martes, 21 de septiembre de 2021

OFENDIDITOS EN LA FERIA DEL LIBRO


Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo
Editorial Capitán Swing

Leo en el boletín de Verne, con una sonrisa en los labios, que en la Feria del Libro de Madrid hay gente que se ofende por la portada de este libro. Y para testimoniarlo, nos remiten al tuit de la propia editorial (Capitán Swing).

Tuit de Capitán Swing

 Si le dieran la vuelta, leerían:

Esta es una investigación que explora enérgica y profundamente por qué el capitalismo es malo para las mujeres y cómo, cuando se desarrolla correctamente, el socialismo conduce a la independencia económica, a mejores condiciones laborales, a un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida y, sí, a un mejor sexo. En un artículo de opinión ingenioso e irreverente que se volvió viral, Kristen Ghodsee argumentó que las mujeres tenían mejor sexo bajo el socialismo. La respuesta fue tremenda: expresó claramente algo que muchas mujeres habían sentido durante años: el problema está en el capitalismo, no en nosotras.
 Ghodsee, aclamada etnógrafa y profesora de Estudios de Rusia y Europa del Este, ha pasado años estudiando qué sucedió con las mujeres en países que pasaron del socialismo de Estado al capitalismo, y sostiene que este último perjudica de manera desproporcionada a las mujeres y por ello debemos aprender del pasado, rechazando lo malo y rescatando lo bueno de las ideas socialistas, y así mejorar nuestras vidas. Las mujeres están alzando su voz como nunca antes, desde el aumento en el número de ellas que se postulan para cargos públicos hasta las marchas masivas o la ya constante protesta pública contra el acoso sexual. Cada vez está más claro para las mujeres que el capitalismo no funciona para ellas.

 A mí la ilustración de la portada me encanta, por lo que tiene de atlética y porque me recuerda a algunos carteles y cuadros que vi en el Museo Ruso de Málaga.

Corredores, obra de Alexander Deyneka en el Museo Ruso de Málaga
Fotografía: Lucía Rodríguez
https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2019/02/atletismo-en-el-museo-ruso-de-malaga.html

Cross-country, obra de Alexander Deyneka en el Museo Ruso de Málaga
Fotografía: Lucía Rodríguez
https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2016/03/el-significado-de-la-primavera-para-los.html

 Por si les interesa este ensayo, les dejo aquí el índice:

Índice del ensayo de Kristen Ghodsee (Ed. Capitán Swing)

 Y para los que viven en Barcelona, decirles que la autora estará en la librería Finestres el próximo día 29 de septiembre.


jueves, 26 de agosto de 2021

COSES DESDE RIBADESELLA (III)


Como no hay dos sin tres, aquí les dejo un nuevo artículo de mi amigo Pepe Zapico.


Apología del atleta

El Pensador está atento a la prensa diaria y se admira de cómo con excesiva frecuencia, y al rebufo de la Olimpiada de Tokio, aparecen noticias poco alentadoras.

 Lee con desánimo las denuncias de gimnastas (que vienen de lejos) y baloncestistas. Respira hondo y las pone en el mostrador junto a los escándalos no tan lejanos del ciclismo y casos cada vez más repetidos en la pista de atletismo: los que van desde el asunto Ben Johnson en 1988, a la actual Sha'Carri Richardson.

Sha'Carri Richardson se perdió Tokio 2020 al dar positivo por marihuana
Fotografía: Getty Images

 Pasa a la página siguiente y piensa en los ciclistas a los que se les exigen proezas que parecen sacadas de las hazañas bélicas de Boixcar, es decir, soldados a punto de estallar en pedazos porque los mandan al infierno de cuestas disparatadas y trazados de infarto.

Tebeo de la colección Hazañas Bélicas (Ed. Toray)
Dibujos: Boixcar

 Es la forma de espectáculo que justifican con arrogancia los organizadores. Todo sea por la televisión que parece la gallina que pone los huevos de oro y que vende el producto (¡y a qué precio, Señor!) como si los atletas fueran funambulistas de alturas imposibles. Unos circos que hacen tambalearse al Barón de Coubertin desde la pared donde está colgada su figura.

Barón Pierre de Coubertin

 Hoy Nadal parece anunciar una ausencia que esperemos no sea definitiva. Sería irreparable no solo en términos deportivos sino morales, porque no estaría en el candelero diario dando ejemplo, marcando nota y con las ideas en su sitio. Y con él los Gasol, Entrerrios, Portela, Gravioto, Chorraut, García Bragado y otros más que aguantan en la pelea como si tuvieran implantadas las pilas aquellas que al parecer no se gastaban nunca. Ejemplos para muchos, o mejor diría que para todos, por ese saber estar.

"Chuso" García Bragado disputó en Tokio sus octavos Juegos Olímpicos
Fotografía: sporthd.news

 Sin ellos, piensa el Pensador, nos quedaríamos huérfanos de ese humanismo que desprenden los atletas cuando lo son de verdad para convertirlos en héroes (el héroe es aquel que por su condición de ser hijo de ser humano y de un dios o diosa, llega a donde los demás no llegamos). A esos, los campeones de cartón-piedra, no les da mucho campo ni crédito.

