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lunes, 12 de febrero de 2024

CURTISS HILL, EL HOMENAJE DE PAU AL AUTOMOVILISMO


Lanita leyendo Curtiss Hill (Escápula Comics), de Pau
Fotografía: Lucía Rodríguez

La verdad es que no  hay muchos cómics que traten el tema deportivo, y si encima nos centramos en algunos deportes en concreto, menos aún. Por eso, supongo que los aficionados al motor y el automovilismo habrán recibido con los brazos abiertos a Curtiss Hill, el cómic del mallorquín Pau publicado por la editorial Escápula en 2020.

 El libro huele a aceite y gasolina, y en cuanto lo abres escuchas el ruido de los motores y los pistones. Ya en la primera viñeta sentimos las vibraciones del volante en la palma de las manos, la fuerza centrífuga, la acrobacia y el equilibrio de los neumáticos que vuelan sin abandonar del todo el suelo. Un instante tras el que la curva se disuelve gradualmente en la recta.

Páginas de inicio de Curtis Hill. El mejor amigo del perro
Escápula Comics. Copyright by Pau

Páginas de inicio de Curtiss Hill. El mejor amigo del perro
Escápula Comics. Copyright by Pau

 El cómic de Pau tiene un encanto especial, a lo que contribuye el tono sepia de sus páginas y sus personajes antropomórficos. Esos perros, esas aves, esos conejos, esos felinos que visten y se comportan como seres humanos son, sin duda, el gran acierto y la seña de identidad del artista.

 Y luego está la documentación, el estudio de la época para que nada desentone en sus páginas. Los chaquetones, los guantes, los casquetes de cuero y las grandes gafas que llevan los pilotos; el diseño de los coches; la cámara de fotos con la que inmortalizan el momento de sujetar la copa que acaban de ganar... Todo está medido al detalle.

Detalle página 26 de Cutiss Hill (Escápula Comics)
Copyight by Pau

 El dibujo es tan detallista, que hasta podemos sentir la nube de polvo y humo que levanta el coche de delante. Una nube en la que se tenía que meter a ciegas el coche de detrás si quería adelantar, pegándose a la trasera hasta alcanzarlo y poner el morro de su coche por delante, momento en el que la nube se abría y volvías a ver la pista delante de ti. A veces, alguno excediéndose en los derrapes y yendo a estrellarse contra las balas de paja colocadas al borde de la pista.

Últimas viñetas de la página 18 de Curtiss Hill (Escápula Comics)
Copyright by Pau

Tres primeras viñetas de la página 19 de Curtiss Hill (Escápula Comics)
Copyright by Pau

 Con todo ello no me extraña que Curtiss Hill se alzara con el premio Ciutat de Palma de cómic 2019, y que años después de salir en Francia (Éditions Paquet), Reino Unido (Dark Horse Comics) y Holanda (Dark Dragon Books) –también salió en catalán en la misma Escápula Comics– todavía nos llegue el runrún del motor encendido.

Viñetas 4 y 5 de la página 15 de Curtiss Hill (Escápula Comics)
Copyright by Pau

En los convulsos años 30, el millonario, filántropo y piloto Curtiss Hill es el ídolo de todas las perritas, ganando carreras limpiamente gracias a su ingeniero mecánico Dino Canino. Su máximo rival Rowlf Zeichner, por el contrario, es antipático y tramposo. Pero el instinto de la fotoperiodista Maugène Berk le dice que no todo es lo que parece en esta historia de lucha por la victoria, el amor... ¡y la vida!

La fotoperiodista Maugène Berk en la última viñeta de la página 19
Curtiss Hill. El mejor amigo del perro (Escápula Comics)
Copyright by Pau

 El duelo entre los pilotos Curtiss Hill y Rowlf Zeichner, con el trasfondo de la llegada al poder de Hitler y el partido nazi, nos acompañará a lo largo del cómic, reservándonos una grata sorpresa al final.

Últimas tres viñetas de la página 36 de Curtis Hill
Escápula Comics. Copyright by Pau

Página 37 de Curtis Hill. El mejor amigo del perro
Escápula Comics. Copyright by Pau

 Es este un cómic que no tiene edad, pero que entusiasmará a todos esos críos que sueñan con coches y banderas a cuadros. Un tebeo fruto de una exitosa campaña de crowdfunding durante la pandemia, que llegó a las librerías en noviembre de 2020. Por cierto, que Pau rinde homenaje a todos los que hicieron posible esta aventura en la guarda del libro.

Agradecimiento de Pau a los que financiaron a través de Verkami la edición del libro
Copyright by Pau

 Lo que me parece que no le va a perdonar Lanita a Pau es esa avería en el volante del coche del conejo.

