lunes, 23 de junio de 2014

RESULTADOS DE FÚTBOL

"La guerra me enseñó que la vida no pasa por los resultados de fútbol"
Omar De Felippe


Omar De Felippe, actual entrenador del Independiente de
Avellaneda, tras un partido del Olimpo. Fotografía: Clarín.

Cuando estalló la guerra de las Malvinas, en abril de 1982, yo tenía 16 años, y recuerdo haber sentido por un instante el mismo impulso que aquellos brigadistas extranjeros que llegaron a España a luchar por la República. No tenía edad para ello; pero es que además, cuando oí en el telediario o leí en la prensa que los británicos habían torpedeado el crucero militar ARA General Belgrano con mil trescientos veintitrés soldados dentro (murieron 323) y que iban a bombardear la isla, aquel pensamiento, aquel romanticismo inicial, se evaporó enseguida, muy a pesar de lo que decía Hemingway acerca de la gran ventaja que proporcionaba la experiencia de la guerra en un escritor.


Omar De Felippe en la Malvinas (1982)

 Por supuesto que aquella junta militar que gobernaba Argentina no se merecía ni mis desvelos ni los de nadie, sino la cárcel en la que acabaron más tarde. Al margen de la sed de aventuras, lo que tocaba mi fibra sensible y la de los que, teniendo la edad, corrieron a alistarse desde otros países, era el pueblo argentino, la tierra hermana. Es por eso que me resulta fácil posicionarme cada vez que se enfrentan en un mundial Argentina e Inglaterra. En este mundial, tal como estaban emparejados los grupos, las probabilidades de que eso ocurriese eran ínfimas. Ahora son imposibles, pues Inglaterra ya está eliminada. No obstante, si se diese el caso en otro campeonato, olvídense de todo aquello de Maradona y "la mano de Dios", y acuérdense del exjugador y entrenador de fútbol Omar De Felippe y de cómo el fútbol, el capitán Zunino y el azar le salvaron la vida en aquella guerra loca.


Mensaje de apoyo desde España de la selección
de Argentina que jugó el Mundial 1982.

 Lo que sigue ahora es uno de esos artículos de periódico de los que os hablaba hace unos días. Es de El País, tiene fecha del 4 de abril de 2011 y la firma de Diego Torres. Los entrecomillados pertenecen a la voz del propio De Felippe (Villa Madero, Buenos Aires, 1962). No me digan que la historia no da para un relato o una novela.


"El fútbol me salvó varias veces la vida"
De Felippe, técnico del Olimpo, recuerda su participación en la guerra de las Malvinas.

