sábado, 18 de abril de 2026

LA GRAPA, DE MARYLINE DESBIOLLES, LA NOVELA MÁS ATLÉTICA DE LAS AFUERAS


La grapa, de Maryline Desbiolles (Editorial Las afueras)
Fotografía: Pedro Delgado

En la vida todo sucede inesperadamente. Como en esta novela de la francesa Maryline Desbiolles (Ugine, 1959). Una cría que, como un mandamiento divino, ama correr sobre todas las cosas, entra en casa de un amigo, y el perro de la familia de ese amigo la ataca de manera inmisericorde destrozándole una pierna.

 Uno no cuenta con ella, pero la fatalidad siempre esta ahí, al acecho. En esta novela lo está por partida doble, pues al ataque le siguen las palabras del padre de su amigo, que si no le rajan la piel como los colmillos del perro, le rajan el alma: «A mi perro no le gustan los árabes».

 «Y esa frase la atormenta más que el perro». ¿Por qué ese odio?, ¿por qué ese racismo?, se preguntará la joven durante su dolorosa, lenta y larga rehabilitación, que la llevará a bucear en la historia de la familia de su madre, porque la suya es una familia harki, la comunidad argelina que durante la guerra de la independencia de su país luchó al lado de las fuerzas coloniales francesas. La derrota francesa conllevó la huida de los harkis a Francia, donde pronto se convirtieron en una presencia molesta, un recordatorio de la humillación sufrida en el Magreb –al igual que las cicatrices de su pierna herida, las de la guerra de Argelia también estaban mal curadas–, por eso Emma Fulconis, nuestra corredora adolescente, vive a este lado del Mediterráneo, en el interior de Niza, en L'Escarène, muy cerca de la frontera con Italia.

Vista del pueblo de L'Escarène. Fotografía: Quentin2018 (Wikimedia)

 Es La grapa (Editorial Las afueras, 2025) una novela luminosa y emotiva en la que la carrera y la resiliencia juegan un papel muy especial desde el inicio, desde la primera página, desde este primer capítulo:

Solo la vemos a ella. Incluso tan pequeña, de lejos, insignificante, al ataque de la cuesta. Un latido minúsculo en la tarde reluciente del mes de enero. Este inicio de tarde, prendido con alfileres de luz, que podría no terminar nunca. Colinas plateadas cuya marga gris se desmorona bajo los zapatos, hierbas secas mordidas por las heladas que crepitan en el prado, arroyo brillante como una aguja al fondo del barranco: durante la víspera, como excepción, llovió un poco. Solo la vemos a ella. La hemos visto tantas veces corriendo por estos lares que al principio la vemos correr, aunque eso sea imposible. Se mueve, claro que sí, y bastante rápido, pero como a sacudidas, saltarina. Ahora una verdadera cabra y no el caballo que fue hace no tanto tiempo; por extraño que parezca, más armónica así, coja, en este territorio entrecortado de bruscos desniveles.
 Aquí visto desde arriba, todo el paisaje converge hacia ella, puntito renqueante, azogue, como si el resplandor de este inicio de tarde estuviera ahí condensado, llevado a la incandescencia. El puntito renqueante podría fundirse con el paisaje si no lo perturbara; si no lo hiriera, estaríamos tentados a decir, pues sabemos de qué desgracia procede esa cojera.
 Siempre la hemos conocido corriendo. La memoria nos juega malas pasadas, exageramos, pero nos parece que nunca caminaba como usted y como yo, que solo lograba desplazarse a toda velocidad, que no podía sino irrumpir de improviso, ya fuera mediante la aparición de unas sandalias aladas o, directamente, de unas alitas atornilladas a los tendones de Aquiles. No eran alas de familia, pues su hermano no estaba provisto de ellas; su hermano pequeño, que había sido un bebé bueno y gordo y luego un niño tranquilo que la miraba con los ojos muy abiertos. No es que ella sea seca ni angulosa, sino más bien resuelta, vivaz, presta a la pirueta incluso después del accidente. Decía que le gustaba el viento. A menudo se encabritaba, pero al viento le consentía. Esta no es una región de viento. Solo de remanentes ventosos, vientos modestos, un breve siroco, una leve brisa del sur, un mistral de nada, a veces un poco de levante, como mucho una tramontana, raras veces pero helada, capaz de traer nieve. No es una región de viento. Aun así, ella lo esperaba. El viento la hacía reír. Al menor roce en los postigos, salía de casa como una exhalación, sacudía sus crines de caballo y relinchaba al viento. Quizá fue el viento lo que forjó su afición por galopar. Aún conserva ese gusto, aún conserva ese ardor, se afana entre los matorrales, se abre camino como quien tala leña incluso cuando le duele, lo cual no soporta; se enfurece, no tiene paciencia con sus males, el dolor no la lleva a ganarse ningún cielo, el dolor no ha hecho más que arrancarle las alas con que nació, y se la oye maldecir y proferir unos gruñidos que nada tienen de angelicales, se parecen más bien a los de esas bestias con cerdas y pezuñas que hozan el suelo. Los ángeles están en la iglesia de Sant-Pierre-ès-Liens, una bandada de ángeles azules del belén que sigue expuesta mucho después de Navidad y Reyes, como olvidada en un rincón, pero que se ilumina aún más cuando nos acercamos, no muy a menudo; la iglesia está vacía, desmesuradamente vacía, desmesuradamente barroca, y es que ya estamos en Italia. La iglesia es suntuosa, pero no corona el pueblo que es todo viaducto, puentes y salientes; la frontera está suspendida, vacila mucho más que las obras de arte. La iglesia no corona nada, está en el hueco que podría imaginarse como el purgatorio o, cuando menos, la tregua de L'Escarène. Un topónimo que le sienta como un guante, muy extendido por el sudeste, que designa la arista, la parte más escarpada de la montaña, a la que se accede como por los peldaños de una escalera. Scala, scarena, Escarène. El camino hacia el paso de Niza es aquí una escalera. Las numerosas curvas y luego el desvío hacia el pueblo.
 Solo la vemos a ella, pero ella no oculta nada, ni devuelve nada a la confusión del fondo. Ella es el puntito que se agita entre los matorrales y contiene no solo los destellos del paisaje, sino también los golpes torcidos. Ella es Emma Fulconis, aunque ese nombre tan de aquí no la arraiga, nunca, cada vez menos, ella que parece salir de un atolladero a cada paso, la joven Emma Fulconis, vieja por la herida y los meses eternos pasados en el hospital, la que fue nuestra gloria local, conocida como la atleta, un mote que aún podría servirle, y hasta con mayor motivo, por la palabra griega de la que viene, athlos, que significa lucha, combate, prueba; pero ahora ya nadie se atreve a decírsela, como mucho le lanzan una mirada o un vistazo furtivo. Cómo volver a ver lo que fue casi transparente, casi invisible, el cuerpo perfecto de la atleta, de toda atleta, el cuerpo que en nada la distinguía del conjunto de atletas. Cómo ver lo que ahora la convierte en singular, en dolorosamente singular, la pierna que no oculta, cuya visión no nos ahorra porque sigue llevando pantalones y faldas cortas, la pierna cosida de cicatrices, reducida a su más simple expresión, piel y huesos, tibia y grapa*, fíbula también llamada peroné, la pierna destrozada y el caminar que resulta, el paso ladeado, si se quiere, si se quiere poner palabras aceptables a lo que es tan torpe, tan contrahecho.
 Solo la vemos a ella. El puntito donde se focaliza el paisaje o, depende, se extiende el paisaje, lo llena, de manera que bastaría gritar en la hondonada o pronunciar, sin más, el nombre de Emma Fulconis,
EMMA FULCONIS
para que apareciera el pequeño mundo, ese rincón de territorio en general y en particular, en bloque y en detalle, heridas, luz, centelleos del monte bajo, árboles esqueléticos, trinos, susurros de los insectos. Luz creciente, muy pronto insoportable, mientras se marchitan los árboles y disminuye la cantidad de insectos.
*Nota del editor: en francés la palabra agrafe tiene varias acepciones, pudiendo hacer referencia tanto a un broche, a una grapa o al peroné (también llamado fíbula). La autora juega con ellas a lo largo del texto.

