domingo, 26 de enero de 2014

TRISTES CASUALIDADES

Christopher John Chataway (Londres, Reino Unido 1931-2014)


Me envía mi primo Sergio Camacho un correo que lleva por asunto "parece que está de moda todo lo referente al atletismo". Lo pincho y veo que no trae texto, tan sólo un enlace, una línea azul que me deja mudo y me provoca un escalofrío.
 Hace unos días, el 18 de enero más concretamente, al escribir mi post sobre Zátopek para mi blog Calle 1 (y para mi crítica literaria atlética en El loco que corre) puse dos fotografías de la final de los 5.000 metros de los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952. En la primera de ellas, coloreada, se veía a Emil Zátopek corriendo hacia la meta en la última curva antes de meta, seguido por el francés Alain Mimoun y el alemán Herbert Schade. Detrás de éste último se podía observar a otro corredor caído en el suelo. Como quiera que en la imagen no se veía bien a ese atleta, añadí otra en blanco y negro en la que se podía ver un mejor plano de la caída de ese atleta, que resultó ser el británico Chris Chataway, quien finalmente entró en quinta posición.

Emil Zátopek (oro), Alain Mimoun (plata) y Herbert Schade (bronce)
en la final de 5.000 metros de los Juego Olímpicos de Helsinki en 1952


La imagen anterior desde otra perspectiva, donde se aprecia la caída del inglés Chris Chataway tras pisar el bordillo de la cuerda (Al pasar mi post a la página de El loco que corre, Salvador Moreno eliminó esta foto, lo que supone otra de esas casualidades).

 Luego seguí escribiendo mi entrada lamentando la mala suerte del británico y pensando que tenía que ver el vídeo de aquella carrera para ver la secuencia completa y escribir algún post sobre la fatalidad del destino, el azar o la casualidad, entendiendo ésta como esa combinación de circunstancias imprevisibles e inevitables que a veces nos pasan la mano por el lomo o nos sacuden duro.






 Pues bien, el enlace que me envía mi primo es otra de esas casualidades:
www.diariosur.es/rc/20140125/sociedad/muere-christopher-chataway-201401231925.html

Chris Chataway disputando la prueba de la milla en 1952

 Sir Christopher John Chataway murió a los 82 años el pasado 19 de enero, al día siguiente de subir mi post con la imagen de su caída. Mi condolencia a la familia del que fue un gran atleta: Subcampeón de Europa de 5.000 metros en 1954 (tras el soviético Vladímir Kuts), batió el récord del mundo de la distancia dos semanas después con un crono de 13'51"6 y fue la segunda liebre de Roger Bannister en su famoso asalto a la barrera de los cuatro minutos en la milla.


Chris Chataway haciéndole de liebre a Roger Bannister en su récord de la milla 3'59"4, marca que lo convirtió en el primer hombre en la historia en bajar de los 4 minutos en la milla.
(6 de mayo de 1954, pista de Iffley Road en Oxford)

 Por lo demás, les remito al artículo de Álvaro Soto para el diariosur.es y al de Carlos Arribas para el diario El País que he encontrado curioseando en internet, 
"elpais.com/deportes/2014/01/24/actualidad/1390518192_941993.html"
y le agradezco a Sergio los servicios prestados.
 Un abrazo para él y otro para Chataway donde quiera que ahora esté.

sábado, 18 de enero de 2014

CORRER, EL LIBRO ACERCA DE ZÁTOPEK



En las pocas semanas de vida que tiene este blog ya ha salido a relucir varias veces el apellido Zátopek, un apellido mítico, pues pertenece al único atleta del mundo capaz de ganar en unos mismos Juegos Olímpicos tres medallas de oro en las pruebas de fondo; una gesta que el corredor checoslovaco Emil Zátopek (1922-2000) consiguió en la Olimpiada de Helsinki de 1952, cuando en diez días consiguió ganar los 5.000 metros, los 10.000 y la maratón.

 A mí Emil Zátopek me acompañó en muchas tardes de entrenamientos extenuantes, en intervals infinitos que el checo había llevado hasta límites exagerados. Así que, para darme ánimos, me acordaba de él cada vez que tenía que hacer un interval training de 200 o 400 metros. Si Emil hacía 40 o 70 repeticiones, cómo no iba a acabar yo mis entrenamientos. Recuerdo, hablando de intervals de 400, que una tarde, cuando estudiaba y entrenaba en Granada, el amigo Miguel Leiva se pasó un buen rato cronometrándome el entrenamiento para comprobar que, efectivamente, no iba de farol y era capaz de hacer 20x400 a 1'02" recuperando 1'30". Y lo que son las cosas, movido por este recuerdo me he tomado la molestia de buscar en las agendas de aquellos años hasta dar con aquel día, y he descubierto algo que me ha dejado, ahora que escribo sobre Zátopek, con la boca abierta:

 5 de febrero de 1987
[...] y después, a las siete, me fui a entrenar: los 20 cuatrocientos. Leiva se puso conmigo y tan sólo aguantó 10. Yo las hice con clavos, todas a 1'02" menos varias a 1'03". Aquí dicen que estoy "corgao", que eso es lo que hacía Zátopek. Ya quisieran ellos llegar a ser 1/4 parte de lo que fue Zátopek, La locomotora humana.


 Si el fartlek (la carrera continua por la naturaleza con cambios de ritmo) fue el "sistema panacéa" para los finlandeses, Zátopek abrazó el interval training: dividir una distancia en otras más pequeñas para correrlas a más velocidad, con una pequeña recuperación entre ellas que Emil hacía corriendo a menor velocidad. Quizás eso fue lo que lo convirtió en plusmarquista en aquella época. Ese correr sin parar, agónico, que no se centraba en la técnica ni en el estilo, sino en sus ansias de correr más rápido que nadie.


Emil Zátopek, en una fotografía de 1954. Foto: Keystone / Getty Images

 A finales de 2010, el escritor francés Jean Echenoz publicó Correr, un libro sobre Zátopek que fue muy recomendado por los libreros y los críticos literarios (Babelia la eligió como una de las mejores novelas de 2010).