Diego Torres
Madrid

Siendo, recluta, en la primavera de 1981, Omar de Felippe quiso alterar jugando al fútbol la monotonía del cuartel del Regimiento de Infantería Mecanizado III, en La Tablada. "Todo tiene que ver con el fútbol", recuerda: "como estaba en la cantera de Huracán, iba todos los días a pedir permiso para entrenarme. Y me sacaban corriendo. Hasta que me recibió el capitán Zunino y me dijo: 'Venga conmigo a practicar tiro'. Como me fue bastante bien, me llevó al campamento de tiro deportivo de la X Brigada. Él salió campeón. Y yo, cuarto. El primer conscripto dentro de muchos militares de rango. Un caso raro. Así es que, cuando se armó la campaña de Malvinas, me convertí en apuntador de ametralladora. Zunino siempre me decía: "Usted viene conmigo".
 Hoy, De Felippe es el entrenador del Olimpo, un pequeño club de la Primera División argentina. El sábado lo dirigió en la derrota frente al Vélez (1-2) mientras se cumplía el aniversario del comienzo de la guerra de las Malvinas. Para el técnico, más que un día de competición, fue una jornada de recuerdo de los compañeros caídos. Se cumplieron 29 años del inicio de aquellos dos meses de caos. El único intervalo en toda su vida en que se desvinculó completamente del fútbol. "Cuando me dieron la baja en el servicio militar, en diciembre de 1981, volví al Huracán para hacer la pretemporada y pelear por entrar en la plantilla del primer equipo", recuerda, "pero el 9 de abril tomaron las Malvinas y me llamaron otra vez. Y estuve hasta el final de la guerra".
 "Al principio, vivíamos en pozos", recuerda el técnico; "como los temporales de agua y nieve eran constantes, se inundaban. Para refugiarnos mejor, construimos casamatas. Pero entonces nos hacíamos visibles. Cuando prepararon el ataque final, los británicos buscaron destruir todos nuestros radares con helicópteros. Una noche confundieron mi casamata con un radar y nos atacaron. Nos estaban bombardeando desde los buques y no escuchábamos ni veíamos nada. Pero, de casualidad, el capitán detectó el helicóptero y nos llamó para derribarlo. En el momento en que salimos, caminamos 10 o 15 metros y vimos el resplandor de las coheteras. Mi compañero Sergio Leal hizo cinco metros. Yo, unos 10. La casamata estalló. La onda expansiva nos tiró contra el piso. Cuando vimos al capitán, le dije: "Sin querer, nos salvó la vida".
 "Fue el destino", dice De Felippe, que repasa los acontecimientos como una cadena casual; "por querer jugar al fútbol, salvé la vida. Pedí permiso para entrenarme, fui a un campeonato de tiro, salí cuarto y eso hizo que me uniera a un capitán que me llamó en el momento justo".
 Habla de la experiencia del combate como de un suceso precipitado, alienante, siempre vinculado al contacto con su arma de 11 kilos, la ametralladora MAG, y con los efectos de la adrenalina. "Hacía 20 grados bajo cero, pero, cuando tienes que desplazarte en la oscuridad y hacer movimientos para efectuar el tiro, la ropa te molesta. Sientes mucho calor. Sin siquiera darte cuenta, acabas en mangas de camisa".
 Muchos de los 10.000 conscriptos veteranos de Malvinas nunca encontraron una ocupación al regresar. Hasta 2004 no cobraron una pensión. El Estado la fijó en 700 pesos mensuales (unos 200 euros) retroactivos. Según publicó Edgardo Esteban en Página 12, los efectos psicológicos provocaron más de 500 suicidios.
 "La reinserción fue durísima", recuerda De Felippe; "aquí se tapó todo. No se hablaba. Somos un país que no está acostumbrado a la guerra como otros. Mi madre, que aún vive, nunca me preguntó cómo me fue. Ni mis amigos ni mi familia estaban preparados para preguntarme nada. Era una situación rara. Ibas a ver a tu grupo de amigos y se hacía un silencio. Un vacío. No sabían cómo abordarte, cómo relacionarse. Nadie te preguntaba: '¿Cómo estás? ¿Qué te pasó?'. Al principio la Administración lo tapó todo bajo la alfombra".
 "La nuestra es una sociedad muy exitista", reflexiona; "lo relaciono también con el deporte. En Argentina, si no ganas, eres un desastre. No sirves. Tal vez nos marcó el hecho de que la guerra se perdiera. Los combatientes fuimos los derrotados".
 La mayoría de los veteranos regresaron a un mundo incomprensible. Un país en transformación. Una sociedad moralmente desorientada. De Felippe tenía 19 años y se aferró al fútbol, que es un orden, un lenguaje, y una manera de pensar. "Yo jugaba de cinco", dice; "regresé de Malvinas y me tuvieron tres días en los cuarteles. Nos dieron ropa y comida y nos largaron a la sociedad. Ahí mismo volví a Huracán. Entonces el fútbol me volvió a salvar la vida. Me ayudó a reinsertarme".
 "Los excombatientes no tenían quien los escuchara", dice De Felippe; "pero yo tuve la suerte de caer en un grupo de fútbol, como son todos los de 30 jugadores en cualquier club del mundo. En Argentina los futbolistas se destacan por la desinhibición para jugar y para expresarse dentro de una cancha. El primer día de concentración, en la cena, los compañeros me llamaron: 'Ven, siéntate aquí. ¡Cuéntanos! ¿Qué te pasó allí?'. Quizás esas simples palabras fueron las que le faltaron a todos los excombatientes. Yo tuve la suerte de poder liberar así todas esas cosas que llevaba dentro. Por eso digo que el fútbol me salvó la vida varias veces: me dio la motivación para volver de Malvinas a cumplir mi sueño de ser jugador y me permitió sentirme uno más dentro de un grupo".
 En el clima frenético del fútbol argentino. De Felippe reconoce que es un elemento extraño. "La guerra me enseñó que la vida no pasa por los resultados de fútbol", dice; "los entrenadores en Argentina nos sentamos en la silla eléctrica domingo a domingo. Yo, no. Yo soy un obsesivo del trabajo diario. Pero, si pierdo, la amargura no me dura más de 10 minutos".