Viñetas 3 y 4 de la página 53 de Curtiss Hill (Escápula Comics)
Copyright by Pau

 Fuera bromas, y aprovechando que hoy toco el tema automovilístico, les voy a recomendar también una novela que leí hace tiempo y me entusiasmó. Se titula Esta historia (Editorial Anagrama, 2007), y en ella Alessandro Baricco nos narra la vida y el sueño de Ultimo Parri.

Literatura y automovilismo
Esta historia (Anagrama) y Curtiss Hill (Escápula Comics)
Fotografía: Pedro Delgado

Ultimo se llamaba así porque había sido el primer hijo.
 –Y Ultimo –había precisado de inmediato su  madre, en cuanto recuperó el conocimiento tras el parto.
 De manera que fue Ultimo.
 Al principio parecía que no estuviera por la labor. En los primeros cuatro años pilló todas las enfermedades posibles. Lo bautizaron tres veces: el cura no se veía capaz de darle la extremaunción a algo tan pequeño, con aquellos ojos que tenía: debido a ello, cada vez se decantaba por el bautismo, aunque sólo fuera por no volverse sin haber suministrado un sacramento.
 –Daño no le va a hacer.
 Y, en efecto, Último siempre salió vivo del paso: pequeño, delgado, blanco como un trapo, pero vivo. Tiene un corazón fuerte, decía su padre. Una flor en el culo, decía su madre.
 Por todo ello seguía con vida cuando, a la edad de siete años y cuatro meses, en noviembre de 1904, su padre se lo llevó al establo, le señaló las veintiséis vacas de raza piamontesa, que eran todo su patrimonio, y le comunicó que todavía no debía decírselo a la mamá, pero estaban a punto de liberarse, de una vez por todas, de aquel montón de mierda.
 Hizo un gesto amplio, tirando a solemne, que abarcaba todo aquel local, oscuro y pestilente. Luego escandió con lentitud:
 –Garaje Libero Parri.
 Libero Parri era su nombre. Garage era una palabra francesa que Ultimo nunca había oído. De buenas a primeras pensó que debía de significar algo así como «criadero» o, como mucho, «lechería». Pero no comprendía cuál era la novedad.
 –Repararemos automóviles –aclaró, lapidario, su padre.
 Y ésa sí que era, en efecto, una novedad.
 –Todavía no existen los automóviles –precisó la madre, cuando al final fue informada del asunto, una noche, en la cama, con la luz apagada.
 –Es una cuestión de meses. Y en cuanto llegue ese momento existirán –la informó Libero Parri, su marido, metiéndole la mano por debajo del camisón.
 –Que está el niño.
 –No hay problema: también habrá trabajo para él, aprenderá.
 –Que está el niño, saca esa mano de ahí.
 –¡Ah! –dijo Libero Parri, acordándose de que en invierno dormían todos juntos en la misma habitación, para ahorrar en estufas.
 Se quedaron un rato así, en una ligera bonanza comunicativa. Luego él volvió al ataque.
 –Ya he hablado con Ultimo del tema. Él está de acuerdo.
 –¿Ultimo?
 –Sí.
 –Ultimo es un niño, tiene siete años. Pesa veintiún kilos y tiene asma.

 Es una novela sobre las carreras automovilísticas, la Gran Guerra y la historia de amor de su protagonista con Elizaveta, una joven aristócrata rusa venida a menos tras la revolución bolchevique. El anhelo de Ultimo Parri no lo revelaré aquí, prefiero que lo descubran ustedes, pero sí les diré que es un plan precioso. Como el trabajo de Pau en Curtiss Hill (si pueden, háganse también con el sketch book del cómic).

Sketch book de Curtiss Hill by Pau (Escápula Comics)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Nota: Mil gracias a Pau por posibilitar la reseña y permitirme mostrar las páginas de Curtiss Hill en este blog. Y a todos aquellos a los que les gustan los cómics, les invito a visitar su página web, donde podrán seguir sus últimos trabajos, con atención especial al primer tomo de Las cinco banderas, donde nos muestra la odisea de su abuelo, primero en la Guerra Civil y luego en la II Guerra Mundial.

