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sábado, 4 de julio de 2026

ORFANDAD FUTBOLÍSTICA, 'EL PARTIDO' DE PIERO TRELLINI Y NOTAS SOBRE EL MUNDIAL DE FÚTBOL 2026


El partido, de Piero Trellini y noticias del Mundial 2026
Fotografía: Pedro Delgado

Los que nos hicimos de la selección italiana en el mundial patrio del 82, asistimos a esta edición –y ya es la tercera vez– con un tremendo sentimiento de orfandad, preguntándonos quién volverá a sacarle lustre a la tetracampeona –si yo fuese un directivo de la federación transalpina, no me cabe duda de que ya estaría hablando con Didier Deschamps para que después de dirigir a Les Bleus hiciera las maletas y retornara a Italia, donde ya vivió sus mejores años futbolísticos con la Juventus, para tomar los mandos de la azzurri–.

 Mientras tanto, para suplir esa orfandad, he sacado del estante de los libros pendientes de lectura El partido, de Piero Trellini, y lo voy leyendo entre una retransmisión y otra.

 El libro hace referencia al último encuentro del grupo C del Mundial 82 –el de Rossi, Platini, Zico, Rummenigge, Boniek y Maradona–, el que enfrentó a Italia contra Brasil con el pase a semifinales en juego. Italia llegó a ese partido tras una fase de grupos decepcionante, en la que rascó tres empates con Polonia, Perú y Camerún, mostrando un fútbol anodino. Aquellos resultados la llevaron a encuadrarse, en la segunda ronda, con Argentina y Brasil. Aquel era el grupo más difícil, con los campeones del mundo y los mejores del mundo. «Nadie, lo que se dice nadie, pensaba que pudiéramos tener la menor posibilidad». Sin embargo, el equipo de Enzo Bearzot comenzó a funcionar como una banda de jazz, música por la que el seleccionador italiano sentía pasión. En un equipo jazzista hay un gran trabajo de conjunto, una cohesión enorme y, de repente, la entrada del solista: Paolo Rossi, que se convirtió en el goleador del mundial.

 Italia y Brasil ganaron sus respectivos encuentros contra Argentina, y midieron sus fuerzas la tarde del 5 de julio en el Estadio de Sarriá. Barcelona y el mundo entero asistió a los mejores 90 minutos de la historia del fútbol.

 Antes de abrir el libro uno se pregunta cómo un partido puede dar para 510 páginas. Luego uno descubre que el texto de Trellini es muchísimo más que eso, y que no quisieras que se acabara.

Piero Trellini tenía solo doce años el 5 de julio de 1982, cuando Brasil e Italia se disputaron el pase a la semifinal del Mundial de España. El resultado parecía decidido: los brasileños poseían la belleza de la técnica y la ejecución; las apuestas estaban con ellos. Para los italianos, sumidos en un silencio tácito de años y en una guerra con el mundo y consigo mismos, el reto era imposible. Sin embargo, tras ese día, el fútbol nunca volvió a ser lo mismo. Ganó un país que no se atrevía a soñar con una victoria.
 Este libro es el relato de una pasión narrado con la pulcritud de un historiador, la curiosidad de un reportero y el entusiasmo de un aficionado. En él caben desde los anteriores Mundiales hasta la trayectoria política de los países implicados, desde las figuras de los jugadores hasta el análisis del minuto a minuto. Es una crónica apasionante con un elenco de personajes inolvidables (Rossi, Sócrates, Falcao, Junior, Conti, Tardelli, Zoff) del que quizá fue el mejor partido de fútbol de la historia. Pero no es solamente una oda al juego, es también la recreación del ambiente político, social y económico de los años setenta y ochenta, un recorrido que trasciende el ensayo deportivo para entender lo que fuimos y tal vez nunca volveremos a ser.
«Será un partido que recordaremos, del que hablaremos todavía cuando hayan pasado muchos años y sus principales protagonistas sean sólo nombres vinculados a la mitología del fútbol».
Mario Vargas Llosa

 Por supuesto, les prometo una reseña cuando llegue a esa última página.

 Del Mundial actual, decirles que, de lo visto hasta ahora, me quedo con el juego de Francia y Argentina. Es un gusto comprobar que, como en el último campeonato, ahí sigue Messi haciéndonos celebrar sus goles y con ellos los de la albiceleste. Si España no lo remedia –ojalá que podamos añadir otra estrella a la camisola–, creo que vamos camino de reeditar la final del último mundial –Qatar 2022–.

