-han-tomado-la-ciudad.html

*https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/02/futbol-y-literatura.html

Antonio Soler (Málaga, 1956) obtuvo el Premio Andalucía de Novela en 1993 con Modelo de Pasión, el Premio Andalucía de la Crítica en 1995 con Los héroes de la frontera, el Premio Herralde y Premio de la Crítica en 1996 con Las bailarinas muertas, el Premio Primavera en 1999 con El nombre que ahora digo, el Premio Nadal en 2004 con El camino de los ingleses –llevada al cine por Antonio Banderas con un guión del propio Soler– y el Premio Narrativa Juan Goytisolo el pasado 2018 con Sur. Sus novelas se han traducido a una docena de idiomas, y ha impartido conferencias y cursos en numerosas universidades e instituciones culturales de Europa, Hispanoamérica, Estados Unidos y Canadá.

jueves, 3 de enero de 2019

QUERIDOS REYES MAGOS...

Los romanos creían en aquello de Mens sana in corpore sano, así que para que nadie dude más de que deporte e intelecto pueden ir de la mano, les invito a añadir algún que otro libro a la carta de los Reyes Magos. Y ya que hay buena literatura deportiva, me animo a hacerles las siguientes sugerencias:

zatopek.html

la-milla-perfecta.html

el-corredor

la-soledad-del-corredor-de

muhammad-ali

la-bici-lo-es-todo

 Y como acaba de arrancar el nuevo año, aprovecho para desearles un feliz 2019. ¡Que tengan doce meses la mar de deportivos!

miércoles, 28 de noviembre de 2018

CUANDO DE VERDAD SE APRENDE ES EN LA DERROTA


Niños jugando al fútbol en la calle (Gjirokastra (Albania), agosto de 2017)
Fotografía: Pedro Delgado Fernández

El otro día, haciendo limpieza en la mesa de mi departamento en el instituto, me encontré con el recorte de este artículo, firmado por el periodista Jorge Marirrodriga en El País. Un texto que, después de copiarlo aquí para ustedes, he dejado pinchado en el tablón del gimnasio para que lo puedan leer mis alumnos.

EL ACENTO / JORGE MARIRRODRIGA 

CUANDO DE VERDAD SE APRENDE ES EN LA DERROTA  

Este periódico, en su sección Verne, informaba esta semana  de que algunos equipos de fútbol de Galicia han decidido eliminar los goles de los resultados en sus categorías inferiores. Afirman que lo hacen por respeto a los niños y niñas que juegan, que no se trata de sobreprotegerlos sino de educarlos en valores deportivos y aseguran que lo único que importa del resultado es si han ganado o perdido porque a esas edades no tiene ninguna importancia que los demás se enteren de cuántos goles se han marcado o recibido. La Federación Gallega de Fútbol ya propuso la medida la temporada pasada. Allí explican que todas las semanas tienen que lidiar con padres que les exigen que corrijan los datos porque sus hijos han marcado tantos y no cuantos goles. Reconocen que el problema es con padres y en ningún caso con los chavales. 
 Sin poner en duda ni la buena intención ni la existencia de una reflexión que ha desembocado en la medida, no está de más colocar sobre la mesa alguna derivada que se puede generar. Por ejemplo, por pura coherencia, se podrían llevar las cosas hasta el final. Así, no solo los goles, lo que habría que eliminar es la competición misma. Millones de españoles han crecido jugando al fútbol en patios, calles y campos llenos de cardos y piedras sin participar en ninguna competición. En interminables partidos, sin árbitro, ni registros, ni clasificaciones, ni uniforme, ni –por supuesto– padres mirando. ¿Peleas? Escasísimas y siempre olvidadas al día siguiente. ¿Lesiones importantes? Menos aún. ¿Traumas? El de tener que interrumpir porque había que irse a comer o cenar. Aprendieron a reconocer un penalti sin que hubiera un árbitro que se lo impusiera y a aceptar que había buenos y malos. No había banquillo. Todos jugaban. Siempre había sitio para uno más en el campo. Eso sí que era un juego de convivencia y aceptación. Todos diferentes y todos en el mismo juego. 
 Es importante aprender a ganar y perder cuanto antes. A saber por qué ha sucedido y a afrontarlo sin miedo a lo que digan los demás, incluyendo tu padre. Los que ganan merecen reconocimiento de todos y los que pierden la simpatía y el ánimo. No es lo mismo perder por goleada que en el minuto 93 o en los penaltis. De eso algunos sabemos mucho. Que lo importante es si se ha ganado o perdido es lo que enseñan las malas escuelas de negocios.
    
