martes, 24 de noviembre de 2015

CITA CON LOS LECTORES EN LA LIBRERÍA DESNIVEL DE MADRID


Dibujo fachada Librería Desnivel (Joaquín González Dorao)

Si sigues mi otro blog, sabrás que estoy en plena promoción de mi último libro, Carta desde el Toubkal (Ediciones del Genal, 2015), un conjunto de relatos ambientados en Marruecos que fue finalista del VII Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Viajes y Aventura. Si la semana pasada lo presentaba en Vitoria, Olvera y Málaga, ahora le llega el turno a Madrid. La presentación, como no podría ser de otra manera, se realizará en la librería Desnivel, un templo por el que han pasado grandes nombres, como Walter Bonatti o Reinhold Messner, y que constituye un verdadero paraíso para todos los que amamos salir de casa con rumbo incierto y la mochila a la espalda.

 Así que ya sabes, si vives en la capital y quieres profundizar en estos relatos o que nos conozcamos en persona, haz un hueco en tu apretada agenda y acércate por la Librería Desnivel. Seguro que pasamos un buen rato.

Presentación Carta desde el Toubkal
Librería Desnivel
Plaza de Matute, nº 6 (Madrid)
Jueves 26 de noviembre, a las 19:00 horas

 A todos los asistentes se les obsequiará con un marcapáginas de regalo.

Marcapáginas



Agenda

jueves 26 de noviembre

PRESENTACIÓN: Carta desde el Toubkal

por Pedro Delgado
PRESENTACIÓN: Carta desde el Toubkal
Con una prosa sencilla y ágil, el autor nos acerca con sus escritos a un mundo que conoce y ama: el Marruecos misterioso y desconocido. Sus historias emanan de la Montaña, el Alto Atlas bereber, una tierra de gente hospitalaria y fuerte que afronta el destino con la misma impasibilidad con la que encara los rudos e inhóspitos inviernos.
En los cuentos recogidos en Carta desde el Toubkal, los episodios reales se mezclan con los imaginados sin que podamos hallar la línea invisible y caprichosa que los separa. Algunos relatos hablan de los que van allí, de los extranjeros que se adentraron en ese mundo y volvieron cambiados.
Pedro Delgado Fernández (Málaga, 1966) Finalista del VII Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Viajes y Aventura. Viajero por vocación, ha recorrido medio mundo en busca de aventuras, de ahí que las geografías en las que escenifica sus historias estén siempre a muchos kilómetros de casa. Es autor de Al sur del Sahara (Ed. Caligrama, 2000), Neguinha la garimpeira -Amazonas: la última frontera- (Barrabes Editorial, 2007), Los ojos del cordero (Editorial Alfama, 2008) y Carta desde el Toubkal (Ediciones del Genal, 2015). Durante mucho tiempo, compaginó su trabajo de profesor de Ed. Física con el de guía de montaña y viajes en Marruecos; por eso el gran peso que tiene este país en su narrativa. Como atleta de fondo llegó a ser internacional, pero tras el éxito de Al sur del Sahara, cuaderno de viaje recomendado por la prestigiosa Lonely Planet, colgó las zapatillas para dedicar más tiempo a escribir.
Si quieres saber más, te esperamos el jueves 26 de Noviembre a las 19H.

lunes, 23 de noviembre de 2015

ALPINISMO BISEXUAL Y OTROS ESCRITOS DE ALTURA

La semana pasada, aprovechando el viaje en AVE a Madrid, la larga espera en Chamartín y el último tirón de tren hasta Vitoria-Gasteiz, me leí Alpinismo bisexual y otros escritos de altura, de Simón Elías Barasoain.