Messi sigue en racha en el Mundial 2026 (EFE)

 De entre las novedades de esta edición, rechazar categóricamente la de las pausas para hidratación cuando las condiciones de calor y humedad no lo requieren, pues alargan innecesariamente el tiempo que permanecemos delante de la televisión. Más que para los futbolistas, parece que estén pensadas para esas generaciones jóvenes que son incapaces de mantener la concentración en algo durante mucho tiempo o para el norteamericano medio que es ajeno a este deporte y corre el riesgo de aburrirse. Lo único positivo de ellas es que nos permite ir a la nevera a por otra cerveza –eleven la proporción de las sin alcohol si no quieren dejar muy tocado su hígado, pues el Mundial es muy largo– sin perdernos nada del partido. Por supuesto, ya sé que esto de los cuatro cuartos es una estrategia de la FIFA para que los operadores televisivos metan más publicidad y hagan más caja, pero, como dijo Deschamps, «esos tres minutos cambian por completo el fútbol», le hace perder su naturaleza y lo convierte en algo que no es. Aunque los entrenadores pueden hacer ajustes y cambiar la dinámica de sus equipos, le corta el ritmo al equipo que va dominando y permite un alivio físico al que está más castigado.

Ilustración de Eva Vázquez para EL PAÍS
El fútbol y sus mercachifles (Juan Gabriel Vásquez)

Ahora asistimos a partidos divididos en cuatro cuartos –como en el básquetbol– y no en las dos mitades de siempre, y llamarlas pausas de hidratación no alcanza a disimular que son en realidad pausas de consumo: para que las publicidades puedan llenar esos minutos en las transmisiones internacionales. Según nos cuentan, la final de esta Copa del Mundo tendrá un intermedio de 30 minutos y no de 15, y en él habrá un show y se cantarán canciones y bailará la gente para que el fútbol se parezca a la Super Bowl: no importa que mientras tanto los jugadores se enfríen y la tensión se disperse. Cada vez que interviene el VAR para anular un gol porque un computador detectó la punta de una bota al otro lado de una línea, porque un brazo está fuera de juego aunque las piernas partan de más atrás, me digo lo mismo: en un deporte que nació en la calle y en los descampados, lo que no puedan detectar los cuatro pares de ojos de cuatro árbitros bien entrenados no debería existir. El VAR nos ha robado emoción, espontaneidad, picardía; a cambio sólo ha enriquecido a los fabricantes de una tecnología que le hubiera quitado al mundo el gol de Maradona en 1986.
Juan Gabriel Vásquez, El fútbol y sus mercachifles
EL PAÍS, domingo 21 de junio de 2026

 Lo que sí me gustó es la ampliación de los equipos participantes. Con 48 equipos en liza, de países tan diversos, la sensación de que asistimos a un Mundial es mucho mayor. Y encima muchas de esas nuevas selecciones han dado la sorpresa y se han metido en dieciseisavos, como Cabo Verde y República Democrática del Congo, a punto ambas incluso de clasificarse para octavos.

Cabo Verde - Mundial de Fútbol 2026

República Democrática del Congo-Mundial 2026
Fotografía: Imago images / Anadolu Stringer

 Además, todos los equipos han rendido a buen nivel y ningún partido ha carecido de emoción, con los grandes espadas –Messi, Mbappé, Haaland, Kane, Dembélé, Vinícius, Oyarzabal, Cristiano– inspirados de cara al gol, que es la salsa de todos los partidos.

Oyarzabal goleador de la selección española en el Mundial 2026 (EFE)

 Otra cuestión que quiero destacar, más allá del tema de las arrugas que se hacen en el hombro de las de una determinada marca, es el diseño de algunas de las camisetas que se están viendo en este Mundial.

Pedri con la segunda equipación de España (Mundial 2026)
Fotografía: Pedro Delgado

 La segunda equipación de España, México y Arabia Saudí bien podrían lucir en las mejores pasarelas de moda. Al igual que la segunda de Italia, que lamentablemente no veremos en el Mundial.

Segunda equipación de Italia 2026
Fotografía: Pedro Delgado

 Y qué decir de la camiseta de Colombia, cuyas mariposas amarillas homenajean al Premio Nobel Gabriel García Márquez. El fútbol dándole una vez más la mano a la literatura.

Mariposas amarillas en honor de García Márquez
Camiseta Colombia Mundial 2026
Fotografía: Pedro Delgado

Durante décadas las mariposas amarillas han sido uno de los símbolos más representativos de la obra de Gabriel García Márquez. Aparecieron por primera vez en la novela Cien años de soledad, en la trama de amor rebelde entre Renata Remedios Buendía y Mauricio Babilonia. En aquel noviazgo furtivo, las mariposas amarillas juegan un papel fundamental porque son los insectos que revolotean constantemente, como por arte de magia, alrededor de Mauricio Babilonia. Nunca lo abandonan. Tanto así que Renata Remedios sabe que su Mauricio está cerca sólo con ver que la casa se va llenando de ellas.
Centro Gabo

 Feromonas aparte, otro tema que llama la atención es la porosidad de la que hablaba Jorge Valdano en su artículo Una bandera para cuarenta días, donde entre otras cosas hace referencia a cómo las migraciones han transformado el mapa del planeta.