 Ahora que España ha sido eliminada del Mundial, quedémonos con los buenos recuerdos, aferrémonos a nuestros equipos de adopción y disfrutemos del fútbol sin más, sin darle importancia a los resultados.

jueves, 19 de junio de 2014

UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN


El triatleta Raúl Zambrana (Fotografía: Julio Rabadán)

El pasado lunes vino al instituto en el que trabajo Raúl Zambrana, un triatleta paralímpico que entrena con la mente puesta en los Juegos Paralímpicos de Río 2016.
 La de Raúl es una historia de superación plena de valores, un ejemplo para esos jóvenes alumnos que llenaban el salón de actos del I.E.S Isaac Albéniz; también para los profesores que los acompañábamos, así como para todos los lectores de este blog.

Raúl Zambrana con alumnos y profesores del I.E.S Isaac Albéniz (Fotografía: Julio Rabadán)

 A Raúl la vida le dio un vuelco una mañana de 2007 al sufrir un accidente de moto. Topó con el quitamiedos en la caída, y uno de esos guardaraíles asesinos vino a amputarle una pierna. Entró en Urgencias de Carlos Haya sin conocimiento y con el corazón parado, y allí, agotados los desfibriladores, un ángel de bata blanca vino a salvarlo pinchándole una inyección de adrenalina en el corazón.
 Raúl despertó del coma a los cuatro días, y, lejos de hundirse en la fatalidad, decidió salir adelante dando toda una lección de esfuerzo, superación y sacrificio. De trabajar en un asador de pollos de la barriada del Carmen, pasó a convertirse en deportista profesional, entrenando duro y escalando puestos en las competiciones hasta auparse al podium en numerosos campeonatos nacionales e internacionales (en 2012 fue 3º en el Campeonato del Mundo de Acuatlón).


Raúl Zambrana

Raúl Zambrana

 Nadar en el mar, pedalear en bicicleta y correr por el asfalto, en eso consiste el triatlón, uno de los deportes más exigentes del mundo (de hecho, a los amigos que cambiaron el atletismo por el triatlón siempre les digo lo mismo: "Te sales de Guatemala y te metes en Guatepeor", por la de horas que tienen que echarle de entrenamiento). Raúl, que es del pueblo malagueño de Alameda, usa una prótesis en su pierna izquierda para la carrera y otra diferente para la bicicleta, y  en la natación compensa con su pundonor la movilidad reducida de uno de sus brazos.

Pedro Delgado, profesor de Ed. Física del I.E.S Isaac Albéniz, con el triatleta Raúl Zambrana
(Fotografía: Julio Rabadán)

 Dos alumnos del instituto, Nerea Alcoholado y José Antonio Rueda, pensaron en Raúl para el trabajo que les encargó su profesora de Lengua: hacerle una entrevista a alguien que pudiese aportarnos valores. He aquí el resultado:


 Si queréis profundizar en su figura o ver vídeos y fotografías de sus carreras, podéis visitar su página de internet: www.raulzambrana.com

jueves, 12 de junio de 2014

EQUIPOS DE ADOPCIÓN

Mi albúm de cromos de Danone del Mundial 82
(lástima que le falten un montón de estampas)

Antes de que llegaran los triunfos de la selección española de fútbol en las dos últimas eurocopas y el mundial, casi todos los españoles de cierta edad teníamos una segunda opción de equipo para el campeonato; pues eran tiempos en los que España no lograba alcanzar las semifinales (a veces no pasaba ni de la primera ronda). Para paliar aquellas decepciones, uno adoptaba otra selección. Se podía ir con Portugal, Francia, Argentina, Holanda, Brasil... por aquello de la vecindad o de la presencia de algún determinado jugador en sus filas.