            




 De Echenoz yo había leído Me voy, obra con la que obtuvo el Premio Goncourt en 1999, una novela corta o nouvelle que dicen los franceses que me había gustado bastante. Quizás ese hecho, junto a tantas recomendaciones, ha jugado en su contra a la hora de enfrentarme estos días a Correr, pues las expectativas que tenía eran demasiado altas.
 Echenoz no corre, y eso es algo que notamos los que lo hacemos habitualmente. Y luego está el estilo que ha elegido para narrarnos la vida de Zátopek, como si fuese un notario el que apuntase la crónica deportiva del atleta, lejano a sus sentimientos, a sus pensamientos e ideas.
 A pesar de esa pequeña decepción, ésta es una novela que debemos leer todos aquellos lectores a los que nos gusta calzarnos las zapatillas de correr, entre otras cosas porque creo que los que amamos este bello deporte estamos necesitados de novelas que hablen de él. Hay mucha narrativa ambientada en el mundo del fútbol o del boxeo, pero muy poca en el del atletismo.


Zapatilla adidas de Emil Zatopek. Fotografía: Zac Allan

 La novela arranca cuando Emil tiene 17 años y los alemanes acaban de invadir Moravia (Bohemia) y Checoslovaquia. Por entonces Emil trabaja en la fábrica de calzado Bata, un Emil al que le horroriza el deporte: primero las carreras del circuito de Zlin que organiza la fábrica para publicitar sus zapatillas y luego las exhibiciones atléticas que organizan los alemanes para los jóvenes con carácter obligatorio.
"La primera carrera en la que participa Emil es un cross-country de nueve kilómetros montado por la Wehrmacht en Brno y que enfrentará a una selección alemana atlética, espigada, arrogante, impecablemente equipada, todos igualitos a lo übermensch, con una cuadrilla de famélicos y astrosos checos, jóvenes campesinos, montaraces con calzón largo o dudosos futbolistas amateurs mal afeitados. Emil no participa de buen grado en esa prueba pero es un muchacho concienzudo, se entrega y da de sí todo lo que puede. Comoquiera que acaba segundo, sin darse cuenta y no sin vivo despecho por parte de los arios, un entrenador del club local se interesa por él. Corres raro pero no corres nada mal, le dice. Lo cierto es que corres muy raro, insiste el entrenador con cara de incredulidad, pero, bueno, no corres mal. De ambas aserciones, Emil sólo escucha y oye distraídamente la segunda".
 Aún así, Emil no termina de cogerle el gusto a eso de correr hasta que un buen día sucede lo inesperado: empieza a gustarle correr; al principio por propio placer, luego por el gusto de medir sus fuerzas en la competición.
 Mientras los alemanes comienzan a sembrar el terror en el protectorado con su política de deportaciones y exterminio, Emil Zátopek, ya con 20 años, se vuelca en el atletismo. Además, Emil se obstina en no trabajar el estilo. A Emil no le importa correr raro, para él el estilo es una gilipollez. Puestos a correr lo que quiere es correr lo más rápido posible.
"De modo que se obstina en no trabajar más que la resistencia, como quienes preparan sólo los trayectos largos de fondo o de semifondo. Él, invirtiendo el sistema, se entrena cada vez más en la velocidad, en pequeñas distancias indefinidamente repetidas, gracias a lo cual comienza a experimentar claros progresos". 
 Emil descubre también a sus competidores el sprint final.
"Doscientos metros antes de la llegada, intensifica la velocidad, sabedor de que puede hacerlo pues se ha preparado para ello: gana.
 Por aquella época no se conoce el sprint final, los corredores procuran espaciar el esfuerzo, repartirlo a lo largo de una prueba. En su afán de escatimar fuerzas hasta el final, no se creen capaces y sobre todo no se atreven a reservar la velocidad para desplegarla en la última recta, para dar lo máximo de sí mismos al final de la carrera. De ahí la inmensa utilidad de entrenar también con pequeñas distancias: el sprint final, que acaba de inventar Emil".
 Cuando el frente de batalla avanza y llegan las sirenas y los bombardeos y el tableteo de las ametralladoras y con ello los rusos, los alemanes, entre refriegas, se apresuran a retirarse. Termina la guerra y Checoslovaquia recupera sus fronteras. El país reorganiza su ejército y Emil es llamado a filas. La vida militar le gusta más que la vida de peón en la fábrica de Bata.
"Y además puede seguir corriendo: como se han organizado campeonatos militares en la República liberada, los oficiales de estado mayor, que tienen puesto el ojo en el deporte, autorizan a Emil a presentarse. Éste establece tranquilamente dos nuevos récords y, a su regreso, es citado en el orden del día por haber representado con honor a su unidad. Lo cierto es que con el uniforme no todo va tan mal, así que Emil se plantea matricularse en la Academia donde se forma a los oficiales de carrera. Además, cualquier cosa antes de volver a trabajar en la empresa Bata".
 Estando en la Academia se enfrenta al sueco Sundin en su primera competición internacional y, aunque no consigue ganarle, bate el récord de Checoslovaquia de los dos mil metros. Luego mejora el de 3.000 llegando detrás del holandés Slijkhuis. El sueco y el holandés son corredores elegantes cuyo estilo contrasta con el de Zátopek.
"Hay corredores que parecen volar, otros bailar, otros desfilar, otros parecen avanzar como sentados sobre las piernas. Algunos dan tan sólo la impresión de ir lo más rápido posible a donde acaban de llamarlos. Emil nada de eso. Emil parece que se encoja y desencoja como si cavara, como en trance. Lejos de los cánones académicos y de cualquier prurito de elegancia, Emil avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias. No oculta la violencia de su esfuerzo, que se trasluce en su rostro crispado, tetanizado, gesticulante, continuamente crispado por un rictus que resulta ingrato a la vista. Sus rasgos se distorsionan, como desgarrados por un horrible sufrimiento, la lengua fuera intermitentemente, como si tuviera un escorpión alojado en cada zapatilla de deporte. Está como ausente cuando corre, tremendamente ausente, tan concentrado que ni parece estar cuando está ahí más que nadie, y su cabeza, encogida entre los hombros, sobre el cuello siempre inclinado hacia el mismo lado, se balancea sin cesar, se bambolea y oscila de derecha a izquierda. 
 Puños cerrados, contorsionando caóticamente el tronco, Emil hace también todo tipo de cosas con los brazos. Cuando todo el mundo os dirá que se corre con los brazos. A fin de propulsar mejor el cuerpo, los miembros superiores deben utilizarse para aligerar las piernas de su propio peso: en las pruebas de fondo, el mínimo de movimientos con cabeza y brazos mejora el rendimiento. Pues Emil hace exactamente lo contrario, parece correr sin que le importen los brazos, cuya impulsión convulsiva arranca de demasiado arriba, describiendo curiosos desplazamientos, a ratos alzados o proyectados hacia atrás, colgando o abandonando a una absurda gesticulación, y sacude también los hombros levantando exageradamente los codos como si transportase una carga demasiado pesada. Mientras corre parece un boxeador luchando contra su sombra, por lo que todo su cuerpo se asemeja a un mecanismo descompuesto, dislocado, doloroso, salvo la armonía de sus piernas, que muerden y mastican la pista con voracidad". 
  En los primeros Campeonatos de Europa de posguerra, en Oslo, Emil queda quinto en los cinco mil metros, mejorando de nuevo el récord checoslovaco, y ya en los Juegos Olímpicos de Londres, en 1948, se gana el apodo de La Locomotora Humana al lograr en los diez mil metros la primera medalla de oro del atletismo checo y obtener una plata en los cinco mil.