Nunca hubo tantos futbolistas defendiendo una bandera distinta a la del lugar donde nacieron. Son 287 los que competirán representando a otro país. Actúa como símbolo el primer gol del Mundial: lo marcó el colombiano Julián Quiñones, para México.
 El Mundial sigue invocando una emoción antigua: sentirse parte de una comunidad. Quizás la última pregunta sea qué significa hoy representar a un país. Las fronteras son cada vez más porosas. Nunca hubo tantas identidades compartidas, tantos pasaportes, tantas vidas repartidas entre varios lugares. Pero cada cuatro años seguimos necesitando una camiseta detrás de la cual reconocernos.
Jorge Valdano, El juego infinito
EL PAÍS, sábado 13 de junio de 2026

 Uno de los casos más destacados de esa porosidad, porque su historia le permitía jugar con tres selecciones distintas, es el del jugador de la selección marroquí Ayoube Amaimouni-Echghouyab. Nacido en Vic, Barcelona, hace 21 años, se marchó con 10 a Alemania por motivos laborales del padre, y allí se formó futbolísticamente alcanzando a jugar en la Bundesliga. Finalmente, como muchos de sus compañeros de selección, entre ellos el malagueño Brahim, eligió representar al país de sus progenitores. Algo tan respetable como si hubiese elegido jugar con España, pues todos esos hijos de inmigrantes que llegan a España, o a cualquier otro país, buscando una vida mejor, que han nacido o se han criado aquí, son, por mucho que les pese a algunos, tan españoles como el que más.

Ayoube Amaimouni-Echghouyab (Mundial 2026)

 Otro ejemplo de esta porosidad aquí en España es el caso de los hermanos Williams, en el que Iñaki ha decidido representar a Ghana, el país de sus padres y abuelos, y Nico a España. Dos elecciones diferentes e igual de legítimas.

Los hermanos Iñaki y Nico Williams
Fotografía:Warren Little and Richard Pelham (Getty)

 Parecidos a ellos tenemos a los hermanos Doué, nacidos de padre marfileño y madre francesa. Mientras Guéla decidió jugar por Costa de Marfil, Désiré optó por Francia.

Los hermanos Guéla y Désiré Doué
Fotografía: Gonzalo Fuentes y Hannah Foslien (Reuters / Getty)

 Y qué decir de Michael Olise que, al ser hijo de padre anglo-nigeriano y de madre franco-argelina, tenía cuatro opciones para jugar. Al final, aunque nació y se crió en Inglaterra, decidió defender los colores de Francia acogiéndose al origen de su madre.

Michael Olise. Imagen: Panini

 Hasta ahí nada anormal, como el scouting de algunas selecciones en busca de jugadores nacidos fuera del país, pero con raíces, por ancestros, dentro. Esto es tan antiguo como el mundo, y me lo muestra Pietro Trellini en uno de los capítulos de El partido. Trellini cuenta que en 1894, los estados brasileños comenzaron a fomentar la inmigración subsidiada de familias italianas, llegando un millón de almas a los puertos de Santos y Río de Janeiro entre 1887 y 1902, y que en el equipo de Brasil que ganó el Mundial de 1958 había siete jugadores de sangre italobrasileña. También que algunos jugadores nacidos en Brasil –como Guarisi, Mazola (no confundir con Mazzola) o Dino da Costa– nutrirían la selección italiana, acogiéndose para ello al origen de sus padres o ancestros.

