¡Pista!, ¡Calle! o ¡Calle 1! es lo que se grita al corredor que ocupa dicha calle de la pista, cuando hace series a un ritmo menor que otro que viene por detrás, con la intención de que se aparte.
Calle 1 es también un blog sobre atletismo, una remembranza de aquellos tiempos en los que uno podía gritar esa especie de contraseña. Un blog en el que relacionar el atletismo con la literatura, el cine, el arte y los viajes; en definitiva, con todo aquello que nos hace más agradable la vida.
Al lanzador de peso Borja Vivas habría que cantarle aquello de «No te vayas todavía, no te vayas por favor», y escribo esto después de escucharlo hablar en zona mixta en el último campeonato de España de pista cubierta y de leer en la prensa el siguiente titular: «Borja Vivas, más cerca del adiós».
Sé que Borja Vivas cumplirá 37 años el próximo 26 de mayo, que lleva 23 temporadas en esto del atletismo, lo suficiente para cansar mentalmente a cualquiera, y que es muy duro mantenerte en la élite. A pesar de ello, no veo motivos para la retirada después de ganar el año pasado el oro al aire libre y la plata este año en pista cubierta. Ya sé que le gustaría lanzar más lejos la bola y volver a las grandes citas internacionales –Borja ha sido dos veces olímpico y subcampeón de Europa al aire libre (20.86 en Zúrich)–; pero estoy seguro de que, más adelante, valorará en su justa medida cada una de las medallas conseguidas a nivel nacional: no solo esos dieciséis oros, divididos a partes iguales entre la pista cubierta y al aire libre, sino también aquellos metales menos nobles. Por cierto, que esta última plata la consiguió tras superar la Covid-19 una semana y media antes del campeonato, y todos sabemos lo rápido que se volatiliza la forma física cuando se nos cruza una enfermedad o una lesión de por medio.
«Hay que ir poco a poco, pensando en competición a competición», dice Borja Vivas en el artículo del diario SUR que firma Pedro Luis Alonso. «Intentar pasar de los veinte metros y ser competitivo, pero el cuerpo no responde. Hay días que tengo muchas ganas y otros en los que me digo lo que me cuesta entrenarme. Prefiero no marcarme objetivos, aunque lo normal sería que este año colgara las botas, que si no anuncio la retirada me lo planteara al final de esta temporada. Ya lo hablo con naturalidad con Tomás (Fernández, su entrenador de siempre). No quiero tener la sensación de entrenarme por obligación».
En esa última frase creo que está la clave. Cuando el entrenamiento se convierte en una carga, en una obligación, ha llegado el momento de dejarlo. Yo espero que Borja vuelva a disfrutar de los entrenamientos, y que me siga atornillando delante de la televisión cada vez que compita –aunque sea para pelear por el bronce–; pero también sé que es una actitud egoísta, y que la decisión más adecuada la tomará él con su entrenador y su familia. Decida lo que decida, chapó.
La Semana Blanca empezó de la mejor manera posible, con la transmisión en Teledeporte del Campeonato de España de Atletismo en Pista Cubierta.Celebré la medalla de oro de Isidro Leyva en pértiga, la plata de Borja Vivas en peso y el bronce de Gonzalo García en los 3000 metros, y me llené de gozo al comprobar que el atletismo sigue siendo un deporte de caballeros: dos corredores al suelo en la final de los 1.500 metros y ningún mal gesto.
Isidro Leyva. Fotografía: Almería 360
Borja Vivas. Fotografía: Club Atletismo Málaga
Gonzalo García. Fotografía: SportMedia
Final 1.500 metros Campeonato de España de Pista Cubierta 2021
Entrevista a Ignacio Fontes tras su caída en los 1.500 metros
Luego la semana se torció. El consejero de salud de la Junta de Andalucía, Jesús Aguirre, siempre pendiente del bienestar del profesorado, decidió vacunarnos en plena Semana Blanca dejándonos dos días de nuestras vacaciones planchados en la cama o en el sofá de casa, porque los efectos de la AstraZeneca son de aúpa: fiebre, dolor de cabeza y el cuerpo molido; cama, manta y paracetamol a mano.
El cribado masivo a los profesores también nos lo puso el 4 de enero, en plenas vacaciones de Navidad, dos días antes de Reyes, como si ese día no nos pudiéramos contagiar. Se ve que se ha empeñado en fastidiarnos las vacaciones. A ver qué nos prepara para el mes de agosto.