 Yo viajaba para asistir como ponente a las VI Jornadas de Literatura, Cine y Montaña, y quizás buscando imbuirme todavía más de esa pasión montañera, me eché el libro al bolsillo de la chaqueta (tiene el tamaño propio). Lo había comprado unos días antes por impulso, atraído por la portada y la vis cómica de su semblanza biográfica, y al arrancar el tren y empezar a leer la introducción del autor, me di cuenta de que había acertado.
EL ALPINISMO ES ALGO grotesco. En el verano del año 1980, los japoneses Motoso Ohmiya y Koji Okano alcanzaron por primera vez la cumbre del Latok IV, una montaña del Karakórum pakistaní con una altitud de 6.456 metros. Durante el descenso, mientras cavaban un agujero en la nieve donde pasar la noche, cayeron cincuenta metros en una grieta glaciar. Inmovilizados por las múltiples fracturas que les produjo la caída y estancados en la profundidad de la grieta de hielo, esperaron durante cuatro días con la esperanza de que sus compañeros del campamento base llegaran a socorrerles. El cuarto día, al entender que su equipo les había dado por muertos, comenzaron a cavar un túnel en la nieve para intentar alcanzar la superficie. Tras doce horas cavando, Ohmiya consiguió escapar y se arrastró montaña abajo con una pierna rota. Cuando alcanzó el campamento base, milagrosamente encontró a sus compañeros desmontando las tiendas, a punto de partir. Koji Okano fue liberado de su mortaja helada, ocho días después del accidente, al límite de morir de inanición e hipotermia. 
 Definitivamente el alpinismo es algo grotesco: hombres y mujeres con los dedos congelados, cuerpos sin vida colgando al final de una cuerda, esfuerzos homéricos para alcanzar una cumbre en la que no se puede respirar ni mirar el paisaje... La práctica del alpinismo es, sin duda, uno de los mayores actos de estupidez que puede cometer el ser humano. Aquí reside su grandeza. Cuando un hombre o una mujer son capaces de dejarlo todo para ir a escalar una montaña en un remoto confín de Asia, donde probablemente perderán la vida, la historia nos conecta con nuestra más oscura humanidad: la búsqueda de lo desconocido, el reto, la etérea y alucinada percepción de uno mismo a través del esfuerzo y la vida en la naturaleza. Sobre estos temas ha girado la literatura universal desde que un tipo salió de casa para ver qué había al otro lado de la colina y otro se dispuso a contarlo. Quizás por eso, lo más interesante del alpinismo no es la actividad, el simple acto de subir montañas, sino todo lo que gira alrededor de una idea tan descabellada: los viajes, las noches de espera en ciudades que intimidan, la ley de países sin política, montar a caballo, despellejar animales, las pulgas, el nomadismo, las diarreas... Intentar convertir la épica en un acto estúpido y la estupidez en un acto épico ha sido desde siempre el objetivo de mi escritura. 
 [...] los alpinistas somos una panda de felices capullos camino de la extinción.
El logroñés Simón Elías deja traslucir un fino humor en sus escritos, pero también la pasta de la que está hecho. Estamos ante un alpinista que transita el "escenario severo de las montañas", pero que huye de los oropeles de la cima y la pose de tantos.

 He leído sus piezas breves despacio, como si estuviese cantando un vino, deleitándome con personajes como Chango Chuck, un tipo con aspecto de Papá Noel empeñado en escalar los mil metros lisos de El Capitán haciendo autoestop;
Chango sobre todo era un excéntrico. No se limitaba a escalar. Lo importante era el viaje por el océano vertical que él entendía como una larga y profunda conversación consigo mismo. Lo importante era estar lejos del suelo y de la policía y de los autobuses de turistas y de las tarjetas de crédito, por si acaso todo se calentaba de repente y estallaba. Chango tenía una visión apocalíptica del mundo y una casa improvisada bajo El Capitán donde siempre trataba bien a las visitas.