Emil Zátopek en los 10.000 metros de los Juegos Olímpicos de Londres en 1948
Emil ganaría el oro y el francés Alain Mimoun la plata

 Luego llegará el récord del mundo de los diez mil y el ascenso a capitán, pero con ello comienzan los problemas.
"Se reúnen los altos mandos. Todos convienen en que Emil, cómo no, es un fenómeno del socialismo real. Pero por eso mismo es preferible guardárselo, economizarlo y no enviarlo demasiado al extranjero. Cuanto menos se lo vea, mejor. Porque sería una auténtica lástima que por una cabezonada, durante algunos de esos viajes, se pasara al otro bando, al inmundo bando de las fuerzas imperiales y del gran capital. Por consiguiente convocan a Emil, que acaba de ser invitado a participar en una prueba internacional de cinco mil metros en Los Ángeles. 
 Camarada, le dicen, el comité militar ha decidido que, en lo sucesivo, no podrás participar en ninguna competición deportiva sin previa autorización. Conforme, dice Emil, pero eso no cambia nada. Hasta ahora se me han concedido esas autorizaciones. Pues ahí está, camarada, a partir de ahora ya no las recibirás. Puedes retirarte. Y el comité se descuelga con un comunicado en el que anuncia dicha medida, alegando que las invitaciones demasiado numerosas a encuentros de escasa importancia apartan a Emil de sus deberes militares, impidiéndole proseguir su perfeccionamiento deportivo".
 Temen que en una de esas no regrese a Praga, que pida asilo político en uno de esos países capitalistas. En aras del partido se suceden las purgas como cuando estaban los alemanes. La única alegría del momento es su boda con Dana, futura campeona olímpica de Jabalina. 



 En el extranjero se preguntan qué habrá sido de Emil, si sigue entrenando, si estará lesionado o habrá dejado de correr. Emil les responde batiendo dos récords del mundo, el de los 20 kilómetros y el de la hora. Luego llegarán los Juegos de Helsinki, donde conseguirá lo que nadie ha vuelto a conseguir hasta la fecha, ganar las tres pruebas de fondo: el 5.000, el 10.000 y la maratón.

Emil Zátopek (oro) seguido por el francés Mimoun (plata) y el alemán Herbert Schade (bronce) 
Fotografía coloreada de la final de 5.000 metros de los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952

La imagen anterior desde otra perspectiva, donde se aprecia la caída del inglés Chris Chataway

 A la vuelta a Emil lo ascienden de capitán a comandante y se convierte "en el hombre de los ocho récords del mundo en distancias superiores a cinco mil metros: seis, diez y quince millas; diez, veinte, veinticinco y treinta kilómetros; por no hablar del récord de la hora". A ellos añadirá pronto un noveno, el de los cinco mil metros.
 Muere Stalin y el presidente checoslovaco Gottwald y en el país se producen minúsculos cambios. Lo dejan correr en Sao Paulo, donde gana, igual que en el Cross de L'Humanité (lo que ahora son los Campeonatos del Mundo de Cross). A partir de ahí empieza lentamente su declive, sus altibajos, las derrotas y la decisión de retirarse tras los Juegos de Melbourne, donde sólo disputará la maratón, quisiera hacerlo con un pódium pero sólo alcanza a ser sexto en una prueba que gana el francés Alain Mimoun, la sombra de Zátopek, pues había sido plata en los 10.000 metros de los juegos de Londres y en los 5.000 de los de Helsinki por detrás, en ambas ocasiones, del checo.
 Al volver de Australia, como premio al final de su carrera, lo ascienden a coronel y lo nombran director de deportes en el ministerio de defensa; aunque el punto final no lo pondrá hasta el Cross de San Sebastián, en Lasarte, donde Emil se planta definitivamente tras su victoria.


