sábado, 28 de septiembre de 2024

DE VUELTA CON BRUCE LEE: LA FLAUTA SILENCIOSA O EL CÍRCULO DE HIERRO


Cartel de la película El círculo de hierro, 1978

De vez en cuando me gusta ver con mis hijos alguna película de serie B o de bajo presupuesto en la televisión. La última la vi con el pequeño de ellos a mediados de este mes de septiembre en Filmin. Lleva por título El círculo de hierro, es del año 1978 y está dirigida por el estadounidense Richard Moore.

 Mi interés por verla estaba centrado en la figura de Bruce Lee, pues él estaba detrás de la idea original de la película junto a Stirling Silliphant; aunque el título en el que ellos trabajaban era The silent flute (La flauta silenciosa), cambiado finalmente por Circle of Iron (El círculo de hierro).

The Silent Flute (La flauta silenciosa)

 Yo había leído sobre aquel proyecto en Bruce Lee: Una vida, la magnífica biografía que escribió Matthew Polly en 2018, publicada en España por Dojo Ediciones en una traducción de Rubén Cervantes Garrido.

Bruce Lee: Una vida, de Mathew Polly (Dojo Ediciones, 2018)
bruce-lee-una-vida Fotografía: Lucía Rodríguez

 En ella, Mathew Polly le dedica un capítulo a La flauta silenciosa, el proyecto cinematográfico en el que se embarcó Bruce Lee a finales de los sesenta, tras la cancelación de la serie The Green Hornet (El avispón verde), en la que interpretaba a Kato.

Van Williams y Bruce Lee (Avispón Verde y Kato)
Serie de televisión The Green Hornet
ABC Photo Archives /ABC/Getty Images

 Bruce quería hacerse un hueco y un nombre en Hollywood, a la vez que deseaba acercar la filosofía de las artes marciales al público occidental, por ello comenzó a trabajar con Stirling Silliphant en el guion de la que pensaba que sería la primera película de artes marciales realizada en Estados Unidos, su camino hacia el estrellato. Bruce tenía en mente a Steve McQueen, al que entrenaba, para el papel de protagonista, y él se había reservado el de coprotagonista, pero el socio de McQueen, Robert Relyera, rechazó la propuesta. "Deja de molestarme, Kato, y olvídate de esta mierda de protagonizar películas. Concéntrate en mantener en forma a nuestra estrella", le dijo. Aún así, Bruce no se rindió y trató de nuevo de convencer a McQueen, esta vez con la ayuda de Silliphant.

 Cuando McQueen accedió a reunirse con ellos, acudieron al Castillo para explicarle la idea: Cord el Buscador se embarca en un viaje para descubrir la verdadera naturaleza de las artes marciales. Por el camino, deberá derrotar a varios enemigos –el Hombre Ciego, el Hombre Rítmico, el Hombre Mono y el Hombre Pantera–, que representan la avaricia, el miedo, la rabia y la muerte. Habría montones de escenas de lucha y McQueen interpretaría, por descontado, al héroe Cord. Bruce, por su parte, daría vida a los cuatro enemigos.
 –No sé –dijo Steve–. ¿Tenéis ya el guión?
 –No –dijo Bruce–, pero Stirling es el mejor guionista de Hollywood.
 –Si te apuntas –dijo Silliphant–, lo escribiré.
 –No sé. Tengo la agenda bastante apretada ahora mismo –dijo McQueen educadamente–. No podría involucrarme ahora mismo. Pero una vez tengáis el guion, lo leeré.
 Bruce intentó mantener la calma mientras McQueen se cerraba en banda. Aquel proyecto era su billete para una carrera cinematográfica en Hollywwod, y estaba desesperado por conseguirlo. Tenía una casa en Bel Air, un Porsche y una joven familia, nada de lo cual podía mantener con su actual nivel de ingresos. Sin McQueen, Silliphant abandonaría y Bruce volvería a la casilla de salida.
 Bruce presionó a Steve para que aceptara el trato, pero fue un error táctico. McQueen era un amigo leal, pero no un actor generoso. Despedía a los directores que no le hacían quedar bien, a los guionistas que no le daban los mejores diálogos y a los actores más altos que él. Les robaba escenas a sus compañeros y se acostaba con las protagonistas. Puede que Bruce se considerara su maestro de Kung-fu, pero Steve lo veía como un entrenador personal muy caro que había olvidado cuál era su sitio.
 –Admitámoslo, Bruce –respondió finalmente–. Esto es un vehículo para convertirte en una gran estrella, y debo ser honesto contigo: no estoy en este negocio para convertir a otros en estrellas. Te quiero, colega, pero vas a estar aprovechándote de mi éxito y no puedo permitirlo. No voy a cargar contigo.
 Tras esta reprimenda, Bruce abandonó la mansión hecho una furia. Ya en el patio, junto a Silliphant, miro hacia las ventanas, sacudió el puño y gritó:
 –Voy a ser más grande que él. ¿Quién demonios se cree para decirme que no va a hacer esta película conmigo? ¡Voy a ser una estrella más grande que McQueen!
Steve McQueen, Bruce Lee y Fumio Demura

 Bruce pensó entonces en ofrecerle el papel a Paul Newman. "Le pediría a Jay Sebring que lo reclutara como alumno de kung-fu y, una vez que empezaran a entrenar juntos, le lanzaría su idea. Pero aquello nunca ocurrió. Por razones desconocidas, Newman nunca se convirtió en alumno de Bruce, y sin él y sin McQueen, su proyecto cinematográfico se estancó".

 Bruce cayó en una depresión, y Silliphant, al ver el estado emocional y financiero de Bruce, se mantuvo vinculado al proyecto.

Stirling Silliphant y Bruce trabajando en el guión de The silent flute
Oficinas de Pingree Productions, alrededor de mayo de 1970
Fotografía: David Tadman

 Les seguía faltando una estrella, y ahí fue donde apareció James Coburn.

