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lunes, 8 de marzo de 2021

HASSIBA BOULMERKA EN EL DÍA DE LA MUJER


Hassiba Boulmerka (Argelia, 1968) en el Día de la Mujer
Pequeños grandes gestos en el deporte (Editorial Alba)
Fotografía: Lucía Rodríguez

Con motivo del Día de la Mujer quiero rendir homenaje aquí a la medio fondista argelina Hassiba Boulmerka, símbolo de la lucha por los derechos de las mujeres.

Desde muy joven la argelina Hassiba Boulmerka había demostrado su talento y velocidad para correr. Con poco más de veinte años logró proclamarse campeona del mundo, convirtiéndose en la primera mujer africana que lo conseguía y en una verdadera heroína en su país.
 Sin embargo, no todo el mundo compartía su éxito… Los fundamentalistas religiosos no comprendían que una mujer compitiera en pantalón corto como el resto de las atletas y la amenazaban continuamente para que dejara de correr. A pesar de que ponía su vida en peligro en cada carrera, Hassiba no abandonó y decidió participar en los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Barcelona al año siguiente.
 Cuando comenzó la carrera parecía que Hassiba no podría ganar. Sus rivales eran muy rápidas y las piernas no le respondían. Pero en la última vuelta recordó que no solo corría por ella y su país, sino por el derecho de todas las mujeres a ser tratadas con igualdad y respeto. Apretó los puños y corrió, corrió como nunca hasta llegar la primera a la meta. Lo había logrado: había ganado la medalla de oro.
 Hoy Hassiba trabaja para promover el deporte entre las jóvenes como una forma de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.
Francisco Llorca
Pequeños grandes gestos en el deporte 
Alba Editorial



Nota: Esta semblanza pertenece al libro Pequeños grandes gestos en el deporte, de la editorial Alba. Sus autores son Francisco Llorca (texto) y Amaia Arrazola (ilustración). Un libro que no debería de faltar en las bibliotecas de los colegios, y del que seguro volveré a hablarles en este blog.


domingo, 8 de marzo de 2020

CHICAS QUE CORREN


La Chica de Jersey
Fotografía: Pedro Delgado

Todas las mañanas, camino del trabajo o de vuelta a casa, me cruzo con chicas que corren por las aceras; también cuando voy a hacer algún recado por el barrio o mientras espero al autobús nº 8 en la parada para bajar al centro. Y al verlas, me acuerdo de la Chica de Jersey de Garriga Vela. El texto salió publicado el 5 de octubre del año pasado, en su sección Cruce de vías del diario Sur.

CHICA DE JERSEY

Por José Antonio Garriga Vela

La chica del cuarto izquierda sale todas las mañanas a correr. El vecino del segundo la ve salir del portal y le grita que no corra tanto, que está muy delgada, que coma más, que hay que meterle gasolina al cuerpo; pero cuando termina de soltar la retahíla de consejos ella se encuentra demasiado lejos para escucharlo. Yo los observo desde el tercero. Abajo en la calle hay un hombre de alrededor de cincuenta años que toca la guitarra y canta 'Jersey Girl' con la misma voz desgarrada de Tom Waits. El traumatólogo que tiene la consulta en el primero, se asoma a la ventana y le grita que se vaya con la música a otra parte, que él está trabajando. Lleva una bata blanca que certifica sus palabras. El hombre de la calle recoge sus cosas y se aleja murmurando. El cartero entra en el portal con un fajo de sobres y postales. Nada para mí, supongo; sólo me llegan facturas. Un día abrí el buzón y encontré una postal de Niza. Me emocionó leerla, aunque no fuera para mí. Al día siguiente deposité aquel mensaje de amor en el buzón del auténtico destinatario. Desde entonces, cuando nos cruzamos por la escalera tengo la sensación de conocer algo íntimo que él guarda en secreto.
 Sigo asomado al balcón como si estuviera esperando una visita que se retrasa. Pienso en las postales, recortes de periódico y fotografías, que guardo en una caja de madera en el altillo del armario. Retazos de un tiempo pasado. A veces tengo la intención de enseñarlo, pero me da pereza sacar la escalera. Un día, hace años, le oí hacer este mismo comentario a Lauren Bacall. Ella hablaba de que ya no podía subir la escalera, curiosamente guardaba el pasado en el mismo sitio que yo. Hay que tomarse una molestia incluso para revisar las fotos de toda una vida. No sé lo que produce mayor cansancio, si sacar la escalera o abrir la caja de los recuerdos. Dicen que los recuerdos nos hacen viejos, que hay que mirar al presente y al futuro. Yo me obstino en volver hacia atrás en el tiempo y recuperar la memoria.
 Vuelve la Chica de Jersey, acabo de rebautizarla, hasta hoy era la chica del cuarto izquierda. Su pecho sube y baja como una delicada bomba de oxígeno. Al entrar en el portal da la sensación de cruzar la línea de meta. La oigo subir la escalera corriendo hacia su casa. Pasa delante de mi puerta como una cometa. Luego oigo sus pisadas, los mismos sonidos de cada día. No sé si hará caso al vecino del segundo y repostará gasolina. Veo a una mujer salir a la calle cojeando. Sin duda es una paciente del traumatólogo. La cruz de la moneda, la cara es la Chica de Jersey.