Cuando los Pastorin desembarcan en Brasil, un tercio de los vecinos de São Paulo son italianos. Su condición mejora con el paso de los años hasta formar una clase media que empieza a hacer grande el país. [...] Y si Charles Miller es el fundador, en los años posteriores a su labor pionera son justamente los inmigrantes de Italia quienes difunden el fútbol con la creación de clubes por todo el país. [...]
La sangre púrpura italobrasileña tiñe mucha historia del fútbol. Si en 1958 Brasil es campeón del mundo por primera vez se lo debe por lo menos a siete «italianos». Al frente de la selección está Vicente Italo Feola, hijo de un artesano y de una campesina de Castellabate, en la región de Cilento. El capitán del equipo es Hideraldo Bellini, hijo de un inmigrante de Comacchio, que también será campeón del mundo en 1962. Cuando le entregan la copa, los fotógrafos locales, tapados por sus colegas suecos, más altos, le gritan que la levante, Él los oye y hace ese gesto de alzarla sobre su cabeza que a partir de entonces se vuelve ritual. Sus compañeros de equipo son: Dino Sani, hijo de italianos, verdadero faro del centro del campo y habilísimo en los pases rápidos; Mário Jorge Lobo Zagallo, nacido en Brasil pero de orígenes italianos, que también gana el Mundial posterior y, como entrenador, el de 1970, junto con el extremo izquierdo Roberto Rivellino, llamado Rivelino, nacido en São Pauo de una familia italiana del Molise, y el defensa José de Anchieta Fontana. Feola, por sorpresa, saca a jugar en ese equipo a dos muchachos de diecisiete y diecinueve años. El primero se llama Pelé. El otro, José. El padre del segundo, Gioacchino, que cosecha caña de azúcar, le había impuesto a su hijo que alternase la escuela con el trabajo hasta conseguir un diploma de mecánico. Con el papel en la mano, José João Altafini ficha por el Palmeiras, donde tienen expuesta una foto del gran Torino. Sus compañeros de equipo lo encuentran igualito que Mazzola y lo llaman así, aunque con una sola zeta. Y Mazola es el nombre con que pasará a la historia (naturalizado italiano, el Mundial posterior lo disputa  con la camiseta azzurra y después juega en la liga italiana como compañero de equipo de Zoff).
 En ese Mundial de 1958 Italia queda fuera de la fase final después de perder 2-1 contra Irlanda del Norte el 15 de enero de 1958. El único gol italiano lo marca Dino da Costa, nacido en Río de Janeiro, hijo de un conductor italiano de trolebús, que con catorce años había entrado en el equipo juvenil del Botafogo y luego se había naturalizado italiano, después de haber formado, junto con el crac Garrincha y Luís Vinício, casi de su misma edad, un formidable trío de ataque para el equipo carioca.
 Antes que él, Amphilóquio Marques Guarisi, también conocido con el nombre italianizado de Anfilogino Guarisi y en Brasil como Filó, juega en el Corinthians y en la seleção a mediados de los años veinte hasta ser transferido a la Lazio (llamada en aquellos años Brasilazio por la presencia masiva de jugadores italobrasileños: nada menos que 14) y convertirse en campeón del mundo con la selección italiana en 1934.
 Un destino opuesto es el de José Oscar Bernardi, quien en 1982 defiende el área sagrada del Brasil de Santana contra los azzurri. Su familia es oriunda de Lucia, provincia de Rovigo. Por eso de pequeño lo llamaban el Italiano. De no haber sido futbolista probablemente habría trabajado en Monte Sião, la pequeña ciudad del estado de Minas Gerais que vive del sector textil (pero sin aguja, solo ganchillo: es la tradición). Su madre ha sido una de las pioneras. Su padre Dino forma parte de una familia de zapateros emigrada a Brasil desde Italia. Un ejemplo para Oscar. En su familia nadie ha conocido la riqueza, todos han trabajado. Esto le ha enseñado mucho. La humildad por encima de todo. Tradicionalistas (seis hijos) y religiosos (a misa los domingos, a las procesiones en las fiestas, en peregrinación a la Aparecida todos los años), los Bernardi son los primeros italianos que se han instalado en la zona.
 Angelo Benedicto Sormani tiene los mismos orígenes: abuelos paternos de Garfagnana y maternos de Rovigo. Apodado Pelé Blanco, compañero de equipo del O Rei original en el Santos, termina su brillante carrera en el equipo italiano Lanerossi Vicenza cuando el club compra a un joven desconocido de nombre demasiado corriente: Paolo Rossi.

 Lo que no me parece bien ni termino de entender, en este y en todos los deportes, es que se nacionalice a deportistas que ya han representado a otros países en categorías juveniles o absolutas. Eso ya me parece un doping administrativo, detrás del cual hay un beneficio para el jugador, que de otra forma no podría acceder a un evento de este tipo, y para la federación, que ve así reforzado el potencial deportivo de su equipo, desvirtuando la competición. En algunos casos, incluso hay una transacción económica importante de por medio, lo que me parece todavía peor. Difícil controlar esto si los organismos deportivos que tienen que tomar medidas hacen la vista gorda. «Es la globalización», dirán algunos. La globalización haciendo su trabajo...

 ¡Que siga rodando el balón! Y ojalá que España vaya de menos a más y esté el domingo 19 en Nueva York. Un España-Argentina sería increíble. El campeón de Europa contra el de América. La Finalissima, que no se jugó, en el marco de un Mundial. ¡Qué poco cuesta soñar!

sábado, 9 de julio de 2022

¿PERO POR QUÉ DIANTRES NO SALTA POR CUBA?