Ahora que hemos consumido el primer mes de 2021, miro atrás y me acuerdo del 2020:
Me acuerdo de empezar el año con el reto de volver a correr con regularidad, sin que se me volviese a activar la fascitis plantar, de caminar cuatro minutos y medio y correr treinta segundos durante media hora, y de ir aumentando cada día treinta segundos el tiempo de carrera en detrimento del de andar. También me acuerdo del devastador incendio de Australia.
Bombero rescatando a un koala en Australia
Me acuerdo de ver ese mismo mes de enero la retransmisión de los Premios Forqué por televisión, y de los botes que di cuando le dieron a Pablo Barce el premio al mejor cortometraje por El nadador; de hacer cola en familia en el cine Albéniz para ver gratis las películas nominadas a los Goya; y de la celebración de dicho premio en Málaga, donde también estaba nominado El nadador.
César Martínez, Pablo Barce y Antonio Hens Premio Forqué al Mejor Cortometraje por El nadador Fotografía: Carlos R. Alvarez (Getty Images)
Sergio, Ana, Pablo, Lola, César y Charo 34 edición de los Premio Goya (Málaga, 25 de enero de 2020)
Me acuerdo del homenaje de Laika, Belka y Strelka a David Bowie en La Térmica en el mes de febrero; de cómo se extendió por el mundo desde China la epidemia del coronavirus; de los 15,43 metros (récord mundial de triple salto en pista cubierta) de la venezolana Yulimar Rojas en el mitin de Madrid; de la vuelta de Borja Vivas a lo más alto del podio en el campeonato de España de peso en pista cubierta; y de la alegría de volver a correr treinta minutos seguidos sin que me doliese el talón.
Homenaje a Bowie por Laika, Belka y Strelka
Yulimar Rojas, meeting de Madrid 2020
Borja Vivas, Campeón de España de peso 2020 en Pista Cubierta
Me acuerdo de la suspensión de la Media Maratón Ciudad de Málaga por la pandemia de coronavirus en el mes de marzo; del presidente del Gobierno anunciando el estado de alarma; del cierre de los centros de enseñanza; de los estantes vacíos del Carrefour; del encierro en casa y los aplausos en los balcones; y de no haber podido sacar para adelante a las dos crías de paloma que nacieron en una de las macetas de la terraza. Y, cómo no, de la suspensión de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
Primeros pichones 15 de marzo de 2020 Fotografía: Lucía Rodríguez
Pichón, 17 de marzo de 2020 Fotografía: Lucía Rodríguez
Se suspenden los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (AFP)
Me acuerdo del placer de la quietud en el mes de abril; de la prórroga del estado de alarma; de seguir todas las mañanas el programa Muévete en casa para mantener la forma y no coger kilos; de las clases virtuales con mis alumnos a través del blog; de los dos huevos que volvió a poner la paloma, esta vez al pie de la maceta, y de los cinco que puso mi agapornis. También de la muerte de Michael Robinson y su eterna sonrisa.
Cesc Escolá presenta Muévete en casa en La 2 de RTVE
Me acuerdo de volver a ver a mis padres, hermanos y sobrinos tras el levantamiento del confinamiento en el mes de mayo, y de salir a montar en bicicleta y volver a andar-correr; de llegar a correr seguido treinta minutos a los doce días y de los dos pichones que salieron del huevo y, esta vez sí, lograron sobrevivir. También me acuerdo del asesinato de George Floyd y el Black Lives Matter.
Tríptico 2ª puesta pichones (9 de mayo-25 de mayo) Fotografía: Lucía Rodríguez
Me acuerdo de junio, de ese final de curso tan atípico, sin vuelta a clases, y de ser, junto a mi hijo Pedro, los primeros en entrar al cine Albeniz en la apertura tras la pandemia (La rosa púrpura de El Cairo).
Apertura del cine Albéniz tras el confinamiento Junio 2020. Diario Málaga Hoy
En la apertura del cine Albéniz tras el confinamiento Fotografía: Javier Albiñana (Diario Málaga Hoy)
Me acuerdo de celebrar en julio, en un chiringuito del Palo, el 86 cumpleaños de mi madre, y de que mi hijo Enzo aprobase su último examen para obtener la licencia de piloto comercial. También de la tercera pareja de pichones que nacieron en la terraza.
2 de julio de 2020
Me acuerdo del mazazo de la muerte de Pablo Aranda en agosto.
Me acuerdo de la vuelta a las aulas en el mes de septiembre: del caos organizativo y de la incertidumbre que uno podía ver en la cara de los alumnos. Me acuerdo de volver a disfrutar del atletismo televisado en su edición número 100.