Le ofrecieron el papel de Cord y, para endulzar la oferta, la posibilidad de dirigir su primera película. Coburn, que quería a Bruce y siempre había deseado ser director, no se lo pensó. Los tres diseñaron el reparto de tareas: Silliphant y Coburn coproducirían la película, Coburn la dirigiría y protagonizaría y Bruce asumiría los cuatro papeles principales restantes y dirigiría las escenas de lucha.
 –¿Escribirás el guion? –le preguntó con entusiasmo Bruce a Silliphant.
 –No. Estoy hasta arriba de trabajo y no tengo tiempo –respondió Stirling, que acababa  de comprometerse a escribir el guion de una película de samuráis–. Puedo hablar con mi sobrino, Mark. Es un guionista joven y moderno con mucho talento. Aceptará.
 Bruce no estaba seguro. Coburn era un actor de éxito, pero no estaba al mismo nivel que Steve McQueen. Para conseguir que un estudio financiara el proyecto, necesitaban un guion de primera categoría.
 –Reunámonos con Mark la semana que viene para hablar del proyecto –sugirió Coburn–. ¿Tienes ya el título, Bruce?
 –Todavía no. Llamémoslo Proyecto Leng por ahora –dijo Bruce–. Leng significa «bello» en cantonés.
 Siete días después, se reunieron con Mark Silliphant para hablar del proyecto y Bruce salió con serias dudas de que fuera capaz de producir un buen guion. Tras considerarlo, decidió escribir un esquema él mismo. A lo largo del mes siguiente, Bruce siguió un horario estricto: por las mañanas, escuchaba cintas motivacionales, leía su «objetivo definitivo» en algo y se imaginaba convertido en la superestrella oriental mejor pagada de Estados Unidos. Por las tardes, escribía la trama para el Proyecto Leng.
 El 28 de febrero de 1969, Bruce se reunió con Stirling y Coburn en la oficina de Silliphant para presentarles sus nuevas ideas y tratar de convencerlos de que debían sustituir a Mark por un guionista veterano. A Stirling y James les gustó la presentación, pero no estaban entusiasmados con la idea de reemplazar a Mark. Este estaba dispuesto a cobrar en función del rendimiento de la película (es decir, trabajar gratis), mientras que un guionista veterano exigía el dinero por adelantado. Dado que Bruce no tenía dinero, el pago recaería sobre Silliphant y Coburn. Tras varios tira y afloja, acabaron dando la razón a Bruce, que más tarde le escribió a su amigo: «Aceleraremos el proceso en cuanto un profesional elabore el guion. Todo va sobre ruedas».
 La perspectiva de ser despedido por su tío logró estimular a Mark, que suplicó a Stirling que no lo reemplazara. Stirling cedió, diciéndole que podía seguir trabajando en el proyecto en secreto. Si lo que escribía era bueno, se lo enseñaría a Coburn y Lee. Stirling advirtió a su sobrino que debía escribir rápidamente, ya que dispondría de una única oportunidad, aprovechando una momentánea distracción de Bruce. Stirling había encontrado otra forma de ayudarle a pagar su hipoteca.

 Stirling Silliphant había escrito el guion de Secretos de una esposa, una historia de amor protagonizada por Ingrid Bergman y Anthony Quinn, e introdujo una escena de lucha en el guion, convenciendo a Columbia Pictures para que contratara a Bruce Lee para coreografiar y dirigir la pelea. Así que ambos se fueron a Tennessee. Allí Stirling informó a Bruce de que le había dado a su sobrino Mark una segunda oportunidad para trabajar en el proyecto, pero al volver a Los Ángeles a ninguno le gustó la propuesta presentada por Mark, así que Mark fue despedido nuevamente y Stirling, Bruce y Coburn acordaron buscar a un guionista profesional. "Su búsqueda, sin embargo, se vería pospuesta por lo que sucedió la noche del 8 de agosto".

 Lo que ocurrió esa noche de 1969 fue una espeluznante masacre que sacudió al mundo entero. A la orden de Charles Manson, cuatro de sus acólitos se acercaron a la casa de Sharon Tate –embarazada de ocho meses y medio– y Roman Polanski –que se encontraba en ese momento en Londres ultimando un guion–, y mataron a la actriz y a los cuatro invitados que esta tenía en casa, entre ellos Jay Sebring, el peluquero de las estrellas.

 Ese mismo día en el Rancho Spahn, a las afueras del condado de Los Ángeles, Charles Manson les dijo a los seguidores de su secta hippie: «Ha llegado el momento del Helter Skelter». El término, tomado de una canción de los Beatles, se refería a una profecía de Manson referente a una inminente guerra racial apocalíptica entre los negros y los blancos. Esperaba iniciar una revolución matando a algunos blancos ricos y echándoles la culpa a activistas negros. Manson les dijo a sus jóvenes seguidores Tex Watson, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian: «Id a la antigua casa de Terry Melcher y matad a todos los ocupantes». (Melcher, un conocido productor musical, había despreciado a Manson, un músico aspirante). Manson no sabía exactamente quién vivía allí en ese momento, pero dijo que eran «gente del mundo del espectáculo». Entrada la noche del 8 de agosto de 1969, los cuatro seguidores de Manson condujeron hasta aquella casa, que no era otra que la de Sharon Tate y Roman Polanski.

 Aquel asesinato tocó de muy cerca a Bruce. Él había enseñado a Sharon Tate a dar patadas en La mansión de los siete placeres, y Jay Sebring era uno de los mejores amigos de Bruce en Hollywood, responsable en buena medida de haber lanzado su carrera de actor y de profesor de Kung-fu.

Bruce Lee dirige la coreografía de la pelea de Sharon Tate y Nancy Kwan
La mansión de los siete placeres, Phil Karlson (1969)

 Un mes después del brutal asesinato, Stirling y Coburn reunieron el dinero para contratar a un guionista llamado Logan, pero el nuevo guion tampoco les gustó.

«Nos trajo un guion –recuerda Silliphant– que consistía básicamente en ciencia ficción y sexo. No tenía nada que ver con la historia. De modo que lo despedimos».