 Hay algo hipnótico en la escritura de Maryline Desbiolles que nos hace querer seguir leyendo. Aunque la autora ha sido laureada con el Premio Femina –otorgado anualmente por un jurado exclusivamente femenino– por Anchise en 1999, y con el Premio Franz Hessel por Charbons Ardents en 2022, es esta, La grapa (L'agrafe), su primera obra traducida al español, con la que también obtuvo el Premio Literario Le Monde en 2024.

La escritora Maryline Desbiolles
Fotografía: Alchetron

 Hay muchos manuales de Atletismo, pero cuesta encontrar novelas en las que aparezca este deporte, por eso es de agradecer que la autora lo eligiera, entre tantos como hay, para componer al personaje principal de esta obra. ¿Practicó el atletismo Maryline Desbiolles en su etapa escolar al igual que su protagonista? Muchos escritores le otorgan vivencias propias a sus personajes –fraguados en el horno autobiográfico de sus autores–, así que es factible que a Desbiolles, en algún momento de su vida, también la llamaran atleta (Maryline, s'il te plâit, confirmez-le ou infirmez-le).

¿Desde cuándo la llamaban la atleta? Estaríamos tentados a decir: desde siempre, pero la palabra siempre consume toda el agua, o la que queda. Sin duda desde la escuela, porque el profesor de gimnasia la llamó así, un poco porque se le había olvidado su nombre y un poco para celebrar sus marcas, sobre todo en lanzamiento de peso y salto de altura, disciplinas que no gozan del favor de los alumnos y no desatan grandes esfuerzos, pero ella, Emma Fulconis, se empleaba a fondo. El mote se le quedó.
***
Nunca le ha interesado la competición; lo cual, según su entrenador, sin duda le habría impedido lograr cualquier hazaña. Correr lo más rápido posible, eso estaba claro, pero correr más rápido que los demás sobrepasaba su entendimiento. No corría de forma relativa, sino absoluta. ¿Acaso no se podían lograr hazañas en absoluto? Corría más rápido que los demás, los adelantaba sin verlos, estaba en otra parte. Nuestra gloria local ganaba competiciones que no le gustaban. Ganaba contra su voluntad, pero de todo corazón. Corría de todo corazón. Los demás no existían o, si existían, estaban en la misma categoría que los árboles o los pájaros, no eran rivales.
***
 Corría en cualquier ocasión. Para comprar el pan, para ir y venir de la escuela, para cruzar el puente bajo el que fluye el Paillon, aún fogoso como un torrente antes de derramarse por el valle; corría para cruzar el puente en uno y otro sentido, corría para nada. Sobre todo, para nada. Corría cada vez más, empezó a entrenar. Voy a entrenar, decía. En un camino de tierra por ahí detrás. Hacía puntas de velocidad. Diez veces, veinte veces, cien veces, en una distancia que señalizaba con ramas o piedras. Cien metros, doscientos metros, media en zancadas de un metro a ojo. No era muy alta, exageraba las zancadas todo lo que podía y sacaba un poco la lengua. Diez veces, veinte veces, cien veces, mil veces, sin cronómetro. No buscaba establecer un récord, es decir, registrar sus marcas y superarlas. Siempre estaba empezando. Siempre corría por primera vez.
***
 La madre inscribe a Emma Fulconis en un club de atletismo al este de Niza. Se desvive por llevar a su hija en coche, esperarla, ir a buscarla, hacer malabarismos con su horario de cajera en el hipermercado del valle. Dos entrenos por semana en el estadio Vauban, los miércoles por la tarde y los viernes por la noche; Emma Fulconis destaca en la pista, en el sprint, los cien metros, doscientos metros y cuatrocientos metros, en infantiles y luego en cadetes, entrenos, competiciones, podio, que viene del griego podion, pie pequeño, donde Emma Fulconis deposita su piececito alado mientras nosotros, que ya sabemos, vemos su otro pie, el izquierdo, pronto invadido por la sombra, y vemos, porque sabemos, cómo su rostro se aleja bajo la luz de las fotos que aparecen en el periódico local, las mejillas rebosantes de infancia, la melena morena recogida en una cola de caballo, los ojos brillantes, negros, opacos, sin reflejo, la sonrisa reacia.
***
Corre de todo corazón. Aunque destaca en el sprint, desplegaría mucho mejor el arte de la carrera fuera de pista, por los senderos y caminos, lo desplegaría en esa disciplina llamada carrera de montaña, pero está claro que no quiere entregar su deseo a la disciplina, y aún menos a la competición. No le importa gran cosa catalogar su deseo. Nombrarlo es otra historia, tal vez la historia de una vida. Atraviesa los paisajes corriendo. Atraviesa los paisajes sin verlos, los traspasa y se inmiscuye en ellos. Va como el viento, pero ese viento que no mueve nada de sitio, ni una rama, ni una hoja. Va como el viento, vuela como una flecha, eso es, es una flecha. Atleta. Bicho raro. Flecha.
***
Corre en estadios ovalados. Se pone al frente o sola, en cabeza, más que delante de los demás; pero no hay mayor felicidad que correr por los campos de L'Escarène bajo la mirada del paso del Chat, el monte Gardeion, los picos de l'Erbossiera o del Farguet, los puertos de Braus o de Faravel. Este mes de mayo sopla un poco de viento, un viento delicioso que acompaña sus andaduras, sus últimas andaduras, porque antes de que llegue el verano tendrá la pierna destrozada.