 Valverde, un ejemplo de la voluntad humana, acaba de retirarse de la vuelta ciclista a España. Un accidente es un accidente, claro, pero, si se ponen las circunstancias y si se fuerzan los tornillos, el accidente estará más cerca. Casi se asegura.

Caída de Alejandro Valverde en la Vuelta 2021

 Los convocadores de los eventos, pensando en el jodido circo, obligan a los atletas a llegar hasta límites peligrosos para su salud. El Pensador cree que hace falta repasar aquella cinta de Norman Jewison titulada Rollerball. Esa y otras de la misma dimensión (Vuelta a Berlín, Un domingo cualquieraNanuk el esquimal, Luces de la ciudad, etc…) deberían ser obligatorias en los centros escolares.

Cartel de la película Rollerball

 Los atletas de antes, los que describiera Cervantes, eran otra cosa. Iban a su bola y competían por deporte, es decir, por recreo, ocio o pasatiempo. Jugaban una negra, remaban en barcas por la bandera o participaban alegremente en las fiestas. Algo así como los actuales muchachos que saltan por encima de las hogueras de San Juan. Menos mal que aún no hay una federación nacional de saltadores de hogueras que reclame de inmediato que se le considere deporte olímpico, que a estas alturas disparatadas todo podría llegar.

Saltando hogueras por San Juan
Fotografía: elcanario.net

 El Pensador ha revuelto en La Galatea, y el señor Cervantes le ha dado permiso para que pusiera en astillero esta cita:

Luego en el instante, se mostraron en la plaza un buen número de dispuestos y gallardos pastores los cuales, dando alegres muestras de juventud y destreza, dieron principio a mil graciosos juegos, ora tirando la pesada barra, ora mostrando la ligereza de sus sueltos miembros en los desusados saltos, ora descubriendo su crecida fuerza, é industriosa maña en las intrincadas luchas, ora enseñando la velocidad de sus pies en las largas carreras, procurando cada uno ser tal en todo, que el primero premio alcanzase de muchos, que los Mayorales del Pueblo tenían puestos para los mejores, que en tales ejercicios se aventajasen.

 Eran otros tiempos…

El Pensador –Pepe Zapico–


jueves, 19 de agosto de 2021

COSES DESDE RIBADESELLA (II)


Ana Peleteiro tras ganar el bronce en Tokio 2020
Fotografía: Juan Ignacio RONCARONI/EFE

La llama olímpica se apagó en Tokio tras esos intensos dieciséis días de retransmisión, con hazañas patrias como las de Adriana Cerezo, David Valero, Maialen Chorraut, Pablo Carreño, Ray Zapata, Ana Peleteiro, Teresa Portela, Sandra Sánchez, Damián Quintero o Alberto Ginés, por nombrar a algunos de nuestros medallistas.

 Pero como se puede ver aquí, por estas cosas del Pensador que me manda mi amigo Pepe Zapico desde Asturias, la llama también ha dejado rescoldos.

Olimpiada con llantinas

Katie Ledecky (AFP)

El pensador lleva unos días con la boca abierta. Cuando le pregunté la causa me comentó que había visto una olimpiada cosida al llanto, unas veces por alegría por haber conseguido una medalla y otras por la tristeza de lo contrario.  

Tom Daley (RTVE.es)

Niko Shera (EFE)

 –No entiendo nada –me comentó–. Nunca he visto llorar a los olímpicos de antaño. No creo que se les asomara una lágrima a Zamora, Arrate o Sesúmaga por no haber obtenido el oro en la olimpiada en que fueron plata, pero tampoco me imagino a hombres tan curtidos como Escudero, Bañón, Marculeta, Ipiña o Campanal (los nombres intimidan) por no haber conseguido este o aquel título. Pero me parece a mí que no solo sucede en las olimpiadas. Debe ser otra epidemia que no tiene vacuna porque tiene forma de crisis moral.

 Hoy –continuó el Pensador– los dos periódicos más importantes del país, en primera plana a doble columna y media derecha, nos ofrecen la misma foto: Messi llorando a moco tendido, tapándose la cara y, entre las manos, un pañuelo más mojado que un clamar a bordo.

Portada El País Messi

 El Pensador comenta que él también lloraría emocionado ante lo que le espera: un contrato de cientos de millones de euros libres de la amenazadora cuchilla de Hacienda.

 Ya lo decía hace años Martín Ferrand: ante tantos intereses nos llueven los llantos y también el autobombo de los dirigentes del COE, ese organismo que es un contubernio de intereses económicos, falsedades y corruptelas difíciles de tapar.

El periodista Manuel Martín Ferrand (1940-2013)

 Los JJOO había que hacerlos a pesar de epidemias, contrapuntos, contagios y descalabros humanos, porque los  intereses económicos que estaban en juego eran gigantescos.

 Eso sí, no han de faltar el anuncio de grandes glorias a los deportistas. Que les den medallas, que con eso se ponen muy contentos y que lloren cuanto quieran que eso les sienta muy bien. Mientras, los que siguen en el palmito, disfrutan de sus suculentas finanzas sin peligro de devaluación y vocean que todo esfuerzo es poco para conseguir el bienestar de la humanidad. ¡Ya!… Estamos enterados.

 Al Pensador le parece que a los actuales directivos les es indiferente que alguno de sus deportistas casque física o moralmente porque ellos tienen asegurado caviar de Riofrío.