 Después de eso, Bruce y Coburn le rogaron a Silliphant que escribiera él el guion, pero Stirling puso una condición:

«Vale, escribiré el maldito guion, pero no lo voy a hacer yo solo mientras vosotros os vais de pesca. Vamos a reunirnos tres días a la semana en mi oficina de 5 a 7 de la tarde. Le dictaremos las escenas e ideas a mi secretaria y lo terminaremos de una vez».

 Así fue como los tres comenzaron a reunirse a lo largo de marzo, abril y mayo de 1970.

«Bruce y Jimmy contribuyeron enormemente a darle textura al guion, hasta el punto de que podías olerlo –recuerda Silliphant–. Lo terminamos, por fin, y nos emocionamos». Cada uno aportó sabores radicalmente distintos a la mezcla. Bruce lo llenó de taoísmo, budismo zen y su filosofía de jeet kune do, Coburn lo sazonó con algunas parábolas místicas sufíes y Silliphant añadió meditaciones sobre un estado mental intemporal tomadas de los Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot.

Bruce Lee con James Coburn y Stirling Silliphant al fondo

 Al guion resultante lo titularon La flauta silenciosa. "En vez de la típica trama centrada en la venganza, era una reflexión metafísica acerca del significado de las artes marciales".

 En el texto final, el héroe, Cord, se embarca en una búsqueda de la biblia de las artes marciales, que contiene los secretos del combate desarmado. Para ello debe superar tres pruebas que representan el ego, el amor y la muerte. Su guía será Ah Sahm, un ciego que simboliza su subconsciente y toca una flauta que solo Cord puede oír. Al final del sangriento viaje, Cord rechaza la biblia, que representa a la religión sistematizada, se une con Ah Sahm y se disuelve en el nirvana.
 La estructura del guion es puro Joseph Campbell y su Héroe de las mil caras; el diálogo es molón, alucinógeno y huele a marihuana, y el nivel de sexo y violencia es extremo incluso para los parámetros actuales. Los espeluznantes asesinatos de Sharon Tate y Jay Sebring impregnan cada página. Una de la escenas incluye a una mujer crucificada y decapitada de cuyo cuello sale una rosa; en otras se ve cómo a un gigante negro se le arrancan los intestinos o cómo los sesos de un joven hermoso salen goteando de un cráneo aplastado. La segunda prueba de Cord (el amor) incluye una elaborada lección de sexo tántrico con una hermosa concubina. Parte de la descripción de la escena dice así: «Yaciendo juntos, enteramente relajados, ella abre con los dedos los labios de su vulva e inserta parcialmente el pene de él». La concubina dice después: «Estos labios son el fuego del centro. Yaceremos así un tiempo hasta que estemos preparados para la experiencia inexpresable de unidad que llamamos samsara, en la que el tiempo y la eternidad se unen».
 Y hay más. Los autores pretendían rodar la película en tres localizaciones distintas (Tailandia, Japón y Marruecos) y en seis idiomas (tailandés, cantonés, árabe, japonés, urdu e inglés). Habiendo terminado el guion, necesitaban ahora un estudio hollywoodiense lo suficientemente excéntrico para financiar una película X multimillonaria, multilingüe y mística sobre artes marciales.

 Antes de poder presentarle el proyecto a ningún estudio, Bruce Lee se lesionó seriamente en su espalda, por lo que se tuvo que retirar temporalmente de todo, pues su trabajo dependía completamente de su salud física.

 A los cinco meses, Bruce se recuperó y empezó a ejercitarse y entrenar de nuevo, "hasta que fue capaz de hacer lo mismo que antes de la lesión".

 Entonces le presentaron el guion a Ted Ashley, el nuevo presidente de la Warner Bros. "Lo habían contratado para revertir la mala situación de la productora apelando al público joven de la contracultura con películas de gran éxito, como el documental Woodstock (1970). Silliphant pretendía venderle La flauta silenciosa como el Easy rider (1969) de las películas de lucha.

 Bruce Lee fue con Silliphant a una fiesta en la mansión de Ted Ashley, y allí le demostró en vivo lo que eran las artes marciales. La exhibición de Bruce lo dejó atónito y se ganó al presidente de la Warner Bros. para la causa; aunque este solo les permitiría rodar en la India por un tema económico.

 Habiendo impresionado al jefe, Silliphant le hizo llegar el guion a Warner Bros. «Les encantó de inmediato», afirma Silliphant. Quizá, pero en Hollywood hablar es gratis; el verdadero amor se mide en dinero. Warner produciría la película, pero sin un solo dólar norteamericano. La película entera debía rodarse en la India, donde la productora tenía enormes sumas de dinero inmovilizado. El Gobierno indio no permitía a los estudios norteamericanos cobrar el dinero recaudado en las taquillas de su país; podía usarse únicamente para hacer películas en la India. El problema era que ningún productor o director americano quería rodar en un país tan pobre, de modo que el dinero estaba secuestrado. Ted Ashley le dijo a Silliphant: «Las rupias están esperando. Vosotros id y pensad qué hacer».

Bruce Lee en la India buscando localizaciones para La flauta silenciosa
Desierto de Thar (Rajasthan), febrero de 1971

 El 29 de enero de 1971, Lee, Silliphant y Coburn volaron a Bombay para buscar localizaciones durante un par de semanas, y el 11 de febrero regresaron con opiniones contrapuestas: Bruce estaba convencido de que podían rodar esquivando las malas localizaciones, Silliphant tenía dudas y Coburn estaba convencido de la imposibilidad de rodar allí. Cuando este último habló con la Warner Bros., el estudio descartó el proyecto.

 Bruce estaba furioso, amargado y desolado. Se sentía traicionado por sus amigos hollywoodienses más íntimos. «Coburn la fastidió –declaró Bruce en tono de rabia–. No quería volver a la India, de modo que le dijo a Warner Bros. que allí no había buenas localizaciones. Mató el proyecto entero. Yo dependía mucho de esa película. Era una oportunidad única. Mierda, de haber sabido que iba a hacer eso, no lo habría tenido como socio».

 Aún así, Bruce se negó a abandonar La flauta silenciosa. Tanteó a Roman Polanski y se reunió con otros productores, pero poco a poco el sueño de hacer su primera película de kung-fu en Hollywood fue muriendo.