 La novela contiene también pequeñas piezas de historia, como la de los olvidados de la 1ª DFL, la primera división francesa libre, esos centenares de hombres que respondieron desde todos los rincones del mundo a la llamada del general De Gaulle; vencedores de la última batalla de los Alpes en 1945.

Mausoleo a los héroes de la 1ª DFL en L'Escarène
Caídos en los combates del macizo de Authion
Fotografía: Mairie de L'Escarène

 O la del abuelo de Emma, François Fulconis (Lalin), héroe de la región que se enfrentó al ejército de ocupación francesa que quería integrar el Condado de Niza a la Francia revolucionaria en 1972.

Billete de 50 nissarts de la República de Nissa con la figura de Lalin Fulconis

 O la de Bobbi Gibb, Roberta Louise Gibb, la primera mujer en correr el maratón de Boston. Fue en 1966, un año antes que Kathrine Switzer. Y lo hizo sin dorsal, sin estar inscrita entre los participantes, «como una clandestina», pues a las mujeres aún no se les estaba permitido correr esa distancia.

Bobbi Gibb instantes antes de cruzar la meta
Maratón de Boston del año 1966

Bobbi Gibb tras cruzar la meta de la maratón de Boston 1966

Bobbi Gibb tras correr la maratón de Boston (1966)

 Y por supuesto, la historia de los harkis que tuvieron que arreglárselas como pudieron para refugiarse en Francia al final de la guerra de independencia argelina.

Un regimiento harki marchando bajo el Arco del Triunfo
Fotografía: The News In Pictures

 Es esta una novela que necesita de una segunda lectura para poder apreciar todos sus detalles, pues, una vez conocemos la historia, la voz del narrador –su «lenguaje torrencial y danzante» en palabras de los editores, Magda Anglès y Francisco Llorca– cobra otra prestancia. Incluso le pone luz a esas palabras de Emily Dickinson, extraídas de sus Poesías completas, que actúan de cita en las páginas previas al inicio de la novela.

No puedo bailar de puntillas,
nadie me enseñó,
pero a veces, en mi mente,
me posee una melodía.

 Y llegados a este punto, solo puedo acordarme del vídeo Run, run, run! que montó en 2016 Luca Salri con el Modern Love de mi querido y añorado David Bowie de fondo; un trabajo para la asignatura de diseño y montaje, impartida por la profesora Cristiana Parente en el curso de Cine y Audiovisual (UFC).

 O este otro, hecho por Cinedimi, con la misma canción interpretada por Zaho de Sagazan y más escenas de películas en las que se ve a gente corriendo.

 Nada más que añadir. Corran, lean, ¡y larga vida a Las afueras!





La grapa, de Maryline Desbiolles

Premio Literario Le Monde

Traducción de Blanca Gago

Editorial Las afueras, 2025

jueves, 12 de marzo de 2026

CORRER COMO UNA NIÑA


Corre como una niña
Fotografía: TheRunHome

La semana pasada me tocó asistir con los alumnos a una charla en la biblioteca del instituto, organizada por el Área de Igualdad del Ayuntamiento de Málaga. La impartía un antiguo alumno, Miguel García Heredia, de la promoción 2007/2011, quien nos habló sobre feminismo e igualdad, términos que van unidos, pues el feminismo –por más que ciertos sectores hayan tergiversado en las redes sociales la palabra para darle otra significación y denostarla– no es más que el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

 Miguel García, con su charla sobre Vivir en igualdad, venía a clarificar el término, porque no es normal que sean pocas las manos que se levanten cuando se les pregunta quién se considera feminista, y que se levanten todas cuando se les pregunta si creen en la igualdad. Si creemos en la igualdad, tenemos que ser feminista, porque ambas cosas significan lo mismo.

 En un momento de su intervención, Miguel García, que es maestro de Educación Física (estoy seguro de que pronto conseguirá su plaza), barrió para casa y puso un vídeo relacionado con nuestra asignatura. ¿Qué quiere decir hacer algo "como una niña"? forma parte de la campaña publicitaria Like a girl, encargada por la compañía de productos de higiene íntima femenina Always a la agencia creativa Leo Burnett de Chicago. Es un magnífico alegato contra los estereotipos de género. Uno de esos vídeos que no dejan lugar a más palabras.

viernes, 13 de febrero de 2026

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (VIII)


La educación que tenemos, artículo de José Luis Raya (Diario SUR)
Fotografía: Pedro Delgado

José Luis Raya Pérez es un profesor jubilado de instituto y escritor granadino –malagueño de adopción–, del que tengo algunos artículos suyos sobre educación recortados y clavados con chinchetas en el tablón de mi despacho. A ellos sumé recientemente otra pieza, que lleva por título La educación que tenemos, artículo aparecido en el diario SUR del sábado 24 de enero de este año. Por lo certero de su reflexión y por la claridad con la que explica un problema que es una realidad en muchísimos institutos, he querido compartir su reflexión con ustedes.