 Al hilo del artículo me he acordado de mi profesor de Fútbol en el INEF de Granada, el jienense Antonio Raya Pugnaire, que jugó en primera división con el Atlético de Madrid en la temporada 1970/1971 y en la 1973/1974. Él siempre decía que a los niños no había que preguntarles el resultado sino por cómo habían jugado y si se habían divertido. Lástima que todavía haya padres que no lo sepan.

Antonio Raya Pugnaire en su debut con el Atlético Madrid
Estadio Vicente Calderón, 1971
Fuente: Juan A. Díaz en Revista Contraluz

Antonio Raya en un Atlético Madrileño - Real Sociedad (Estadio Vicente Calderón, 1971)
Fuente: Juan A. Díaz en Revista Contraluz         

Antonio Raya Pugnaire. Club Deportivo Ensidesa (Avilés)
Segunda división, temporada 1976
Fotografía: Puche
Fuente: José A. Díaz en Revista Contraluz

Antonio Raya Pugnaire con la selección andaluza juvenil en 1966
Fuente: Juan A. Díaz en Revista Contraluz

Antonio Raya Pugnaire, internacional con la selección olímpica
Fuente: Juan A. Díaz en Revista Contraluz

 Un abrazo desde Calle 1 a Antonio Raya, y un saludo a Jorge Marirrodriga. Espero que no le importe que haya usado su texto en este post y les dejo aquí el enlace al artículo original del diario El País:

martes, 23 de octubre de 2018

ARDE TU CASA, O DE CÓMO ENFRENTARTE A LA PUTA ELA CON UN POCO DE HUMOR



Fue la portada del libro la que atrajo mi atención en la mesa de novedades. Después las primeras líneas de la contraportada:
Mi padre era un empresario de éxito que corría maratones. Ahora no puede ni moverse y le tengo que lavar las pelotas todas las mañanas.
 Luego leí la dedicatoria:
Dedicado a todas las personas que han perdido a algún ser querido por culpa del cáncer o de la ELA
Y por último abrí el libro por la página 16.
[Mi padre] era su propio jefe, lo cual le permitía distribuir su tiempo como mejor le convenía para pasar más tiempo con su familia de gañanes. Sus días arrancaban siempre con una taza de café y plantando un buen pino, y terminaban con una copa de vino en el jardín. Estaba viviendo el sueño.
 Todo le marchaba tan bien que hacía poco había empezado con un nuevo hobby: correr maratones. Su mejor amigo, Sam Larkin, lo había introducido en la movida dos años atrás. En mi opinión solo un enfermo mental querría torturar a su cuerpo al nivel que exige un maratón, pero mi padre parecía estar encantado con ello. Siempre le habían gustado los deportes –esquiaba todos los fines de semana en invierno–, así que supongo que tenía cierto sentido que se hubiera vuelto adicto a un nuevo tipo de ejercicio. Corría más de veinte kilómetros casi todos los días. Era su metadona, su oxígeno. Y se había convertido en parte de su nueva identidad: nuestro padre, el chalado de los maratones obsesionado con la vida sana.
 Acababa de completar el maratón de Chicago, el 20 de octubre de 2006. Su segundo maratón del mes. El primero había sido en St. George, al sur de Utah. Papá estaba intentando clasificarse para el maratón de Boston, algo así como la Super Bowl de los maratones para estos perturbados en zapatillas. Necesitaba completar la carrera de St. George en menos de tres horas y treinta y cinco minutos para clasificarse dentro de su grupo de edad. El entrenamiento obsesivo dio sus frutos. Se clasificó para Boston con un margen de unos segundos.