 Sus dos proyectos siguientes, Kung-fu y Kelsey, tampoco llegaron a buen puerto y Bruce empezó a perder la fe. Sin embargo, una llamada del productor hongkones Raymond Chow, de los estudios Golden Harvest, lo cambió todo. El 28 de junio de 1971, Bruce viajó a Hong Kong y firmó con la compañía para hacer dos películas: El gran jefe (en España se tituló como Kárate a muerte en Bangkok) y Rey de los boxeadores chinos (cuyo título se cambió después por Furia oriental). Tras el éxito de ambas películas, Stirling Silliphant volvió a estar interesado en reavivar el proyecto de La flauta silenciosa, barajando rodarla en Hong Kong, pero para entonces Bruce ya tenía que viajar a Italia para rodar El furor del dragón. Esta vez en condición de protagonista, director y productor. La película también fue un éxito comercial en el mercado asiático, aunque Bruce no la consideraba lo suficientemente buena como para que se estrenara en Norteamérica. Entonces se puso a remodelar La flauta silenciosa y se la ofreció a Raymond Chow.

 El gran jefe, Furia oriental y El furor del dragón fueron películas comerciales atravesadas por el tema de la venganza, y para su siguiente película Bruce quiso centrarse en su filosofía; una película sobre el camino –no el arte– marcial. Ya lo había intentado con La flauta silenciosa y, molesto aún por su fracaso, reescribió el guion para un público específicamente chino. Descartó el simbolismo freudiano de Silliphant y se centró en referentes culturales que el público asiático pudiera entender. Tituló aquella nueva versión china Pierna del norte, puño del sur. En China, el kung-fu nórdico es célebre por sus patadas y el meridional por sus puñetazos, y un maestro capaz de dominar ambos sería el artista marcial chino completo.
 En un cuaderno de ochenta páginas, Bruce redactó a mano el desarrollo de la película, incluyendo algunos diálogos, ángulos de cámara y dibujos. La trama seguía de cerca la estructura de La flauta silenciosa y comenzaba con un enfrentamiento entre el héroe junto con sus compañeros y los estudiantes de un estilo de kung-fu rival. El protagonista y sus colegas pierden estrepitosamente, porque han sido educados en el «lío clásico». El héroe, desolado –llegando a la dolorosa conclusión de que su «estilo de lucha es artificial y restrictivo», igual que le había pasado a Bruce con el wing chun –, emprende entonces un viaje en busca de la biblia de las artes marciales para convertirse en un verdadero maestro. En su búsqueda del Santo Grial, lo acompañan la canción ¿Cuál es la verdad de las artes marciales? y una chica enamorada a la que se refiere como «nuestra chica Viernes» y a la que ignora, creyendo ingenuamente que su misión es demasiado importante para detenerse en distracciones románticas. Rápidamente se encomienda a un maestro del sur, con el que entrena durante el día, y otro del norte, con el que entrena durante la noche. Un día, un grupo de fanfarrones insultan a los maestros del héroe en un restaurante, y este los desafía a una pelea, empleando su estilo de puños sureño, primero, y después sus patadas nórdicas. El personaje de Bruce resiste los ataques de sus rivales, pero no consigue imponerse. No es hasta que un misterioso anciano sentado en una mesa cercana le sugiere que use «las manos y los pies» cuando nuestro héroe combina ambos y consigue salir victorioso. Después, persigue al anciano y le anuncia: «¡He creado un estilo propio!».
 De haber sido una película patriótica sobre kung-fu, posiblemente hubiera terminado ahí. El héroe habría conseguido unir simbólicamente el norte y el sur, la histórica línea divisoria del país. Pero Bruce tenía una nueva verdad que quería revelar, un sermón que predicar. El anciano sirve como altavoz de la filosofía del jeet kune do. «Los estilos separan a las personas más de lo que las unen», se mofa el anciano mientras suena una música de flauta de fondo. Cuando el héroe le suplica al anciano que lo instruya, este lo desestima: «No soy un profesor. Soy una señal para un viajero que se ha perdido. Depende de ti qué dirección tomar».
 La película avanza en el tiempo y nos muestra al héroe llegando a la isla donde un famoso monje custodia la biblia de las artes marciales. Al igual que en La flauta silenciosa, el héroe debe enfrentarse a otros artistas marciales y superar varias pruebas para convertirse en el nuevo guardián de la biblia. Afortunadamente, ha conseguido dominar la filosofía jeet kune do del anciano y derrota fácilmente a sus maestros sureños y nórdico. En La flauta silenciosa, el héroe rechaza el libro directamente y ni siquiera lo hojea, pero en la nueva versión lo examina. «Lentamente, el héroe toma el libro y examina cada página, todas en blanco, hasta que llega a la última, donde encuentra un espejo en el que se ve reflejado». Tras descubrir el secreto, el héroe rechaza el trabajo: «Una persona de carne y hueso es mucho más atractiva que este libro». Y, acto seguido, da media vuelta, agarra a «nuestra chica Viernes» y la besa. Los aspirantes derrotados le preguntan: «¿Cuál es el secreto del libro?». El héroe se niega a responder; prefiere acabar la película con esta floja ocurrencia: «Lo único que puedo decir es esto: presta más atención a tu novia».
 De toda la obra de Bruce, Pierna del norte, puño del sur fue la más personal y autobiográfica, la destilación más pura de todo lo que había experimentado, aprendido y creído. «Si alguna vez volvía a abrir una escuela, tenía pensada una idea. Cuando entraras por la puerta, te toparías con unas grandes cortinas rojas y una señal que diría: "Tras estas cortinas se encuentra el Secreto" –dice Bob Baker, que apareció en Furia oriental–. Y cuando descorrías las cortinas te encontrabas con un espejo de cuerpo entero. Esa sería la forma de entrar en la escuela».

 A Raymond Chow la temática le pareció poco comercial,  demasiado intelectual para el gusto del público chino, y le pidió que la aparcara para más adelante.

