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miércoles, 1 de abril de 2020

¿POR QUÉ NO SE PUEDE SALIR A CORRER DE NOCHE Y EN SOLITARIO?


Correr, o mejor dicho no correr, en tiempos del Coronavirus
Fotografía: Pedro Delgado

 Comprendo todas las medidas que se han tomado para hacerle frente al coronavirus, pero al principio no entendía una de ellas: la de no poder correr por la calle.

 Los obreros de las constructoras seguían levantando edificios ladrillo a ladrillo, codo con codo, porque los he visto a pie de obra cuando he ido a comprar el pan y la prensa, mientras que nuestros atletas de élite, cerrados los centros de alto rendimiento, no podían salir a entrenar, que también es su trabajo. Algunos protestaron y salieron en el telediario (19/03/20 - RTVE), pero al igual que se levantó la medida a las personas diabéticas para que salieran a caminar, a los atletas no se les permitió salir a correr. Seguro que alguno lamentó no tener un galgo para pasearlo a la carrera.

Correr, o mejor dicho no correr, en tiempos del Coronavirus
Telediario 15 horas. 19/03/20. RTVE.es

 ¿Por qué en España no se deja correr y en otros países (como Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido o Estados Unidos) sí?, me preguntaba, refiriéndome, por supuesto, a salir a correr en solitario, manteniendo la distancia de seguridad con otros corredores e incluso limitando las carreras a unas horas determinadas de la noche.

 No tenía una respuesta para ello, y artículos como Confundir humanos con osos*, de Julio Tous, parecían corroborar lo absurdo de la norma. Pero estos días, viendo como no deja de aumentar la curva de infectados y el número de muertos, comprendo que no queda otra que el confinamiento total si queremos cortar la cadena de transmisión del virus, y que los corredores no podemos ser "como aquellos músicos que continuaron tocando mientras se hundía el Titanic".

 Para la tranquilidad de los atletas de élite, los grandes eventos atléticos ya se han suspendido o aplazado, y los que todavía no lo han hecho deberían de hacerlo, pues las condiciones monetarias de cada uno, o la laxitud de esta medida en otros países, agrava la brecha deportiva. No es lo mismo el atleta que tiene un gimnasio en el garaje que el que no lo tiene; el que goza de una piscina privada que el que no; el que tiene dinero para comprarse un rodillo o una cinta de correr que el que no; el que vive en un ático con terraza amplia, o tiene una parcela privada en la que ejercitarse, que el que vive en uno de esos minipisos que se construyen ahora, donde a duras penas puedes moverte.

 Desde el lunes todos los trabajadores de actividades no esenciales, como las obras de las que les hablaba más arriba, deberán quedarse en casa las dos próximas semanas. Todo para reducir más la movilidad, frenar la capacidad de contagio del virus y descongestionar las UCIs de los hospitales, donde otros héroes  han venido a suplir a los héroes deportivos de los estadios. Son los que están en primera línea del frente, el personal sanitario que se deja la piel, y a veces la vida, por salvar la de los enfermos, y que me van a permitir que los represente aquí en una única foto, la de mi hermano Marcial Delgado, que trabaja en el Hospital Regional de Málaga, el lugar donde nació hace 55 años.

Doctor Marcial Delgado Fernández
Hospital Regional de Málaga

 ¡Gracias por tu entrega, brother! Estamos orgullosos de ti, y esperando a que todo esto pase para darte un grandísimo abrazo.


*En este enlace pueden leer el artículo de opinión Confundir humanos con osos, de Julio Tous, aparecido en El País el domingo 22 de marzo de 2020. En su momento, aunque le hayan dado caña en los comentarios (hay gente con poca comprensión lectora), tuvo sentido y me pareció muy acertado, pero hoy día la situación es muchísimo más grave y no queda otra que el confinamiento total.

https://elpais.com/deportes/2020-03-21/confundir-humanos-con-osos.html

#QuédateEnCasa

jueves, 16 de febrero de 2017

POR FIN UN POCO DE CORDURA


Sebastian Coe, Juegos Olímpicos Los Ángeles 1984

Dos buenas noticias este mes para los que amamos el atletismo:
-el anuncio del presidente de la IAAF, Sebastian Coe, de paralizar todas las solicitudes de nacionalizaciones;
-y la aprobación por el Consejo de Ministros del Decreto-Ley que modifica la Ley del Dopaje de 2013, lo que significa que se amplían de dos a cuatro años las sanciones por dopaje, así como el tiempo de prescripción de éstas, que pasa de ocho a diez años. Con la nueva ley se recogen además dos nuevas infracciones: la complicidad y la asociación prohibida.