 Entonces el Pensador, desde la peana en que estaba acomodado, me lanzó una mirada profunda, y, en silencio, giró sobre sí mismo y me dio la espalda.

CODA

Joaquin Larroya Quimet, un piragüista olímpico en Roma 1960, entrenaba como un poseso tres veces al día con la vista puesta en aquella cita.

Joaquin Larroya Quimet

 Concentrado como estaba obligado, y en su condición de amateur como le correspondía, era un galeote más al servicio del COE. En la concentración un administrativo de la federación correspondiente veraneaba de hotel visto y mantel puesto en compañía de su esposa sin intención alguna de mojarse los pies. Se rumoreaba entre los concentrados que no sabía nadar, y, que, desde luego, nunca se había sentado en una piragua.

 El piragüista Larroya, al final de una sesión de entrenamiento, fatigado, exhausto y al borde del vómito, paró la embarcación y dirigiéndose al Pensador le dijo:

 –Entreno tres veces al día sin descanso, y, como a todos nosotros, nos machacan como tela en batán sin cobrar una peseta, y ahí tienes al federativo, limpio y soleado, que es el único que cobra sin dar un palo al agua.

El Pensador –Pepe Zapico–


 

martes, 17 de agosto de 2021

COSES DESDE RIBADESELLA


Discóbolo de Javier Jaén

Mi amigo Pepe Zapico, profesor de Ed. Física y alma mater del programa de libros de texto Aristo, de Ediciones Seyer (enseñar Ed. Física a través de las categorías aristotélicas, que se dice pronto), me envía estas cosas del Pensador desde su Ribadesella natal, en el Principiado de Asturias,  donde pasa el verano.

Simone Biles

Simone Biles (france24.com)
Fotografía: Loic VENANCE AFP/Archivos

El Pensador se afirma en sus planteamientos: Simone Biles se ha roto.
 Desde el ejemplo del anciano en Berlín que luchaba en un slalom tratando de conseguir una cuarta medalla Trim-test para su cuarto nieto, a los ejemplos de Sandra Lacour y Franck Iacono*, dando prioridad a sus amigos ante las medallas, Luciano Albera con su decepción y un etc. muy largo, la cosa se veía venir. El Pensador no estaba ocioso y advertía de que la cosa deportiva no iba por buen camino.
 La chica de la gimnasia se ha sumado a otros nombres que quedaron dañados en el camino en busca de una gloria efímera que se esfuma deprisa en el tiempo.
 El deporte, que se ha hecho para beneficio del hombre, ha dejado en la cuneta su función porque el hombre, con demasiada frecuencia, sale perjudicado del evento. Los bueyes se han puesto detrás del carro, y, claro, la cosa deja de funcionar.
 El atleta con su condición física y moral (humanismo en esencia), ha quedado arrasado por la economía y la torpe ambición de unos dirigentes acuñados en corruptelas.

La revuelta de los comuneros

 Castellano, de Lorenzo Silva, advierte las formas clásicas que toman las revueltas. Los atletas ya han comenzado a protestar con demasiada frecuencia ante las organizaciones que imponen sus criterios desde la comodidad de un despacho.
 El viejo mens sana in corpore sano ha quedado sepultado en vida.
El Pensador –Pepe Zapico–

 

 

 




*Sandra Lacour (Massy) y Franck Iacono (Fontainebleau), dos muchachos de una proyección extraordinaria en la natación francesa, rechazaron becas, fama y promesas para seguir cerca de sus familias y renunciaron a participar en los campeonatos de Europa (Split 1981), porque para ellos era más importante irse de vacaciones con sus amigos que una medalla. Cuestión de valores. (Barreau–Morne. Epistemología y antropología del deporte) Deporte, pero hasta cierto punto. La consideración moral que estos dos adolescentes hacían del deporte no coincidía con la que tenían las autoridades deportivas.


miércoles, 11 de agosto de 2021

UNA BANDADA DE CUERVOS


Una bandada de cuervos, de Denji Kuroshima
Montaje fotográfico: Lucía Rodríguez

Empecé a leer Una bandada de cuervos, de Denji Kuroshima, el día antes de que los atletas pisaran la pista sintética del Estadio Olímpico de Tokio y Selemon Barega se llevara el oro para Etiopía en los 10.000 metros; y lo terminé el día en que las tres jamaicanas surcaron como un cohete la recta de meta en la segunda jornada atlética.

 La elección de un autor japonés me pareció un guiño a los Juegos. Luego, al ver el sentimiento antiimperialista y anticapitalista que impregna su obra, pensé que el guiño, a la vista de los motivos económicos del COI para no aplazar o cancelar la cita olímpica, me lo hacía él autor a mí.

 Este libro no tiene nada que ver con la literatura deportiva, pero intuyo que Denji Kuroshima (1898-1943) tuvo que ser un ferviente admirador de los maratonianos Sohn Kee-chung y Nam Sung-yong, primer y tercer clasificado con 2h29'19" y 2h31'42" en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936.