La educación que tenemos

Por José Luis Raya Pérez

Recuerdo cómo inicié mi modesto recorrido como articulista de este diario en 2008, cuando reflexioné sobre la precaria situación de la enseñanza pública tras asistir al estreno de 'La clase', de Laurent Cantet, una lúcida simbiosis entre docudrama y cine testimonial. Aunque ya me haya jubilado, sé de primera mano que la situación no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado curso tras curso. Muchos docentes se sienten profundamente insatisfechos con su labor; las bajas por depresión aumentan de manera alarmante y los más veteranos cuentan, con ansiedad, los días que les restan para jubilarse. Así no se puede trabajar, ni siquiera con una mínima solvencia emocional. Aprobar unas oposiciones certifica que tus conocimientos son superiores a los de otros aspirantes. Sin embargo, esa preparación cultural e intelectual resulta estéril cuando en determinadas aulas se concentra un porcentaje elevado de alumnos que carecen del más mínimo interés por aprender. En ocasiones, el profesor termina conformándose con que el alumno duerma y no moleste. Es duro admitirlo, pero cuando se busca el bien de la mayoría, se acaban tolerando determinadas actitudes, sobre todo si los padres ya han sido informados. La verdadera desazón profesional surge cuando un número significativo de alumnos disruptivos impide el desarrollo normal de una clase. Y por 'normal' entendemos algo tan básico como que el docente pueda transmitir conocimientos y, al mismo tiempo, contagiar entusiasmo e interés por aprender. Ambas cosas se vuelven prácticamente imposibles cuando uno o varios alumnos interrumpen de forma constante. Precisamente eso retrata 'La clase': una sucesión ininterrumpida de adolescentes boicoteando la enseñanza hasta la extenuación. El resultado es asfixiante. Avanzamos ya hacia la segunda década de aquel docudrama y, sin embargo, en muchos centros la realidad es aún peor. A la disrupción se suman faltas de respeto, insultos y agresiones verbales o físicas, a menudo con la connivencia –explícita o tácita– de padres y madres. Este despropósito no se limita a la educación obligatoria: también se reproduce en bachillerato. Hoy, los profesores que logran trabajar con normalidad pueden considerarse afortunados. Lo que antes era una excepción se ha convertido en norma. Los centros periféricos ya no son los únicos conflictivos; el problema se ha extendido a cualquier enclave. También conviene analizar la inversión en educación en los últimos años. Aunque ha aumentado, resulta evidente que o bien es insuficiente o bien se gestiona de forma deficiente. Probablemente ambas cosas. Se ha puesto el foco –y los recursos– en el alumnado con mayores dificultades, lo cual es loable, pero se ha abandonado al alumnado con mayor predisposición. Se ha igualado siempre desde abajo. Las adaptaciones curriculares han funcionado en algunos aspectos, pero no se ha trabajado para que los alumnos más aventajados puedan desarrollarse plenamente. El resultado es un descenso generalizado del nivel curricular. Además, muchas de estas adaptaciones se han aplicado a alumnos que antes deberían haber sido educados en normas básicas de comportamiento. Recuerdo a estudiantes cuya actitud en clase era indistinguible de la que se tiene en un concierto de rock. Si gritaban al profesor era porque en casa gritaban a sus padres. Todo apunta a que en el ámbito familiar se gesta gran parte de esta falta de respeto, disciplina y consideración. Muchos progenitores carecen de valores educativos y, ni saben, ni pueden inculcarlos; algunos, incluso, han llegado a amenazar o agredir a los docentes. Hoy, reprender a un alumno, retirarle el móvil o castigarlo sin recreo puede desencadenar reacciones absolutamente desproporcionadas por parte de sus padres. Es cierto que estos casos aún son minoritarios, y que muchos padres delegan en los docentes una educación que ellos no han sabido proporcionar. Pero esa delegación pervierte la función del profesor, que deja de enseñar para dedicarse a educar en lo más elemental. Se invierte más tiempo en inculcar normas básicas de respeto que en explicar las oraciones de relativo, las ecuaciones o la Segunda Guerra Mundial. No sorprende, entonces, que muchos estudiantes lleguen a la universidad con una formación cultural deplorable. Las redes sociales, internet y buena parte de la televisión no fomentan la cultura ni la educación; al contrario, imponen la grosería, el griterío y la violencia verbal o física. Si las nuevas metodologías educativas no están funcionando, quizá haya llegado el momento de replantearse aquello que sí lo hacía: disciplina, rigor, puntualidad y respeto a la autoridad. A ello habría que añadir medidas como limitar la interferencia de padres problemáticos, restringir el acceso a redes sociales y frenar el veneno que se inocula a través de programas basura, youtubers o influencers violentos.

 Solo así los centros educativos podrían aspirar a transformar la sociedad. Pero me temo que está ocurriendo justo lo contrario: es esta sociedad perniciosa la que ha penetrado en colegios e institutos. Si no aunamos fuerzas, todo esto acabará irremediablemente yéndose al gareteracteres con espacios.

 Afortunadamente, en mi instituto no tenemos esa problemática tan marcada, pues se optó hace muchísimos años por la disciplina, el rigor y el respeto a la autoridad, y tenemos un aula de convivencia para esos alumnos que impiden reiteradamente el desarrollo de la clase. Pero me consta, por muchos amigos y compañeros del gremio, que somos una parte de la excepción, y que la norma es la que nos retrata José Luis Raya en su artículo.

 Tengo en la videoteca de casa el DVD de La clase, que vi hace muchos años, cuando los periódicos casi regalaban las películas. Si no han visto el film de Laurent Cantet que menciona José Luis en su texto, les animo a ello.

 Pueden ver otras entradas sobre La educación en España clicando sobre los siguiente enlaces:

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/01/la-importancia-de-la-educacion-en-espana.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2020/09/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2022/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2023/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2024/06/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2025/10/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2025/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

domingo, 8 de febrero de 2026

EL QUE NO CORRE, VUELA


Borrasca en los Ozores, de Pablo Aranda
Fotografía: Pedro Delgado

El mes pasado, cuando venía una borrasca tras otra, me acordé de una novela corta de Pablo Aranda que lleva por título Borrasca en los Ozores, y como hacía una tarde de sofá y mantita, como la de hoy, la cogí de la estantería y me puse a releerla.

 Al abrirla me encontré con su dedicatoria, y no pude más que esbozar una sonrisa:

 Para mi amigo Pedro, aunque en esta micronovela nadie corre; aunque el que no corre, vuela.
 Un abrazo enorme,
Pablo Aranda
abril 2018

 Veo su caligrafía tan particular, y recuerdo el mimo y el cuidado que ponía en cada una de sus dedicatorias, el detalle personal, lo recto de sus renglones...

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2026/01/borrasca-en-los-ozores.html?m=0

 Leer a Pablo siempre es grato, de alguna manera es sentir de nuevo su compañía, como si estuviera sentado a mi lado en el sofá. Y como la tarde era lluviosa y no apetecía nada que no fuera estar arrellanado en él, me releí también Una historia de amor, un relato largo de Pablo que editó Promotora Cultural Malagueña con la colaboración del Ayuntamiento de Málaga y la Empresa Malagueña de Transportes (EMT), de ahí que lo repartieran en los autobuses de línea de Málaga para promocionar la lectura en la campaña «Libros sobre ruedas-Librerías en marcha».

Una historia de amor, de Pablo Aranda
Libros sobre ruedas-Librerías en marcha
Fotografía: Pedro Delgado

 Una historia de amor es un relato sobre un tipo que con veinte años recién cumplidos se enamora de Merit, una noruega que pasa sus vacaciones de verano en Málaga, y de cómo se la sopla su amigo Pedro. Al protagonista le gustan los videoclubes, el cine español y el café en una taza grande con mucha leche. Podría ser el propio Pablo, pero no lo es, porque entonces su perro no se llamaría Miércoles, sino Turrón. Tampoco soy yo el Pedro del relato, porque entonces estaría viviendo en Oslo, y Noruega es el único país de Europa, junto a Luxemburgo, Suiza y Liechtenstein, que todavía no he visitado.