 La primera me parece una decisión tan valiente como necesaria, y la segunda nos pone al día, en lo que respecta a normativa, con la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).

 Nacionalizados y Doping, dos temas ante los que siempre se ha posicionado este blog.

Nacionalizados:

http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/01/are-you-qatari-zi-picha-zi.html








http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/12/espana-arrasa-en-el-europeo-de-cross.html








http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/12/no-querias-caldo-pues-toma-dos-tazas-el.html

martes, 12 de noviembre de 2013

EL DERECHO A DESTRUIRSE


"Nadie está libre de decir estupideces. Lo grave es decirlas con énfasis".
Montaigne


En estos tiempos tan turbios para el deporte, quiero empezar este blog mostrando cuales son mis principios, posicionándome ante esa panda de golfos apandadores que pululan por este bello deporte, indeseables tramposos que deberían ser sancionados a perpetuidad.

 La carta que aquí les muestro tiene ya sus años. La misiva estaba dirigida a la sección Cartas de El País Semanal y hacía referencia a un artículo (El derecho a destruirse) del escritor Javier Cercas, publicado en dicho suplemento el día 4 de diciembre de 2005 en su sección Palos de ciego (título, ahora me doy cuenta, de lo más elocuente), en el que lamentablemente el escritor hacía apología del doping.

 Mi carta de respuesta no fue publicada en la revista. Es por ello que la traigo a colación. Mi carta y el artículo de Javier Cercas, para que puedan posicionarse ustedes mismo.
 Groucho Marx decía aquello de "Estos son mis principios, y si no le gustan... bien, tengo otros". Yo no puedo decir lo mismo. Esto son mis principios y si no les gustan no se hagan seguidores de este blog.

Leo en el suplemento del 4 de diciembre el artículo El derecho a destruirse, sobre el dopaje, y me quedo anonadado. En él, Javier Cercas dice que el primer argumento usado contra el dopaje (quién se dopa hace trampas, pues mejora artificialmente su rendimiento y coloca a sus competidores en situación de desventaja) carece de la menor consistencia, pues, según él, "si todos los deportistas pudieran doparse todos estarían en igualdad de condiciones y nadie se hallaría en desventaja".
 Sr. Cercas, ante tamaña barbaridad, yo le pregunto: ¿Por qué hemos de vernos obligados a hacer trampas para igualarnos con los tramposos? ¿Por qué hemos de usar drogas, dañinas para el organismo, para igualarnos a ellos?
 Que unos atletas -que no merecerían llamarse así- decidan darle la espalda al juego limpio del barón de Coubertin, no debe invitar al resto de deportistas a contravenirlo. La legitimidad absoluta que atribuye al récord de las atletas alemanas dopadas de su época, es un fraude contra las atletas de los otros países y de otros tiempos.

Pedro Delgado Fernández



PALOSDECIEGO
El derecho a destruirse
Por Javier Cercas

Leí en una crónica de Juan José Fernández que Inés Geipel, velocista de la extinta República Democrática Alemana, ha solicitado que se borren de los ránkings oficiales sus récords, entre ellos la plusmarca alemana de clubes en la prueba de 4 x 100 metros libres. El motivo de esta petición insólita es conocido: al parecer, durante años, los deportistas de la RDA -así como los de otros países gobernados por regímenes comunistas- fueron obligados a ingerir sustancias prohibidas con el fin de mejorar su rendimiento, lo que por lo visto explicaría que algunas marcas mundiales conseguidas hace veinte años (entre 1983 y 1988 se establecieron 12 de los actuales récords mundiales femeninos) hoy día ni siquiera se rocen, igual que explicaría el hecho de que algunos países, entre ellos la propia Alemania, se hayan visto obligados a indemnizar a antiguos deportistas de élite que contrajeron graves enfermedades a causa de esos programas de dopaje forzado.