Nam Sung-yong, Tamao Shiwaku, Fusashige Suzuki y Sohn Kee-chung
Berlín, Alemania, 19 de junio de 1936

 Y estoy seguro de que apoyaría el gesto de esos dos atletas en el podio. Para los que no conozcan la historia, decirles que ambos eran en realidad coreanos pero tuvieron que correr bajo bandera japonesa y con los nombres niponizados –Son Kitei y Nan Shoryu–, ya que tras la guerra ruso-japonesa de 1905, Corea fue ocupada y declarada protectorado japonés, siendo anexionada en 1910 a Japón, que se propuso borrar todo signo de identidad coreana. Durante la entrega de medallas y el izado de las banderas, ambos atletas se mostraron cabizbajos, avergonzados de oír el himno de Japón. Y cuando los entrevistó la prensa, declararon ser coreanos y no  japoneses, aunque los traductores nipones se negaron a traducir ese comentario a la prensa internacional. El diario coreano Dong-a Ilbo se atrevió a publicar la noticia con una fotografía en la que habían borrado la bandera del Imperio del Sol Naciente de la camiseta de Sohn Kee-chung, a consecuencia de lo cual fueron detenidas ocho personas y cerrada la publicación durante nueve meses.

Podio de la maratón de los Juegos Olímpicos de Berlin en 1936
1º Sohn Kee-chung, 2º Ernest Harper, 3º Nam Sung-yong

Imagen de Sohn Kee-chung en el diario coreano Dong-a Ilbo

 En 1945, a consecuencia de la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, Corea se liberó del yugo nipón, a la vez que se partía en dos. Pero esa ya es otra historia. Para concluir la de Sohn Kee-chung, decirles que como ganador de la prueba de maratón, las autoridades berlinesas le iban a entregar un casco griego, una verdadera antigüedad descubierta por un arqueólogo alemán en Olimpia, pero los entrenadores japoneses descontentos con la actitud de Sohn Kee-chung le impidieron recibir el premio, y el casco fue guardado en el Museo de Berlín. Cincuenta años más tarde, en 1986, dicho casco fue entregado a Sohn Kee-chung, quien a su vez lo donó al Museo Nacional de Corea.

Casco griego donado por el atleta Sohn Kee-chung al Museo Nacional de Corea
Catalogado como Tesoro Nacional

 En 1948, Sohn Kee-chung tuvo el honor de ser el abanderado de Corea del Sur en las Olimpiadas de Londres, pero el mayor homenaje se le hizo en 1988, ya con 76 años, cuando fue el último relevista que entró con la antorcha olímpica al estadio en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Seúl, donde recibió la mayor ovación de su vida. 

Sohn Kee-chung porta la antorcha olímpica en los Juegos de Seúl 1988

 Considerado héroe nacional, Sohn fue también homenajeado en la ceremonia de apertura del Campeonato Mundial de Atletismo de Daegu, Corea, en 2001, un año antes de su muerte, ocurrida el 15 de noviembre de 2002, a los 90 años.

 Lamentablemente el COI, obtuso en este tema, no reconocería la nacionalidad coreana de Sohn Kee-chung hasta el año 2011, cuando  el atleta ya no estaba vivo para verlo. Y aquí no puede uno más que enarcar las cejas.

 Permítanme que, sin abandonar la prueba de los 42.195 metros, volvamos al libro del antiimperialista Denji Kuroshima, pues en la página 85, en el relato que da título al libro, se menciona la palabra maratón.

 Matsuki, un explorador que avanza delante de una columna de soldados, regresa corriendo con dificultad desde la cumbre de una pequeña colina y sin resuello, porque la nieve redobla el esfuerzo, se planta delante del comandante y adopta la posición de saludo, pero tiene las manos tan congeladas que no le obedecen y no consigue levantar el arma hasta la posición reglamentaria.

El comandante le miró con desaprobación. Su gesto denotaba desdén por aquel soldado incapaz de saludar como era debido. Matsuki no pudo decir nada durante un tiempo. No le entraba aire en los pulmones. De las fosas nasales hasta la laringe, todo estaba rígido y reseco, como si acabara de correr un maratón. Se esforzaba en producir algo de saliva para humedecerse la garganta, sin ningún resultado. Quería tirarse en la nieve, descansar.

 Pero hay otro relato, Siberia bajo la nieve, en el que asistimos a una carrera de velocidad –de doscientos metros– que en el texto apenas dura ocho líneas, y que no dejo de proyectar en mi cabeza como si fuera una película.

 Sitúense primero:

 El escenario es la fría Siberia, donde  se enfrentan las tropas japonesas y el recién creado Ejército Rojo en la llamada «Intervención siberiana» de 1918. Yoshida y Komura son dos pobres desgraciados, soldados del ejército nipón, que tras aguardar un año el reemplazo de su promoción ven como todos sus compañeros son devueltos a casa menos ellos, obligados a quedarse un año más en el hospital militar al que los asignaron para ayudar en la formación de los nuevos reclutas. Sus superiores acordaron quitarse de en medio a los hombres más problemáticos, a los más complicados de manejar, y dispusieron que se quedaran ellos dos, más fáciles de llevar.

 Y observen a continuación la escena tal como yo la veo:

 Yoshida y Komura, que pensaban que siendo diligentes y obedientes volverían antes a casa, acaban de despedir en la estación a sus compañeros de promoción, y les pesa el desaliento y la rabia. Hace un frío de mil demonios y el aire que expulsan por sus anchos orificios nasales y por la boca los envuelve en nubes de vapor.