España nacionaliza a la mayor promesa del atletismo mundial: Jordan Díaz
Fotografía: Diario de Cuba (Deportes Andy Lans/Twitter)

El otro día, zapeando, me enteré de la polémica que había con la nacionalización exprés del estadounidense Lorenzo Brown para que pueda jugar el Eurobasket con la selección española de baloncesto. El jugador no tiene ningún tipo de arraigo con España, y la Asociación de baloncestistas profesionales (ABP) había emitido un comunicado en el que consideraba éticamente reprobable la medida. Empezaba con la siguiente pregunta: «¿Es creíble que la actual selección campeona del mundo no encuentre jugadores españoles con los que competir en las citas de máximo nivel internacional?».

Lorenzo Brown con la camiseta de los Toronto Raptors
Fotografía: Twitter Toronto Raptors

 Yo me hago otra pregunta: ¿Qué razones excepcionales hay para la nacionalización en el acto de un deportista que no tiene ningún tipo de arraigo con España? Porque el asunto podrá ser legal, pero es discutible. Para mí es otro ejemplo más del doping administrativo que llevan a cabo las federaciones para aumentar el número de medallas en los campeonatos. No sé si más medallas da más visibilidad, y eso se traduce en más dinero en subvenciones del Consejo Superior de Deportes, pero para mí este no es el camino.

Se frustra la ilusión de cualquier jugador cuando la FEB y el CSD favorecen la concesión de pasaportes legales, pero éticamente reprobables. Este tipo de acciones lejos de ayudar, dinamitan las expectativas de los jugadores, alejan al aficionado y eliminan el mérito deportivo que permite soñar con jugar en la selección nacional. [...] El jugador español tiene talento y lo lleva demostrando muchos años, pero para desarrollarlo y explotarlo necesita oportunidades en sus clubes y desde luego en la Federación Española. Nos resistimos a que se condene de esta manera el futuro de muchos jugadores que aspiran a poder jugar en la selección.
Nota de la ABP

 En atletismo recientemente hemos tenido otro ejemplo. Estoy algo cansado del tema y lo dejé pasar (a veces uno se siente Quijote luchando con molinos), pero, tras lo de Lorenzo Brown no me queda otra que traerlo a la palestra. Se trata del cubano Jordan Díaz, el flamante campeón y plusmarquista de España de triple salto en el Campeonato de España que se celebró del 24 al 26 de junio en Nerja (Málaga).

Jordan Díaz, después de mejorar el récord de España de triple salto en Nerja
Fotografía: Agencia EFE

 Después de lo de Orlando Ortega, poca gracia tienen que hacer estas cosas en Cuba.

 Ya saben mi postura sobre el tema:

–Atletas que se han criado o se han formado aquí desde niños: Sí.

–Atletas que ya vienen criados y han competido con sus países de origen: No.

 Los segundos solo pueden competir por su país de origen, no por el de adopción. Si no, estaríamos adulterando la competición, convirtiéndola en una engañifa; el doping administrativo del que les hablaba. Algo poco ético, se tire o no de chequera.

 Dicho esto, me parece igualmente vergonzoso que Mohamed Katir, que sí llegó de niño a España, haya tenido que esperar cinco años su nacionalización. El propio Katir se quejaba de ello tras ganar el Campeonato de España de 5.000 metros en Nerja (que por cierto, menudo carrerón se marcó): «Gracias a Dios hoy soy campeón absoluto, que eso no lo diría hace cuatro años cuando ganaba y no me daban el título por no ser español. Creo que soy el primer atleta que lleva ganando crosses desde juveniles hasta promesas. Gané cuatro años seguidos el campeonato nacional, pero no me daban la medalla. Llegaba a mi casa y me daba la enhorabuena mi padre por haber ganado, pero no me daban la medalla y me sentía fatal. Me quedaba horas llorando».

Mohamed Katir, Campeón de España de 5.000 metros (Nerja, 2022)
Fotografía: RFEA (Miguelez Team)

 Katir, que nació en Alcazarquivir, Marruecos, en 1998, llegó con cinco años a Mula, Murcia, donde la familia estableció su residencia. En 2015, a los 17 años, solicitó la llamada nacionalidad exprés, pero su solicitud se quedó en un cajón. Mientras seguía ganando carreras, inició también los trámites para solicitar la nacionalidad por residencia, un proceso mucho más lento en el que la mayoría de peticiones se topan con el muro de la burocracia. Fue por este segundo método como la consiguió a finales de 2019. A partir de ahí, en 2021, el primer año que pudo competir como español después del parón por la pandemia, batió los récords nacionales de 1.500, 3.000 y 5.000 metros. «Me he perdido Europeos y Mundiales, pero soy joven y es mejor tarde que nunca», apuntó Katir conciliador. Yo me habría cagado en la leche que les dieron.