Marit va a cumplir 50 años porque yo también estoy a punto de cumplirlos y en el verano de 1988, cuando yo acababa de cumplir 20, ella también acababa de cumplirlos. Los domingos no íbamos a la playa, porque los domingos no se va a la playa, tanta gente, las sombrillas y las voces, pero aquel domingo Pedro me propuso ir y dije bueno. Entre las familias  numerosas descubrimos un oasis de jóvenes extranjeras y extendimos las toallas junto a ellas. Yo creía que Pedro iba a contarme alguna intimidad y me preguntaba de qué se trataría, pero Pedro no decía nada y yo me callaba para dejar espacio a su confesión y lo miraba buscando algún gesto extraño que no hallé y me decía que tal vez simplemente le habían entrado ganas de ir a la playa aunque fuera domingo. Las extranjeras eran cuatro y nosotros dos éramos sólo dos. Parecían contentas y no lográbamos adivinar qué idioma hablaban. El pelo clarísimo nos hizo pensar en un idioma nórdico, también nos hizo pensar en un idioma nórdico haber descartado inglés, francés, alemán e italiano, tampoco holandés del que no entendíamos una sola palabra pero distinguíamos el fuerte acento, ni portugués porque las portuguesas no eran rubias. Era una lengua musical y  mientras esperaba lo que fuese a contarme Pedro me imaginé saliendo con tres de las cuatro, no a la vez sino que me imaginaba que iba a visitar a una a su país y luego me imaginaba visitando a otra, pero las imágenes me resultaban confusas porque deseaba escuchar la confesión de Pedro y además no sabía en qué país visitarlas. Tampoco sabía si visitarlas enseguida, al mes siguiente de que hubiesen vuelto a su país, o años después, cuando desconocía el aspecto que yo tendría. Mi aspecto 30 años después es el que tengo ahora, pero entonces no lo sabía.
 Mi cumpleaños había sido hacía muy poco y cuando cantaron el cumpleaños feliz en su bella lengua extraña Pedro dijo que me cantaban a mí y solté una carcajada y una de ellas, la del biquini naranja, se volvió a mirarme y le dije gracias.
 –¿Gracias por qué? –me preguntó en español.
 –Acabo de cumplir 20 años –respondí sonriendo.
 –Yo los cumplo hoy.
 Tenía una mirada rara y nos fuimos los seis juntos al agua. Le señalé la sombra violácea de una montaña africana pero no logró verla y me dijo que se llamaba Marit y era de Noruega. Me imaginé caminando por las calles de Oslo cogido de la mano de Marit, pero Noruega comienza por no y desordenando las palabras de Oslo llegué a solo, lo cual constituía un mal presagio que sin embargo no me desanimó. Nos invitaron a una fiesta esa noche y nosotros avisaríamos a Isidro y los otros y llevaríamos cerveza. Al despedirnos noté reflejos en su ojo dorado, como en la novela de Carson McCullers que aún no había leído, y me entraron unas ganas terribles de besarla.
 –Me gustan mucho tus ojos –logré decirle.
 –En realidad sólo es mío el izquierdo –dijo ella, y yo atribuí lo enigmático de su respuesta a su mal español, que no era malo en realidad, aunque tampoco muy bueno.
 En el camino de vuelta Pedro me contó algo, tal vez eso tan importante que le había hecho quedar conmigo para ir a la playa en domingo, pero yo no le escuchaba. Él hablaba y hablaba y yo me decía que en navidades vendría a visitar a mi padre y a mi madre, en las navidades futuras, cuando yo ya estuviese viviendo con Marit en un pequeño apartamento de un edificio antiguo sin ascensor en el centro de Oslo. No supe apreciar el mal presagio de que el edificio careciera de ascensor.

 Una historia de amor es un magnífico ejemplo de la literatura de Pablo, pues en sus páginas podemos encontrar sus habituales e ingeniosos juegos de palabras, su fino sentido del humor y su inmensa ternura por los perdedores.

 –Pero si Merit es noruega –dije.
 –Es lo mismo –dijo él.
 Por la noche daba vueltas en mi cama, preguntándome como Dios, o Thor, o quien fuese, permitía que una noruega de dos ojos bellísimos, aunque sólo uno fuese biológico, con esa sonrisa y ese acento, esa dulzura, podía salir con un tipo que consideraba lo mismo ser noruega que sueca y que se refería a ella aludiendo a lo que no tenía, un ojo, que en realidad sí tenía, aunque no fuera biológico, como quien tiene un hijo adoptado y es igual de hijo que un hijo biológico, o incluso más, pues es elegido, pero Merit no tenía un hijo adoptado sino un ojo adoptado mientras yo daba vueltas en mi cama y lloraba, en cierta manera tuerto, pues me faltaba una mitad, Merit, ¿qué haces con Pedro si quien iría a visitarte a Oslo soy yo?
***
Cuando terminaron aquellas vacaciones de 1988 fuimos a un concierto de Danza Invisible en Torremolinos y coreábamos todos juntos a gritos la canción El fin del verano siempre es triste, porque nos parecía verdad, y yo no se lo decía a nadie pero no sabía cómo afrontar el siguiente curso de la universidad sabiendo que Merit volvía a su fiordo y, lo peor de todo, sin que yo tuviera una buena excusa para ir a visitarla y tampoco dinero, aunque en aquella época no tenía problemas en viajar haciendo autostop y tardando lo que tardase, porque el billete de avión costaba un ojo de la cara, aunque esta expresión me deje un regusto sucio al escribirla.
***
Merit ha cambiado pero es la misma, como yo. Tiene el pelo largo pero no tanto como antes. Su ojo izquierdo sigue teniendo reflejos cuando la luz le da de cierta manera y aunque se nota que han pasado los años sigue guapísima. Su español es buenísimo, pero conserva un poco la musicalidad noruega y yo la besaría. Me ha dado un abrazo al verme y me ha preparado un café con leche en una taza muy grande, que es como a mí me gusta el café, con mucha más leche que café, pero yo no se lo he pedido así, a lo mejor se acuerda de cuando tomábamos café y pasábamos del inglés al español y yo calculaba las posibilidades de que dejase a Pedro y me pidiera salir con ella, pero nunca dejó a Pedro y yo sí lo fui dejando, porque un día me contó que Merit se depilaba el pubis, tío, aunque en realidad él dijo coño, y yo me enfadé porque me lo contase, y también un poco porque lo tuviese depilado, y me enfadé por haberme enfadado y le dije que preferiría no saberlo y él me preguntó el qué y si ni siquiera sabía eso es que era mejor dejarlo, y fui dejándolo, y poco a poco no fui yendo con él a la playa aunque fuese entre semana y llegó un momento en que hacía varios años que no nos veíamos y como Merit y él se fueron a vivir juntos pero sin casarse no tuvieron que invitarme a la boda ni yo tuve que no  ir, porque seguía enamorado de ella, como sigo ahora, casi treinta años después.

 Merit sólo estaba en aquellas páginas de papel, pero Pablo ya había hecho que cobrara vida. Me la había metido en la cabeza, y me dieron ganas de pisar Oslo, de ir a visitarla. Y entonces cogí la tablet y busqué Oslo en la página de la Lonely Planet. Escribí «Qué ver y qué hacer en Oslo», y gasté la última hora de la tarde en recorrer con Merit todos aquellos lugares.

https://www.lonelyplanet.es/europa/noruega/oslo/imprescindible

Una historia de amor de Pablo Aranda y la guía de Noruega de Lonely Planet
Fotografía: Pedro Delgado

 Y como la mayoría de los lectores de este blog son atletas, les anoto aquí, por si también se animan a visitar Oslo, la fecha de la próxima Maratón de la capital: 12 de septiembre de 2026.

https://oslomaraton.no/en/

Maratón de Oslo – 12 de septiembe de 2026

viernes, 9 de enero de 2026

SI LOS REYES NO ACERTARON...