 Para su siguiente película, Juego con la muerte, "Bruce tenía una imagen inicial, un tema y la escena de acción del tercer acto, pero carecía de una historia. Muchas películas de kung-fu hongkonesas de la época empezaban a rodarse con menos", y Raymond Chow dio luz verde al rodaje. Pero Bruce tuvo que dejar el rodaje de Juego con la muerte, pues su ansiado sueño de protagonizar una película de kung-fu en Hollywood le acababa de llegar.

 El productor Fred Weintraub, que había visto el potencial de las películas hongkonesas de Bruce, le ofreció a este hacer una coproducción entre Hollywood y Hong Kong, proyecto que bajo el nombre de Sangre y acero (Operación Dragón) le presentaron al presidente de la Warner Bros., Ted Ashley. Para Bruce tener control sobre la calidad final del producto era más importante que el dinero, así que exigió que el guion contara con su aprobación –quería tener derecho a hacer cambios en él– y que pudiera ejercer control total sobre las coreografías de lucha. También que el título pasara a ser Operación Dragón.

 Tras el rodaje de Operación Dragón, la mejor película de artes marciales de la historia, y mientras esta se terminaba de pulir en los estudios, le llegó a Bruce una propuesta de Silliphant para realizar varias películas con 20th Century Fox, entre ellas La flauta silenciosa. Pero Bruce tenía sus dudas. "Tras haber protagonizado Operación Dragón, tenia poco interés en dar un paso atrás e interpretar al escudero de Coburn. Además, tenía en mente el proyecto Pierna del norte, puño del sur, su propia versión china de La flauta silenciosa".

 El director Robert Clouse invitó a Bruce a una proyección especial de Operación Dragón. No había música, ni fundidos, ni efectos de sonido, pero no importó. Todos sabían que estaban ante un éxito, y al acabar la película Bruce miró al director unos segundos antes de sonreír. «Lo tenemos», le dijo. Sabía que el mundo se pondría a sus pies. [...]
 Seguro de que Operación Dragón sería un taquillazo, Bruce tomó una serie de decisiones trascendentes. Se plegó a los deseos de su mujer de regresar a Estados Unidos y decidió que repartiría su tiempo entre América y Hong Kong, haciendo una película en Hollywood y otra en China cada año. De este modo lograría mantener contentos a sus fans asiáticos y expandir su fama internacionalmente. [...]
 Después llamó a Stirling Silliphant para decirle que iba a rechazar La flauta silenciosa. Bruce seguía molesto con Silliphant y Coburn por haber abandonado el proyecto cuando más lo había necesitado. «Estuvimos a punto de pasar hambre en aquella época –cuenta Linda–. Y cuando ya era enormemente exitoso, le dijeron: "Ya estamos preparados"».
 –No te puedes permitir contratarme –le dijo Bruce a Silliphant–. Me están ofreciendo un millón de dólares por película.
 A Silliphant le sorprendió y molestó el rechazo de Bruce. «Pensaba que éramos íntimos y que no tendría más que llamarlo para que aceptara –recuerda Silliphant–. Me alucinó su reacción».
 –No llevaré a Jim [Coburn] sobre los hombros –dijo Bruce, repitiendo la frase que Steve McQueen había empleado con él. La discusión continuó y Bruce le preguntó–: ¿Haréis la película sin mí?
 –La haremos –dijo Silliphant, furioso.
 –¿Dónde vais a encontrar a un sustituto que interprete las cinco partes? –le preguntó Bruce.
 –Contrataremos a cinco actores diferentes para reemplazarte –dijo Silliphant–. Si te hubieras sumado de nuevo al proyecto, pensaba sugerir que interpretaras solamente un papel. Hacer de cinco personajes sería como esa vieja práctica de Hollywood a lo Lon Chaney.
 –Sea como sea, no te lo puedes permitir –repitió Bruce.
 Al final de la acalorada discusión, acordaron verse para cenar, pero Bruce llamó al día siguiente para cancelarlo. Le escribió una nota a James Coburn: «Hablé con Stirling y le dije que os entrego nuestra flauta silenciosa».

 Bruce Lee murió repentina y sorpresivamente el 20 de julio de 1973, unas semanas antes del estreno de Operación Dragón, y no pudo ver cómo se convertía en la superestrella oriental mejor pagada de los Estados Unidos. Encumbrado por los fans y el público de todo el mundo, que lo adoraban como un semidiós, se convirtió rápidamente en leyenda, en un mito que llega hasta nuestros días.

 Si usted es uno de esos fans, habrá hecho bien en leer todo esto antes de sentarse a ver El círculo de hierro. Porque la película tiene el cebo de Bruce Lee, pero estoy seguro de que este se revuelve en su tumba cada vez que se proyecta.

Cartel de Circle of Iron (El círculo de hierro, 1978)

 Al inicio se lee una dedicatoria póstuma a Bruce Lee, pero Bruce Lee no habría aprobado lo que hicieron con su historia.

Antes de su muerte, el legendario Bruce Lee ayudó a crear la historia de una película que no solo capturaría el espíritu de las artes marciales, sino también una parte importante de la filosofía Zen de acuerdo a la que vivía. Sabía que una película de esta dinámica causaría controversia, particularmente entre los no familiarizados con las creencias Zen. Pero creía que esta misma singularidad subyugaría a los amantes del cine.
 Bruce Lee enmarcó la historia en una tierra que nunca ha existido y siempre existe. Esta película está dedicada de forma póstuma a Bruce Lee.

Dedicatoria póstuma a Bruce Lee en El círculo de hierro
Fotografía: Pedro Delgado

 Aunque puede entretenerte la tarde, la película es mala, muy mala. Falla la elección del director, Richard Moore, que hasta ese momento era director de fotografía (esta sería su única película como director), y del actor principal, un Jeff Cooper falto de carisma que interpreta a un Cord con aspecto de He-Man.