Inés Geipel

 A primera vista, el gesto de Inés Geipel, además de un tanto aparatoso -por no decir teatral-, parece encomiable; no hay que descartar que sea de una necedad perfecta. No diré que el hecho de que Geipel, que al retirarse como atleta padeció bulimia y serios problemas de obesidad, sea en la actualidad profesora universitaria y presidenta del Círculo de Autores Alemán avala esta sospecha, pero tampoco la elimina. Confieso que nunca he entendido todo el asunto del dopaje, un asunto que, sobra decirlo, no afecta sólo a los antiguos países comunistas, sino que está a la orden del día en todas partes y en casi todos los deportes. Por supuesto, es inaceptable que a los deportistas, como a cualquier otra persona, se les obligue a drogarse, o que se les drogue sin que tengan conocimiento de ello, y de las consecuencias que acarrea. Pero ¿y si son ellos los que, como ocurre casi siempre (como ocurría también en los países comunistas), deciden drogarse para mejorar sus marcas? Conocemos los argumentos usuales contra el dopaje. Uno: quien se dopa hace trampas, pues mejora artificialmente su rendimiento y coloca a sus competidores en situación de desventaja. Dos: quien se dopa pone en peligro su salud y hasta su vida. El primer argumento carece de la menor consistencia: si todos los deportistas pudieran doparse -es decir, ingerir las sustancias que más convienen a su organismo para que éste dé lo mejor de sí mismo-, todos estarían en igualdad de condiciones y nadie se hallaría en desventaja; por eso el gesto de Geipel es una necedad: todas las atletas alemanas de su época se dopaban, así que todas corrían en las mismas condiciones, y por tanto su récord es de una legitimidad absoluta. En cuanto al segundo argumento -el que atañe a la salud de los deportistas-, es irrefutable, pero también rigurosamente insuficiente, porque en una sociedad libre todo el mundo debe tener derecho a poner en peligro su salud, o incluso a destruirse, como le plazca, siempre y cuando no destruya a nadie con él. Claro que hay razones menos estúpidas para poner en peligro la propia salud que rebajar una marca de atletismo en medio segundo, pero ése no es motivo suficiente para impedir que alguien lo haga si así lo ha decidido.
No se escandalicen. Piensen en lo que ocurriría si elimináramos los logros obtenidos con la ayuda de las drogas por políticos, por periodistas, por empresarios, por artistas. De los escritores, ni hablemos. Cuenta Graham Greene que a finales de los años treinta se sometió a una dieta salvaje de bencedrina para forzar su ritmo de escritura. El resultado fue que en ese tiempo escribió El agente confidencial y terminó El poder y la gloria; también, que se vio sumido en una depresión sin fondo que acabó destruyendo su matrimonio y a punto estuvo de destruirle a él. El caso de Greene no es, como se sabe, insólito. De hecho, la historia de la literatura apenas registra el nombre de algún escritor que no se dopase del modo que fuese, y yo sólo conozco a dos novelistas -J.M.Coetzee y Kazuo Ishiguro- capaces de aguantar a pie firme un cóctel literario entero sin embriagarse. De acuerdo, Ishiguro y Coetzee son dos de los mejores, pero ¿qué hacemos con los demás? ¿Obligamos a que desaparezcan de las librerías El agente confidencial y El poder y la gloria porque fueron escritas con la ayuda de la bencedrina? ¿Prohibimos las obras completas de James Joyce y Ernest Hemingway y Samuel Beckett y Scott Fitzgerald y William Faulkner porque fueron escritas con la ayuda masiva del alcohol? ¿Y qué ocurriría si sometiéramos a controles antidopaje a políticos, periodistas, empresarios y artistas?
 ¿Cuántas constituciones y tratados, cuántos periódicos, cuántas empresas, cuántos cuadros y esculturas superarían la prueba? En too este asunto del dopaje en el deporte, el fariseísmo y la hipocrecía alcanzan cotas fabulosas. Y, por favor, no nos vengan con la pamema de que los deportistas deben ser un ejemplo para la juventud: si ellos lo son, con mayor motivo deberían serlo políticos, periodistas, empresarios, artistas y escritores. Vivir es un deporte de riesgo, y hemos construido la civilización a base de destruirnos, con las drogas y con lo que teníamos a mano. Excluir las drogas del deporte es excluirlo de la civilización.


Javier Cercas, en El País Semanal, núm. 1.523, 4 de diciembre de 2005, pág.12.