 Como siempre, el texto va acompañado de una ilustración del Sr. García. En esta ocasión un collage protagonizado por Lauren Bacall.

Ilustración: Sr. García (Cruce de vías (diario Sur))

Pueden ver el artículo original en el siguiente enlace:

viernes, 8 de marzo de 2019

MUJERES EN EL DEPORTE


"La lucha por la justicia social a menudo empieza en un terreno de juego o en una pista deportiva".

Atleta en el Centro de Alto Rendimiento de Granada, 26 de septiembre de 2016
 Fotografia: Lucía Rodríguez Vicario

En el Día de la Mujer quiero recomendarles el libro Mujeres en el Deporte, escrito e ilustrado por la estadounidense Rachel Ignotofsky. Editado al alimón por Nørdicacómic y Capitán Swing –para quien no lo sepa, apuntar que ambos editores son hermanos–, viene a visibilizar a las atletas, con un compendio de 50 intrépidas deportistas que van desde la década de 1800 hasta la actualidad, mujeres que, como dice el subtítulo, jugaron para ganar. Desde la patinadora artística Madge Syers a la gimnasta Simone Biles, pasando por nombres tan conocidos como la también gimnasta Nadia Comaneci, la tenista Serena Williams, la alpinista Junko Tabel, la velocista Wilma Rudolph, la esquiadora Lindsey Vonn o la nadadora Katie Ledecky.

La velocista Wilma Rudolph. Mujeres en el Deporte, de Rachel Ignotofsky
Editado por N
ørdicacómic y Capitán Swing. Montaje fotográfico: Lucía Rodríguez

 Rachel Ignotofsky ha prestado además atención a esas deportistas que tienen algún tipo de discapacidad física, mental o sensorial, y que todavía lo han tenido más difícil en el mundo deportivo. Ahí están la paratriatleta Melissa Stockwell o la corredora en silla de ruedas Chantal Petitclerc.

La corredora en silla de ruedas Chantal Petitclerc. Mujeres en el Deporte, de Rachel Ignotofsky
Editado por N
ørdicacómic y Capitán Swing. Montaje fotográfico: Lucía Rodríguez

La paratriatleta Melissa Stockwell en el libro Mujeres en el Deporte, de Rachel Ignotofsky
Editado por N
ørdicacómic y Capitán Swing. Montaje fotográfico: Lucía Rodríguez

"Tenemos el poder de elegir nuestra historia [...]. Quiero ser conocida como alguien que convirtió algo muy trágico en un triunfo".
Melissa Stockwell

 Es un libro tremendamente gráfico que convendría tener en todas las bibliotecas de los institutos de enseñanza secundaria, como fuente de inspiración para esas alumnas que les gusta la actividad física y quieren llegar a ser deportistas. Y aún sería más necesario en las bibliotecas de los colegios, pues todavía hay padres –afortunadamente cada vez menos– que consideran que el ejercicio físico no es apropiado para sus hijas, como si el deporte las fuera a masculinizar. Fíjense en los críos cuando vayan al parque. A los niños se les deja hacer libremente, pero las niñas todavía tienen que oír eso de "no corras", "no saltes", "no te subas ahí"..., que te vas a caer o a ensuciar. Por eso me encanta cuando veo a las niñas en las escuelas deportivas de iniciación.
"Este libro está lleno de historias de niñas que crecieron para lograr sus mayores sueños..., historias de mujeres que llegaron hasta el límite, hicieron lo imposible y se convirtieron en leyendas".
 Estas páginas también desmienten el absurdo mito de que el cuerpo de la mujer es débil, algo que se consideró durante mucho tiempo y que llevó a vetar la participación femenina en muchas pruebas. En atletismo, por ejemplo, los últimos vetos, ya hoy por fin superados, estaban en las pruebas de los 3.000 metros obstáculos (que no apareció en el programa olímpico hasta el año 2008 en Pekín), y los 50 kilómetros marcha (en los Juegos de Rio 2016 sólo pudieron marchar sobre la distancia de los 20 Km, pero al año siguiente, en el Mundial de Londres, ya pudieron hacerlo sobre la misma distancia que los hombres).
 Imaginaros que pruebas que hoy vemos tan normales, como el salto de pértiga y el lanzamiento de martillo femenino, no tuvieron cabida en el programa atlético hasta el año 2000.
 Por otra parte, desde el año 2004 las mujeres pueden participar en la prueba del Decatlón, aunque en los grandes campeonatos su prueba oficial sigue siendo el Heptatlón.