 Y otro caso muy parecido al de Katir es el del también fondista Abdessamad Oukhelfen, que llegó a España con cinco años. A pesar de estar todos estos años afincado con su familia en Reus, no consiguió la nacionalidad española hasta enero de 2019, casi tres años después de solicitarla.

Abdessamad Oukhelfen, también afincado en España desde los cinco años
Fotografía: Pablo García

 Ambos son buenos ejemplos de atletas que habría que haber nacionalizado rápido, porque se han criado y formado aquí desde niños y han optado competir por su país de adopción.

 Como ven, ambos casos son muy distintos al de Jordan Díaz que, según la prensa, se escapó de una concentración de la selección cubana en Valencia en junio de 2021, y en ocho meses consiguió la nacionalidad. En una entrevista de El País doy con la respuesta al titular de mi entrada.

'Tú tienes que irte, tienes que irte si quieres ser grande', ¿sabes? Si quieres coger los beneficios que te corresponden...*

*https://elpais.com/deportes/2022-06-04/jordan-diaz-el-atleta-que-cambio-cuba-por-espana-mis-padres-me-dijeron-tienes-que-irte-si-quieres-ser-grande.html

 En 2017, el presidente de la IAAF, Sebastian Coe, viendo cómo proliferaban las nacionalizaciones exprés sin que mediase un arraigo, trató de poner un poco de orden en el asunto, y tras exclamar eso de «¡order, order!», al modo del speaker John Bercow en la Cámara de los Comunes del Parlamento de Londres, paralizó todas las solicitudes exprés. Por lo que veo, se ha vuelto a abrir la veda. Quizás la IAAF debería volver a controlar el tema. Un poquito de order, please.


Sebastian Coe avisa: La IAAF estudiará caso por caso las nacionalizaciones de atletas:

viernes, 9 de febrero de 2018

CRÍA CUERVOS Y TE SACARÁN LOS OJOS


Ilias Fifa  / Fotografía: Michael Kooren (Reuters)

La policía lo dejó bien clarito en el telediario de ayer: Ilias Fifa ganó aquel campeonato de Europa de 5.000 metros (Amsterdam 2016) completamente dopado, con EPO y una sustancia llamada TB-500 que enmascaraba el subidón de testosterona. Además, en su casa encontraron un nutrido botiquín de productos prohibidos, con lo que también se le acusa de tráfico de sustancias dopantes. Para esto, mejor se hubiera quedado en Marruecos.


 Como suele ocurrir, Ilias Fifa lo negó todo al inicio de este culebrón, allá por el mes de octubre, y seguramente lo seguirá haciendo, pues negar la mayor es de 1º de Sinvergüenza. Por mí, puede seguir llevándose las manos a la cabeza todas las veces que quiera. Sus palabras ya no tienen credibilidad.

 Con su actitud Fifa ha traicionado al atletismo, a la federación, a todos aquellos que apoyaron su nacionalización tras llegar a España con 16 o 17 años en los bajos de un camión –ya saben mi opinión a ese respecto–, y a otros atletas de origen marroquí que sin culpa se pueden ver ahora señalados. Sin olvidarme, pues son los principales damnificados, de todos aquellos atletas que han competido contra él y a los que les ha birlado una plaza en la selección, en un podio, en un contrato de esponsorización, etc. Para ellos, como para mí, Fifa no es más que escoria –cosa vil y de ninguna estimación según la RAE–,  algo de lo que le podría hablar mucho Lydia Valentín, olímpica en halterofilia que está recibiendo ahora, una década después, las medallas que le correspondían y que tramposos como él le hurtaron.

Lydia Valentín / Fotografía: Álvaro García

https://elpais.com/deportes/2018/01/16/actualidad/1516091613_454902.html

Vil según la RAE:
1. adj. Bajo o despreciable.
2. adj. Indigno, torpe o infame.
3. adj. Dicho de una persona: Que falta o corresponde mal a la confianza que en ella se pone.