 Yo, como supongo tantos españoles de mi generación, me hice de la selección italiana en aquel Mundial 82 que se celebró en España bajo los auspicios del Naranjito.


Selección Italiana que ganó la final del Mundial 82
De pie: Dino Zoff, Francesco Graziani, Giuseppe Bergomi, Scirea, Collovati y Claudio Gentile.
Agachados: Bruno Conti, Paolo Rossi, Oriali, Antonio Cabrini y Marco Tardelli.
En aquella final también intervinieron Altobelli y Causio.


 Razones hubo varias: Primero las ganas de llevar la contraria a mis hermanos que iban con Brasil; segundo el magnífico juego desplegado por los italianos (tras superar la primera fase sin ganar un solo partido derrotó a todos los grandes equipos del campeonato: la Argentina de Maradona, el Brasil de Sócrates, la Polonia de Boniek, y la Alemania de Rummenigge); tercero ese bambino de oro, un Paolo Rossi veloz e intuitivo que fue el máximo goleador del torneo; cuarto que vengasen la agresión del portero alemán Shumacher al francés Battiston (lo dejó en coma en la otra semifinal); y quinto ese presidente italiano, Sandro Pertini, celebrando en la final, como un niño, a sus 86 años, los goles de la mejor Italia de todos los tiempos. 




 La base de aquella selección italiana, dirigida por Enzo Bearzott, era la Juventus, en la que también jugaba el francés Platini y el polaco Boniek, así que eso, unido a la tragedia de Heysel en la final de la Copa de Europa entre el Liverpool y la Juventus, me hizo ser también de la Juve, a la que desde aquí le doy mi enhorabuena por el último scudetto conseguido.


Pedro Delgado Fernández (1996)

 En fin, empieza a rodar el balón en Brasil. Ahora toca disfrutar del espectáculo y animar a nuestros equipos: ¡Vamos España!, y ¡Forza Italia!

domingo, 8 de junio de 2014

¡ÁNIMO, CAMPEÓN!

Toni Tom en la reciente XIª Carrera de las Aguas de Istán (Fotografía: Salvador Moreno)

Aunque no tenga facebook ni móvil, las noticias me llegan: las buenas y las malas. La que me ha llegado hace unos minutos es de las que te hacen arrugar el rostro y soltar un ¡Aggg!

 Mi amigo Toni, al que he visto pasar esta semana unas cuantas vallas en sus vídeos y que hoy competía en Almuñecar en el Campeonato de Andalucía de veteranos al aire libre, se ha roto el tendón de Aquiles a tan solo cuatrocientos metros de la salida en la prueba de los 3.000 metros obstáculos.


Toni Tom entrando a quirófano


 Desde este blog quiero mandarle ánimos, un abrazo y mis deseos de una pronta recuperación. Como ejemplo tiene a nuestro velocista Josué Mena, que después de romperse por dos veces el tendón de Aquiles consiguió volver por sus fueros.


Josué Mena en Goteborg 2006 

domingo, 1 de junio de 2014

DE CRUYFF A PRIETO


Antonio Prieto Velasco


Los que me conocen saben que me gusta destripar los periódicos, meterles la tijera para recortar pequeños artículos o páginas enteras que luego leo cuando tengo tiempo. La mayoría de esos artículos los desecho una vez leídos, pero otros los conservo, cuidadosamente doblados, en el interior de algún libro. Con el tiempo, he hecho extensible esa costumbre a los suplementos, sobre todo cuando se acumulan peligrosamente en el revistero del salón. Entonces, hago un expurgo, extraigo las páginas que me interesan y las dejo dentro de otra revista, donde permanecen hasta que les llega su momento: días como estos, en los que sigo en casa sin apoyar el pie para curar la fascitis plantar y el dichoso edema óseo que, atléticamente, me tienen en el dique seco desde diciembre.

 Es por eso que no sé la fecha del artículo del suplemento de El País que acabo de leer, solo el título: El cuaderno de Cruyff. En él, Jesús Ruiz Mantilla hace referencia al libro que ha escrito mi admirado Johan Cruyff -yo también tenía una de esas postales de pinturas Bruguer-, Fútbol. Mi filosofía (Ediciones B), en el que el holandés desgrana su pensamiento y su visión del fútbol.