Jeff Cooper interprentando a Cord en una escena de lucha
El círculo de hierro (Richard Moore, 1978)

Jeff Cooper enfrentándose a David Carradine (el hombre mono)
El círculo de hierro (Richard Moore, 1978)

 Y la ambientación, el vestuario y los decorados dejan mucho que desear, al igual que las escenas de lucha. Así que al terminar de verla me pregunto qué habría sido de esta si Bruce Lee hubiera tenido la potestad de intervenir directamente en ella y de coreografiar y dirigir las peleas como ya hiciera en Operación Dragón; o mejor aún, cómo habría sido Pierna del norte, puño del sur (la versión china de La flauta silenciosa) si Bruce la hubiera rodado.

 La cosa es que uno lee la sinopsis y la cosa promete, pero luego no da la talla.

En una época incierta, de un mundo desconocido, un experto en artes marciales gana en un torneo el derecho a buscar el llamado libro del conocimiento absoluto que custodia el hechicero Zetan (interpretado por Christopher Lee), para lo que deberá emprender un peligroso viaje plagado de retos y dificultades, en el que contará con la ayuda de un misterioso flautista ciego (David Carradine), gran conocedor de las artes marciales.

 Y que fuera David Carradine quien sustituyera a Bruce, después de quitarle el papel en la serie televisiva Kung-fu por tener un rostro demasiado oriental, me parece de mal gusto.

David Carradine en El círculo de hierro

 Más cuando Bruce ya había ideado otro western oriental similar que llevaba por título Ah Sahm (El guerrero).

 Las llamativas similitudes entre Ah Sahm y Kung-fu (ambos son westerns orientales) ha llevado a algunos biógrafos de Bruce Lee a asumir erróneamente que ambos eran un solo proyecto o que Bruce era el autor de Kung-fu. Lo cierto es que son distintos. [...] Desgraciadamente, la propuesta de Ah Sahm no está fechada, de modo que se desconoce si Bruce la redactó antes o después de leer el guion de Kung-fu escrito por Ed Spielman y Howard Friedlander.

 En descargo de Richard Moore y David Carradine, les diré que fue este último quien compró los derechos de La flauta silenciosa a la muerte de Bruce, de ahí que se reservara para sí los cuatro personajes que interpreta, algo que, como comenté anteriormente, ya pensaba hacer el propio Lee.

 Los productores, Sandy Howard y Paul Maslansky, contrataron a Stanley Mann para rehacer a fondo el guion, eliminando grandes dosis de sexo y violencia para hacer la película apta para todos los públicos. Y decidieron rodarla en Israel.

 Dicho todo esto, les toca a ustedes ver la película y juzgarla. Pero estoy seguro de que a los fans de Bruce Lee no les va a gustar lo que hicieron con su historia.

Créditos El círculo de hierro
Story by Bruce Lee, James Coburn y Stirling Silliphant
Fotografía: Pedro Delgado

 Como existen las sincronías, a los pocos días, leyendo unas revistas atrasadas, me topé en El País Semanal con este texto que les anoto. El artículo se centraba en Toño Martín, compositor y cantante de la banda Burning hasta 1983, que dejó tres maquetas grabadas antes de morir. Una de ellas, guardada 30 años en el cajón de una mesilla, salió este mes de septiembre a la luz en forma de disco póstumo –Muerde la bala– gracias al azar y al empeño de su hija Penny.

Reportaje sobre Toño Martín, compositor de Burning hasta 1983
El País Semanal nº 2.499 (Texto: Fernando Navarro/Fotografía: Sofía Moro)
Fotografía: Pedro Delgado

Reportaje sobre el disco póstumo de Juan Antonio Martín, Toño, de Burning
El País Semanal nº 2.499 (Texto: F. Navarro/Fotografía: Sofía Moro)
Fotografía: Pedro Delgado

 Para mi sorpresa, las palabras que cerraban el reportaje –escrito por Fernando Navarro, con fotografías de Sofía Moro– estaban tremendamente relacionadas con el final de El círculo de hierro y el pretendido libro de la Sabiduría que buscaba Cord.

 El 8 de mayo de 1991, un día antes de morir, Toño Martín llegó a Briviesca. Fue a pasar la popular fiesta de la Tabera junto a su esposa y su hija. "Toño siempre encontraba la paz en Briviesca", cuenta su mujer. Esa noche, Toño leyó a su hija, Penny, el cuento de El caballero de los siete rubíes, en el que un hidalgo se marcha de su reino y deja atrás su fortuna y a su familia porque busca la verdad guardada en una piedra filosofal y, después de recorrer medio mundo, llega con su caballo a una loma y un sabio le dice que esa verdad que andaba buscando siempre estuvo en su hogar. La piedra filosofal estaba en su interior. "Te espero porque no hay espera", dijo luego Toño a su hija y le dio el beso de buenas noches. Al día siguiente apareció muerto de un infarto y no de una sobredosis como se dijo en diversos sitios. "Tenía soplos en el corazón desde joven", señala su esposa. "Siempre creí que vino a morir con nosotras. Eligió el día. Estaba ya muy herido y agotado de su guerra con las drogas", apunta Penny.
 "Te espero porque no hay espera". Su hija bien lo sabe. Más de tres décadas después de morir y medio siglo desde que fundó Burning, Toño Martín estaba ahí. El primer ángel caído del rock español aguardaba en una maqueta, dispuesto a renacer del olvido, a morder su última e increíble bala.
El País Semanal nº 2.499 (18 de agosto de 2024)

 A la gente joven quizá no les suene Burning, pero los de mi generación no podemos olvidar una de sus canciones, almacenada para siempre en el disco duro de nuestro cerebro: ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? En el vídeo podemos verlos actuar en el programa Aplauso del año 1978.


 Pueden leer el artículo completo sobre el disco póstumo de Toño Martín clicando en el siguiente enlace:


P.D.: Este artículo está dedicado al pequeño de mis hijos, Pedro Delgado Rodríguez, con el que vi la película el 20 de septiembre sin saber el juego que me iba a dar.