El Capitán, Yosemite

Chad McMullen, su compañero de instituto con quien viaja en pos del escenario de una fotografía en la que se ve a Jeff Lowe escalando en Moab asegurado por Catherine Destivelle;
[...] Al fondo de la imagen se perdía la inmensidad del desierto. "¿Dónde está esto?" le pregunté a Chad. Me miró con desprecio, dando a entender que yo era un paleto integral. "Esto es Utah, idiota, el desierto, las torres rojas, Supercrack, los mormones y el único lugar donde la cerveza coloca menos que la Cocacola". Como siempre Chad hablaba con ese aire de superioridad que le daba ser un senior popular en Palmer High School y dedicar su ocio a explorar las montañas de Colorado.
o Justus, el guía del Rwenzori que Simón nos presenta con trazos ajustados, los mismos con los que nos describe el paisaje, las ciudades y sus propias aventuras, algunas en regiones remotas del Tíbet, Pakistán, Nepal, Argentina o Uganda, en las que siempre es una suerte terminar el día enteros y lejos de una comisaría. Leo las páginas con un Staedtler del nº 2 (sí, como mi Alain Lampard en Los ojos del cordero) y subrayo aquí y allá frases que me habría gustado que fuesen mías.
Se giró hacia mí con esa expresión con la que Jesucristo debía mirar a sus discípulos.
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Los perros olisqueaban entre el barro, las basuras y los cristales rotos. De vez en cuando levantaban la cabeza para lanzar un ladrido de advertencia al extranjero.
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Justus tiene cuarenta años y dos hijos, es guía del Rwenzori desde hace veinte años. Es un tipo serio, ancho y bajo, compacto y musculado. A la tarde, el cámara nos junta para una entrevista. Las sillas están tocándose para que los dos podamos entrar en el plano, con lo que mis rodillas se encajan en las de mi compañero. Justus se sienta a mi lado y, poniéndole una mano en la pierna, le explico las exigencias del guión. Acabo diciéndole con un guiño que no se preocupe, que pese a estar tan juntos no le voy a besar, todavía. El negro estalla en una carcajada, me coge una mano entre las suyas y mirándome con toda la profundidad de África en sus ojos me dice: "Mister, nunca te voy a olvidar". Esta es la mejor cumbre del viaje.
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Los camareros ataviados con camisa y pajarita traen una ronda más. Yo bebo anís turco -raki- mezclado con agua, Alí bebe whisky y las chicas vodka con cola. Nuriana levanta la copa para brindar y con la otra mano aprovecha para tocarme el paquete. Nos miramos a los ojos, girando la cabeza en un viaje de ida y vuelta, y damos un trago largo. No hace cuatro horas que estoy en esta ciudad y presiento que me estoy metiendo en un buen lío.
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Cuando miro a mi madre salir a buscar leña entre la nieve pienso en los primeros viajes a la Patagonia donde vivíamos en el bosque, en medio de un limbo reconfortante. Íbamos buscando una cosa pero encontrábamos otra. Veníamos buscando montañas como el Cerro Torre pero encontrábamos las tardes junto a la hoguera tomando mate, el tiempo interminable para leer o para hacer equilibrios sobre una cuerda floja tendida entre dos árboles. Encontramos que tan importante era escalar montañas como vivir en medio de una naturaleza agreste que te protegiese de las normas del exterior. Allí entendimos que la libertad era peligrosa. Un fallo no suponía la regañina de un jefe o una multa del Ministerio de Hacienda. Un fallo en la libertad de la naturaleza supone la muerte o el accidente.
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En la montaña la felicidad es muy básica: si el día es duro y peligroso consiste en seguir sintiéndote vivo. Si es tranquilo y seguro, es suficiente con un plato de arroz con pollo y un saco de dormir.
 Simón Elías aprovecha también estas páginas para meter algunas pullas, muy acertadas por cierto. Nunca he tenido teléfono móvil ni GPS, y mi pulsómetro es el más básico de todos, así que suscribo sus palabras sobre las nuevas tecnologías:
Los días previos hay que descargarse los itinerarios en el GPS. Estas máquinas inteligentes están ayudando a acabar con la poca materia gris que todavía tenían algunos seres humanos excepcionales. [...] Salir a la montaña es un ejercicio tecnológico que no solo no potencia las habilidades del ser humano sino que las esconde bajo un escudo de máquinas de compleja utilización y elevado precio. [...] pese a las grandes inversiones en investigación y desarrollo, los inventos solo funcionan respaldados por las habilidades con las que el hombre ha recorrido las montañas desde el inicio de la exploración alpina: prudencia, conocimiento, técnica y forma física.