Maratones, cáncer, ELA y Dan Marshall, el autor, que me sonreía desde la página cero. Tenía que leerlo; aunque la faja del libro me aconsejase lo contrario:

NO LEAS ESTE LIBRO
(si no sabes reírte de tus desgracias)
"Intensamente conmovedor, brutalmente cómico". The Times

Arde tu casa, Dan Marshall (Blackie Books) Fotografía: Pedro Delgado

 Arde tu casa (Blackie Books, 2018) va de cómo el autor y sus peculiares hermanos tienen que volver al hogar familiar, en Salt Lake City (Utah), para cuidar de sus padres.
"Desgraciadamente a mi padre le acababan de diagnosticar la enfermedad de Lou Gehring* y mi madre luchaba contra un cáncer. Lo sé, suena muy muy deprimente. Sin embargo, intentamos afrontar la situación con humor. Mi sueño es que nuestra historia pueda servir para que otras personas que ahora mismo estén cuidando de algún ser querido enfermo –independientemente de la edad, la enfermedad y el contexto– puedan sentirse menos solas al saber que otro puñado de capullos (mi familia y yo) pasó por una situación similar tratando de salir lo menos malparados que pudieron. No estáis solos. Hay más gente hecha mierda al otro lado de estas páginas". 
Dan Marshall
 Dan Marshall, un autor del que nunca había oído hablar –y que viene a confirmarme que las editoriales están ahora más atentas que nunca a las nuevas voces–, tenía 25 años cuando vivió este tsunami familiar, de ahí que le resulte tan difícil escribir una frase completa sin usar ni un taco. Pero no hay impostura en su voz, así que las palabrotas, herencia materna, son un reflejo más de la personalidad del autor. Como su sentido del humor, crudo e irreverente pero divertido.
Los enfermeros trasladaron a mi padre con máximo cuidado, preguntando todo el rato si hacía falta entubarlo. Entubar a alguien implica meterle un tubo por la boca hasta los pulmones para que respire a través de él, un proceso que, a no ser que estés acostumbrado a comerte unas pollas del quince (no creo que fuera el caso de mi padre, aunque quién sabe), resulta doloroso a más no poder.
 Es su voz la que te mete dentro de la historia, la que te hace ponerte en la piel del propio Dan, pero también en la de su padre y su madre. El libro nos muestra así cómo es vivir cuando nos acosa la tragedia, cuando tenemos que enfrentarnos a una enfermedad inesperada e implacable. Y es por eso que, a pesar de ese humor a veces salvaje, uno no puede retener las lágrimas en el último capítulo. Más yo, que tengo un amigo que se enfrenta ahora mismo a la enfermedad y al que desde aquí quiero mandarle un cariñoso abrazo.

 Tratándose de un blog de atletismo, comentar que el tema de la maratón vuelve a aparecer en las páginas del libro en varias ocasiones, pues antes de que la enfermedad lo ancle a la silla de ruedas o a la cama, el protagonista está dispuesto a correr los 42 kilómetros y 195 metros de Boston. También a participar en la Golden Gate en San Francisco, una carrera de relevos que va de Calistoga a Santa Cruz con un recorrido de unos trescientos veinte kilómetros.