Todos los textos a color están sacados de Bruce Lee: Una vida, de Matthew Polly, editado en castellano por Dojo Ediciones (traducción de Rubén Cervantes Garrido) en octubre de 2019.
 Si les gustó el artículo, los animo a compartirlo y a haceros seguidores del blog.

domingo, 4 de agosto de 2024

EL SUEÑO CUMPLIDO: ALBERTO GONZÁLEZ, DIPLOMA OLÍMPICO

Un proceso judicial kafkiano me impidió ver en directo la final del triatlón masculino de los Juegos Olímpicos de París, donde competía el malagueño Alberto González, al que, por la amistad que me une a su padre, he visto crecer física y deportivamente. Así, lo primero que hice al volver a casa fue buscar la prueba en Rtve play –qué gran invento de la pública– y sentarme a verla.

 Increíble de inicio el impacto visual, ese marco excepcional en medio del Sena que, por muchas bacterias que esgriman los más agoreros, es un regalo para los triatletas, un presente que ha costado 1.400 millones de euros, destinados a sanear el río para permitir de nuevo bañarse en él.

 Hace menos de dos años, Alberto peleaba con siete triatletas españoles por hacerse con una de las tres plazas posibles para estar aquí, terminando la temporada en el puesto 18º del ranking mundial, y hoy, tras colocarse esta temporada el 9º en dicho ranking, se lanzaba al agua, bajo el majestuoso puente de Alejandro III, para luchar por un diploma olímpico. La progresión de Alberto y su adaptación a la distancia olímpica había sido meteórica. Le aguardaban 1.500 metros de natación, 40 kilómetros de bicicleta y 10 kilómetros de carrera a pie. Y a mí un rato inolvidable enfrente de la tele.

Salida de la prueba de Triatlón masculino de los Juegos Olímpicos de París 2024
Fotografía: Ignacio González Franco

 Nada más darse la salida se ve que va con el cuchillo entre los dientes, sabedor de que la mejor táctica para alcanzar ese diploma olímpico es competir por las medallas, de ahí que no dude en nadar con el grupo de cabeza. En la ida, con la corriente a favor, van realmente rápidos, y tras girar en la enorme boya amarilla, retornan al puente Alejandro III con las aguas en contra. Alberto sale del agua en 6ª posición, sube unas escalinatas, recorre la pasarela azul eléctrico de la salida y vuelve a lanzarse a la corriente para completar una segunda vuelta algo más corta que la primera. Alberto sale de nuevo del agua en la misma posición para hacer la transición a la bicicleta, y eso me hace presentir que estoy ante algo inolvidable. Pero es la hora del almuerzo y el hambre aprieta, así que contengo la emoción, le doy al botón de pause y me voy a la cocina a prepararme algo de comer.

 Cuando vuelvo a la mesa del comedor, reanudo la prueba. Alberto ha hecho la primera transición –salir del agua y subirse a la bicicleta para los profanos– más rápido que los demás, y ha ganado un puesto: sale de «boxes» en 5º lugar y se lanza a por los de delante. No tarda en alcanzarlos y al poco, en un derroche de valentía y audacia, se pone a tirar del grupo de cabeza, lo que me hace removerme en la silla.

Alberto González en el segmento de bicicleta (Triatlón París 2024)
Fotografía: Ignacio González Franco

 Alberto, un joven talentoso, trabajador y humilde que ha sabido lidiar las dos últimas temporadas con todo tipo de obstáculos y que este año ha reencontrado la confianza que le faltaba, parece estar en estado de gracia, y mira a los compañeros de cabeza reclamando el relevo. El grupo viene rezagado y pueden poner tierra de por medio, pero, salvo él, nadie parece querer verlo. Alberto, contrariado, desiste de su pedaleo enérgico y cuando el pelotón los engulle se deja caer a la cola. Como Sísifo después de empujar la enorme piedra cuesta arriba para volver a verla rodar hacia abajo, Alberto ha visto dilapidada su ventaja y su esfuerzo. Pero conocedor del mito griego, no hay muecas en su cara, ni crispación en sus movimientos. Parece tranquilo, sereno. Irse a la retaguardia parece más un acto lúcido, táctico. Sabe que cierra un grupo de 32 triatletas y que, como el rey de Éfira, tendrá que trabajar duro de nuevo para llevar la piedra a lo alto de la montaña y alcanzar la cabeza. Mientras llega ese momento, se siente ahí, a rebufo, a resguardo y a salvo de caídas.

 Tras la comida, el sopor, los ojos que se empiezan a cerrar reclamando una siesta y la mano que busca de nuevo el mando para paralizar el momento, dejando a Alberto en ese impasse.

 Como dijo Camus en El mito de Sísifo, «uno debe imaginar a Sísifo feliz». Así que cuando despierto y pongo de nuevo en la pantalla a Alberto en acción, lo veo remontar puestos desde la cola cuando falta poco para la finalización de la prueba de ciclismo. En un último esfuerzo, Albertini –como lo llamaba su abuela María– entra en la moqueta azulona en el puesto número 13 para bajarse de la bicicleta, quitarse las zapatillas de ciclismo y ponerse las de atletismo. Y lo hace tan rápido como Hermes –Mercurio para los romanos–, el de los pies alados.

Alberto González cuando iba en 3ª posición (Juegos Olímpicos París 2024)
Fotografía: Ignacio González Franco

 Alberto, bravísimo, gana siete puestos en la segunda transición y es el 5º en ponerse a correr en el segmento de la carrera. Y lo hace como Heracles –el Hércules romano– en pos de su último trabajo. Valiente, va a por la medalla, reduciendo rápidamente la distancia con los primeros. Se sitúa en 3ª posición y me hace saltar del sofá y mirar con incredulidad la pantalla. Una ola de emoción recorre mi cuerpo por dentro. Cada poco me froto los ojos y Alberto sigue ahí, corriendo entre los cinco primeros. Sin embargo, en el kilómetro 5 el calor, la humedad y el derroche de energía empiezan a hacer mella en él y va perdiendo comba hasta caer al puesto 15º.