 También comprendo sus palabras (no sé por qué muchos no entendieron las de Trueba) cuando escribe:
Quizás una de las mejores cosas de ser español es que nunca nos podremos sentir orgullosos por ello. 
El mejor lugar para entender el nacionalismo es el exilio. [...] A las seis de la tarde los guías de Chamonix esperan a la entrada del histórico edificio de su compañía la apertura del tour de rôle: la designación por orden de titularidad del trabajo del día siguiente. Algunos guías españoles, colombianos, italianos y argentinos deambulamos por los pasillos del imponente edificio, entre las fotos intimidantes de señores de grandes bigotes ataviados con pantalones bávaros, esperando a que los locales se repartan el trabajo y el jefe-guía nos ofrezca unos turistas a los que pasear por los glaciares. El procedimiento está sujeto a un pomposo protocolo marcado por los rangos como en un campamento de boy scoust. Por ahora somos los que limpian las letrinas. Mientras camino por los pasillos del insigne edificio me viene a la mente una imagen familiar: las cuadrillas en el puente sobre el Ebro, durante la época de vendimia, esperando a que una furgoneta pare y el conductor señale a tres o cuatro afortunados que podrán cortar uva ese día. La inmigración es un duro ejercicio. Salimos de casa pensando en abrir una cuenta en Suiza y acabamos vaciando ceniceros, porque, de tan feos, no podemos ser bailarinas.
 Y sus críticas a la legislación en la montaña y a las competiciones que en ella se desarrollan:
Durante años hemos ido a la montaña para buscar espacios de libertad. La escalada, el puro ejercicio físico de ascender, era algo anecdótico; lo importante era compartir un vivac con los amigos, comer una pasta que sabía al té del desayuno y compartir un cigarrillo bajo las estrellas, lejos de toda legislación. En la montaña, en la naturaleza salvaje nos alejábamos de las constricciones sociales y crecíamos como personas, como amigos y como comunidad; luego intentábamos implementar esos valores en la vida urbana para hacer de ese mundo violento un lugar un poco más apacible. Finalmente hemos hecho lo contrario. Hemos traído a la naturaleza la competición, la selección biogenética y los cronómetros. También el respeto a las leyes y la implantación del intercambio comercial como centro de una actividad enla que la felicidad se medía por la cantidad de tierra acumulada en las orejas. Hemos creado un conjunto de reglas inviolables que rigen la vida campestre y que asfixian todo elemento lúdico. Vinimos a buscar espacios de libertad y construimos monstruos normativos. Íbamos a hacer un viaje de escalada y acabamos haciendo turismo de montaña.
 Y denuncio, como él, la poca valoración que se le da al trabajo de los escritores, de los artistas en general, como si pensasen que vivimos del aire.
Quizás hubo un momento en que esto fue un país pero ahora se ha convertido en un teatro. También en una calle oscura de arrabal donde salir desvalijado. En menos de un mes el que suscribe ha recibido más de media docena de proposiciones para trabajar sin cobrar. Las ofertas para trabajar a bajo precio han superado la docena. [...] Hace unas semanas la directora de un conocido medio de comunicación digital se puso en contacto conmigo para pagarme un trabajo entregado dos meses atrás. Al señalarle su falta de sensibilidad por no responder los correos electrónicos y pedir el pago de mi trabajo que consistía en un reportaje de cuatro mil palabras y más de una docena de fotografías, ella me respondió: "¿Qué te parecen setenta euros?" A lo que el que suscribe replicó: "Me parece excesivo".
 Bueno, creo que Simón no me perdonaría terminar esta entrada sin un puntito de alegría, así que os anoto el chiste que nos cuenta el propio Simón en el relato Gorilas de montaña. Fue leerlo y no poder parar de reír:
Alguien cuenta un chiste sobre un tipo que fue a ver a los gorilas de montaña. Al parecer un macho de doscientos cincuenta kilos le sodomizó entre las lianas. Su amigo le pregunta: "¿Estarás jodido no?" A lo que el damnificado responde: "Estoy destrozado... No me llama, no me escribe...".