Nota: Según el diario EL PAÍS, el levantamiento por parte del Juzgado número 4 de Mataró del secreto sumarial (unos 3.500 folios) de la Operación Chamberí contra el dopaje, ha permitido confirmar que no solo Fifa, campeón de Europa de 5.000 metros en 2016 con la camiseta de la selección española, sino también Ayoub Mokhtar, campeón de España de 3.000 metros en pista cubierta en 2016, estaban en sesión de productos prohibidos lo que, aparte de las posibles consecuencias penales les hace acreedores a una sanción mínima de dos años de suspensión. La policía implica también a otro nacionalizado, Mahdi Lahouifi, bronce junior en el europeo de campo a través en 2015, y considera cabecilla de la trama a Mostafá Benslimane. Tampoco se descartan nuevas detenciones.

jueves, 16 de febrero de 2017

POR FIN UN POCO DE CORDURA


Sebastian Coe, Juegos Olímpicos Los Ángeles 1984

Dos buenas noticias este mes para los que amamos el atletismo:
-el anuncio del presidente de la IAAF, Sebastian Coe, de paralizar todas las solicitudes de nacionalizaciones;
-y la aprobación por el Consejo de Ministros del Decreto-Ley que modifica la Ley del Dopaje de 2013, lo que significa que se amplían de dos a cuatro años las sanciones por dopaje, así como el tiempo de prescripción de éstas, que pasa de ocho a diez años. Con la nueva ley se recogen además dos nuevas infracciones: la complicidad y la asociación prohibida.

 La primera me parece una decisión tan valiente como necesaria, y la segunda nos pone al día, en lo que respecta a normativa, con la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).

 Nacionalizados y Doping, dos temas ante los que siempre se ha posicionado este blog.

Nacionalizados:

http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/01/are-you-qatari-zi-picha-zi.html








http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/12/espana-arrasa-en-el-europeo-de-cross.html








http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/12/no-querias-caldo-pues-toma-dos-tazas-el.html

miércoles, 2 de marzo de 2016

ESTO ES PARA MEAR Y NO ECHAR GOTA

Abeba Aregawi, oro en los 1.500 metros en el Campeonato del Mundo de Atletismo en Pista Cubierta (Sopot 2014) Fotografía: M. Dunham (AP)

Me he quedado patidifuso al abrir El País y ver la noticia del dopaje de la etíope Abeba Aregawi, campeona del mundo de 1.500 metros al aire libre en 2013 y en pista cubierta en 2014. Al parecer, ha dado positivo por Meldonium, que no sé lo que es, pero suena a mierda. Qué tristeza sin fin, como cantaba Aznavour, que Etiopía siga la senda de Kenia y Rusia y venga a engrosar la agenda de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en cuanto a escándalos y corruptelas varias.
 Lo único que me ha arrancado una sonrisa -qué digo una sonrisa: una carcajada- es saber que Abeba Aregawi, que corrió en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como etíope (quedó 5ª en la final de los 1.500), es sueca por matrimonio. Su primer marido era etíope con nacionalidad sueca, y digo su primer marido porque luego se divorció para casarse con otro etíope en Etiopía, a donde se fue a vivir y a pagar sus impuestos. Visto lo visto, ya sé de qué se reía Abeba en la foto. Si es que es para chotearse.

Abeba Aregawi corriendo por Etiopía en los Juegos Olímpicos de Londres 2012


Posdata: Y acuérdense de votarme, que hoy es el último día.

http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2016/02/calle-1-en-los-x-premios-20blogs-de-20.html

martes, 22 de diciembre de 2015

¿NO QUERÍAS CALDO? PUES TOMA DOS TAZAS: EL MANIFIESTO DE LOS VALLISTAS ESPAÑOLES


Orlando Ortega representando a Cuba en los Juegos Olímpicos de Londres 2012
(ICO)

Me mandan la carta de queja que escribieron los vallistas españoles a la RFEA con motivo de la nacionalización, por carta de naturaleza, de los cubanos Orlando Ortega  y Yidiel Contreras, especialistas de 110 metros vallas.
 El manifiesto lo escribieron a primeros de agosto, y, como en esas fechas España andaba a medio cerrar, con casi todo el mundo por ahí de vacaciones (yo mismo estaba esos días con mi hijo pequeño recorriendo las escenarios de la batalla del Somme y las playas del Desembarco de Normandía), me invitan a compartirlo ahora y a mostrarles mi apoyo.

Manifiesto de los vallistas españoles ante la nacionalización de los atletas cubanos
@vallistas110_

 Por si había dudas de los tejemanejes de la federación, os dejo la última perla del muchacho de la foto:
"Soy español porque España me lo pidió".
http://www.thewangconnection.com/orlando-ortega-soy-espanol-porque-espana-me-lo-pidio/

También os anoto el enlace de la página de donde he sacado el manifiesto, el cual figura en otra buena entrada de Fran Aguilera Moreno para theWangConecction.com

http://www.thewangconnection.com/nacionalizaciones-expres-cartas-que-desnaturalizan/

lunes, 14 de diciembre de 2015

ESPAÑA ARRASA EN EL EUROPEO DE CROSS ¡¡¿PERO A QUIÉN QUIEREN ENGAÑAR?!!