La heptatleta Jackie Joyner-Kersee en Mujeres en el Deporte, de Rachel Ignotofsky
Editado por N
ørdicacómic y Capitán Swing. Montaje fotográfico: Lucía Rodríguez

 Hoy día, la única prueba que solo se disputa en la modalidad masculina son los 110 metros vallas, corriéndose 100 metros vallas en la categoría femenina.
"Este es uno de los libros que estábamos esperando: un compendio de grandes mujeres deportistas y las dificultades a las que tuvieron que hacer frente. Tal como nos enseñó Billie Jean King, "la presión es un privilegio".

La tenista Billie Jean King en Mujeres en el Deporte, de Rachel Ignotofsky
Editado por N
ørdicacómic y Capitán Swing. Montaje fotográfico: Lucía Rodríguez

sábado, 30 de septiembre de 2017

DE TORNEOS INTERESCOLARES DE ATLETISMO, SALVADOR ALLENDE Y PAULINA FLORES

Hace un par de sábados descubrí en el Babelia a Paulina Flores, una escritora chilena que practicó el atletismo en su niñez y adolescencia y que, como yo, sigue usando la carrera como método para ordenar las ideas que se atascan en el papel. Nos lo cuenta desde la sección Tribuna libre, bajo el título No es una historia épica.

Allende Vive

No es una historia épica
Por Paulina Flores

Salgo a correr tres veces por semana, durante una hora. Casi siempre en el mismo parque y con el mismo recorrido y música. No he leído De qué hablo cuando hablo de correr, de Murakami, pero sobre la relación entre la escritura y correr, además del obvio componente de soledad que demandan ambos ejercicios, debo decir que en mi caso me sirve para destilar ideas. Su ventaja sobre un baño de tina, varios cigarros frente a la ventana o una noche de insomnio es que cuando estás corriendo, y tu cuerpo está exhausto, toda la ansiedad, las aprensiones o preocupaciones que pueden acecharte mientras piensas en calma desaparecen, tu mente tiene una única y real preocupación: sobrevivir al cansancio y al dolor muscular, y así las ideas brotan libres o fluyen sin presión.
 Comencé a practicar atletismo a los 10 años. Imagino que lo elegí por la amistad: era nueva en el colegio y lo practicaba con una de mis recientes mejores amigas. Hasta cierto punto, me lo tomaba muy en serio y participé en varios torneos interescolares. La sensación de correr 100 metros planos tras el disparo era alucinante, pero no alcanzar la victoria en el intento ni colgarse alguna medalla era bastante frustrante. Recuerdo la confusión y el estrés que me producía que el entrenador se focalizara y prefiriera siempre a mi amiga, que era más rápida que yo. Una minitragedia infantil, sobre todo considerando que éramos las únicas dos mujeres en el equipo, y no había nadie más con quien compararse. Pero tuve mi revancha. Irónicamente, un sábado 11 de septiembre. No recuerdo bien de qué año, pero 2001 no fue, porque ese día el hermano mayor de un compañero entró a la sala de clases anunciando la noticia del atentado de las Torres Gemelas, y nuestro propio 11, el del golpe militar, pasó a segundo plano. Debió de ser en octavo básico, a los 13-14, cuando ya tenía una posición política marcada, todo lo marcada que podía ser a esa edad.
 Mi mamá no era de derechas, pero les tenía miedo, pavor, a los carabineros, y no me dejaba ir a marchas. Las noches del 11 de septiembre me las pasaba con mi hermana menor, mirando desde el segundo piso los actos de conmemoración y luego el enfrentamiento entre la policía y los manifestantes. Nos fascinaba, y esperábamos con ansias el día de estar nosotras también ahí, en ambos campos de batalla. A mí nunca me dieron miedo los pacos, y sé muy bien por qué. Pero recuerdo a una amiga temblando cuando el carro lanza-agua comenzó a acercarse, y a otro de la universidad impresionado con la policía montada, diciendo que ahora entendía el miedo de los troyanos al ver la gran caballería aquea. Recuerdo a un vecino saliendo furtivo de su casa a media noche, protegido con un casco de bicicleta. Recuerdo correr a toda velocidad por el bandejón central de la Alameda. Recuerdo reírme de los cantos de los anarquistas, pero quitarle la batería a mi celular por precaución. Recuerdo atravesar el ágora de la Facultad a las siete de la mañana, humeante por decenas de lacrimógenas como en un vídeo de Romain Gavras.
 Como mi mamá no me dejaba asistir a marchas, el torneo de atletismo, la mañana de ese 11 de septiembre, se convirtió en la coartada perfecta. Mi plan era el siguiente: asistir a la competencia, pero dado que participaba sólo en un par de carreras y que probablemente no pasaría a las finales –en esa época, a una paso de la adolescencia, ya no me importaba ganar o perder–, quedaría libre a eso de las diez-once de la mañana y podría asistir por primera vez a la romería del 11 de septiembre, marcha organizada por los familiares de víctimas de la dictadura. Nunca me enfrenté a un campeonato tan relajada, el lugar de la ansiedad era ocupado completamente por la manifestación, pero las cosas no resultaron como esperaba.
 Debí haberlo imaginado, porque mi madre no era la única que en Chile temía, y sigue temiendo, a la policía y las protestas, y así muchos de los padres no mandaron a sus hijos al campeonato por miedo a que sucediera algo. Casi no tuve competencia, y mi entrenador estaba tan excitado con la idea de obtener –¡al fin!– medallas que hasta me inscribió en pruebas que jamás había practicado, como el lanzamiento de la bala, las vallas y el salto alto. Me enseñó la técnica en unos pocos minutos y luego competí contra tres o cuatro niñas más y pasé a todas las finales. Cuando el torneo finalizó eran pasadas las dos de la tarde. No pude, ni quise, asistir a la marcha, pero mi cuello brillaba de oro y plata. Por supuesto, la historia no tiene nada épico, y la reflexión –triunfo falso, miedo y frivolidad– es tan obvia que no tiene gracia escribirla. De todas maneras, esa tarde, antes de volver a mi casa, me di un paseo por la Moneda, porque siempre fui y he sido más romántica que combativa, compré un clavel rojo y lo dejé bajo la estatua de Salvador Allende, junto a otros tantos más.