Simón Elías Barasoain (Foto: Desnivelpress.com)

Nota: Los textos de Alpinismo bisexual y otros escritos de altura, pertenecen al volúmen de relatos de Simón Elías Barasoain, publicado por Pepitas de calabaza ed. en noviembre de 2013. Mi ejemplar es una tercera edición, de mayo de 2014, con prólogo de Sebastián Álvaro, semblanza de Emilio Blaxqi y un epílogo de Manuel Jabois.

www.pepitas.net


sábado, 14 de noviembre de 2015

INVITADO A LAS VI JORNADAS DE LITERATURA, CINE Y MONTAÑA EN VITORIA-GASTEIZ



Mañana viajo a Vitoria-Gasteiz, donde el lunes presento Carta desde el Toubkal en las VI Jornadas de Literatura, Cine y Montaña que organiza la Facultad de Letras de la ciudad.




 Para mí será un día muy especial, pues al margen de lo que anima que me inviten a unas jornadas como éstas para hablar de mis libros y mis viajes, me va a dar la oportunidad de mostrar en público el vídeo que hemos realizado en el Instituto Isaac Albéniz de Málaga para apoyar mi intervención, una grabación que habla de la relación de la mujer con la montaña, y que no habría sido posible sin la ayuda y el buen hacer del profesor de la asignatura de Cine, Enrique Sánchez, y sus alumnos de 4º. Un trabajo que, como no podría ser de otra manera, está dedicado a todas las mujeres a las que alguna vez acompañé por esas montañas.

Abandonando el refugio de Neltner de vuelta a Imlil, 2007 (Fotografía: Mª Ángeles García)

 Si viven por allí, no se lo pierdan.



miércoles, 11 de noviembre de 2015

OFICIAL Y CABALLERO


Sebastian Coe y Lamine Diack (Getty Images)

No, no voy a hablarles de Oficial y Caballero, la película que protagonizaron Richard Gere y mi querida Debra Winger allá por 1982 -todavía no he olvidado el día que fui a verla al cine Astoria ni aquel tema central, Up Where We Belong, de Joe Cocker y Jennifer Warnes, que se llevó el Óscar al año siguiente-, sino de que ya es oficial que miembros de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), en un mal remedo de la serie Los Soprano o de cualquiera de las tres partes de El Padrino, extorsionaban , con la connivencia del ya expresidente Lamine Diack, a atletas sospechosos de dar positivo. Visto lo visto, está claro que la IAAF necesita que la presida un caballero, de ahí, quizás, que hayan puesto en el cargo a Sebastian Coe, que por algo tiene el título de Sir.

Diack imputado por aceptar dinero para tapar el dopaje ruso
http://deportes.elpais.com/deportes/2015/11/04/actualidad/1446638026_343689.html?rel=cx_articulo#cxrecs_s

 El modus operandi lo podemos saber leyendo el artículo de Carlos Arribas que apareció en El País del pasado viernes 6:

Así se enriquecía la IAAF con la lucha antidopaje
http://deportes.elpais.com/deportes/2015/11/05/actualidad/1446745104_128777.html

 Y por si no tuviéramos bastante, estos días nos llega también un informe de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) donde se acusa a Rusia de "dopaje organizado" y de sabotear los Juegos Olímpicos de Londres 2012 encubriendo varios casos de dopaje de sus atletas. La AMA recomienda la suspensión de por vida de cinco de ellos, entre los que aparece la actual campeona olímpica de 800 metros, Maria Savinova*. No hay derecho a que uno vibre viendo una de esas finales en la tele, y luego resulte que el ganador iba hasta las trancas. A este paso, van a cargarse el espectáculo.


Maria Savinova en los Juegos Olímpicos de Londres 2012

 Rusia se defiende del escándalo alegando que las acusaciones son infundadas y no están respaldadas por pruebas. Y mientras tanto, la Interpol anuncia que va a coordinar una investigación mundial sobre el dopaje, una operación bautizada con el nombre mitológico de Augías, el rey de Élide cuyos establos tuvo que limpiar Hércules en un solo día en el quinto de sus doce trabajos. Seguramente necesitaremos del ingenio y la fuerza del héroe griego, pues es mucha la mierda que hay que limpiar.

 Corrupción y dopaje, cuanta tristeza.

 ¡Uff...! Creo que mejor nos quedamos con la película y les pongo la banda sonora.







*Si quieren profundizar en este culebrón, les recomiendo leer los siguientes artículos, por cierto, muy bien escritos, del amigo Francisco Aguilera Moreno (los que seguís el blog ya sabéis mi postura con respecto al tema, y que suscribo cada una de sus palabras).

http://www.thewangconnection.com/lucha-contra-gigantes-alysia-montano/
http://www.thewangconnection.com/opinion-hablo-la-wada/
http://www.thewangconnection.com/la-ama-suspende-el-laboratorio-antidopaje-de-moscu/

Y los que queráis ver la lista de atletas y entrenadores a los que la AMA recomienda sancionar de por vida, pinchad sobre el último enlace, donde podréis leer un artículo de Coral Aja Pérez.

http://www.thewangconnection.com/la-comision-independiente-de-la-ama-recomienda-la-suspension-de-la-federacion-rusa-de-atletismo/


sábado, 7 de noviembre de 2015

K2 ENTERRADOS EN EL CIELO



Desde lo más remoto de los tiempos, el ser humano siempre ha buscado retos, aunque estos limitasen, a veces, con la tragedia. De cómo el éxito puede tornarse, en unas horas, en fracaso y desgracia, va este libro.
 El escenario no es el Everest que podemos ver estos días en el film de Baltasar Kormákur, basado en la novela Mal de altura de Jon Krakauer (del que leí la magnífica Hacia rutas salvajes), sino el K2, donde en agosto de 2008 once escaladores perdieron la vida en veinticuatro horas.