 
Mi padre estaba tan cansado después de la carrera que no podía ni levantar los brazos, que le colgaban del cuerpo como dos ramas rotas. Estaba sudadísimo de tanto esfuerzo. Necesitaba una ducha, y no iba a haber forma de que se la diese él mismo.
 –No pienso lavarle las bolas a mi padre –dije cuando mi madre sugirió que lo ayudara yo a ducharse.
 A no ser que estén borrachas o consumando su pasión, la mayoría de las personas no tienen muchas ganas de que otra persona les toque o les mire las partes de su cuerpo que les han enseñado desde pequeños a cubrirse y a ocultar al mundo. Mi padre era una persona. No le hacía ninguna gracia que otra persona se encargase de manipularle las pelotas. Y de entre todas las personas, yo era una de las que menos le apetecía que le ayudara en la ducha. Esa mierda no estaba dentro de los límites de nuestra relación padre-hijo. 
 Pero mamá insistió.
 –No seas gilipollas, Danny. Los dos sois hombres. Los dos tenéis polla. Supéralo –dijo.
 –No, no hace falta, en serio –intervino mi padre.
 –Bob, no puedes ni mover los putos brazos –le recordó mi madre.
 –Sí que puedo –respondió él mientras intentaba alzar los brazos sin conseguirlo.
 –¿Lo ves? No puedes –dijo mi madre–. Tienes que aceptar toda la ayuda que se te ofrezca.
 Y tenía razón. A mi padre no le gustaba molestar a nadie con sus problemas. No le gustaba nada pedir ayuda. Pero si queríamos que aquello funcionase, iba a tener que empezar a sentirse más cómodo recibiendo nuestra ayuda. Y yo a sentirme más cómodo dándosela.
 Aunque disfrutaba mucho de escuchar a mi pasivo padre y a mi agresiva madre discutir sin pausa, dije:
 –No importa. Venga, vamos a lavar esas pelotas.
 –No hace falta, de verdad. Me enjuago un poco y listo. –Mi padre seguía en sus trece.
 –No, Dan te ayuda. –Mi madre me puso el jabón en la mano y cerró de un portazo la puerta del baño con nosotros dentro–. No te olvides de limpiarle el prepucio por dentro –añadió desde el otro lado.

 Actualmente, científicos, médicos e investigadores están dejándose la piel tratando de descubrir formas de prevenir, tratar y curar esta horrible enfermedad, pero necesitan ayuda. Un buen porcentaje de lo que el autor ingrese por las ventas de este libro irá  a parar a la Asociación contra la ELA (www.alsa.org), así que desde aquí quiero daros las gracias a todos los que os hagáis con un ejemplar. También a los que lo recomendéis. Y como diría el autor: ¡Muchas gracias, y que le den por culo a la ELA!

Nota: Todos los textos a color están extraídos de la primera edición de Arde tu casa de Dan Marshall (con traducción de Jorge de Cascante), publicado por Blackie Books en septiembre de 2018.

*"La enfermedad de Lou Gehrig, llamada así en honor al famoso jugador de béisbol de los Yankees de Nueva York, es una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular. Se origina cuando unas células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren. Sin esas neuronas, el cerebro no puede comunicarse con los músculos. Así que, por ejemplo, si un enfermo avanzado de Lou Gehrig quiere mover la pierna o el brazo, el cerebro tratará de comunicárselo a los músculos, pero estos no le harán caso porque el mensaje se habrá perdido por el camino. La dolencia también afecta al diafragma, que ayuda a que el aire entre en los pulmones. El nombre técnico de la enfermedad es esclerosis lateral amiotrófica (Abreviada como ELA). Una persona con ELA no deja de sentir nada y su cerebro funciona sin problema. Resumiendo: te conviertes en prisionero de tu propio cuerpo. Algunas personas alargan su vida con ventilación mecánica [...]. Los médicos siguen sin saber qué causa la ELA, y se ha descubierto muy poco acerca de cómo tratarla. Hablando en plata, la ELA es una hija de puta de las más grandes [...]".

jueves, 18 de octubre de 2018

DEPORTES ZULAICA


Cierra Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

La tienda ubicada en el número 4 de la calle Calderería, a unos 180 metros de la plaza de la Constitución, echa el cierre tras 68 años de servicio a los deportistas de Málaga, y lo hace por la jubilación de Antonio Bonilla y Juan Trujillo, sus dos propietarios, quienes han recibido estos dos últimos meses el cariño de clientes y amigos, asombrados y apesadumbrados por ese inesperado adiós.
 Como decía una clienta: ¿A quién vamos a darle los buenos días ahora en este centro de papel cartón?, porque uno no sólo pasaba por allí para comprar unas zapatillas, también lo hacía para saludar a Antonio y a Juan y departir con ellos sobre lo divino y lo humano del atletismo, un deporte que Antonio vivió en primera persona como atleta de fondo y del que sólo pudieron apartarle las lesiones. Llegó a correr la maratón de Nueva York en 1991 (aún se le pone la piel de gallina cuando te narra y revive la experiencia), por lo que sabía de qué iba el tema y podía asesorarte sobre zapatillas mejor que nadie.