***

 Paulina Flores (Santiago de Chile, 1988) ganó con 25 años el Premio Roberto Bolaño por el relato Qué vergüenza, el cual da título a su primer libro de cuentos publicado en su país por la editorial Hueders.

letras.mysite.com (Paulina Flores)

martes, 25 de abril de 2017

CORRER EMBARAZADA II


Beatriz Jiménez Tomé corriendo embarazada la XXXIV Carrera Urbana Ciudad de Málaga
(Carrera del Corte Inglés 2012. Fotografía: Salvador Moreno)

Salvador Moreno ya ha subido la crítica literaria de Correr embarazada (Desnivel Ediciones, 2016) a su página web (El loco que corre), añadiéndole esta bonita fotografía de Beatriz Jiménez tomando la salida de la XXXIV Carrera Urbana Ciudad de Málaga. Como pueden apreciar en la imagen, Beatriz corrió embarazada aquel mes de octubre de 2012.

Correr embarazada de Mª Luisa Baena Reyes (Desnivel Ediciones, 2016)
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Desde aquí les invito a visitar mi sección de crítica literaria en la página web de El loco que corre, donde podrán leer acerca de otros libros relacionados con el atletismo.


 Y como hay más vida fuera del deporte, también les invito a leer mi último libro: Carta desde el Toubkal, finalista del VII Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Viajes y Aventura.

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com.es/



miércoles, 19 de abril de 2017

CORRER EMBARAZADA: UNA CARRERA DE NUEVE MESES


Correr embarazada (Desnivel Ediciones, 2016), obra de Mª Luisa Baena Reyes
Fotografía: Lucía Rodríguez

Absorto en la enorme flor que luce en el pelo, no me fijo en el otro detalle, y, para cuando lo hago, la ochocientista estadounidense está iniciando la última vuelta. Por increíble que parezca, Alysia Montaño corre con el abultado vientre de las embarazadas, lo que explica que lo haga tan alejada de los puestos de cabeza, algo inusual en una corredora que se caracteriza por tirar fuerte del grupo.


Alysia Montaño corriendo embarazada en los Campeonatos de Atletismo de Estados Unidos

 Han pasado más de dos años de aquellas imágenes que nos depararon los Campeonatos de Atletismo de Estados Unidos, cuando la atleta compitió embarazada de casi ocho meses, pero me vienen ahora a la mente al leer Correr embarazada (Desnivel Ediciones, 2016), de Mª Luisa Baena Reyes, atleta y colega de profesión. Lo rescaté el otro día de la pila de libros que tengo en la mesita de noche, tras decirme Francisco Aguilera que la maratoniana Estela Navascués está embarazada y le aguarda una maratón de nueve meses.

La olímpica en maratón Estela Navascués

 No sé si Estela va a seguir corriendo durante su embarazo, pero lo que nos deja bien claro Mª Luisa Baena en su libro es que se puede. Y no nos lo demuestra sólo con palabras, sino también con hechos, experimentando con su propia gestación.
¿Cómo voy a privar a mi bebé de todos estos "momentos de plenitud", de lo que siento y experimento cuando corro? Tengo que compartirlo con él. 
"La mujer atleta puede seguir siendo atleta durante su embarazo". Pruebas de esfuerzo, analíticas, entrenamientos guiados, supervisión de ginecólogos... aportan el rigor científico a estos nueve meses de disfrute deportivo.
 "No hagas esfuerzos", "no cojas peso" les dicen como si estuvieran enfermas, cuando ya en Esparta se promulgaba el ejercicio físico para las embarazadas como forma de resistir mejor los esfuerzos del parto y dar a luz niños sanos y robustos.
Evidentemente, tenemos que apoyarnos en los avances científicos y médicos de nuestros días, pero sin dejar contaminarnos por esa zona de confort y sedentario. A medida que pasan los años sufrimos un retroceso y no solo nos separan siglos ante el pensamiento filosófico y espartano, sino un estilo de vida que busca la comodidad y la calidad de vida basada en el descanso.
Entrenamiento semana 27, apreciándose gran volumen abdominal
Mª Luisa Baena Reyes, Correr embarazada (Desnivel Ediciones, 2016)