"¿Qué había salido mal? ¿Por qué los alpinistas siguieron ascendiendo cuando sabían que jamás podrían descender antes de que anocheciera? ¿Cómo habían podido cometer tantos errores de bulto, como el fallo de no llevar suficiente cuerda?"

 Como en la tragedia del Everest, "el suceso se convirtió en un fenómeno mediático de ámbito internacional", ocupando las portadas de un sin fin de periódicos y revistas. Tras coronar la cumbre del K2, alzar los brazos, sacar las banderas y hacerse unas fotos con el signo de la victoria, aquellos hombres y mujeres iniciaron el descenso.

"Pero hacer cumbre también tiene un coste y antes de las 19:45 del 1 de agosto, el precio humano ya era evidente. La expedición Flying Jump empezó a descender por la montaña dando tumbos como si fueran borrachos saliendo de un bar: haciendo fiestas, diciendo groserías y vomitándose en las botas. La fiesta de la cumbre se había acabado. Ahora tenían que encontrar el camino para volver a casa".

 Horas más tarde, mientras se sumían en la oscuridad, "debieron preguntarse cómo llegó a suceder aquello".

 Este ensayo recoge los dos años de investigación de Amanda Padoan y Peter Zuckerman para esclarecer aquella tragedia. Gracias a más de doscientas entrevistas y a sus muchas idas y venidas, podemos decir que este libro relata unos hechos reales: los de la mayor tragedia de la historia del K2.

K2 (Fotografía: Mª Ángeles García Vázquez)
Cuando el teniente británico Thomas Montgomerie topografió la zona, le puso el nombre de K2. La K era por "Karakórum" y el numeral significaba que era el segundo pico de su topografía. Registró más montañas de idéntico modo hasta llegar a la K32. Algunos picos recuperaron su denominación local, pero la denominación de K2 pervivió. Los cartógrafos pensaban que su denominación local, Chogori, era un nombre común que los balties utilizaban para referirse a un gran pico. En realidad, Chogori, es una palabra tibetana que significa "puerta de entrada al cielo".

 Leyendo sus páginas nos enteramos de todo lo relativo a esta mítica montaña, ese pico que "recuerda a un diente de tiburón prehistórico".

"El K2 no es una masa como la del Everest, sino que luce líneas más elegantes... y es más avieso. Los escaladores la llaman "la montaña salvaje". El pico presenta todos los obstáculos del Everest... y muchos más. Los glaciares del K2 están plagados de fisuras ocultas por capas de nieve; los escaladores pisan esas grietas, las atraviesan y, si no van encordados, desaparecen. De los glaciares que sobresalen en zonas altas se desprenden bloques de hielo. Las avalanchas truenan cuando descienden por las faldas heladas. Y, además, la altitud. Ningún ser humano, planta o animal puede soportar unas condiciones tan extremas más de unos pocos días. En cada inspiración de aire, los escaladores que llegan a la cima solo inhalan un tercio del oxígeno que respiran al nivel del mar. La privación de oxígeno socava sus fuerzas y pone en peligro su capacidad de raciocinio. El mal de altura los destroza hasta dejar en algunos la capacidad de coordinación motriz propia de los niños más pequeños.Por si estas dificultades no bastaran, las tormentas en el K2 son más crudas. [...] el margen climático del K2 es una lotería".



[...] En el año 2008, la tasa de mortalidad de quienes abandonaron el Campamento Base para intentar alcanzar la cumbre fue del 30,5 por ciento, superior a la tasa de bajas de la playa de Omaha el Día D. Aunque no se dediquen a la estadística, para los escaladores de alta montaña no hay comparación: el K2 es más letal que el Everest".