Emil Zátopek tirando del grupo en el Cross Internacional de San Sebastián, Lasarte 1958

 Zátopek sigue corriendo a diario, pero ya sólo lo hace para mantenerse en forma no para ganar ninguna carrera.
"Y como se entrena menos, le queda más tiempo para interesarse en lo que sucede en su país".
¿Qué pudo ocurrir en su país para que Emil fuese destituido de su cargo en el ministerio y se le enviase a barrer las calles de la capital?  Lean el libro y salgan de dudas, y, si quieren profundizar en lo que ocurrió en Checoslovaquia en 1968, lean también La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, una de mis novelas favoritas, llevada también al cine por Philip Kaufman con Daniel Day-Lewis, Juliette Binoche y Lena Olin en el papel de Tomás, Teresa y Sabina.


 


 Por último, quisiera recoger aquí una anécdota entrañable que leí en la página de la RFEA, y que muestra el gran corazón que siempre tuvo Emil Zátopek. El artículo, firmado por Miguel Villaseñor cuenta que Ron Clarke (Australia, 1937), un gran fondista que poseyó los récords del mundo de 5.000 y 10.000 metros pero que, por cosas del destino, nunca pudo ganar un oro olímpico, viajó después de los Juegos Olímpicos de México 1968 a Praga a ver a Zátopek, a quien admiraba mucho. Entabló con él amistad y cuando fue a abandonar la capital para volver a Australia, Zátopek fue a despedirlo al aeropuerto. Allí, en el último momento y de manera disimulada, le dio un pequeño paquete. "Clarke creyó que era algo de contrabando o quizá un mensaje que Emil quería comunicar al mundo exterior, dadas las circunstancias políticas. Al dárselo le había dicho "porque te lo mereces", frase que el australiano en ese momento no entendió. Ya en el avión abrió el paquete y con gran sorpresa vio que en él estaba la medalla de oro olímpica que Zátopek había ganado en los 10.000 metros de Helsinki en 1952. De esta manera se la regalaba. La admiración era, obviamente mutua. Ahora sí que su amigo Ron Clarke tenía su propia medalla de oro". 


Ron Clarke











Nota: Los párrafos de Correr, novela de Jean Echenoz, están extraídos de la edición española, publicada por Anagrama en septiembre de 2010, con traducción de Javier Albiñana.

martes, 7 de enero de 2014

EL EXPRESO DE LA UNIÓN



Obra de Lucía Rodríguez Vicario, óleo sobre tela 35x27, 2005
Colección particular de Juan Sarria Cuevas


Hubo un tiempo remoto en el que los corredores recibían un apodo: Paavo Nurmi era El Finlandés Volador por su zancada elegante y liviana, mientras que Emil Zátopek era La Locomotora Humana por ese ritmo asincopado que imponía, similar a las antiguas locomotoras que avanzaban a tirones. Normalmente, aquellos apodos los inventaban los periodistas que glosaban sus hazañas o el público que asistía a los estadios y a los campos, a esos circuitos cerrados que no conducían a ninguna parte más allá de la victoria o la derrota.

 En mi época de atleta eso de los apodos ya estaba en desuso. Lo mantenían los mayores pero, salvo excepciones como el Cabrilla o el Taca-Taca, no eran apodos relacionados con el atletismo sino que hacían referencia a la labor que desempeñaban en su vida diaria (el Carnicero, el Profesor, el Pescadero, el Ferralla, el Legionario...), al mote que arrastraban del pueblo (el Pan duro, el Guinda...) o al del capricho de los demás atletas (el Cigarrón, el Diablo, el Tejero, el Oxidado, el Olímpico, Muslo Pollo, Antonio el de Torremolinos, Miguel el viejo, el Canica, el Romano, el Sonrisas, el Cisne, el Cuqui...).
 A veces, el apodo también alcanzaba a algún entrenador, como al Petete, por aquello del Libro gordo que todo lo sabe; pero a los nuevos simplemente nos despachaban añadiéndole el artículo determinado a nuestro nombre (por más que en el colegio nos hubiesen repetido aquello de que delante del nombre propio no se pone el artículo) o convirtiéndolo en un diminutivo.

 En casa, la familia me llama Peri desde siempre. Mi abuelo materno, que también se llamaba Pedro, decía que ese era un nombre muy serio para un niño pequeño y que mejor me decían Peri; así que los muy allegados o los que conocen a mi familia se dirigen a mí por Peri, aunque para el mundillo atlético yo era El Pedro o Pedrito.

 Me crié en calle La Unión, junto a las vías del tren, y de pequeño solía corretear con mi bicicleta entre los montículos de tierra y los matojos que había donde ahora se encuentra el campo de fútbol. También me encantaba jugar entre los mercancías y las pirámides de piedras sueltas que transportaban, así que el pitido de las locomotoras, el traqueteo de las ruedas de los vagones y el chirrido de los frenazos aún están en mi memoria; igual que la sensación que experimenté en la I "Maratón" C.C.D.R Renfe, cuando enfilé la calle La Unión en busca de la meta. Los vecinos se habían congregado en las aceras y muchos estaban asomados en los balcones, entre ellos mi madre que me jaleaba desde el balcón. Para el que no conozca la calle La Unión, les diré que es una de las más largas de Málaga, así que pueden imaginarse mi satisfacción cuando la recorrí entre los aplausos de mis vecinos, imaginando que algún día (yo tenía 16 años) se referirían a mí con el más bonito de los apodos: El Expreso de la Unión.

 Era julio de 1982, el año del Naranjito, y la prueba la organizaba el amigo Manolo Sarria y el Centro Cultural Deportivo y Recreativo de la RENFE. Aquella carrera popular por el barrio la ganó Juan Sarria Cuevas, seguido de Juan Jiménez García y Rafael Castillo.


Juan Sarria Cuevas en calle La Unión, a pocos metros de la casa de mis padres y de proclamarse vencedor de la I "Maratón" C.C.D.R Renfe, con su entrenador Miguel Ángel "Petete" animándole.

 Yo no recuerdo cómo quedé en la general, pero sí que fui el primero de mi categoría (Juvenil), por lo que recibí un trofeo de manos de Manolo Sarria (hermano de Juan Sarria), quien aún no se había hecho famoso como humorista con el Dúo Sacapuntas. 