Deporte + Literatura= Literatura deportiva
Fotografía: Pedro Delgado

Si los Reyes no acertaron con sus regalos o simplemente tuvo mala suerte y le trajeron el premio Planeta de Juan del Val o ese ensayo sobre la supraconciencia que le garantiza que la vida existe después de la muerte. Si usted pensó en tirárselo a la cabeza al rey correspondiente, o en encestarlo en una canasta, no se preocupe, ahora está a tiempo de devolverlo a la librería y escoger otro de su gusto.

 Para los más viajeros y aventureros de la casa ya hice mi recomendación en mi otro blog*, pero para los que frecuentan este, y les gusta la literatura deportiva, les voy a recomendar una serie de títulos en los que el deporte tiene todo o algo de protagonismo.

 Para los amantes de la literatura deportiva en general:

 Para los amantes del atletismo:

 Para los amantes del tenis o de los deportes de raqueta:


Para los amantes del boxeo:

 Para los amantes del fútbol:

 Para los amantes de la natación:

 Para los amantes del ciclismo:

 El listón ya ha subido un año más. Y tal como están las cosas, sólo me atrevo a desear que sobrepasemos la nueva altura.

 Desde Calle 1 les deseo salud para este 2026 que recién empezó.

 Cuídense. Lean y hagan deporte.

*https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2026/01/la-fiebre-del-horizonte-y-mi.html

martes, 6 de enero de 2026

EL MEJOR REGALO DE REYES

No hay regalo de Reyes que supere al que nos ha hecho a toda mi familia el cirujano Diego González Rivas. El mediático cirujano torácico, al que solo conocía por sus intervenciones en La Revuelta de David Broncano, ha entrado directamente en el santoral de este ateo al extirparle a mi prima Elisabet un tumor de 4 kilos, lo que pesan algunos bebés al nacer.

El cirujano torácico Dr. González Rivas
con el tumor de mi prima en las manos
Fotografía: dieguinidoc

 «¡He vuelto a nacer, primo!», me decía el otro día al teléfono desde Galicia. Y sin duda eso es lo que ha ocurrido, porque en la sanidad pública, la de todos –¡a qué infraniveles está llegando!–, ya la habían desahuciado. Así que su última carta fue viajar hasta La Coruña para ponerse en las manos del Doctor González Rivas. Allí, en el hospital privado de San Rafael, el cirujano le extirpó el tumor gigante que le había crecido en la pleura del pulmón –un sarcoma de Ewing diagnosticado en octubre de 2024 que nadie se había atrevido o querido operar en Málaga–.

«Me dijo que tenía tres meses de vida, que eso tenía que quitarlo, que me iba a morir ya, que cómo no me habían operado de eso».

 El carácter con el que mi prima ha afrontado las piedras que la vida le ha puesto en el camino es digno de admiración. En 2009, con tan solo veintidós años, tuvo un primer tumor en la cabeza. La operaron con éxito, y tras radioterapia y quimioterapia, se vio libre de enfermedad durante 15 años. Como secuela del tratamiento corticoideo, desarrolló una necrosis aséptica de caderas, que precisó sendas prótesis de cadera. Aquello, y el excesivo celo o la falta de humanidad de sus profesores del grado medio de Ed. Física del I.E.S. Fernando de los Ríos, le impidió, al no poder terminar de realizar sus prácticas con la bicicleta de montaña, obtener el título de Técnico en Guía en el Medio Natural y de Tiempo Libre, que era lo que más ilusión le hacía en aquel momento.

 Tras muchos años de seguimiento, en septiembre de 2024 le dieron el alta y le dijeron que había logrado vencer el cáncer. Recuerdo la alegría con la que toda la familia lo celebramos un sábado por la mañana en la cafetería Cañamero. Sin embargo, poco nos duró la fiesta, porque un mes después consultó en Urgencias por una gastroenteritis y tras objetivarse un derrame pleural, se diagnosticó de nuevo de un sarcoma de Ewing pleural.

 En un principio eran varios nódulos pleurales, pero tras 14 meses de quimioterapia, el tumor en lugar de reducirse, siguió creciendo, y, a sus 39 años, Elisabet dejó de tener vida. Ya le costaba hasta respirar, y tenía que dormir sentada. El corazón, empujado por la masa del tumor, se le había desplazado al otro lado, y había riesgo extremo de muerte súbita. No habiéndose planteado nunca para su caso un abordaje quirúrgico, tuvo conocimiento de la existencia del Dr. González Rivas, el afamado y experto cirujano torácico.

Elisabet Rivas con el Dr. Diego González

 El día 29, uno de los hermanos de Elisabet, mi primo Aurelio, se puso en contacto con Diego González, y el día 2, ya estaba en la mesa de operaciones. Tras cinco horas de intervención, San Diego González Rivas le extirpaba todo el tumor y le devolvía a mi prima, Elisabet Roldán Comitre, la vida. Y por ende, la alegría a toda su familia.


 Vaya desde aquí mi eterno agradecimiento al Doctor Diego González Rivas. Y como en este blog siempre tienen cabida los libros, les voy a recomendar el suyo: Curando el mundo. Diario de un cirujano nómada (Plaza & Janés).

Curando el mundo: Diario de un cirujano nómada
Diego González Rivas
Plaza & Janés

sábado, 27 de diciembre de 2025

POLIDEPORTIVO PEPE BRESCIA SÁNCHEZ


Estampas de jugadores del C.D. Málaga de la temporada 82/83
Polideportivo Pepe Brescia Sánchez en Alhaurín El Grande (Diario SUR*)
Fotografía: Pedro Delgado

El sábado 20 compré en el mercadillo de juguetes para coleccionistas que montaron en el Centro Comercial de la Rosaleda unas estampas del C.D. Málaga. Eran de la liga de la temporada 82/83, y en ellas aparecían algunos de los jugadores a los que prestaba mi ardor y mi aliento desde la grada del campo de fútbol de La Rosaleda. Compré todas las que tenían, a 50 céntimos cada una. Un precio justo por recordar en la memoria y tener en la estantería de los álbumes a aquellos héroes de mi adolescencia.

 Allí estaban Burgueña, Popo, Brescia, Recio, Martín, Muñoz Pérez y Juan Carlos. Algunos de ellos ya fallecidos, como Alberto Martín y Pepe Brescia. Con este último coincidí en algún curso de Ed. Física, pues él también era profesor de la materia, y pude estrecharle la mano y darle las gracias por aquellas tardes de domingo. Por eso me alegró tanto descubrir, días después, leyendo la prensa atrasada, que el Pabellón 1 de Alhaurín El Grande ha sido rebautizado con el nombre de 'Pabellón polideportivo Pepe Brescia Sánchez', en un justo homenaje a la figura de este histórico futbolista del C.D. Málaga que falleció a los 68 años el pasado mes de junio.