 Conquistar su cima llevó un siglo de alpinismo, lo que prueba lo osado de la empresa. Por el texto desfilan los nombres de aquellos que hicieron las primeras tentativas: el particularísimo Aleister Crowley y su amigo Oscar Eckenstein; el aristócrata Luigi Amedeo Guiseppe Maria Ferdinando Francesco di Savoia-Aosta, más conocido como duque de los Abruzos; Fritz Wiessner, protagonista junto a su Sherpa Pasang Dawa Lama de "la tragedia más estrafalaria de la historia del montañismo en el Himalaya", en la que se vio implicado el millonario estadounidense Dudley Wolfe, la primera víctima que se cobró la montaña junto a los tres Sherpas que intentaron rescatarlo, y Art Gilkey, que vino a aumentar esa cifra.

Campamento 4, a 7.900 metros de altura, en el K2. 1939, Fritz Wiessner Collection

 Finalmente, los laureles se los llevó en 1954 la expedición italiana que comandaba Ardito Desio, envuelta en una polémica que dura más de cincuenta años, protagonizada por un joven Walter Bonetti, el porteador Amir Mehdi y unos recelosos Achille Compagnoni y Lino Lacedelli. En aquella controversia también se detienen los autores de este libro, y sentimos la desesperación de Bonetti y Mehdi, forzados a vivaquear a 7.900 metros de altitud.

Compagnoni y Lacedelli en el K2. 1954, Fondo Saglio del Archivo Fotográfico TCi

Walter Bonatti entre Pino Galloti y Achille Compagnoni en el Campamento Base del K2
1954, Fondo Saglio del Archivo Fotográfico TCi

 Otra conquista que se nos narra es la de Edmund Hillary y Tensing Norkay en el Everest, deteniéndose en aquel otro debate sobre quién hoyó primero la cumbre. Y algo muy positivo del libro es que Peter Zuckerman y Amanda Padoan han escrito un montón de notas a pie de página, cerrando cada capítulo con sus anotaciones sobre la investigación, lo que aclara muchas de estas polémicas.

Edmund Hillary y Tensing Norkay en el Everest

 Otros nombres que aparecen, para deleite de los entendidos y de los profanos al montañismo, son el Gasherbrum II o K4, el Nanga Parbat, también conocida como "la montaña asesina", y el Broad Peak o K3.

"[...] El Broad Peak, un ochomil moderado en comparación con su vecino, el K2, se vuelve brutal en diciembre. El viento azota las laderas a más de 370 kilómetros por hora y arranca tiendas, corta cuerdas y arroja pedrisco como si se tratara de balas disparadas por una ametralladora. Ningún escalador ha conseguido ascenderlo en invierno. Solo unos cuantos han sido lo suficientemente atrevidos como para intentarlo".

 A su vez, este ensayo es un homenaje a las personas que desaparecieron aquellos días en "la montaña más despiadada de la tierra", así como a los dos sherpas (Chiring Dorje y Pasang Lama) que lograron sobrevivir, a los que se les sigue la pista desde que salieron de sus remotas aldeas, siendo unos adolescentes, para ir a Katmandú a la búsqueda de un empleo como porteadores con el que poder ganar dinero para sus familias.

Porteadores baltíes en el trekking al Baltoro, mayo 2003
Fotografía: Mª Ángeles García Vázquez

Trekking al Baltoro, mayo 2003. Fotografía Mª Ángeles García Vázquez 

Porteadores camino a Concordia en un trekking al Campamento Base del K2
Fotografía: Mª Ángeles García Vázquez

 Por cierto, y hablando de sherpas, una vez vino un afamado montañero (no, no es César Pérez de Tudela, que es un encanto de persona) a dar una charla a Málaga, y le escuché decir unas palabras sobre los sherpas* que me produjeron urticaria, por no decir vomitera. Aquel tipo gruñón, en lugar de estarles agradecido, despotricaba de ellos sin ningún tipo de pudor. Yo, que nunca había tenido trato con ellos, aunque hice un largo viaje por Nepal -en el que no subí a ningún ochomil ni visité ningún campamento base-, los imaginaba, por entonces, parecidos a los porteadores bereberes con los que trabajé en la región del Toubkal. Ahora, al terminar el libro, veo que son iguales. Gente noble que igual puede servirte de guía como de arriero o cocinero; personas que me merecen el mayor de los respetos, no sólo porque te hacen la vida más fácil en las expediciones, porteando todo y montando las infraestructuras, sino porque además, en las situaciones difíciles que más tarde o temprano se presentan en la montaña, se juegan la vida por poco dinero.