 En este diario de una atleta embarazada, como reza el subtítulo, encontramos tablas de entrenamiento previas al embarazo, así como las adaptaciones que se realizaron una vez embarazada, ceñido todo a las carreras de montaña, donde el disfrute y el contacto con la naturaleza son máximos. Sus páginas también reseñan los cambios fisiológicos que sufre la mujer en cada uno de los periodos de la gestación y, como no se trata de correr a lo loco, las recomendaciones, precauciones y beneficios del ejercicio para la madre y el feto, y los casos en los que la actividad física estaría contraindicada.

Mª Luisa Baena Reyes en su última prueba de esfuerzo

 Por último, Mª Luisa Baena nos habla de la experiencia de otras atletas que continuaron entrenando durante su embarazo: la fondista Paula Radcliffe, la estadounidense Alysia Montaño con la que abría esta entrada, la duatleta y triatleta pamplonica Ana Casares y nuestra conocida malagueña Beatriz Jiménez Tomé.

La atleta malagueña Beatriz Jiménez Tomé
Fotografía: J. Calderón y Álvaro Cabrera

 Me alegra mucho que su autora sea de Málaga y Licenciada en Educación Física, y que sea Ángel Gutiérrez Sainz, "mi" profesor de Fisiología de la Facultad de Ed. Física de Granada, el que aparezca en las fotos realizando las analíticas y las pruebas de esfuerzo* de Mª Luisa, garantía de rigor y seriedad en el estudio.
*al que acompaña en la 3ª prueba de esfuerzo la doctora Olga Ocón, ginecóloga y profesora de la Facultad de Medicina de Granada.

Ángel Gutiérrez Sainz controlando una prueba de esfuerzo a Mª Luisa Baena Reyes

 Este libro bien podría haber sido la tesis doctoral de Mª Luisa Baena, a la que, sin duda, habrían calificado con Sobresaliente cum laude.


 Y dejo para el cierre una frase de la autora, una cita para enmarcar: "Con las piernas es con lo que menos se corre".

Mª Luisa Baena Reyes con Leo, protagonista indirecto de este libro

jueves, 13 de abril de 2017

PARA LLORAR

Positivo por EPO de la keniana Jemima Sumgong en un control antidopaje fuera de competición. Estamos hablando de la mujer que ganó el año pasado el oro olímpico en la maratón de los Juegos de Río. Para llorar.

Jemima Sumgong en el podio de Río 2016

miércoles, 2 de marzo de 2016

ESTO ES PARA MEAR Y NO ECHAR GOTA

Abeba Aregawi, oro en los 1.500 metros en el Campeonato del Mundo de Atletismo en Pista Cubierta (Sopot 2014) Fotografía: M. Dunham (AP)

Me he quedado patidifuso al abrir El País y ver la noticia del dopaje de la etíope Abeba Aregawi, campeona del mundo de 1.500 metros al aire libre en 2013 y en pista cubierta en 2014. Al parecer, ha dado positivo por Meldonium, que no sé lo que es, pero suena a mierda. Qué tristeza sin fin, como cantaba Aznavour, que Etiopía siga la senda de Kenia y Rusia y venga a engrosar la agenda de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en cuanto a escándalos y corruptelas varias.
 Lo único que me ha arrancado una sonrisa -qué digo una sonrisa: una carcajada- es saber que Abeba Aregawi, que corrió en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como etíope (quedó 5ª en la final de los 1.500), es sueca por matrimonio. Su primer marido era etíope con nacionalidad sueca, y digo su primer marido porque luego se divorció para casarse con otro etíope en Etiopía, a donde se fue a vivir y a pagar sus impuestos. Visto lo visto, ya sé de qué se reía Abeba en la foto. Si es que es para chotearse.

Abeba Aregawi corriendo por Etiopía en los Juegos Olímpicos de Londres 2012


Posdata: Y acuérdense de votarme, que hoy es el último día.

http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2016/02/calle-1-en-los-x-premios-20blogs-de-20.html

miércoles, 24 de febrero de 2016

EL CUENTO CHINO DE MA JUNREN Y SUS ATLETAS

Ma Junren y algunas de sus atletas

"Chang Lei-To era un anciano cuyo origen desconocía incluso él mismo. Se dedicaba a viajar de pueblo en pueblo, caminando siempre descalzo, tanto en invierno como en verano, y llevando una burda tela sobre los hombros y una estera de bambú en la mano".

¿Que qué es esto? Pues el principio de un cuento chino. Como el que protagonizaron el entrenador Ma Junren y su ejército de atletas en la década de los noventa, cuando revolucionaron de sopetón el atletismo femenino, batiendo plusmarcas a diestro y siniestro. En Alemania, en el Mundial de Stuttgart de 1993, arramblaron con todo, llevándose récords y tres oros, dos platas y un bronce en 1.500, 3.000 y 10.000 metros*.