 Deben regresar al hospital, y para atajar las lágrimas que asoman en los ojos de Komura, Yoshida le propone echar una carrera hasta el puente. Con dificultad, por lo grueso de sus abrigos, adoptan una posición de salida, apoyando las manos en la nieve, que parece azúcar en polvo, y el silencio, que reina por todas partes, se ve interrumpido por un «Preparado: uno, dos, tres…». Empiezan a correr. Al principio se les hunden las botas en la nieve hasta las rodillas, y el aire que exhalan se adhiere en forma de escarcha a sus gorros y abrigos.

 Tras algunos metros, la nieve se muestra más compacta y dura, cruje bajo el peso de sus apoyos, y sus movimientos se vuelven menos torpes y pesados. Yoshida saca ventaja en seguida, y Komura siente que el corazón se le desboca: necesita más oxígeno, pero el aire helado que inhala le está reventando los pulmones. Yoshida gira la cabeza para mirar atrás, y ve cómo su compañero se desfonda y se hinca de rodillas. Apenas han corrido cien metros, la mitad del trayecto, y ya se han parado. Komura llega arrastrando las piernas hasta Yoshida. Aún jadean, y les lleva un buen rato recuperar el ritmo del corazón. Luego, vencidos por el desánimo, siguen caminando hasta el hospital sin mediar palabra.

 ¿Qué les parece?

 Y si quieren ver más imágenes espectaculares, les dejo un vídeo de la maratón de la que les hablaba al principio, la de los Juegos de 1936 en Berlín, que incluye la entrega de medallas.




Nota: el texto a color pertenece a la primera edición de Una bandada de cuervos, de Denji Kuroshima. Editado por Ardicia en octubre de 2014 en una traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.


domingo, 18 de julio de 2021

EL CORREDOR Y SU SOMBRA


El corredor y su sombra, de Olivier Haralambon (Editorial Melusina)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Como todos los veranos, las imágenes televisivas del Tour nos llevan la ronda gala a casa. En mi caso, imagino que como en muchos otros hogares, si alguien mirase por una mirilla podría verme recostado en el sofá, amodorrado por el almuerzo y el suave murmullo del aire acondicionado, con un ojo cerrado y el otro en el televisor, con los oídos atentos al comentarista, aguardando a que las rampas se pongan más serias y se produzca algún demarraje –uno de esos duelos entre escaladores digno de un western–,  a un descenso vertiginoso con los corredores volcados sobre sus bicicletas como flechas extraídas de un carcaj, o a un esprint masivo en el que un estornudo arroje al mejor velocista a la línea de meta.

 Desde hace unos años, intento hacer coincidir alguna de estas clásicas ciclistas con la lectura de algún libro relacionado con el tema, algo que complemento con alguna que otra salida con la bicicleta: una vuelta rápida por La Fresneda y Junta de Caminos o una ruta más exigente que me lleva hasta Almogía o algún otro pueblo cercano. Cambiar por unos días los repetitivos y traumáticos contactos con el suelo de la carrera por el sutil equilibro entre las gomas de las dos ruedas.

Sigo apegado a mis pequeñas devociones y siempre me acabo lanzando sobre la bici después de haber visto una carrera en televisión, con miedo de dejar pasar el momento de inspiración eficaz, igual que cuando se busca un papel en el bolsillo para anotar una idea que de otra forma se perdería. Y funciona bastante bien. No dura mucho tiempo, pero durante unos kilómetros, durante una hora, consigo imitar con cierta fortuna las siluetas imponentes de los campeones.
La huella (El corredor y su sombra)
Olivier Haralambon

 Este año el libro elegido ha sido El corredor y su sombra (Editorial Melusina, 2019), del escritor, filósofo y periodista Olivier Haralambon (Francia, 1967), quien también fue ciclista profesional entre 1987 y 1996.

 Sus 102 páginas no contienen una novela, sino un singular ensayo sobre este esforzado y bello deporte. Catorce textos con títulos tan sugerentes como Mi sombra de compañía, El dedo de Santo Tomás, El monstruo, Nada menos que un oficio o Subir al cielo con el cuerpo. Pequeños ensayos, como Competir, en los que a veces me basta con cambiar el nombre del deporte para sentirme identificado.