Me acuerdo de vibrar con el desenlace del Tour de Francia en octubre, y de la caída que tuve con la bicicleta el día 21 de ese mes al dar una curva más rápido de la cuenta con el asfalto mojado por la lluvia y con restos de semillas y hojas de los árboles. También del adiós a Bond, James Bond.
Me acuerdo de celebrar en noviembre la primera medalla de oro de mi sobrino Juan Carlos en el Campeonato de España de Clubes Sub 16, y que el virus no se cebase con mi hermano mayor y pudiera pasar la enfermedad sin secuelas. También de que ese mismo hermano aplicase un novedoso método para combatir la Covid de manera efectiva. Y me acuerdo de celebrar la derrota de Donald Trump; de los horarios tan atípicos del Fancine y de los dos tontos muy tontos de Mandibules tratando de amaestrar a su mosca gigante (Mandíbulas de Quentin Dupieux. Premio del público, y Premio al mejor guión en el Fancine de Málaga). Y cómo no, de la muerte de Maradona.
Me acuerdo de volver a correr en diciembre; de la muerte de mi admirado Paolo Rossi, alma mater de aquella selección italiana que ganó el Mundial del 82; de la llegada de la vacuna, y de ver a mi hermana en el periódico por ese motivo. Y sobre todo me acuerdo de celebrar con alivio el hecho de llegar al final del año sin sufrir ninguna baja en la familia.
Mille grazie, Paolo Paolo Rossi (1956-2020)
Mi hermana, la Doctora Inmaculada Delgado Fotografía: Lucía Rodríguez
Me acuerdo de los libros leídos durante el año:
Mis lecturas del 2020 (leídas de arriba abajo)* Fotografía: Pedro Delgado
*El tercer libro, al que no se le ve el lomo, sustituye a Togo, del jugador del Athletic Óscar de Marcos. Me lo perdió uno de mis alumnos durante el confinamiento, algo que me fastidia un montón pues había lista de espera para leerlo.
En la sección Cortometrajes Panorama de la 19 edición del Festival de Cine de Málaga, se proyectó un corto con el sugerente título de Mi padre, el lanzador de peso de la RDA.
Derrick Vopelka como el lanzador
Corto de Diego Postigo
Los diez minutos de metraje están dirigidos por Diego Postigo, y en el mismo intervienen Nina Nell, Mario Zorrilla, Cesar Sarachu, Derrick Vopelka y Gabriel Ignacio. En la sinopsis, podemos leer lo siguiente:
El lanzador de peso profesional lanza la bola o bala de acero, de 7 kilos 260 gramos, una media de 200.000 veces en toda su carrera. De estos, sólo unos 30 lanzamientos son considerados perfectos.
Y por eso de que en la repetición está la perfección, hace falta también dar muchas guantás para dar la guantá* perfecta. No se lo pierdan. Pueden verlo en el siguiente enlace. Son sólo diez minutos... y unos cuantos bofetones. *como se le llama en Andalucía a un buen tortazo en toda la cara.
"El 9 de noviembre de 1989 los ciudadanos de las dos Alemanias derribaron el muro de Berlín. Ese mismo día el equipo de atletismo de la RDA preparaba las Olimpiadas de Barcelona en el Centro de Alto Rendimiento de Leizpig. La Alemania unificada ganaría 82 medallas en los juegos españoles. Ninguna en lanzamiento de peso".
Las dos estrellas alemanas de la especialidad eran por entonces Udo Beyer (Stalinstadt, 1955) y Ulf Timmermann (Belín Este, 1962). El primero, que había ostentado el récord del mundo tres veces -la última vez con 22.64- y había sido Campeón Olímpico en 1976 y bronce en los Juegos de 1982 (también fue dos veces Campeón de Europa en 1978 y 1982), llegó a la cita barcelonesa con 37 años, lejos ya de su plenitud física, por lo que fue eliminado durante la calificación.
Udo Beyer
Y el segundo, Ulf Timmermann, que batió dos veces el récord del mundo y fue Campeón Olímpico en Seúl 1988 y Campeón del Mundo en pista cubierta en 1987 y 1989, se metió casi con 30 años en la final de los Juegos Olímpicos de Barcelona, donde consiguió un meritorio quinto puesto.
Ninguno de ellos estuvo aquella noche en Berlín, por lo que ninguno pudo ser el padre de la hija de Anika. Pero... ¿y tú?, ¿estuviste allí la noche en que cayó el muro?