Antonio Bonilla (de rojo y amarillo) entrando en meta
Maratón de Nueva York, 1991

 Antonio y Juan comenzaron de empleados en 1972 en la antigua Zulaica, la tienda de deportes y armería que abrió la familia Zulaica Beltrán en 1940 en la esquina de la calle Granada con la calle Echegaray. Luego, en 1982, Antonio pasó a despachar a la segunda tienda, abierta en 1950 en calle Calderería. A ella llegó también Juan en el 2003, cuando cerraron la primera tienda. Y fue en el 2008 cuando ambos cogieron las riendas del negocio, pasando de empleados a propietarios. En todos esos años Antonio y Juan han vivido el bum del deporte, pero también en esta última década la destrucción del tejido comercial que había en el centro, dando paso el pequeño comercio tradicional –por mor de subidas inasumibles de las cuotas de alquiler– a franquicias diversas, restaurantes y bares que no han hecho más que despersonalizar sus calles y alejar a los vecinos que las habitaban (y sé de lo que hablo porque estuve viviendo once años en la calle Correo Viejo). Y junto a ello, han tenido que luchar contra la competencia de los negocios online de las grandes corporaciones que se comen gran parte del pastel. "Lo que nunca entenderemos es que alguien venga aquí a la tienda a probarse unas zapatillas y luego se las compre por internet porque le cuesten 4 euros menos. Eso es triste y, al final, va a ser verdad eso de que tenemos las tiendas que nos merecemos. De todas formas, nosotros hemos subsistido gracias a una clientela fiel que ha dado prioridad al calor humano, y a la que siempre le estaremos agradecida, gente que ha pasado por aquí a despedirse y que nos pedía que no cerrásemos. Algunos se han emocionado hasta la lágrima. E imagínate el nudo que tenemos nosotros en la garganta".

Pedro Delgado, Antonio Bonilla y Antonio Bonilla hijo
Málaga, 29 de septiembre de 2018. Fotografía: Lucía Rodríguez

Juan Trujillo y Pedro Delgado a las puertas del IES Isaac Albéniz
Málaga, 4 de octubre de 2018

Lucía Rodríguez con Antonio Bonilla en la puerta de Deportes Zulaica
Fotografía: Pedro Delgado

 El pasado sábado 29 de septiembre, ya consumado el cierre, me pasé por la tienda con Lucía. El local estaba desangelado, con las estanterías y los expositores vacíos y cajas de embalaje a medio cerrar. Daba pena ver cómo se le iba la vida a la tienda.

Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

Cierra Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

Cierra Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica (el probador). Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica (pósters en la escalera). Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica (en la escalera de subida al almacén)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica (en la escalera de subida al almacén)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica (pósters, láminas y almanaques en la escalera de subida al almacén)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica (almacén). Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

Deportes Zulaica (planta de arriba que servía de almacén). Fotografía: Lucía Rodríguez

Cierra Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

Cierra Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

 "No os podéis imaginar las cosas que han aparecido", nos dijo Antonio al vernos, y nos llevó al almacén de arriba para enseñarnos cinco cajas con las primeras zapatillas John Smith que llegaron a Málaga,

Cajas con las zapatillas John Smith originales (Deportes Zulaica)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Primeras zapatillas John Smith que llegaron a Málaga (Deportes Zulaica)
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario

unos bastones de esquí del año catapún,

Bastones de esquí del año catapún (Deportes Zulaica)
Fotografía: Lucía Rodríguez

una caja llena de escudos de fútbol de aquellos que llevábamos de chavea en nuestras camisetas (imaginaros que el escudo del Bilbao ponía Atlético en lugar de Athletic Club),

Antonio Bonilla y Pedro Delgado en Deportes Zulaica
Escudos antiguos de fútbol. Fotografía: Lucía Rodríguez

Escudos antiguos de fútbol (Deportes Zulaica). Fotografía: Lucía Rodríguez

una colección de monedas de 1982, de cuando el mundial de fútbol se celebró en España y Málaga fue una de las sedes (aún conservo mis entradas de aquellos partidos)

Pedro Delgado y Antonio Bonilla en Deportes Zulaica
Fotografía: Lucía Rodríguez

Monedas conmemorativas del Mundial de Fútbol de 1982, celebrado en España
Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

y unos guantes de portero inmaculados que debían rondar los 40 años.