Qu Yunxia, oro en 3.000 metros en Stuttgart 1993
Campeonato del Mundo de Atletismo al aire libre

Wang Junxia, oro en 10.000 metros en Stuttgart 1993
Campeonato del Mundo de Atletismo al aire libre

*Liu Dong (oro en 1.500 m), Qu Yunxia, Zhang Linli y Zhang Lirong (oro, plata y bronce en 3.000 m), Wang Junxia y Zhong Huandi (oro y plata en 10.000 m).

 Dos de los récords de Wang Junxia siguen vigentes en la actualidad: el de 10.000 metros, con esos 29:31,78 que estableció el 8 de septiembre de 1993 en Pekín, y el de 3.000 metros, con esos 8:06,11 que estableció cinco días después en el mismo lugar durante la celebración de los Campeonatos Nacionales de China. Y el récord de los 1.500 metros, los en su momento estratoféricos 3:50,46 que consiguió Qu Yunxia el 11 de septiembre de 1993 en los mismos campeonatos, ha durado la friolera de 22 años (lo batió el año pasado la etíope Genzebe Dibaba en Mónaco, estableciendo una nueva marca de 3:50,07).
 Ma Junren justificó todos aquellos logros con los duros entrenamientos que realizaban sus pupilas -las cuales vivían bajo una especie de disciplina militar- y con la sopa de sangre de tortuga que éstas ingerían en su dieta.
 Al parecer, ahora ha salido a la luz una carta que escribieron y firmaron nueve de ellas (incluida Wang Junxia). La enviaron a la prensa en 1995, denunciando el dopaje al que las sometía el ex-militar ("Algunas atletas vomitaban las pastillas que Ma les daba, pero enseguida recibían inyecciones..."). Y la IAAF anda estos días estudiando la autenticidad de dicha misiva. Veraz o no, yo nunca me creí aquel cuento chino.

Dong Liu, oro en 1.500 metros en Stuttgart 1993
Campeonato del Mundo de Atletismo al aire libre

 Y sí, sí. Lo sé, pero no quiero añadir ni una palabra. No sea que digan que la tengo tomada con él.


Nota: Las líneas iniciales pertenecen al relato Chang Lei-To, el viajero, extraído del libro Cuentos chinos de fantasmas, editado por Ediciones Obelisco en abril de 1985.

Y no olviden votar por Calle 1 en los Premios 20Blogs de 20 minutos:
http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2016/02/calle-1-en-los-x-premios-20blogs-de-20.html


sábado, 22 de noviembre de 2014

¡¡¿¿PERO ESTO QUÉ ES??!!


Cristina González, abanderada de España en el Mundial de 100 Kms en ruta


Ayer, rodando con Juan Sarria hijo (y ya van cuatro días seguidos que consigo rodar sin molestias en el pie), me enteré de lo que estaba ocurriendo en Doha, la capital de Qatar. Para los que no estén al tanto, les diré que la pasada tarde se celebraba allí el Campeonato Mundial de 100 kilómetros en ruta, y que el gobierno qatarí tuvo la peregrina e inconcebible idea de prohibir a las atletas femeninas competir con el top y la braguita o malla corta con que lo hacen habitualmente, vestimenta por otra parte aprobada por la IAAF.


La ultrafondista Cristina González, del Club Atletismo Bikila

 A ver, aunque no he viajado nunca por el golfo Pérsico ni la península Arábiga, sí lo he hecho por casi todo Oriente Medio y el Magreb, así que sé de qué va el rollo, todo eso de que los códigos allí son distintos a los nuestros y tal y tal. Y por supuesto que comparto aquello de "donde fueres haz lo que vieres". Si voy a Irán, por ejemplo, sé que debo usar pantalón largo y camisas de manga larga aunque sea agosto, y que mi acompañante femenina tendrá que cubrir su cabello con un pañuelo y su cuerpo con algún tipo de prenda que no deje notar sus formas. Es lo que hay, y uno lo acata porque libremente ha decidido viajar allí en busca de sus paisajes, de sus monumentos o de la legendaria hospitalidad de su gente; pero lo que no puede ser es que la Federación Internacional le dé un Campeonato del Mundo a Irán para que todas las féminas se vean obligadas a pasar por el aro. Pues eso mismo, que resultaría un despropósito, es lo que ha ocurrido con Qatar, un país en el que la mayoría de las mujeres ocultan sus cuerpos con abayas negras, y en el que las temperaturas pueden sobrepasar los 50º en julio y agosto, pero que, a base de petrodólares y de untar no precisamente con mantequilla al personal, se está quedando con la organización de todos los campeonatos: el Mundial de Ciclismo en ruta de 2016, la Copa del Mundo de Fútbol de 2022, e, increíblemente, visto lo visto, el Mundial de Atletismo de 2019. ¡Menudos dirigentes federativos tenemos! Algo debe ocurrir en sus cerebros, igual que en el de los gobernantes de Qatar. Señores qataríes, si no quieren escandalizarse con la vestimenta de las corredoras, por qué demonios solicitan la organización de un campeonato de este tipo. Limítense a organizar mundiales de carreras de camellos y asunto zanjado.