 


 No es una entrevista al uso, pero el artículo está jalonado de entrecomillados. En uno de ellos, Johan dice: "...los más bajos son más hábiles, corren más, desarrollan a fondo sus piernas. Pero, aparte de todo eso, gustan más al público, caen mejor". Y ha sido leer eso y acordarme de Antonio Prieto (Hontoria, 1958), aquel atleta segoviano, bajito y duro que no se dejaba amedrentar por ningún Goliat. Sus piernas cortas frente a las altas de sus rivales, cuya amplitud trataba de contrarrestar con la frecuencia de su zancada y con ese corazón enorme que le llevó a ganar algunos nacionales de campo a través (1982-1983-1984-1991) y a quedar 5º (dos veces) y 8º en los Campeonatos del Mundo de Cross de 1981, 1983 y 1980 en Madrid, Gateshead y París.


Antonio Prieto (333) en el Campeonato del Mundo de Cross de 1983, en Gateshead (Reino Unido), donde quedó quinto a 4" de la medalla de oro. Junto a él se puede ver al australiano Robert de Castella (15), al estadounidense Alberto Salazar (428), al keniata Some Muge, al etíope Bekele Debele (123) y al portugués Carlos Lopes (293).


 En pista fue Campeón de España de 5.000 metros en los años 1980 y 1981, y Campeón de España de 10.000 metros en los años 1980-1982-1983-1984 y 1992. En esa última distancia, fue décimo en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 (participó también en los Juegos Olímpicos de Moscú y Los Ángeles).


Antonio Prieto Velasco


 No recuerdo el año en que me firmó estas revistas, aunque sí recuerdo el momento. Espero que la vida lo haya tratado bien (he leído que trabaja de Técnico Deportivo en el Consejo Superior de Deportes), y desde aquí le envío un gran abrazo.

martes, 27 de mayo de 2014

VALORES

Normalmente, la práctica del atletismo en edades juveniles te dota de unos valores que te acompañan, como si fuesen indelebles, el resto de tu vida. Es por eso que, a veces, me sorprende y apena leer determinadas noticias en el periódico. Sin embargo, la que he leído hoy en la prensa atrasada (diario Sur del miércoles 21 de este mes), me reconforta y me alegra, no sólo porque reafirme lo dicho sobre esos valores que te aporta el atletismo o el deporte en general, sino porque además restituye el honor a un amigo: un amigo al que no veo desde hace un montón de años, pero del que guardo un grato recuerdo de cuando entrenaba atletismo en Carranque. Me refiero a José Luis Cámara, exgerente del Consorcio Provincial de Bomberos. Cámara y su equipo fue denunciado por el nuevo equipo del Consorcio, cuando entró a gobernar el PP en la Diputación. Se le acusaba de malversación, cohecho y prevaricación, delitos que el juez ha rechazado porque las pruebas y testimonios han acreditado que no se produjeron ninguno de esos aspectos, precisando que las gestiones realizadas por Cámara se adecuaban perfectamente a la Ley de Contratación del Sector Público. Archivada la denuncia, después de que la Fiscalía solicitase el sobreseimiento del caso, Cámara recupera su honor y, probablemente, la cordura, pues imagino el calvario por el que habrá pasado estos últimos años. Recuerdo que Pepe Cámara era un marchador con una camaradería y un sentido del humor envidiable, un sentido del humor que espero también haya recuperado ahora.


Pepe Cámara marchando de junior en la pista de atletismo del Inef de Madrid, 1988
Fotografía: José Luis Leal.

domingo, 18 de mayo de 2014

EL REGRESO DE LOS SIETE MAGNÍFICOS




De nuevo regreso con los Siete Magníficos, esta vez para añadir dos nuevas fotos y especificar los datos que me apunta el amigo Miguel Bandera. La prueba no se celebró en febrero, sino el 17 de abril de 1982, y el orden de llegada fue el siguiente: 1º Francisco Espejo, 2º Rafael Morales, 3º Juan Sarria, 4º Miguel Bandera y 5º Erik Berg Madsen.