Las cinco banderas 1 by Pau
Escápula Comics

https://www.escapula.com/editorial/

martes, 17 de marzo de 2020

DE HÍPICA Y LIBROS


Jorge Herralde en una prueba hípica en Barcelona (imagen del Imprescindibles de TVE 2)

El primer día de este mes de marzo, antes de que el coronavirus comenzase a hacer estragos en España, vi por televisión, en la serie Imprescindibles, el documental Jorge Herralde. Anagrama de un editor, dirigido por Pau Subirós. Lo que más me sorprendió del metraje fue saber que Herralde practicó la hípica en su juventud, y que se consideraba mejor jinete que editor.
"Me apasioné por saltar a caballo por lo que tenía de desafío, de ingravidez, la sensación de volar. Un poco la sensación de libertad. Yo estuve tres años haciéndolo con mucha pasión y bastante bien. Yo creo que era bastante mejor como jinete que como editor".
 No sé cuántos premios ganaría Herralde en la hípica, pero me basta ver su planta sobre el caballo en las instantáneas que aparecen para saber que, aunque sus palabras puedan brotar desde la nostalgia, dice la verdad. Aún así, por lo que conocemos hoy día a Jorge Herralde es por esos fantásticos 50 años al frente de Anagrama, editorial a la que le ha dedicado toda una vida y de la que hoy día es presidente honorífico tras vender su sello a Feltrinelli.

 Junto al protagonista aparecen en el documental escritores de la casa, colaboradores, amigos, esposa y hasta su fisioterapeuta. Cuenta esta última que cuando le dijo que había leído algunos libros de Anagrama que tenía en casa, Herralde no sólo la interrogó sobre ellos, sino que le pidió una lista exhaustiva que recogiese todos aquellos títulos.

 Llevado por la curiosidad, y como reconocimiento al editor, he mirado en las estanterías y pilas de libros para elaborar mi propia lista. Estos son, de momento, los Anagramas que tenemos en casa:

-Los girasoles ciegos (Alberto Méndez)
-Mimoun (Rafael Chirbes)
-La buena letra (Rafael Chirbes)
-Los que no están (Garriga Vela)
-Pacífico (Garriga Vela)
-Todo es comparable (Tusquets Blanca)
-Días en China (Ismael Grasa)
-Los mejores cuentos (Sergio Pitol)
-Amor por un puñado de pelos (Mrabet/Bowles)
-Mira y corre (Mrabet)
-Correr (Jean Echenoz)
-14 (Jean Echenoz)
-Señores y sirvientes (Pierre Michon)
-Opio (Maxence Fermine)
-Socorro, perdón (Beigbeder)
-Dama de Porto Pim (Tabucchi)
-Seda (Baricco)
-Océano mar (Baricco)
-Novecento (Baricco)
-Emaús (Baricco)
-Homero, Ilíada (Baricco)
-Viajes con Herodoto (Kapuscinski)
-Un día más con vida (Kapuscinski)
-El placer del viajero (Mc Ewan)
-Una lectora nada común (Alan Bennett)
-Guía del autoestopista galáctico (Douglas Adams)
-El restaurante del fin del mundo (Douglas Adams)
-La vida, el universo y todo lo demás (Douglas Adams)
-Hasta luego, y gracias por el pescado (Douglas Adams)
-Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva (Douglas Adams)
-Experimentos con la verdad (Paul Auster)
-84, Charing Cross Road (Helene Hanff)
-Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques (Burroughs/Kerouac)
-Los restos del día (Kazuo Ishiguro)

 Y tú, ¿qué Anagramas tienes?

 Quería dejarles aquí el enlace al documental en RTVE, pero por problemas de derechos de autor todavía no está disponible; aunque más pronto que tarde lo estará junto a los otros Imprescindibles. Mientras tanto, les dejo el trailer.

https://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imrpescindibles-trailer-jorge-herralde/5525043/


sábado, 23 de noviembre de 2013

SENTIDO DEL HUMOR

A un deportista siempre se le presupone sentido del humor, pues no hay otra forma más práctica y sensata de encarar la derrota y el triunfo, de convivir con ambas circunstancias; es por eso por lo que espero arrancarle una sonrisa a María al final de esta entrada.

 María Vasco, la única atleta española que ha logrado una medalla olímpica (bronce en los 20 kilómetros marcha en Sidney 2000), se retiró la semana pasada, a los 37 años, de la alta competición; con un palmarés que también incluye otro bronce en los Mundiales al aire libre de Osaka, en 2007 (cuando nadie apostaba por ella, pues el año anterior sólo había sido decimoquinta en los Europeos de Gotemburgo), un quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y un décimo en su quinta y última cita olímpica en Londres 2012.