Guantes de portero adidas de finales de los 70
Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

 "Y mira esa foto del Real Madrid de Amancio y Pirri, firmada por muchos de los jugadores", me dijo señalando la pared que había al final de la escalera (luego he investigado por internet y resulta que es del equipo de la temporada 1971/72, con García Remón, Tourino, Benito, Verdugo, Pirri, Zoco, Aguilar, Amancio, Santillana, Velazquez y Grosso).

Equipo de fútbol del Real Madrid en la temporada 1971/72
Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

 Al lado había otra del Málaga, que también debía tener sus años pues era un póster del ya desaparecido diario Sol.

Equipo de fútbol del Club Deportivo Málaga. Diario Sol de España
Deportes Zulaica. Fotografía: Lucía Rodríguez

 "La vida pasada envolviendo el presente". Le pedí a Lucía que lo fotografiase todo con su iPhone, en un intento de retener aquellas reliquias y el propio espíritu de la tienda, y estuvimos allí charlando con Antonio más de una hora, repasando por última vez las fotos antiguas que guardaba en un sobre y que atestiguaban que era verdad eso de Nueva York y Lisboa. Las tenía en la tienda para poder compartirlas con los amigos. "En mi casa estarían en un cajón y no las vería nadie". "Como tengo yo las mías". "¿Y ahora a quién le voy yo a enseñar estas fotos?"

Pedro Delgado y Antonio Bonilla viendo fotos de atletismo en Deportes Zulaica
Fotografía: Lucía Rodríguez

Fotos de atletismo de Antonio Bonilla (Deportes Zulaica)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Antonio Bonilla (dorsal 142) en la maratón de Lisboa, noviembre de 1997
Deportes Zulaica / Fotografía: Lucía Rodríguez

Maratón de Nueva York 1991
Antonio Bonilla (Deportes Zulaica)

Fotografías de Antonio Bonilla, recuerdo de su participación en la maratón de Nueva York en 1991
Fotografía del montaje: Lucía Rodríguez

Antonio Bonilla entrando en meta en la Maratón de Madrid, abril de 1997

Antonio Bonilla con Fabián Roncero / Media Maratón de Málaga 1999
Deportes Zulaica / Fotografía: Lucía Rodríguez

Antonio Bonilla en uno de los primeros triatlones de la Cala del Moral
(Rincón de la Victoria, Málaga)

Antonio Bonilla en el podio del Triatlón de Marbella

 Al salir, mientras caminábamos hacia la moto, nos acordamos de cuando vivíamos en el centro y nos pasábamos por la tienda con los niños pequeños, que se empeñaban en botar todos los balones del expositor para disgusto de Lucía, que tenía que andar riñéndoles para que no los ensuciaran o tiraran con ellos algo de los expositores. Sentíamos un dolor extraño al saber que habíamos pisado la tienda por última vez, pero también compartíamos la certeza de que Deportes Zulaica seguirá abierto en la memoria y en el corazón de todos los que cruzábamos habitualmente el umbral de su puerta. El recuerdo de aquellos momentos era la herencia que nos habían dejado.

 Antonio y Juan saben el cariño que les tengo, así que desde este blog quiero desearles lo mejor en su jubilación, y que tengamos salud para poder seguir viéndonos y poder seguir hablando de atletismo y de lo que se tercie muchos años más, si no ya en el mostrador de la tienda, en la terraza de un bar.

 "¿Y ahora dónde vamos a comprar nuestras Munich?"

Zapatillas Munich. Fotografía: Lucía Rodríguez