Tristán González (haciendo de liebre), Francisco Espejo, Rafael Morales, Miguel Bandera, Erik Berg y Juan Sarria. 800 metros, 17 de abril de 1982, Ciudad Deportiva de Carranque, Málaga.



Miguel Bandera en los últimos metros del 800, donde realizó una marca de 1.59.5 (4º clasificado). Al fondo se puede ver al atleta y entrenador Joaquín Fernández Gago y a la velocista Ana Martín Carrasquilla (Málaga, 17-4-1982).

 
Y como la envidia es muy mala (ver la entrada Los Siete Magníficos de marzo de 2014), quiero mostraros aquí la fotografía de la salida de otro 800. De nuevo son seis los que aparecen en la imagen, pero en esta ocasión sí aparezco yo en ella. De izquierda a derecha, se puede ver a Miguel Ángel Moya, Rafael Morales, Antonio Sánchez, Juan Sarria, Paco Martín Tineo y a un servidor, Pedro Delgado Fernández. La fotografía la tomó el amigo José Antonio García Calle, que es quien me la ha pasado, y tienen un gran valor documental porque, además de a los atletas, recoge, a todo color, la antigua grada, la arboleda y el estado de la pista en la que competíamos y entrenábamos. Éramos tan pocos y tan conocidos que en algunas pruebas no necesitábamos ni ponernos el dorsal.


Miguel Ángel Moya, Rafael Morales, Antonio Sánchez ("Antonio el del banco"), Juan Sarria Cuevas, Paco Martín Tineo ("Paco el cartero") y Pedro Delgado Fernández en una salida de un 800 en la Ciudad Deportiva de Carranque. Málaga, 27 de junio de 1984. Fotografía: José Antonio García Calle.


 Calle cree que es de julio de 1984, pero he mirado en el plan de entrenamiento de ese mes y no aparece ninguna competición de 800 (sí de 1.500); sin embargo, tengo recogido en el planning de ese año un 800 el miércoles 27 de junio que, por los resultados, se corresponde con la fotografía:

1º Rafael Morales.
2º Juan Sarria Cuevas.
3º Miguel Ángel Moya.
4º Pedro Delgado Fernández (1'59"04)
5º Antonio Sánchez.

 Como es normal, anoté mi tiempo en el plan, ¿alguien se acuerda del suyo? 

viernes, 9 de mayo de 2014

JODIDOS POZOS NEGROS

Yago Lamela


Como uno de esos ciclistas enfrentados a las curvas cerradas y las rampas duras de un puerto de montaña que se apea de su bicicleta en el punto más empinado del ascenso, cuando transita alejado de la cabeza de la general, o al igual que el boxeador que perdida la capacidad de reacción arroja la toalla harto de recibir golpes en un combate, Yago Lamela se ha retirado de la vida conmocionando al mundo del atletismo; viniendo a corroborar que abril es el mes más cruel del calendario.
 Mi más sentido pésame a toda su familia. Descanse en paz.





Palmarés:

-Campeón de Europa sub23 de longitud (Gotemburgo, 1999).
-Subcampeón del Mundo de longitud (Sevilla, 1999).
-Subcampeón del Mundo de longitud en pista cubierta (Maesbashi, Japón, 1999).
-Campeón de longitud de los Juegos Iberoamericanos (Lisboa, 1998).
-Tercero en el Campeonato de Europa de longitud (Múnich, 2002).
-Subcampeón de Europa de longitud en pista cubierta (Viena, 2002).
-Tercero en el Campeonato del Mundo de longitud (París, 2003).
-Subcampeón del Mundo de longitud en pista cubierta (Birmingham, 2003). 