 En el mundial participaba una española, la gallega Cristina González, del Club Atletismo Bikila. Cristina trabaja en la tienda de Deportes Bikila de Murcia, así que Juani, que trabaja en la tienda de Málaga, la iba siguiendo por las redes sociales. Según me contaba, la ultrafondista, tetracampeona de España de la distancia que viajaba a Qatar con la sexta mejor marca europea y la octava del mundo (finalmente entró en meta en el puesto vigésimosexto con una marca de 8h48'), se había visto obligada a última hora a improvisar una nueva equipación.

 "Se trata de estar 8 horas con más de 25º y una humedad muy alta corriendo con ropa cómoda y de tu talla, no con ropa de tío y grande", se quejaba ayer Cristina, quien siguiendo el consejo de su seleccionador, José Ríos ("Le dije a Cris que se olvidara. ¿Un problema? Una solución"), se puso a coser una camiseta de las del equipo masculino que le quedaba enorme.


Cristina González


 No quiero juzgar a Cristina, que es joven y asistía a su primer mundial (lo del seleccionador es otro cantar), pero me parece muy triste que las mujeres del mundo atlético hayan desaprovechado esta oportunidad para solidarizarse con las mujeres qataríes, siempre atemorizadas por las consecuencias de sus transgresiones. Yo no habría actuado así jamás de los jamases. La indignación habría sido tal que me habría llevado sí o sí a plantarme. ¿Se imaginan qué hubiese ocurrido si todas las atletas se hubiesen negado a tomar la salida, o si todas lo hubiesen hecho con la equipación que les hubiese salido de los ovarios? Pues eso. Creo que le habrían dado un buen ¡Zascas! al Emir y a todos sus jeques. De ahí también mi queja hacia la decisión del seleccionador y de la Federación Española que no marcó otras directrices.


Cristina González entrando en meta en el Mundial de Qatar


 Es curioso, pero esta tarde he leído en la Wikipedia que cerca de Doha se encuentra la Ciudad de la Educación, una zona dedicada a la investigación y la educación. Creo que no les vendría mal pasarse por allí a unos cuantos jeques. Y ya de paso, podrían dejarse acompañar por los presidentes de algunas de las federaciones internacionales que han resuelto disputar allí sus mundiales, incluyendo, claro está, al de la IAAF, el senegalés Lamine Diack.

 Y para cerrar con una nota amable, le doy mi enhorabuena a José Antonio Requejo, que alcanzó el bronce en la prueba masculina, en la que también tomaron parte Miguel Ángel Jiménez, Asier Cuevas y Ludisvindo Romero.

sábado, 23 de noviembre de 2013

SENTIDO DEL HUMOR

A un deportista siempre se le presupone sentido del humor, pues no hay otra forma más práctica y sensata de encarar la derrota y el triunfo, de convivir con ambas circunstancias; es por eso por lo que espero arrancarle una sonrisa a María al final de esta entrada.

 María Vasco, la única atleta española que ha logrado una medalla olímpica (bronce en los 20 kilómetros marcha en Sidney 2000), se retiró la semana pasada, a los 37 años, de la alta competición; con un palmarés que también incluye otro bronce en los Mundiales al aire libre de Osaka, en 2007 (cuando nadie apostaba por ella, pues el año anterior sólo había sido decimoquinta en los Europeos de Gotemburgo), un quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y un décimo en su quinta y última cita olímpica en Londres 2012.

María Vasco


 El bronce del Mundial fue como el retorno del Ave Fénix, un ave que estos días vuelve a arder para renacer con otras metas e ilusiones: reflotar su club de atletismo, adentrarse en el mundo de la moda, correr una maratón... ¡¡¿Correr una maratón?!! Pues sí, María Vasco, que como marchadora tuvo prohibido despegar los dos pies del suelo, quiere ahora volar y correr esos 42 kilómetros que tanta atracción despiertan últimamente.
 Con su retirada, la marcha atlética, esa especialidad errada, se queda sin su mejor referente. ¿Especialidad equivocada? Bueno, esto nos lleva al título de la entrada, pues con mucho sentido del humor Oscar Tusquets Blanca nos arranca una sonrisa en su libro de ensayos Todo es comparable (Editorial Anagrama) al hablar de esos deportes mal proyectados.