Pedro Delgado Fernández, 1º Juvenil en la I Maratón C.C.D.R Renfe
Málaga, julio 1982

 Estas dos fotos son ya historia del atletismo malagueño, pues la prueba no volvió a realizarse más, dando paso, al año siguiente, a la I Media Maratón C.C.D.R Renfe, la cual salía de mi calle para ir hasta Campanillas por la Colonia Santa Inés y regresar al punto de partida por la carretera de Cártama, lo que me permitió sentir la misma emoción más veces. La carrera se realizó hasta 1989.

 En 1991, bajo el nombre de Media Maratón Ciudad de Málaga, Manolo Sarria retomó, con Málaga Sport, la organización de la prueba, pero con salida y llegada en la ciudad deportiva de Carranque. La carrera, que en 2014 hará su 24º edición, cambió a lo largo de los años su recorrido, incluso el lugar de salida y meta, pero lo que no cambió fue el buen hacer de sus organizadores que se han ganado a pulso el prestigio del que goza la prueba, y a los que les mando desde aquí un gran saludo.


P.D.: Acabo de acordarme de otro apodo lindo. El que tenía el amigo Espárraga: El Etíope Blanco.

lunes, 23 de diciembre de 2013

¡¡FELICES FIESTAS!!

Este año aprovecho el blog para felicitaros las fiestas. Y lo hago con la canción que más suena en casa al llegar la Navidad: Peace on Earth/The Little Drummer Boy, remezclada e interpretada en directo por David Bowie y Bing Crosby, un tema que ya pertenece a la banda sonora de mi vida.




 ¡¡Felices fiestas y próspero Año Nuevo 2014!!
 Sin duda, cada uno tiene su forma de celebrar la Navidad: en función de sus creencias, de los momentos alegres o tristes que le ha traído el año, de si hay niños en casa o de si se mantiene el núcleo familiar. Sean cuales sean vuestras circunstancias, deseo que paséis las fiestas de la mejor manera posible y que el 2014 venga cargado de salud e ilusiones.

 Y si queréis despedir el año corriendo, apuntaros a la San Silvestre Palma-Palmilla que promueve la amiga Berta González de Vega. La carrera de 8 kilómetros se celebra el día 31, a las 12:00, con salida y meta en el campo de fútbol de la Virreina, en las inmediaciones del Estadio de La Rosaleda. Se trata de correr por una buena causa: a beneficio de Er Banco Güeno y la Casa de la Buena Vida, además del club de fútbol 26 de febrero.
 Ya van por la III edición. Yo corrí y gané la primera; pero ésta, como el año pasado, me pilla lesionado, pues desde el día 13 ando parado por culpa de un hematoma en el talón del pie izquierdo. Por cierto que esta carrera vino a tomar el relevo de la San Silvestre de la Salud, una carrera con un ambiente increíble a la que muchos corredores acudían disfrazados. Lástima que la prueba desapareciese después de siete ediciones, pues era un gusto ver la Ciudad Deportiva de Carranque o la plaza de la Constitución abarrotada de atletas, todos tocados con el gorro de Papá Noel, mientras los amigos de Málaga Sport entregaban los premios y sorteaban multitud de regalos.

 En fin, lo dicho al principio: Feliz Navidad y mejor 2014, y que todos los atletas que estáis lesionados, como yo (uno llega a sentirse como una ballena varada en la playa), os recuperéis lo antes posible.

jueves, 12 de diciembre de 2013

EFECTO MARATÓN


Pedro Delgado y Rafa Vega en la presentación de Efecto Maratón
Málaga, 7 diciembre 2013 (Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario)


El pasado sábado día 7, organizado por la página web ellocoquecorre.com, dentro de la Feria del Corredor de la Maratón de Málaga, tuve el placer de presentar al periodista y maratoniano Rafa Vega, autor de Efecto Maratón, un libro editado por Almuzara que ya va por la 2ª edición.


Salvador Moreno, Rafa Vega y Pedro Delgado momentos antes de la presentación
(Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario)


A la espera de poder mostraros un vídeo del acto, os anoto aquí el texto que escribí para la ocasión:


Como la mayoría de ustedes saben, la maratón existe desde que en el año 490 a.c. el general griego Milcíades, exhultante por haber vencido a los persas en la batalla de Maratón, envió a su mensajero Filípides a anunciarlo a Atenas, donde las mujeres esperaban conocer el resultado de la contienda. Los persas habían jurado arrasar la ciudad, matar a los niños y violar a las mujeres; y éstas, desesperadas, habían decidido que si no recibían noticias de la victoria griega antes de la puesta del sol, matarían a sus hijos y se suicidarían. Así que ahí tenemos a Filípides corriendo durante 40 kilómetros. Un Filípides que llega a Atenas, da la buena nueva y se derrumba para morir agotado por el esfuerzo.
 Sin ese hecho ninguno de nosotros estaría hoy aquí.

  Ustedes van a correr mañana 2 kilómetros y 195 metros más de los que corrió Filípides, y eso es porque, dos mil años después de su gesta, esa distancia se amplió oficialmente en los Juegos Olímpicos de Londres en 1908; y todo por el capricho de la Reina Alejandra, pues su majestad quiso que la salida se diese desde los jardines del propio palacio de Windsor.
 Sin ese hecho, ustedes no correrían mañana 42.195 metros.

 A mediados del mes de noviembre cree un blog de atletismo que responde al nombre de Calle 1, un blog que recoge entre otras cosas críticas literarias de libros relacionados con el atletismo. Con ese motivo fui a la librería Luces a buscar un libro de Peixoto, Cementerio de pianos, sobre Francisco Lázaro, un atleta portugués que falleció en la maratón de los Juego Olímpicos de Estocolmo en 1912. Allí me encontré con José Antonio, uno de los socios de la librería, y le comenté lo del blog. Él fue quien me habló de ellocoquecorre.com y me puso en contacto con Salvador.
 Sin ese hecho, yo no estaría aquí ahora presentando a Rafa Vega y su Efecto Maratón.