Estampa de Brescia del C.D. Málaga
Liga 82/83 (Ediciones Este)

Estampa de Brescia del C.D. Málaga
Liga 82/83 (Ediciones Este)

 El profesor de Pedagogía Terapéutica de mi instituto, José María González, que trabajó con él en el colegio Pablo Ruiz Picasso de Alhaurín El Grande, guarda un cariñoso recuerdo de su desempeño en el colegio, donde él pudo unir las dos cosas que más le gustaban: el deporte y la educación. Muestra de ello, la frase que se lee en la placa que se instaló en el exterior del pabellón:

«Un buen entrenador puede cambiar un partido, un gran entrenador puede cambiar una vida».

Pabellón Polideportivo Pepe Brescia Sánchez, Alhaurín El Grande
Fotografía: Diario SUR

 Un abrazo desde aquí a la familia.

martes, 16 de diciembre de 2025

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (VII)


La asfixia de la universidad pública madrileña. Así se muere una universidad
Artículo de Antonio Jiménez Barca (EL PAÍS)
Fotografía: Pedro Delgado

Lo que está ocurriendo en la Universidad Complutense de Madrid muestra la necesidad de defender la enseñanza pública, más cuando la infrafinanciación responde a una apuesta ideológica contra lo público. «Madrid es la versión silenciosa de una ofensiva que recorre las democracias occidentales para debilitar estas instituciones».

 Por si quieren informarse de lo que allí está ocurriendo, extrapolable a otras universidades públicas de España, les dejo aquí el artículo que apareció el pasado 14 de diciembre en el diario EL PAÍS. Lo firma el reportero y escritor Antonio Jiménez Barca.

ASÍ SE MATA UNA UNIVERSIDAD

Por Antonio Jiménez Barca

José Antonio Magán, director de la biblioteca de la facultad de Matemáticas, contaba la historia esta semana sin forzar la voz, mientras paseaba bajo la lluvia por la avenida Complutense: "Hace más de 10 años, yo participaba con colegas de Harvard y de Oxford en un proyecto para digitalizar fondos sufragado por Google. Ellos los suyos. Nosotros los nuestros. La biblioteca de la Complutense es la segunda mayor de España, después de la Nacional. Y así logramos digitalizar casi 150.000 libros del siglo XIX. Pero a partir de 2018, como ya no había personal para catalogar y seleccionar los libros, dejamos de acudir a ese programa. Ya no vamos con Harvard ni con Oxford". Y luego, con la misma voz neutra, bajo la misma lluvia pesada, añadía: "Es más: desde ese año, junto con mis compañeros de la facultad de Matemáticas, apañamos y arreglamos con pasta de cola y tijeras los manuales rotos de nuestra biblioteca porque ni siquiera tenemos fondos para reponerlos. Lo mismo hacemos con los sillones".

 La Complutense, el viejo mastodonte universitario situado en la esquina oeste de Madrid, agoniza por asfixia económica. Es la universidad más grande de España (sin contar con la UNED), con 64.000 alumnos (6.000 menos que hace cuatro años, 40.000 menos que en los 90), casi 7.000 profesores e investigadores y cerca de 3.300 trabajadores de servicios. Una ciudad entera con la población de Toledo que se pone en pie cada mañana. Aquí fueron a clase cinco premios Nobel españoles (Cela, Benavente, Severo Ochoa, Aleixandre y Vargas Llosa) y uno más, Ramón y Cajal, fue profesor. Aquí también, hace poco, los miembros de un departamento de una facultad de Económicas, muriéndose de apuro, confesaron a una colega de Granada a la que habían propuesto que diera una conferencia en el campus de Somosaguas que no tenían dinero ni para pagarle el tren. El viaje acabó abonándolo el departamento de la profesora, cuyos miembros eran conscientes de la situación casi mendicante de sus colegas madrileños. Pasarse una semana en esta universidad madrileña casi infinita, con su laberinto de facultades, pasillos, laboratorios, paseos y aulas es asistir a la degradación paulatina de esa ciudad que a cada paso está a punto de derrumbarse, y a la pelea de un ejército de profesores y de profesionales comprometidos con su trabajo que logran que cada mañana todo funciones de nuevo.

 Hay recortes en las fotocopias. La profesora de Filosofía de la Ciencia Laura Nuroga recuerda que hace unos meses les conminaron a hacer las fotocopias en la máquina del departamento en vez de ir al centro de reprografía, donde, al haber personal que atiende los pedidos, cada copia sale un céntimo o medio céntimo más cara. También se recorta en barro: en la facultad de Bellas Artes es mejor que muchos alumnos no aspiren a recrear modelos humanos a tamaño natural, ya que el material escasea y se recomienda el trabajo a escala, cuanto mayor la escala  mejor. El barro, una vez que la obra ha sido evaluada, se recicla y vuelve al arcón húmedo donde esperará a metamorfosearse de nuevo. Los alumnos que quieran cocer la pieza para conservarla deberán pagarla.

 Hay recortes en muchas suscripciones de revistas electrónicas científicas, necesarias para que los investigadores estén al día de su especialidad. Esto se suple con aplicaciones piratas, o pidiendo la clave de acceso o el PDF a colegas de la Autónoma o pagando a escote una publicación entre un grupo de profesores. Hay recortes incluso en los cadáveres. La catedrática de Anatomía de la facultad de Medicina Teresa Vázquez cuenta que el Centro de Donaciones de Cuerpos, del que es directora y en el que se tratan, se almacenan y se gestionan los cadáveres que sirven para las clases de disección, carece de una cámara congeladora supletoria. Y que esto acarrea que el número de prácticas con cuerpos reales disminuya. "Hasta las universidades americanas que hace años impulsaron los simuladores por ordenador han vuelto a lo de siempre". Y añade una de esas fases que solo pueden escucharse en la universidad: "Nada enseña más que un cadáver". Por cierto, que hace falta estómago –además de vocación– para enfrentarse a un pedazo de pierna embalsamado de un feo color cerúleo, o un bazo entero extendido, o un tórax seccionado por la mitad. De hecho, el médico que la mañana del miércoles envolvía en plásticos una cadera para reutilizarla otro día como el que envuelve una lámpara de Ikea se había desmayado el primer día de clase.

 El presupuesto de la universidad ascendió en 2025 a 632 millones de euros. La Comunidad de Madrid se hizo cargo de 412 millones. El resto llegó de las matrículas, de las aportaciones del Estado y de fondos europeos y de los propios recursos que genera el centro (la Complutense es un mundo en sí mismo y alberga, entre otras cosas, una clínica psicológica con pacientes de pago y un hospital veterinario donde no es raro ver caballos cojos o vacas enfermas). El agujero económico, a juzgar por la propia universidad, hay que buscarlo en la insuficiente inversión comunitaria En 2009, el Gobierno regional inyectó 394 millones. Es decir, en 15 años, la aportación regional ha subido un 5%. Y la inflación, un 44%. Ahí se encuentra el origen del pozo.