En 1998, el atleta avilés consiguió una mejor marca de 16,72 metros en triple salto. Su marca de 8,56 metros en salto de longitud fue récord de Europa y aún hoy es récord de España. Fue Subcampeón del Mundo de longitud con tan solo 21 años. Desgraciadamente, las lesiones truncaron su progresión deportiva y llevaron a Yago Lamela a anunciar su retirada de la alta competición el 11 de marzo de 2009.

jueves, 1 de mayo de 2014

REYES DEL ASFALTO


Portada Reyes del Asfalto

"Como todo corredor, Bill Rodgers había perdido más carreras de las que había ganado. Conocía el tormento de la derrota mejor que las mieles del éxito, y aunque había perdido la costumbre de perder, sabía que la derrota formaba parte del juego. Solo uno cruzaría la línea de meta el primero; todos los demás irían detrás de él. Llevaba una buena racha, pero siempre había sabido que ese momento llegaría, del mismo modo que el cátcher veterano siente que le crujen las articulaciones cuando mira al banquillo y ve cómo la joven promesa se pone la careta de protección. De pronto, ahí estaba Alberto Salazar preguntándole si quería que marcara él el paso. ¿No consistía en eso el atletismo? "En destronar a los reyes", había dicho el propio Rodgers".

Como indica su subtítulo, Reyes del asfalto es la crónica de la época dorada del running en Estados Unidos, la que va de 1972 a 1982, cuando Frank Shorter, Bill Rodgers y Alberto Salazar consiguieron que correr dejase de ser un deporte de hippies y chiflados.


    


 Frank Shorter fue el pionero. Su oro en los Juegos Olímpicos de Múnich marcó a los otros el camino a seguir. Bill Rodgers sería el popularizador, con sus 4 triunfos en las maratones de Boston y Nueva York. Y Alberto Salazar sería el novato que les arrebataría finalmente la corona. Décadas después, ningún estadounidense ha igualado los logros de estos tres atletas.

"En 1963 nadie salía a correr; a excepción de en los Juegos Olímpicos, la gente solo corría para tomar un tren o escapar de la policía".

 Ellos "allanaron el camino y mil carreras florecieron a su paso".

 Para mí, su lectura ha sido muy grata, entre otras cosas porque al leerlo extrapolaba mentalmente las situaciones a Málaga: si el libro hablaba de la Falmouth Road Race yo pensaba en la Carrera Urbana Ciudad de Málaga; si el boom americano se producía en la década de los 70 y primeros de los 80 yo me acordaba del que se dio aquí en la década de los 80 y primeros de los 90. Incluso me he sentido como ese Alberto Salazar cuando llega a Boston y con 16 años se pone a entrenar junto a gente que le saca diez años, atletas que eran el ejemplo a seguir, pero también el objetivo a batir. Francisco Espejo, Rafael Morales, Juan Sarria y un servidor, Pedro Delgado, fuimos los protagonistas de aquel boom en la ciudad malagueña, cuando a base de entrenar juntos disparamos el nivel a las nubes.

 En "un deporte en el que apenas había diferencia entre perder y llegar segundo [...]" "[...] su rivalidad los animó a entrenarse con más ahínco, a correr más rápido, a elaborar mejores estrategias. Por separado, se habrían limitado a ganar carreras; juntos, lo cambiaron todo".


Francisco Espejo, Juan Sarria, Rafael Morales y Pedro Delgado (1988)


 Como los americanos, nosotros también vivimos la oleada de dinero que llegó a las carreras al rebufo de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, y cómo esos premios en metálico atrajeron a los atletas africanos y portugueses, convirtiendo cada carrera en una dura pugna. 

 Es este un libro que daría para muchas entradas (de hecho ya me referí a él en dos de ellas: Múnich y La hora de los tramposos), y que toca muchos de los temas que ya han asomado por este blog: el doping; el entrenamiento interválico; la tragedia de Múnich; el correr descalzo; la figura de Chris Chataway, Emil Zátopek y Abebe Bikila; y cómo a medida que los eventos han aumentado en tamaño e ingresos, la carrera en sí ha pasado a un segundo plano y se han ralentizado los tiempos medios de la mayoría de las carreras. 


Frank Shorter en los Juegos Olímpicos de Múnich


 Leyendo las páginas de Reyes del asfalto asistimos también al nacimiento de la maratón de Nueva York y al de algunas de las marcas de calzado punteras hoy día; también al inicio de la profesionalización en el atletismo con el conflicto inherente entre los organizadores y los corredores de élite. Además, podemos ser testigos de cómo surgió el boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú y cómo éste afectó a los atletas.