 Va el 14º en el kilómetro 8.5, y el pensamiento «Alberto, quedes como quedes, por como me has hecho sentir y por la valentía que has demostrado, ya eres mi ídolo» se cruza por mi mente. Pero por la cabeza de Alberto se cruza otra imagen, tan poderosa como la de Sísifo: la del picapedrero, ese tipo tantas veces visualizado por él que taladra una piedra enorme sin saber en qué momento la mole se quebrará y se romperá del todo. Así que Albertini, lejos de rendirse, aprieta los dientes y pone el acelerador para completar el último 1.500 en 4'20", el parcial más rápido de todos, incluido el del campeón Alex Yee (4'26"), y realizar una remontada espectacular. Entra en meta y se lleva las manos a la cabeza mirando sonriente al cielo, incrédulo como un resucitado, conocedor de que ese 8º puesto le otorga un diploma olímpico que le sabe, nos sabe, a medalla. A corona de olivo. A gloria. Una instantánea, una imagen que aparecerá al día siguiente en la portada del diario Sur de Málaga.

Portada del diario SUR del jueves, 1 de agosto de 2024

 Alberto ha competido con una madurez exquisita, valiente en los momentos tensos de la prueba y frío y analítico a la hora de leer cada compás de la misma. Una prueba que se ha vuelto loca en el último tramo, ya que el neozelandés Haydeen Wilde, que parecía escapado hacia la gloria, entró en barrena en los metros finales hasta ser rebasado antes de la curva de meta por el británico Alex Yee, que sumaba a la plata de Tokio el oro parisino. El bronce sería para el francés Leo Bergére. 1h 43' 33", 1h 43'39" y 1h 43"43 por 1h 44'22" de Alberto. Y el dato no es baladí, porque tan solo 39 segundos separaron a Alberto del bronce.

 Estoy solo en casa, pero descorcho una botella de champán para celebrarlo. Ojalá Alberto nos siga haciendo felices regalándonos días como estos. Y ojalá su hermano Ignacio, lastrado estos años por las lesiones y las operaciones de rodilla, pueda acompañarlo en los próximos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Hasta entonces, Alberto se ha ganado el sueño de una medalla olímpica. La consiga o no, tras lo alcanzado en París Alberto ya será feliz el resto de su vida.

domingo, 14 de julio de 2024

NO APUESTES TU VIDA


Defendamos all menor frente a la publicidad de apuestas online
Fotografía: Pedro Delgado

Porque da en la diana del problema y porque es algo que ya está afectando a nuestros jóvenes y hay que seguir denunciando, les copio aquí un artículo de la escritora argentina Leila Guerriero sobre lo malsano que resulta unir el deporte con las apuestas online.

LEILA GUERRIERO
Vampiros de la esperanza
Una cerveza es sponsor de la Fórmula 1 y, aunque el alcohol está presente entre el 30 y el 50% de los accidentes automovilísticos mortales, esto parece normal. Tampoco parecía raro que uno de los patrocinadores del mundial de 1982 en España fuera R.J. Reynolds Tobacco. Son cosas que se advierten con el tiempo, pero lo de los sitios de apuestas online me impresionó de inmediato. En 2023 vi por primera vez esta publicidad: una mujer mira un partido de fútbol, pregunta "¿El partido está aburrido? Ponele Betsson" y, feliz de la vida, entra en ese sitio de apuestas a través de su teléfono. En la Argentina, donde vivo, varios clubes de fútbol tienen como patrocinadores a casas de apuestas online: Racing y Boca a Betsson, River a Codere, Bet Warrior es sponsor de la selección Argentina. En España los equipos de la liga tuvieron que quitar el patrocinio de las plataformas de juegos de sus camisetas, y la Premier League se comprometió a hacer lo mismo desde 2025. Pero en América Latina, donde la pandemia disparó el número de adolescentes que hacen apuestas online, sobre todo de las capas sociales más bajas, nadie parece preocupado por revisar la relación entre la ludopatía creciente de los jóvenes –que venden cosas, que roban o estafan con tal de seguir apostando–, y sus ídolos deportivos auspiciados por plataformas que prometen "¡Ganá!". En lo que va de año, las 10 principales plataformas de juego online de la Argentina invirtieron en espacios deportivos más del doble que en 2023. Hay en eso algo inquietante. Quizás lo que subyace: cuando se toma alcohol hay riesgo de volverse alcohólico, pero no todos los que beben terminan bebiendo cada vez más. En las apuestas, el "cada vez más" no es un riesgo: es un deseo. Un deseo de tener –dinero– que casi nunca se cumple. A lo mejor lo que me impresiona es eso. El vampirismo de lo último que les queda a los desesperados: la esperanza. Una palabra peligrosa.
Diario EL PAÍS. Sábado, 13 de julio de 2024

 Por supuesto, cuando llegue septiembre, este artículo irá a parar al tablón de anuncios del pabellón deportivo de mi instituto. La ludopatía es una enfermedad que destroza vidas y familias, pero que tiene tratamiento y posibilidad de cura. El primer paso es reconocer la adicción y pedir ayuda.

viernes, 14 de junio de 2024

15 LIBROS DE LITERATURA DEPORTIVA PARA BUSCAR EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID


La Feria del Libro de Madrid le hace un guiño al deporte
Fotografía: Pedro Delgado

Desde la capital me llega el eco de la Feria del Libro de Madrid. El rumor se cuela todos los días en el salón de casa a través de la televisión, con esos minutos que le brinda el telediario al evento, dedicado este año de Eurocopa y Juegos Olímpicos a la relación de la literatura con el deporte. El cartel de Mikel Casal encarna a la perfección el lema de este año: «Entrena tu mente, lee tu cuerpo».

Cartel de la Feria del Libro de Madrid 2024
"Entrena tu mente, lee tu cuerpo"
Autor: Mikel Casal

 Y como en este blog la literatura deportiva juega un papel muy importante, quiero anotarles aquí 15 libros para buscar en la Feria del Libro antes de que esta eche el cierre este domingo.

La carrera del siglo

el-ingenuo-salvaje

breviario-del-viejo-corredor

el-comic-y-la-fotografia

bruce-lee-una-vida

curtiss-hill

el-partido-de-la-muerte

La soledad del corredor de fondo

el-nadador-como-heroe

el-gusto-del-cloro

el-gran-libro-de-las-bicicletas

nacidos-para-correr

bocetos-de-natacion

Correr es una filosofía

prefiero-que-me-trates-de-tu

 15 libros para ponerte en forma este verano.