Para convertirse en corredor hay que competir, y yo estaba a punto de participar en mi primera competición ciclista.
 Tenía la edad irreal de trece años y poco más que una sombra de bigote y me estremecía en la línea de salida entre otros congéneres dispares, grandes y pequeños, alegres o devorados por los nervios hasta parecer tristes. Yo estaba volcado hacia delante, con la frente sobre los antebrazos cruzados, los codos sobre el manillar, un pie enganchado al pedal, la rodilla nerviosa y la otra pierna extendida. Levantaba la cabeza de tanto en tanto, fruncía el entrecejo bajo la visera levantada de mi gorra para mostrar el gesto adecuado. (…) Discreta, una banderola de salida y de llegada flotaba sobre nuestras cabezas. Formábamos un rebaño ligero, algo desteñido por la humedad, que se preparaba para dar vueltas frenéticas alrededor de una zona industrial en construcción. (…) yo estaba temblando. Y un futuro corredor temblaba en cada uno de nosotros, en cada cuerpo que se esbozaba. Tembló en cuanto el starter alzó al fin la pistola, con su panza alegre ofrecida al viento. Y se liberó súbitamente, ya en el primer giro de rueda. (…) El aire fresco hizo subir, imagino que a todas nuestras bocas simultáneamente, el sabor metálico de la sangre. Inspirando profundamente antes de cada curva, también había que darse prisa para no perder el sitio, para resistir el embate del hombro del vecino y evitar que se engancharan los manillares. (…) A medida que se iba acercando la vuelta final empecé a ordenar mis pensamientos y a dar ánimos a mi bici, mi precioso cuadro azul de aluminio. También pensaba en Hinault y en todo el Olimpo febril colgado con chinchetas en las paredes de mi cuarto. (…) Cuando sonó la campana de la última vuelta, todos estábamos decididos a renunciar a nuestro decimocuarto cumpleaños antes que a dar por perdida la carrera.
 (…) Recibí unas palmadas en la espalda y los corredores nos dimos la mano. Nos dimos la mano durante largo tiempo. Quince minutos más tarde, (…) una joven me hizo entrega de un enorme ramo de flores; a mí, que nadie nunca me había regalado ninguno. Lo levanté por encima de mi cabeza y el entrenador sacó una foto.
 Nos sentíamos pequeñas glorias nacientes. Cuando volví a la calle con mi ramo enganchado al manillar, todas las vecinas estaban acomodadas a la ventana, se llamaban y charlaban. La fachada del edificio parecía un calendario de adviento. Tras ellas se podían adivinar las cocinas de ladrillo, la vajilla ordenada y los guantes de caucho rosa sobre los grifos (…).
 Dejé mi bicicleta en el rellano y me di una ducha sin ella. El ramo, encima de la cama, estaba ya algo mustio. Pero al fin era –éramos– auténticos corredores ciclistas.
Competir (El corredor y su sombra) 
Olivier Haralambon

 En enero le hablé de este libro a José Antonio Ruiz, de la librería Luces, y al poco me escribió que le había encantado. «Lo tomo como libro propio. Lo regalaré y recomendaré», me dijo.

El corredor y su sombra, recomendado por José Antonio Ruiz, librero y triatleta
del Club Tritrain4you. Fotografía: José Antonio Ruiz

 También tuvo buena recepción entre mis amigos ciclistas; aunque uno de ellos se quejó del estilo lírico de Haralambon: «El contenido no está mal pero quiere ser tan literario que se pasa. El lenguaje es pretencioso, excesivamente empalagoso. Un ciclista puesto a escribir «alta literatura»».

 No les negaré que la prosa de Haralambon peca a menudo de lirismo, pero considero que es un leve peaje a pagar a cambio de líneas como éstas:

Ocurre sobre todo el domingo por la mañana. A la hora de la primera misa, uno se cruza con todas esas pequeñas iglesias ambulantes, visiblemente apuradas por cruzar las puertas de la ciudad. Ciclistas que circulan en grupo, antes de que haya amanecido del todo, y haga el tiempo que haga. Lo habitual es no entender a estos hombres y algunas mujeres cuyo a atuendo extraño y colorido es tan ceñido que se ajusta al menor pliegue de la piel. Tan ceñido, de hecho, que pareciera creado nada más que para reivindicar las imperfecciones del cuerpo. Las siluetas, volcadas sobre la incertidumbre de esas finas ruedas, provocan asombro.
 (…) Y es que para quien no lo adora, el ciclismo es aún hoy una excentricidad. La palabra suele evocar algunos apellidos familiares; apellidos que, en ocasiones, sabemos unir a nombres anticuados, pero que son tan etéreos como un apóstol en un cuadro. Sin duda Jacques Anquetil, Louison Bobet y Raymond Poulidor debieron de tener un rostro, pero nadie lo recuerda. Al igual que un estudiante no reconoce a Balzac o a Flaubert en una foto. Y pocos saben que Eddy Merckx era aun más guapo que Elvis Presley.
 (…) Yo recibí muy pronto el mordisco fatídico. Empecé a pedalear y a participar en carreras justo antes de llegar a la edad en la que la voz cambia y el apetito sexual viene de pronto a sacudir el mundo. Sufrí en ocasiones el leve desprecio, o al menos la incomprensión, de la que es objeto esta actividad que yo colocaba en el centro de mi vida y que crecería muy pronto hasta el punto de invadirlo todo, de apropiarse de toda mi rutina.
Mi sombra de compañía (El corredor y su sombra)
***
Bicicleta Mercier rosa
Era una Mercier: las letras blancas destacaban sobre el rosa intenso, rosa color carne; de ella siento todavía hoy el olor y el sabor. A menudo me pregunto dónde estará ahora, qué sufrimientos habrá soportado lejos de mí todo este tiempo, qué otros cansancios habrá aguantado. Imagino grietas e hinchazones sobre la superficie pintada.
 También sé que el sencillo pitorro de plástico de la cantimplora enganchada al cuadro forma, sin duda, parte de mí, como algún elemento arcaico de mi sexualidad: gran parte del agua que me compone la he bebido a través de un orificio como ese. He exprimido esas botellas de plástico como senos pegajosos de azúcar, con la cabeza girada a un lado, sin despegar el ojo ni de la carretera ni de mi recorrido.
 (…) En la época de mis primeros excesos, que fue también la de la adolescencia, mi bicicleta dormía conmigo; pasaba las noches en mi cuarto. La instalaba en una especie de trípode para abrillantarla y podía hacerla girar desde mi cama. Tumbado, le hacía dar vueltas con la punta de los dedos del pie (…). Al volver del entrenamiento la lavaba conmigo en la ducha, enjabonándola con esponja y cepillo, separando mis piernas para evitar los chorrones de desengrasaste con los que limpiaba la cadena, con la ayuda de un cepillo de dientes. Borraba las huellas más flagrantes antes de que llegara mi madre, quien, por si no tenía poco con el trabajo, descubría en casa que otras fatigas la estaban esperando.
Cosmos desinflado (El corredor y su sombra)
***
Hoy, todavía me parece incómodo mirarme en el espejo. Mi reflejo, puesto en pie, ofrece un cuerpo de cierto vigor, pero ya envejecido. (…) ¡a este reflejo con patas le falta una bicicleta! (…) Mi miembro fantasma es grasa y metal, caucho y presión de aire. Sin él soy un tullido.
El dedo de Santo Tomás (El corredor y su sombra)
***
No sé nada de ese hombre viejo al que a veces adelanto cuando me da por coger la bici. No sé nada de él porque nunca me ha dirigido la palabra. Nada, excepto que fue un buen corredor. Cuando lo miro, con la frente alta, empujar el pedal con esa autoridad tajante, me cuesta asumir su edad. (…) Le traicionan el cabello blanco, que se escapa del casco sobre su nuca faustiana (…).
Cuerpo líquido (El corredor y su sombra)
***
Educarse en una familia de corredores es aprender las leyes de la carrera ciclista igual que se aprende a hablar o a lavarse. (…) Crecer a la sombra de ese hombre de costillas salientes sin duda te predestina.
 (…) Al contrario, quien se declara una mañana como el primer ciclista de su linaje se sumerge en un mundo nuevo. (…) La renuncia a la vida habitual de los colegiales me llenaba el pecho de orgullo, empecé a reivindicar una rutina que desde entonces estaría consagrada a la ascesis y el sufrimiento. Sería el primero de mi familia en convertirme en un monje de piernas afeitadas. La dureza física era mi bandera, las mortificaciones no me asustaban y era mi cuerpo mismo, mi vida en bruto, lo que quería exprimir; escurrirla para extraer de ella mi subsistencia. Fuerza de trabajo y viento en contra. Quería ser digno de la novela familiar, estar a la altura de mi padre, cuya cabellera estéril moraría pronto en las orillas fecundas de mis carreras.
Nada menos que un oficio (El corredor y su sombra)
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El paso por una simple línea de pintura blanca hace explotar al pelotón. De golpe se descompone. De golpe cesa el maravilloso deslizamiento y reaparecen, como de vuelta a la superficie, esas miríadas de pequeños elementos de color que se dispersan entre los peatones que los asaltan. Se ofrecen a las rudezas maternales de sus cuidadores –estos cubren sus hombros, enjuagan y limpian sus rostros polvorientos, los peinan casi con ternura y descorchan bebidas azucaradas que les llevan a la boca–. Contestas a las preguntas que les hacen y devuelven palabras aún sudorosas, mientras alguien les guía por el laberinto de verjas mecánicas a las que se agarran manos desconocidas; algunos hacia el a autobús y las duchas, otros, con la gorra de sponsor sobre la cabeza, ante las cámaras y los micros.
 (…) Todos ellos, por turnos, antes o después de la cena, atraviesan la misma puerta y se sumergen en ese lugar saturado de potentes esencias, donde se desvisten y se tienden sobre la sábana y la camilla, depositando su propio cuerpo como si fuera un objeto, una ofrenda sobre el altar. El masajista coloca sus manos fuertes empapadas de aceite, agarra un pie y lo coloca sobre su hombro. Con el crujido habitual al roce de la piel llegarán las primeras palabras. Las palmas que bajan desde el puente del pie y el talón de Aquiles, los dedos que se hunden en la densidad de la pantorrilla y luego del muslo, en las nalgas y la espalda de ese hombre tendido, recogen las palabras de lo más profundo del cuerpo, las reúnen y las empujan hasta la boca. Entonces, desde la otra punta de la camilla, del rostro hundido entre los brazos cruzados fluyen relatos que se esparcen por el suelo: los dolores y las penas, las frustraciones y los cansancios, que oscurecen los músculos y el porvenir.
 (…) Los corredores lo comparten todo, o casi. El viento y el dolor, el riesgo y la lluvia, el calor que abrasa y las etapas interminables bajo un cielo que aplasta. El vacío diamantino del cielo de verano y también la angustia informe de las nubes. (…) Doscientos días al año comparten sus habitaciones (…). Extienden su ropa y sus vendas como si acamparan en el desierto, se tumban en la cama con las piernas levantadas contra la pared, se ponen crema sobre la piel quemada de la nariz y hablan largo rato por teléfono con sus hogares, si es que tienen uno. La tele colgada en la pared habla en el vacío. Cada noche, cuando se reúnen dos o más, intentan disipar el nudo de excitación y la angustia no verbalizada, residuo silencioso de una existencia hiperactiva.
Intimidades (El corredor y su sombra) 
Olivier Haralambon

 Son muchos más los textos que he subrayado en mi ejemplar, y seguramente ustedes encontrarán otros que destacar. El único reproche que le hago a Haralambon es su justificación del dopaje en el texto Subir al cielo con el cuerpo. Ni el doping sanguíneo, ni el anfetamínico, ni cualquier otro es justificable. En el deporte no se admiten trampas ni, por ende, tramposos.