 Hay algunas mujeres en las páginas de Reyes del asfalto, como la campeona olímpica estadounidense Joan Benoit Samuelson o la noruega Greta Waitz, ganadora de 9 maratones de Nueva York, pero sus nombres sólo aparecen de pasada, lo que me lleva a preguntar: ¿para cuándo un Reinas del asfalto?



 
  Joan Benoit


  Greta Waitz (Foto AP Photo/Scanpix)


 No hacen falta excusas para comprar el libro de Cameron Stracher, que por cierto contiene un epílogo muy aclaratorio y un buen prólogo de Carlos Arribas, pero si las necesitan, celebren el pasado día 23, día del libro, o la llegada de la Feria del Libro al Puerto de Málaga, y regálense un ejemplar. Y por favor, no se olviden de los campeones.


"Los corredores de élite atrajeron a las masas a la carretera, pero después la masa se olvidó de ellos. Hoy en día es habitual que quienes participan en una gran carrera no sepan -ni les importe- quién ha ganado. Lo que cuenta es la lucha personal contra la adversidad y el superarse a uno mismo. Ya no hay héroes; sólo bolsitas de recuerdo y botellines de agua de sabores exóticos".


                                                                                                     
Nota: Los pasajes de Reyes del asfalto, de Cameron Stracher, pertenecen a la primera edición de marzo de 2014 de Contra Ediciones, con traducción de David Paradela López.

     
  

sábado, 19 de abril de 2014

JEAN BOUIN

El libro de Jean Echenoz me despertó las ganas de escribir una novela corta sobre otro gran fondista: un atleta francés al que de momento, en el año del centenario de su muerte, nadie parece echarle cuentas. Un corredor que murió, como tantos miles de soldados, en la Primera Guerra Mundial.

 Estas vacaciones de Semana Santa, aún a riesgo de empeorar mi edema óseo y mi fascitis, he viajado a París y a la zona de Saint-Mihiel, Bouconville-Sur-Madt y Montsec. Lo he hecho para investigar, para documentarme y encontrar la dichosa inspiración que, poco a poco, va asomando.

 A estas alturas Jean se ha convertido en una especie de amigo invisible, como ese que tenían mis hijos cuando eran pequeños. Lo veo a diario y es como si nos hiciésemos compañía.
 ***
 Es algo que me sucede siempre que escribo una novela. Los personajes me atrapan y me llevan con ellos. En este caso a Marsella, a Estocolmo, a París, al frente de batalla... He empezado escribiendo las páginas que cierran este libro, así que lo primero que he hecho ha sido alistarme con los soldados que marchan al frente. Yo sé que marchamos hacia una carnicería, pero ni Jean ni los demás lo saben. Algunos sí se lo imaginan, pero la mayoría piensa que será un paseo de unas semanas, que estarán de vuelta en casa por Navidad.
 ***
 La fotografía que más me gusta es la de Jean en la final de 5.000 metros de los Juegos Olímpicos de Estocolmo. Kolehmainen está a punto de romper la cinta con su pecho y Jean Bouin lo sigue a dos palmos de distancia, tratando aún de alcanzarlo, impotente ante el final del finlandés. Jean parece agarrotado, bloqueado, mientras que la zancada de Kolehmainen es tan liviana que parece correr a unos metros del suelo, como si volase.

Kolehmainen y Jean Bouin en la final de 5.000 metros de los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912

martes, 15 de abril de 2014

BOSTON FOREVER!!!

We Will Finish The Race

Hoy se cumple el primer aniversario de la tragedia de Boston, cuando dos bombas estallaron a escasos metros de la línea de meta de la maratón, en un atentado que le costó la vida a tres personas, entre ellas un niño de ocho años, y que dejó más de 176 heridos.

 Boston, la más veterana, la meca de los corredores en los 70, sacudida por dos locos terroristas. Boston y la comunidad atlética aún de luto.

 Ojalá la edición de este año, el próximo lunes 21 de abril, sea la más numerosa de todas. Cruzar la meta, en silencio o con un grito de rabia, como homenaje a las víctimas.


Cartel de la 118º edición de la Maratón de Boston