Bandera de la antigua República Democrática Alemana (RDA)
Nota: Esta entrada está dedicada al lanzador de peso malagueño Borja Vivas, quien en breve se enfrentará a sus segundas Olimpiadas, y es también un guiño a ese amigo que amaba el cine y nos dejó un día como éste hace ya tres años.
Estos días he dado cuenta de la prensa atrasada para descubrir, atléticamente, la muerte a los 90 años de Alice Coachman en Albany, Georgia, en el sur de Estados Unidos. Alice ganó una medalla de oro en salto de altura en los Juegos Olímpicos de Londres, en 1948, lo que la convirtió en la primera mujer afroamericana que conseguía dicho metal en unas olimpiadas. A sus 24 años había tocado el cielo, superando el listón a 1,68 metros de altura; aún así, a su vuelta a Albany, tendría que seguir superando barreras, en este caso las raciales, pues el alcalde se negó a estrecharle la mano. Afortunadamente, la segregación racial fue prohibida por la Ley de Derechos Civiles hace ahora cincuenta años y Alice fue homenajeada como una de las 100 mayores atletas olímpicas en los juegos de 1996 en Atlanta.
Alice Coachman (AP Photo)
También me recreo con las fotos de Borja Vivas con su medalla de plata en el peso del Europeo de Zúrich, un Borja al que pude felicitar en el mismo aeropuerto (yo llegaba desde Islandia y él iba a recibir a su pedazo de entrenador, Tomás Fernández, que regresaba varios días después que él de Suiza).
Borja Vivas, Zúrich 2014 (Fotografía: Phil Noble (Reuters))
Y por último me indigno leyendo que el francés Mahiedine Mekhissi-Benabbad fue desalificado tras ganar la final de 3.000 metros obstáculos por quitarse la camiseta en la recta de meta. Que conste que no me gusta la acción del atleta, pues me parece una falta de respeto y de consideración con el rival, pero de ahí a que se le descalifique y se le quite la medalla me parece que es pasarse, no uno ni dos ni tres, sino veinte pueblos.
Mahiedine Mekhissi-Benabbad entrando el primero en meta en la final de 3.000 metros obstáculos del Europeo de Zúrich
La polémica final de los 3.000 metros obstáculos del Europeo de Zúrich 2014
Creo que lo de Mahiedine, que conseguía su tercer título consecutivo, lo podrían haber solventado mejor con una multa económica y la prohibición de correr durante x meses o en los próximos mítines o galas que cierran la temporada. Es como si a Ronaldo le hubiesen anulado el gol de Lisboa por celebrarlo quitándose la camiseta en lugar de sacarle una tarjeta amarilla. Por mucho que el atleta haya incumplido el artículo 143 del reglamento ("En todas las competiciones los atletas deben usar vestimenta que esté limpia, diseñada y llevada de forma que no sea ofensiva... Cada atleta debe ir provisto de dos dorsales que durante la competición debe llevar puestos de modo visible sobre el pecho y la espalda"), la decisión de la IAAF me parece desproporcionada. Para colmo la reclamación la efectuó la delegación española ya que con la descalificación del francés el español Ángel Mullera subía del cuarto al tercer puesto, y Sebastian Martos del quinto al cuarto. Me parece una reclamación malintencionada y mezquina. Como decía el general Barfus, "en la medida de lo posible, hay que dejar que impere la clemencia".
Clemencia
BERTA VIAS MAHOU
En Frau Jenny Treibel, novela soberbia de Theodor Fontane, principal exponente del realismo literario alemán, se cuenta una anécdota que merece formar parte de todo botiquín espiritual que se precie. Al fin y al cabo, la mayoría de los lectores lo que buscamos es eso. Vacunas, antibióticos o vitaminas que a veces no encontramos en la realidad. Un personaje secundario, profesor de Historia, comenta que, preparando sus clases, ha leído mucho sobre el general Barfus, un militar del que no se podía decir que hubiera inventado la pólvora, pero sí que era un hombre honrado. Durante el asedio de Bonn, el viejo Barfus presidió un consejo de guerra contra un joven oficial que se había comportado de forma poco heroica. Los demás miembros del tribunal se mostraron a favor de declararle culpable y mandarlo fusilar. Así habló Barfus: Hagamos la vista gorda, señores. He participado en 30 batallas y he de decir que un día no se parece a otro. El ser humano es desigual y asimismo el corazón. Y el valor aún más. Yo también me he sentido cobarde alguna vez. En la medida de lo posible, hay que dejar que impere la clemencia... Según esta historia, si algo aprendió Barfus, a pesar de su profesión o gracias a ella, fue a ponerse en el lugar del otro. Una fórmula magistral que deberíamos aplicar en nuestras relaciones personales. Y en la vida pública, para evitar errores irreparables nacidos de juicios precipitados. En la medida de lo posible, pues no se trata de que los violentos y los depredadores económicos queden impunes, sino de que nos demos cuenta de la necesidad de abolir de una vez por todas la pena de muerte, aún en vigor en muchos países. El castigo no debe parecerse al delito. Ni la justicia al crimen.(Artículo aparecido en El País del sábado 16 de agosto de 2014. Creo que el paradigma es evidente)
Afortunadamente, hubo justicia divina en el 1.500, y Mahiedine se llevó finalmente una medalla de oro a casa.