«Desearía poder cambiar lo que sucedió y ser un mejor hombre». –Lance Armstrong–
Fotografía: Bustle.com

 Y no quisiera cerrar esta reseña sin alabar la traducción de Elisabeth Falomir y Carlos Pott, así como el trabajo de la editorial Melusina en pro de la literatura deportiva.

Fotografía de Portada:Andreas Rentz/Getty Images
Fotografía de la derecha: Lucía Rodríguez

De la misma editorial, no me canso de recomendar La milla perfecta, esa joya que publicaron en 2017 y que ya reseñé en este blog.

Pedro Delgado y José Antonio Ruiz con La Milla Perfecta en la librería Luces

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2018/04/la-milla-perfecta.html


viernes, 9 de julio de 2021

¿DE VERDAD SE VAN A CELEBRAR LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE TOKIO ESTE VERANO?


Fotograma de El misterio Koumiko, película documental de Chris Marker

La otra tarde vi con mi hijo Pedro la película documental El misterio Koumiko, de Chris Marker, y en su metraje di con la clave de por qué no posponen de nuevo los Juegos Olímpicos de Tokio. Es algo intrínseco al carácter japonés.

 Chris Marker viajó a Japón para documentar los Juegos del 64, los del segundo oro de Abebe Bikila en maratón, y el doblete en 800 metros y 1.500 metros del neozelandés Peter Snell.

Abebe Bikila (Tokyo 1964)
Fotografía: Bettmann / Corbis

Peter Snell, campeón olímpico de 800 metros en Tokio 1964
Fotografía: Time-to-Run

Peter Snell, campeón olímpico de 1.500 metros en Tokio 64
Fotografía: nzherald.com.nz


Vídeos The NZ Team

 Durante su estancia, Chris Marker conoció por azar a la bella y exótica Koumiko Muraoka. Fascinado por ella, decidió que protagonizase una película; una que lleva su nombre: Le Mystère Koumiko.

El misterio Koumiko, película documental de Chris Marker

 En el film, Marker la sigue con su cámara mientras conversan sobre distintos aspectos de la vida y la cultura nipona, intercalando escenas de las competiciones deportivas y de la capital.

 La cinta también recoge las respuestas de Koumiko a un cuestionario que Chris Marker le entregó antes de volver a Francia, "como quien lanza una moneda a una fuente". La voz de Koumiko, grabada en una cinta, le cuenta (nos cuenta) sus pensamientos íntimos sobre la identidad, la belleza y el tiempo.

 Pero volvamos a los Juegos de ahora. A falta de 14 días para su inicio, Tokio sigue en estado de emergencia por la COVID-19, y el país se encuentra cerrado a los turistas extranjeros. El ritmo de vacunación es extremadamente lento, y el tanto por ciento de población que tiene las dos dosis de la vacuna resulta irrisorio. Una parte importante de la población rechaza la realización de los Juegos, algo que también reclama el sindicato de médicos del país tras combatir una cuarta ola.

 Por otra parte, aunque las autoridades japonesas habían decidido en un principio permitir que hubiera hasta 10.000 espectadores en las gradas (o un 50% del aforo), reservándose la opción de celebrar competiciones a puerta cerrada en caso de repunte de contagios, los organizadores anunciaron ayer que, definitivamente, no habrá público en las gradas. La verdad es que no me imagino unas olimpiadas sin espectadores, con atletas corriendo en estadios vacíos. Sea con espectadores o sin ellos, el número de atletas que integran las distintas delegaciones olímpicas y las personas que se moverán en torno a ellas es enorme. ¿De verdad van a celebrarse los Juegos este verano? Creo que el COI y el Gobierno japonés deberían haberlo repensado.

 Soy de la opinión de que los Juegos debieron de cancelarse en 2020, como ya ocurrió en 1916, 1940 y 1944 con motivo de la I y la II Guerra Mundial. La cita se podría haber celebrado después de los Juegos de París 2024. Ya sé que Los Ángeles es sede oficial para 2028, pero no creo que a los estadounidenses les hubiese molestado retrasar cuatro años el evento. Lo mire por donde lo mire, no veo lugar a una Olimpiada en estos tiempos de pandemia. Otra opción sería una nueva suspensión: si de Tokio 2020 se pasó a Tokio 2021, por qué no pasar a Tokio 2022.

 Vuelvo a El misterio Koumiko. Además de dirigirlo, Chris Marker se encargó del guión, el montaje y la fotografía. El tono y la delicadeza de ésta última me ha recordado el trabajo que hizo sobre la capital nipona mi amiga Nathalie Raffet en 2016. Imágenes que aquí les muestro, ya que no podrán viajar allá en los próximos días. Ella, que viajó por todo Japón, dice que Tokio es un buen compendio del país.

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

Tokio 2016. Fotografía: ©Nathalie Raffet

 Para saber más sobre la película de Chris Marker pueden cliquear sobre el siguiente enlace:

https://www.blogsandocs.com/?p=116