 Cuando me contaron lo que había ocurrido en Nueva York con el huracán Sandy que tocó tierra la noche del lunes de la semana de la maratón; que se había suspendido la carrera y que Rafa había decidido tirar para adelante y correr la prueba por su cuenta, me acordé del japonés Murakami, el autor de De qué hablo cuando hablo de correr, el cual recorrió en solitario los 40 kilómetros que unen Maratón con Atenas, pero en sentido inverso.  Rafa organizó su propia maratón pirata en Central Park, y no tuvo que correr en solitario. Pensaba que el libro iría sobre ese hecho, pero cuando me puse a leer sus páginas me di cuenta de que, más allá de eso, éstas encerraban un acertadísimo manual de autoayuda para superar cualquier obstáculo que se pueda presentar en la carrera de nuestra vida, con momentos mágicos como ese Be fearless (no tengas miedo) de Kathrine Switzer -la primera mujer que corrió una maratón cuando lo tenían prohibido- con el que empieza el capítulo 0 del libro, pues éste está compuesto de los 42 kilómetros de que consta la prueba.

 Y aunque Rafa no lo sepa, nos une algo más que la pasión por la carrera pedestre, el hecho de tener unas madres coraje que han tenido que correr su propia carrera de fondo para superar un cáncer: la madre de Rafa, a la que está dedicado este libro, y la mía, a la que yo dedico estas palabras.

 Y ahora, les dejo con el protagonista de esta obra, el periodista, presentador de los deportes de Canal Sur y maratoniano Rafa Vega. 


Pedro Delgado y Rafa Vega en la presentación de Efecto Maratón
Málaga, 7 diciembre de 2013 (Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario)


 A continuación, les muestro también algunas de las líneas que he subrayado en el libro:

"Los japoneses lo llaman satori, que significa despertar instantáneo: de repente, decides algo que cambiará tu vida".

"El deseo por mejorar está latente en cada uno de nosotros. Los orientales lo llaman kaizen, una palabra japonesa que significa desarrollo, mejora constante".

"Ese día en Central Park sentí las consecuencias del efecto maratón. Que se resume en estas tres frases:
 -Plantéate un objetivo.
 -Lucha por conseguirlo.
 -Y alcanzarás tus sueños".


Pedro Delgado y Rafa Vega en la presentación de Efecto Maratón
(Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario)


"Como dice Marvin Gaye en la canción, Ain't no Mountain High Enough (No hay montaña suficientemente alta)".


"Los maestros de Oriente dicen que cada flecha que da en la diana es el resultado de cien flechas erradas. Por eso, no temas al fracaso. Es esencial para triunfar".

"Afronta tus retos con la confianza de haberte preparado convenientemente y de haber trabajado lo suficiente como para conseguir tus objetivos.
 Habrá ocasiones en que las cosas no salgan como tú hubieras deseado o como te mereces. Hay ciertos factores externos que no puedes controlar. Pero no pasa nada. Al menos, lo habrás intentado poniéndolo todo de tu parte".


Pedro Delgado y Rafa Vega en la presentación de Efecto Maratón
Málaga, 7 diciembre 2013 (Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario)


"La suerte es la suma de preparación y oportunidad".

"Todos conocemos la archifamosa frase del barón Pierre de Coubertin que dice: Lo importante no es ganar, sino participar. Un lema que ha terminado perpetuándose y convirtiéndose en la insignia de los Juegos Olímpicos. Sin embargo, esta frase tiene una coletilla que pocos conocen: Porque lo esencial en la vida no es lograr el éxito, sino esforzarse por conseguirlo. Ésa es la clave: luchar para alcanzar tus metas".

"El diccionario es el único lugar en el que el éxito está antes que el trabajo".



Pedro Delgado y Rafa Vega en la posterior firma de ejemplares de Efecto Maratón
Málaga, 7 diciembre 2013 (Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario)


 En mi opinión, este libro está dirigido a todos los que animaban la carrera desde las aceras, a todos los que veían pasar o llegar a meta a los corredores y se preguntaban si ellos también podrían terminar una maratón. Personas que hace mucho que no corren o que no han corrido en su vida, pero que empiezan a sentir la llamada. Para ellos son estas páginas, ese "¡Sí, se puede!"

Y no quería cerrar esta entrada sin dedicársela a mi cuñado, Alejandro Rodríguez Vicario, que el domingo, en su tercera maratón, bajó de las tres horas (2h59'27").


Alejandro Rodríguez Vicario en el kilómetro 22 de la prueba. Málaga, 8 diciembre 2013
(Fotografía: Lucía Rodríguez)



miércoles, 4 de diciembre de 2013

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DE EFECTO MARATÓN

El próximo sábado, día 7 de diciembre, en la Feria del Corredor de la Maratón de Málaga, en los bajos del Estadio Ciudad de Málaga, se presenta Efecto Maratón, el libro de Rafa Vega, maratoniano y presentador de Deportes en Canal Sur.
 Me han pedido que presente el acto, organizado por El loco que corre, así que será una buena ocasión para veros, saludaros y hablar de atletismo.


El autor firmará ejemplares al término de la presentación.


¿Qué harías si un huracán azotara la ciudad donde tiene previsto celebrarse la maratón en la que vas a participar? ¿Y si la propia carrera se cancelara? ¿Te quedarías en el hotel lamentándote? ¿No lucharías por lograr aquello que te habías propuesto? Rafa Vega decidió seguir adelante y correr por su cuenta los 42 kilómetros de la célebre maratón de Nueva York para culminar un proyecto solidario (#sisepuedeNY) que buscaba recaudar fondos para los niños con cáncer.

Detrás de esta historia, que sirve como telón de fondo, hay un tema más universal como es la superación de obstáculos, la preparación por alcanzar un objetivo, y la motivación para lograr un sueño. A lo largo de este libro, estructurado en 42 capítulos, como los kilómetros que tiene la maratón, correremos junto a ilustres runners (actores, presentadores de televisión, periodistas, chefs...), dando consejos para lograr completar la carrera más larga, la maratón... Y la vida. Porque el "efecto maratón" es eso: una meta, una vida plena, y la lucha por llegar a ella, para superar cualquier obstáculo por imposible que parezca.