Préstamo con interés

Paralelamente, la Comunidad de Madrid ha ido impulsando año a año los centros universitarios privados. Hace dos días, precisamente, aprobó la implantación de la decimocuarta universidad privada de la región: IE Universidad de Madrid. La Complutense ha ido sobreviviendo gracias a los 456 millones ganados en los tribunales por la Complutense contra el Gobierno de Esperanza Aguirre (PP) por incumplimiento de planes de financiación. Pero ese dinero se acabó en 2025. De hecho, el rector, Joaquín Goyache, con un déficit de más de 30 millones pendiendo sobre sus cuentas y ante la amenaza de no poder pagar las nóminas, decidió en noviembre pedir a la desesperada un préstamo a la Comunidad de Madrid por un valor de 34, 2 millones, con 4 millones de intereses. La inmensa mayoría de los profesores y alumnos consultados para este reportaje no entiende cómo hay que pagar intereses a quien está encargado de financiarte.

 La universidad, desde principios de este año, emprendió un draconiano plan de ajuste consistente en recortar el 35% en prácticamente todo, exceptuando los sueldos. Este plan, que recuerda a los años de la troika en Portugal o a la época de la austeridad a machamartillo de la España de la crisis de 2011, durará al menos hasta 2029, según las previsiones del rectorado. Hasta que se haya pagado el préstamo.

 Eso se traduce en que cualquier facultad, cualquier departamento y cualquier actividad cuenta con el 35% menos de un presupuesto ya de por sí adelgazado. Por ejemplo, los 410.000 euros anuales que recibía la facultad de Matemáticas desde 2008 se han convertido, de pronto, en 270.000.

 En la facultad de Políticas y Sociología solo se pudieron comprar este año 10 sillas nuevas para profesores a pesar de que la comisión de riesgos laborales aconsejaba que se adquirieran muchas más, dadas las particularidades ergonómicas de las sillas viejas. Esta misma facultad cuenta con un laboratorio de imagen construido en los años ochenta que bien podría servir para rodar un capítulo de Stranger Things. "Es un poco vintage, sí", reconoce la voluntariosa decana de esta facultad, Esther del Campo. La facultad disfruta, eso sí, de una biblioteca moderna que dispone de unos ventanales amplísimos por los que entra una luz natural preciosa. Pero el miércoles pasado, la misma lluvia que empapaba al frustrado bibliotecario José Antonio Magán se filtraba por el tejado mal cerrado de la biblioteca de Políticas. Como otras veces, colocaron unas papeleras recubiertas de plástico en lo alto de las estanterías para que las goteras no estropearan los libros. Ese mismo día hubo goteras en los pasillos de Periodismo y en varios despachos de la facultad de Medicina.

 La progresiva escasez de fondos arrastra una paradoja: la infrautilización de elementos sobresalientes: hay decenas de ejemplos, de lo más pequeño a lo más grande: ahí está la magnífica biblioteca de Políticas con goteras, pero también el laboratorio de Seguridad Biológica de la facultad de Químicas, especializado en analizar virus y bacterias, parado desde hace dos años por falta de un técnico; o la pizarra electrónica en un aula de Educación, inutilizada porque no hay fondos para pagar la actualización informática; o la falta de becas internacionales que no se consiguen porque escasea el personal administrativo que se encargue de tramitarlas; o el hecho de rechazar a buenos alumnos que quieren estudiar. "Nosotros admitimos a 250 cada año; podríamos admitir a más, pero no tenemos medios: el que se lo puede pagar se va a la privada, y el que no... Y eso da coraje", explica el decano de la facultad de Físicas, Ángel Gómez Nicola. Y advierte: "Estamos en la cuerda floja".

"¿Por qué?"

Es cierto: la Complutense se debilita día a día sin que la enseñanza se resienta mucho. Es como una máquina que sigue en marcha a pesar de perder una pieza cada día sin que nadie sepa cuántas piezas más puede perder hasta que colapse. A este respecto, Gómez Nicola apunta: "Imaginemos que la Complutense no existiera, que nunca se hubiera creado: ¿Cuánto costaría levantarla? ¿Qué valor tendría? Por eso, como científico acostumbrado a preguntarme el porqué de las cosas, yo me pregunto: ¿Por qué?".

 Pablo Pose, portavoz de Educación del PP en la Asamblea especifica que la región acoge al 20% de los estudiantes universitarios de toda España, con tan solo el 14% de la población del país. Y añade que en el año 2026 se van a destinar más de 1.240 millones a las universidades públicas madrileñas y que se va a poner en marcha un plan plurianual "que las ayude a ser aún mejores". Este periódico intentó, sin éxito, recabar la versión del rector.

 A pesar del recorte presupuestario y del mordisco de la inflación, la Complutense no ha perdido puestos en el ranking de Shanghái, donde se encuentra en la quinta posición entre las universidades españolas y entre las 300 y las 400 mejores del mundo. A lo largo del curso 2024-2025 fue capaz de defender más de 800 tesis doctorales, más que todas las que son capaces de generar todas las universidades privadas de España. Esto, según muchos de los profesores consultados, obedece al compromiso casi sentimental de muchos docentes. Una de ellos, Carmen Pérez Díaz, de Veterinaria: "Yo estudié en la universidad pública. Si no, no habría podido hacerlo. Se lo debo".

 Hoy todo duerme. Pero mañana, lunes, volverá a levantarse la ciudad de la Complutense. En algunos despachos de Veterinaria no habrá calefacción. En algunas clases de Políticas la calefacción estará tan sobredimensionada debido al estado de las calderas que habrá que dar la clase en camiseta. Habrá aulas en varias facultades sin profesor porque los procesos de sustitución son cada vez más difíciles de cubrir. Pero el viejo mastodonte seguirá en pie. Sirviéndose de lo que tiene. Y conviene no infravalorarlo: con el barro reciclado de la facultad de Bellas Artes un grupo de profesores de esa facultad ayudó a modelar los bocetos de Antonio López para las nuevas puertas de bronce de la catedral de Burgos.

 No cabe duda de que defender la universidad pública es defender el futuro de la sociedad en su conjunto. Como la profesora Carmen Pérez que aparece en el artículo, yo también estudié en la universidad pública (y con becas). Si no, tampoco habría podido hacerlo. De ahí nuestro compromiso con ella.

Nota: Les dejo también el enlace a otro artículo, aparecido en el mismo periódico y día, que lleva por título 'La universidad bajo asedio' y que firma Máriam Martínez-Bascuñán, profesora de Teoría Política de la Universidad Autónoma de Madrid.

https://elpais.com/educacion/2025-12-14/la-universidad-bajo-asedio.html