*El libro distingue entre Sherpas con mayúscula, cuando se refiere a la etnia, y sherpas con minúscula, cuando hace referencia al empleo (trabajador de montaña de grandes altitudes), con independencia de la etnia a la que pertenezca.


Porteadores baltíes cruzando el río Baltoro, mayo 2003
Fotografía: Mª Ángeles García Vázquez

El porteador baltí más joven de la Expedición Andaluza al K2, mayo 2003
Fotografía: Mª Ángeles García

Cruzando el río Braldo, trekking al Campamento Base del K2, mayo 2003
Fotografía: Mª Ángeles García Vázquez

Trekking al glaciar de Baltoro, con las Torres del Tranco al fondo, mayo 2003
Fotografía: Mª Ángeles García Vázquez


 Es éste un libro que no debería de faltar en los anaqueles de todo montañero que se precie, tampoco en los de aquellos que gustan de los viajes y la aventura. He disfrutado con su lectura, sobre todo con su segunda y tercera parte (el ensayo está compuesto de tres partes: Ambición, Conquista y Descenso) cuando uno se apresta a unirse al grupo desde el sofá de casa. Además, por sus páginas aparece un español, uno de esos personajes de carne y hueso a los que siempre quisiéramos tener a nuestro lado en los momentos difíciles: un vasco de Vitoria-Gasteiz que responde al nombre de Alberto Zerain y al que algún día me gustaría conocer.


Alberto Zerain

"El escalador vasco Alberto Zerain le pareció alguien asombroso: jamás había visto a un europeo capaz de escalar como un Sherpa. Alberto había hecho un trato con Shaheen, por el cual acordaba trabajar como porteador de grandes altitudes a cambio de un emplazamiento para la tienda de campaña". 

"Después de asistir a una reunión de organización en el Campamento Base, siguió el consejo que le había dado un amigo. "El K2 está preparado para una tragedia", había dicho Jorge Egocheaga a Alberto sugiriéndole que evitara "el circo" y escalara la montaña en solitario. Teniendo esto en mente, Alberto abrió una huella propia cargando en su propia mochila todo lo que pudiera necesitar. Se adelantó a la multitud, alcanzó a Shaheen y le ayudó a abrir huella hasta el Campamento 2". 

"Antes de reanudar la escalada, examinó su alrededor. Delante de él, una chaqueta roja y solitaria iba descendiendo la montaña con paso firme. Pasang reconoció a Alberto Zerain, el escalador vasco del equipo de cabeza que se había adelantado a todo el mundo en el Cuello de Botella. Alberto le mostró una sonrisa resplandeciente y Pasang reconoció esa mirada: el resplandor de la cumbre". 

"Pasang lo vio serpentear entre el grupo de escaladores. Cuando Alberto pasó, algunos miembros de la expedición Flying Jump se dirigieron a él como si le estuvieran preguntando qué dirección debían tomar en una autopista. Querían saber cuántas horas les quedaban hasta la cima. Alberto se encogió de hombros y apenas ralentizó el ritmo. "No iba a tratar de predecir cuánto iban a tardar ellos en alcanzar la cumbre", comentó. Cada escalador avanza a un ritmo distinto. Alberto evaluó el ritmo que llevaban y quiso sugerirles que se dieran media vuelta, pero vaciló. Darse la vuelta era una decisión muy personal, concluyó, entre montañero y su Creador".

Marcapáginas


Una parte de los beneficios que se obtengan con este libro, editado primorosamente por Capitán Swing, serán donados a la institución Gerard McDonnell Memorial Fund. Ger fue el primer irlandés en coronar  el K2, desgraciadamente no sobreviviría al descenso.




  www.capitanswing.com




Nota: Esta entrada está dedicada a Mª Ángeles García Vázquez, que ha tenido la gentileza de dejarme estas fotografías de su trekking al Campamento Base del K2 con la Expedición Andaluza del 2003. Mª Ángeles fue una de las fijas en los grupos a los que acompañaba por el Alto Atlas en aquella época lejana en la que me movía por aquellas montañas, y de la que guardo un grato recuerdo.

Mª Ángeles García con su ángel de la guarda Rumstang, alias "Tiburón", guía y guardaespaldas de Madanme Marión. En el glaciar de Goldwin, con el K2 al fondo, mayo 2003.