Más información en www.efectomaraton.com











viernes, 29 de noviembre de 2013

EL LIBRO DE MURAKAMI

Ahora que a todo el mundo le ha dado por correr una maratón y se acerca la fecha de la maratón de Málaga, y las aceras y los paseos marítimos de la ciudad están llenos de gente que corre, es el momento de releer el libro de Haruki Murakami que editó Tusquets en España en abril de 2010. Un libro, De qué hablo cuando hablo de correr, que no puede faltar en las estanterías de ningún aficionado a las carreras, corredores que han venido a engrosar la masa de los que disputan esos 42,195 kilómetros, sobre todo en la parte media y la cola de la prueba, lo que demuestra que la carrera pedestre es el medio deportivo de ocio más barato que existe -algo a tener muy en cuenta en estos tiempos de crisis- y de que la población empieza a preocuparse por su salud y a invertir en ella.


Haruki Murakami


 El libro es un tesoro para esos corredores que habitualmente, a la mañana, la tarde o la noche, arañan una hora al día para salir a correr con la mente puesta en lograr terminar tan agónica prueba. A ninguno de ellos decepcionarán sus páginas. Tampoco a los que, como a mí, les guste escribir, pues revela algunos aspectos de lo que se llama la cocina del escritor, relacionando en numerosas ocasiones el acto de escribir con el de correr.

"Corriendo por las calles, se puede distinguir fácilmente a los principiantes de los veteranos. Los que respiran a bocanadas cortas y jadeando son los principiantes, en tanto que los veteranos lo hacen de modo silencioso y regular. Sumidos en sus pensamientos, su corazón les va marcando lentamente el tiempo. Cuando nos cruzamos por los caminos, uno capta el ritmo respiratorio del otro y percibe cómo el otro marca el tiempo. Del mismo modo, cada escritor capta el estilo y el modo en que otro escritor utiliza el lenguaje".

 Dicho esto, puedo decir sin temor a ofender a Murakami que a mí, que siempre disputé todas la maratones en las que tomé salida, el libro me dejó algo frío en cuanto al tema atlético, pues las reflexiones del japonés están muy alejadas de las que puede hacer el corredor de alto nivel que intenta ganar la carrera. Aún así, tengo algunas frases y párrafos subrayados. Sobre todo ese Pain is inevitable. Suffering is optional, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, depende de uno; palabras que como apunta el propio escritor resumen de manera clara y concisa lo más importante de un maratón.

 Por lo demás, les animo a que se echen a correr con el reto de cubrir toda la distancia o de mejorar sus marcas; pero sin que eso les presione, pues sólo así disfrutarán de la prueba.

 Y por último, unos apuntes extraídos del libro para aquellos atletas veteranos a los que la edad va alejando de sus marcas pero siguen amando la larga distancia.

"Los tiempos no me preocupan. A estas alturas, estoy seguro de que, por mucho que me esfuerce, ya no conseguiré correr como antaño, cosa que aceptaré sin reparos. No me resulta agradable, pero es lo que tiene envejecer. Del mismo modo que yo desempeño mi papel, el tiempo desempeña el suyo".

"Lo importante es no competir contra el tiempo. Es posible que, en adelante, para mí tenga mucho más sentido saber con cuánta satisfacción correré esos cuarenta y dos kilómetros y hasta qué punto disfrutaré. Probablemente tenga que empezar a valorar y a disfrutar de las cosas que no se expresan en cifras. Y, muy probablemente, tenga que buscar a tientas una forma de orgullo ligeramente distinta de la que he sentido hasta ahora".
Pedro Delgado Fernández
1º en la Maratón de Badajoz, 1999
3º en la Maratón de Bilbao, 1998
5º en el Campeonato de España de Maratón y
Campeón de España por equipos de Maratón (Jimesa Maracena) en Barcelona, 2001







martes, 26 de noviembre de 2013

EL LOCO QUE CORRE

El loco que corre fue en Málaga, hace mucho tiempo, Rubén Camacho Sánchez-Gil, un corredor que se pateaba las calles en pantalón corto, un castellano-manchego seco e irónico que fue mi primer entrenador y mi profesor de Pedagogía en el INEF de Granada.


 


 

Fotografías: José Luis Leal Ruperto, 1981.
Rubén Camacho participó en el Campeonato de Europa Universitario de Campo a través en Berna, Suiza, en 1970; fue 3º en la maratón de Madrid de 1980; ganó la I y II Carrera Urbana Ciudad de Málaga (Corte Inglés) en 1979 y 1980 y la IV y V edición de la Mini-Maratón de la Peña El Bastón en 1981 y 1982.


 El loco que corre fui yo mismo en Olvera, en la serranía gaditana, donde estuve tres cursos dando clases de Educación Física en mi primer destino definitivo como profesor (ya ha llovido desde entonces). Vivía en la parte alta del pueblo; mi casa estaba encima de la tienda de Rosario, mi casera, y cuando llovía o hacía frío y atravesaba la tienda para salir a correr, la pobre  mujer me miraba como si fuese un caso perdido. Allí, el último año, enganché a un alumno, antes de que lo enganchara la legión, para que corriese conmigo. Ahora, Francisco Palma, el otro profesor de Ed. Física que había en el instituto, parece haber cogido el relevo y, desde hace unos años, cuando le deja su lumbalgia y las lesiones, sale a correr. Eso sí, no corre solo, sino acompañado de un grupito de amigos con los que ha montado el Club de Atletismo Olvera.


Olvera, Cádiz



                                            
 El loco que corre es también una página web (ellocoquecorre.com) que dirige Salvador Moreno, una página popular y exitosa centrada en el atletismo, una página en la que voy a colaborar con alguna que otra crítica literaria: comentarios de libros relacionados con la carrera pedestre que también publicaré en mi blog Calle 1.