María Vasco


 El bronce del Mundial fue como el retorno del Ave Fénix, un ave que estos días vuelve a arder para renacer con otras metas e ilusiones: reflotar su club de atletismo, adentrarse en el mundo de la moda, correr una maratón... ¡¡¿Correr una maratón?!! Pues sí, María Vasco, que como marchadora tuvo prohibido despegar los dos pies del suelo, quiere ahora volar y correr esos 42 kilómetros que tanta atracción despiertan últimamente.
 Con su retirada, la marcha atlética, esa especialidad errada, se queda sin su mejor referente. ¿Especialidad equivocada? Bueno, esto nos lleva al título de la entrada, pues con mucho sentido del humor Oscar Tusquets Blanca nos arranca una sonrisa en su libro de ensayos Todo es comparable (Editorial Anagrama) al hablar de esos deportes mal proyectados.





"(El deporte como proyecto) El proyecto de cualquier deporte debe favorecer que el resultado de la contienda sea justo y objetivo. Para que se mantenga el reconocimiento colectivo de la equidad de una competición es imprescindible que su reglamento sea claro y posible de aplicar y que sus jueces lo hagan con equidad; pero cuanto menor sea su intervención, menos subjetivas sus decisiones, y menos determinantes para el resultado final, mucho mejor para el deporte en cuestión. [...] Hay deportes mejor ideados y desarrollados que otros. A un deporte bien proyectado le podemos pedir varias cosas, que sea bello, competido, divertido, que dé posibilidades de remontar al que va perdiendo, que mantenga la emoción hasta el último segundo, que no sea sangriento..., pero quizás una de las exigencias más importantes es que su resultado sea justo y no dependa de la arbitrariedad de un juez. [...] El otro ejemplo de deporte equivocado es la marcha atlética. Como en el caso del waterpolo, es mucho más fácil imaginar su nacimiento que entender su supervivencia. La marcha debieron de inventarla un jocoso grupo de boyscouts que aburridos, no sé si por la excursión, por lo de la buena acción diaria o por no tener chicas, parieron la enfermiza idea de desafiarse a una carrera en la que estuviese prohibido correr. La idea en sí -desplazarse velozmente sin levantar los pies- ya resulta daliniana, como las carreras de sacos pero sin fiesta de fin de curso ni risas, pero lo peor es que, llevados por la seriedad de sus uniformes, los jovencitos decidieron llevarla hasta los Juegos Olímpicos, hazaña que lógicamente consiguieron. Como es preceptivo, tuvieron que redactar un reglamento y allí comenzaron los problemas; ¿cuándo dejamos de andar y comenzamos a correr? Dictaminaron que comenzamos a correr cuando en algún momento los dos pies están en el aire, por lo que es absolutamente obligatorio que en la marcha siempre tengamos un pie en contacto con el suelo. Esta imposición contra natura no sólo obligó a los marchadores a contonearse en unos andares equívocos, que provocaron las inmediatas chanzas de mal gusto por parte de los camioneros que se cruzaban con ellos en la carretera, sino que también hizo imprescindible que una cuadrilla de jueces persiguiese al pelotón para ver si hacían trampas. Pero a simple vista esto no es sencillo; durante siglos los hombres tuvieron dudas sobre si un caballo al galope tenía en algún instante las cuatro extremidades en el aire o no. Tuvieron que llegar las fotografías en serie Mybridge, que fueron financiadas precisamente para aclarar una importante apuesta sobre el particular, para que tuviésemos la certeza de que efectivamente el caballo durante una fracción de segundo tiene las cuatro pezuñas en el aire. 
Hoy, gracias a la cámara superlenta, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todos los marchadores tienen los dos pies en el aire durante unas centésimas. Pero, a pesar de esta evidencia, una pandilla de ridículos jueces continúan vigilando a los marchadores y de vez en cuando y de forma aleatoria le sacan a alguno la señalita de advertencia. La cosa está tan poco clara que se necesitan tres amonestaciones para quedar eliminado -como si de niños hubiésemos necesitado tres pajas para quedar condenados-, pero cuando se exigen cosas tan antinaturales hay que tener un poco de manga ancha. 
 Napoleón Bonaparte, que era un poco grandilocuente pero no tonto, dijo en una ocasión: "No dictes nunca una ley que no te veas capaz de hacer cumplir." Sabio consejo que lamentablemente nuestros boyscouts no siguieron; claro que, dada su educación británica, Napoleón no debe de estar entre sus lecturas obligatorias".   

 El libro es de mi mujer, que se dedica a esto de las bellas artes (ver su blog Manchando lienzos manejando colores), pero hay en él tres ensayos que harán las delicias de todos los aficionados al deporte.

P.D.: Esta entrada va dedicada a María Vasco, a la que le deseo la mayor de las suertes en la nueva etapa que comienza, y también a mis amigos marchadores y exmarchadores: Kiko Rodríguez (ver su blog Historias de un marchador patético que se cree que no lo es) y Rafael Martín.