"(El deporte como proyecto) El proyecto de cualquier deporte debe favorecer que el resultado de la contienda sea justo y objetivo. Para que se mantenga el reconocimiento colectivo de la equidad de una competición es imprescindible que su reglamento sea claro y posible de aplicar y que sus jueces lo hagan con equidad; pero cuanto menor sea su intervención, menos subjetivas sus decisiones, y menos determinantes para el resultado final, mucho mejor para el deporte en cuestión. [...] Hay deportes mejor ideados y desarrollados que otros. A un deporte bien proyectado le podemos pedir varias cosas, que sea bello, competido, divertido, que dé posibilidades de remontar al que va perdiendo, que mantenga la emoción hasta el último segundo, que no sea sangriento..., pero quizás una de las exigencias más importantes es que su resultado sea justo y no dependa de la arbitrariedad de un juez. [...] El otro ejemplo de deporte equivocado es la marcha atlética. Como en el caso del waterpolo, es mucho más fácil imaginar su nacimiento que entender su supervivencia. La marcha debieron de inventarla un jocoso grupo de boyscouts que aburridos, no sé si por la excursión, por lo de la buena acción diaria o por no tener chicas, parieron la enfermiza idea de desafiarse a una carrera en la que estuviese prohibido correr. La idea en sí -desplazarse velozmente sin levantar los pies- ya resulta daliniana, como las carreras de sacos pero sin fiesta de fin de curso ni risas, pero lo peor es que, llevados por la seriedad de sus uniformes, los jovencitos decidieron llevarla hasta los Juegos Olímpicos, hazaña que lógicamente consiguieron. Como es preceptivo, tuvieron que redactar un reglamento y allí comenzaron los problemas; ¿cuándo dejamos de andar y comenzamos a correr? Dictaminaron que comenzamos a correr cuando en algún momento los dos pies están en el aire, por lo que es absolutamente obligatorio que en la marcha siempre tengamos un pie en contacto con el suelo. Esta imposición contra natura no sólo obligó a los marchadores a contonearse en unos andares equívocos, que provocaron las inmediatas chanzas de mal gusto por parte de los camioneros que se cruzaban con ellos en la carretera, sino que también hizo imprescindible que una cuadrilla de jueces persiguiese al pelotón para ver si hacían trampas. Pero a simple vista esto no es sencillo; durante siglos los hombres tuvieron dudas sobre si un caballo al galope tenía en algún instante las cuatro extremidades en el aire o no. Tuvieron que llegar las fotografías en serie Mybridge, que fueron financiadas precisamente para aclarar una importante apuesta sobre el particular, para que tuviésemos la certeza de que efectivamente el caballo durante una fracción de segundo tiene las cuatro pezuñas en el aire. 
Hoy, gracias a la cámara superlenta, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que todos los marchadores tienen los dos pies en el aire durante unas centésimas. Pero, a pesar de esta evidencia, una pandilla de ridículos jueces continúan vigilando a los marchadores y de vez en cuando y de forma aleatoria le sacan a alguno la señalita de advertencia. La cosa está tan poco clara que se necesitan tres amonestaciones para quedar eliminado -como si de niños hubiésemos necesitado tres pajas para quedar condenados-, pero cuando se exigen cosas tan antinaturales hay que tener un poco de manga ancha. 
 Napoleón Bonaparte, que era un poco grandilocuente pero no tonto, dijo en una ocasión: "No dictes nunca una ley que no te veas capaz de hacer cumplir." Sabio consejo que lamentablemente nuestros boyscouts no siguieron; claro que, dada su educación británica, Napoleón no debe de estar entre sus lecturas obligatorias".   

 El libro es de mi mujer, que se dedica a esto de las bellas artes (ver su blog Manchando lienzos manejando colores), pero hay en él tres ensayos que harán las delicias de todos los aficionados al deporte.

P.D.: Esta entrada va dedicada a María Vasco, a la que le deseo la mayor de las suertes en la nueva etapa que comienza, y también a mis amigos marchadores y exmarchadores: Kiko Rodríguez (ver su blog Historias de un marchador patético que se cree que no lo es) y Rafael Martín.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿Y LAS MUJERES, QUÉ?

Os dije que éste iba a ser un blog en el que relacionar el atletismo con todo aquello que me gusta: la literatura, el cine, el arte y los viajes; en definitiva, con todo aquello que nos hace más agradable la vida.
 Pero, ¿y las mujeres? me apuntan algunos.
 No os preocupéis que las mujeres también aparecerán por aquí. De momento, os quiero mostrar esta fotografía de la neozelandesa Allison Roe; una imagen que publicitaba la marca asics TIGER en la contraportada de la revista atletismo español, allá por los ochenta, cuando la marca esponsorizaba el Campeonato de Europa de Atletismo de 1982 en Atenas. Una fotografía que tenía pinchada en el tablón de corcho que decoraba mi habitación cuando estudiaba Educación Física en Granada.


Allison Roe, maratón de Nueva York 1981


¿Se puede ser más elegante? ¿Puede haber más belleza, más armonía en un gesto?

 Allison Roe ganó las maratones de Boston y de Nueva York en el año 1981, estableciendo en la segunda, con su marca de 2:25:29, un nuevo récord del mundo. A pesar de eso, Allison nunca ganó unas Olimpiadas, aunque no me cabe duda de que si en atletismo se valorase el apartado artístico, como se hace en otros deportes, Allison habría sido Campeona Olímpica.