P.D.: Esta entrada está dedicada a sus protagonistas: Rubén Camacho, Francisco Palma y Salvador Moreno.

sábado, 23 de noviembre de 2013

SENTIDO DEL HUMOR

A un deportista siempre se le presupone sentido del humor, pues no hay otra forma más práctica y sensata de encarar la derrota y el triunfo, de convivir con ambas circunstancias; es por eso por lo que espero arrancarle una sonrisa a María al final de esta entrada.

 María Vasco, la única atleta española que ha logrado una medalla olímpica (bronce en los 20 kilómetros marcha en Sidney 2000), se retiró la semana pasada, a los 37 años, de la alta competición; con un palmarés que también incluye otro bronce en los Mundiales al aire libre de Osaka, en 2007 (cuando nadie apostaba por ella, pues el año anterior sólo había sido decimoquinta en los Europeos de Gotemburgo), un quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y un décimo en su quinta y última cita olímpica en Londres 2012.

María Vasco


 El bronce del Mundial fue como el retorno del Ave Fénix, un ave que estos días vuelve a arder para renacer con otras metas e ilusiones: reflotar su club de atletismo, adentrarse en el mundo de la moda, correr una maratón... ¡¡¿Correr una maratón?!! Pues sí, María Vasco, que como marchadora tuvo prohibido despegar los dos pies del suelo, quiere ahora volar y correr esos 42 kilómetros que tanta atracción despiertan últimamente.
 Con su retirada, la marcha atlética, esa especialidad errada, se queda sin su mejor referente. ¿Especialidad equivocada? Bueno, esto nos lleva al título de la entrada, pues con mucho sentido del humor Oscar Tusquets Blanca nos arranca una sonrisa en su libro de ensayos Todo es comparable (Editorial Anagrama) al hablar de esos deportes mal proyectados.





"(El deporte como proyecto) El proyecto de cualquier deporte debe favorecer que el resultado de la contienda sea justo y objetivo. Para que se mantenga el reconocimiento colectivo de la equidad de una competición es imprescindible que su reglamento sea claro y posible de aplicar y que sus jueces lo hagan con equidad; pero cuanto menor sea su intervención, menos subjetivas sus decisiones, y menos determinantes para el resultado final, mucho mejor para el deporte en cuestión. [...] Hay deportes mejor ideados y desarrollados que otros. A un deporte bien proyectado le podemos pedir varias cosas, que sea bello, competido, divertido, que dé posibilidades de remontar al que va perdiendo, que mantenga la emoción hasta el último segundo, que no sea sangriento..., pero quizás una de las exigencias más importantes es que su resultado sea justo y no dependa de la arbitrariedad de un juez. [...] El otro ejemplo de deporte equivocado es la marcha atlética. Como en el caso del waterpolo, es mucho más fácil imaginar su nacimiento que entender su supervivencia. La marcha debieron de inventarla un jocoso grupo de boyscouts que aburridos, no sé si por la excursión, por lo de la buena acción diaria o por no tener chicas, parieron la enfermiza idea de desafiarse a una carrera en la que estuviese prohibido correr. La idea en sí -desplazarse velozmente sin levantar los pies- ya resulta daliniana, como las carreras de sacos pero sin fiesta de fin de curso ni risas, pero lo peor es que, llevados por la seriedad de sus uniformes, los jovencitos decidieron llevarla hasta los Juegos Olímpicos, hazaña que lógicamente consiguieron. Como es preceptivo, tuvieron que redactar un reglamento y allí comenzaron los problemas; ¿cuándo dejamos de andar y comenzamos a correr? Dictaminaron que comenzamos a correr cuando en algún momento los dos pies están en el aire, por lo que es absolutamente obligatorio que en la marcha siempre tengamos un pie en contacto con el suelo. Esta imposición contra natura no sólo obligó a los marchadores a contonearse en unos andares equívocos, que provocaron las inmediatas chanzas de mal gusto por parte de los camioneros que se cruzaban con ellos en la carretera, sino que también hizo imprescindible que una cuadrilla de jueces persiguiese al pelotón para ver si hacían trampas. Pero a simple vista esto no es sencillo; durante siglos los hombres tuvieron dudas sobre si un caballo al galope tenía en algún instante las cuatro extremidades en el aire o no. Tuvieron que llegar las fotografías en serie Mybridge, que fueron financiadas precisamente para aclarar una importante apuesta sobre el particular, para que tuviésemos la certeza de que efectivamente el caballo durante una fracción de segundo tiene las cuatro pezuñas en el aire. 
Hoy, gracias a la cámara superlenta, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todos los marchadores tienen los dos pies en el aire durante unas centésimas. Pero, a pesar de esta evidencia, una pandilla de ridículos jueces continúan vigilando a los marchadores y de vez en cuando y de forma aleatoria le sacan a alguno la señalita de advertencia. La cosa está tan poco clara que se necesitan tres amonestaciones para quedar eliminado -como si de niños hubiésemos necesitado tres pajas para quedar condenados-, pero cuando se exigen cosas tan antinaturales hay que tener un poco de manga ancha. 
 Napoleón Bonaparte, que era un poco grandilocuente pero no tonto, dijo en una ocasión: "No dictes nunca una ley que no te veas capaz de hacer cumplir." Sabio consejo que lamentablemente nuestros boyscouts no siguieron; claro que, dada su educación británica, Napoleón no debe de estar entre sus lecturas obligatorias".   

 El libro es de mi mujer, que se dedica a esto de las bellas artes (ver su blog Manchando lienzos manejando colores), pero hay en él tres ensayos que harán las delicias de todos los aficionados al deporte.

P.D.: Esta entrada va dedicada a María Vasco, a la que le deseo la mayor de las suertes en la nueva etapa que comienza, y también a mis amigos marchadores y exmarchadores: Kiko Rodríguez (ver su blog Historias de un marchador patético que se cree que no lo es) y Rafael Martín.