Mahiedine Mekhissi-Benabbad gana el oro en el 1.500 del Campeonato de Europa (Zúrich, 2014)
Final de 1.500 metros del Campeonato de Europa de Atletismo al Aire Libre (Zúrich 2014)
En esto del atletismo, tan difícil es llegar como mantenerse, de ahí el mérito que tiene esa sexta medalla de oro (undécima si sumamos los nacionales al aire libre) que consiguió el lanzador malagueño Borja Vivas en los pasados campeonatos de España de pista cubierta celebrados en Sabadell. Si encima anotamos que logró su mejor marca personal bajo techo, con 20.51, podemos afirmar que no sólo se mantiene sino que sigue avanzando, y que quizás al aire libre podamos verlo pronto lanzando el peso más allá de los 20.63 que constituyen su tope hoy día. De momento, acabamos de verlo resarcirse de sus internacionalidades anteriores consiguiendo un meritorio noveno puesto en el Mundial de Pista Cubierta que se está celebrando este fin de semana en Sopot, Polonia. El viernes lanzó los 7,260 kilos (16 libras) que pesa la bola a 20.19 metros y durante gran parte de la jornada fue octavo, hasta que el último lanzamiento del ruso Lesnoi le arrebató la plaza dejándolo a tan sólo siete centímetros del pase a la final. Fue un desenlace demasiado cruel que le dejó con la miel en los labios, pero que aún así ha supuesto un paso adelante en su carrera, pues por fin ha brillado en él ese espíritu combativo que hay que tener en este tipo de campeonatos. Sacudida la presión, el miedo al fracaso, tenemos razones de peso para esperar todavía mucho de Borja.
Borja Vivas, oro en los Juegos del Mediterráneo con 19.99 Mersin, Turquía 2013
Quizás debido a ese aspecto tan antagónico que tienen los lanzadores y los fondistas, al modo de Goliath y Crispín en El Capitán Trueno, o Taurus y Fideo de Mileto en El Jabato, siempre ha existido entre nosotros una corriente de simpatía muy peculiar. Yo además tuve la ocasión de compartir un viaje en coche con Borja desde Sevilla a Málaga. Fue en febrero de 2011. Sus 2,03 metros de altura lo hacían ir como encogido al volante de su modesto utilitario, mientras que yo, de copiloto, trataba de darle palique para que no le diese sueño la carretera y el esfuerzo de la mañana. Él había lanzado en el meeting Ciudad de Sevilla de pista cubierta y aunque había ganado creo que no iba muy contento con la marca que había realizado. Yo, sin embargo, iba feliz, pues la noche anterior había ganado los 3.000 metros en el Campeonato de Andalucía de pista cubierta de veteranos M-40 con una marca de 9'09"52. A pocos días de pasar a la categoría M-45 había llegado incluso por delante de los M-35, lo que me hacía sentir despreocupado y dicharachero. Además, aquella misma noche, en el 3.000 del meeting que se celebraba en paralelo a nuestro andaluz, habíamos visto a Dani Pérez, también compañero por entonces del club Atletismo Málaga, de bajar de los ocho minutos (7'58"12) lo que suponía toda una proeza.
Aquel viaje a solas con Borja, aquel hablar de lo divino y lo humano durante cerca de dos horas, hace que ahora viva más intensamente sus campeonatos y le dedique esta entrada.
Mi enhorabuena por como han rodado las cosas hasta este momento y mucha fuerza, técnica y concentración para lo que resta de temporada. Y saludos a ese pedazo de entrenador que tiene: Tomás Fernández, quien también fue lanzador.