Selección Española en el Campeonato de Europa de Campo a Través

El canal 24 horas anunciaba anoche, desde los bajos de la pantalla del televisor, que España había arrasado en hombres en el Campeonato de Europa de Cross: Plata y bronce individuales. Oro por equipos. ¿Pero a quién quieren engañar?, pensé, si Alemayehu Bezabeh (2º clasificado) es de Etiopía, y Adel Mechaal (3º), Ayad Lamdassen (4º) e Ilias Fifa (5º) son de Marruecos.

 Lo más triste de todo es que Roberto Alaiz, que es español de verdad (leonés para más señas), se vio así relegado al 7º puesto y ni siquiera pudo puntuar para el equipo, pues sólo lo hacen los cuatro primeros atletas de cada país. Pero es que es más. Si consideramos que el ganador de la prueba fue el Keniano Stanley Kiprotich, que ahora corre por Turquía como Ali Kaya, y echamos cuentas, vemos que Roberto Alaiz sería el verdadero Subcampeón de Europa de Cross y el gran damnificado de esta política de nacionalizaciones, una especie de doping administrativo.


Roberto Alaiz esprintando con el francés Durand (8º y 7º clasificados respectivamente)
Detalle de una fotografía de TheWangConnection.com y SportMedia.es

 Los otros damnificados serían los franceses Florian Carvalho y Durand, que aparecen 6º y 8º en la clasificación cuando deberían haber subido al podio como el Campeón de Europa y el Tercero respectivamente.

 Todos los nacionalizados podrían correr con sus países de origen si se lo propusieran, así que, señores dirigentes, no me hablen de pateras, de inmigrantes ni de chorradas, como hicieron el otro día en Málaga cuando les saqué el tema. Se equivocan si piensan que éste no es un problema para el atletismo. No sólo lo es, sino que lo es bien grande, pues la competición está totalmente adulterada. Y encima, en esta engañifa, "España" ha establecido un nuevo récord al ganar el campeonato con 14 puntos, cuando el mejor registro lo ostentaba desde 1994 la selección portuguesa, con aquellos Paulo Guerra, Domingos Castro, Antonio Pinto y Alberto Maravilha que vencieron con 20 puntos.

 Imagínense por un momento que Messi, Neymar, Luis Suárez, Ronaldo y Rakitic se nacionalizaran españoles, como Costa, y los seis jugasen en La Roja la próxima Eurocopa. ¿Les gustaría? ¿Se sentirían ustedes representados por ese equipo? ¿Se enorgullecerían de ganar el campeonato? Pues esto es lo que está pasando en el mundo del atletismo. La ya conocida como Selección cuscús no me representa, y no creo que ni a Marruecos ni a Etiopía ni a Kenia les haga mucha gracia la cosa.

 Y luego se quejan de que la retransmisión del Campeonato sólo haya tenido un 1.1% de share. Si es que no se enteran... A este paso, entre esto y el doping, se van a cargar el Atletismo. Señores dirigentes, nacionales e internacionales, dejen de hacer trampas para ganar medallas y pónganse a legislar una normativa que impida esta farsa: que atletas que ya hayan competido por sus países no puedan competir por otro; que los nacionalizados hayan tenido que pasar su infancia en el país de adopción o que sólo pueda competir un nacionalizado en cada equipo de cross. Aplíquense a la tarea y piensen algo, que para algo les pagan. Lo que no puede ser es que, por poner dos ejemplos, Ayad Lamdassem venga a España a correr con Marruecos un Mundial Universitario y se quede aquí para correr con la selección española, o que la fémina Trihas Gebre venga desde Etiopía en 2010 a correr la Behobia-San Sebastián y la nacionalicemos para reforzar la selección española femenina de cross.

 Si nuestros nacionales no pueden ir a un Europeo o a un Mundial porque esta gente les cierra las puertas, ¿qué motivación les va a quedar para entrenar? Que corran el presidente y sus palmeros, pensarán con razón. Con este equipo, con estos dirigentes, pasa como con los políticos: que no nos representan.

Nota: 
 El otro español, Juan Pérez, de Ciudad Real, entró en el puesto 44º.
 Si quieren profundizar sobre este tema, les recomiendo leer la entrada que escribí en enero de este mismo año, y el artículo de John Carlin "La mentira se come al fútbol internacional".

http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/01/are-you-qatari-zi-picha-zi.html

http://deportes.elpais.com/deportes/2013/10/12/actualidad/1381599377_906414.html

jueves, 22 de enero de 2015

ARE YOU QATARÍ? ¡ZÍ PICHA, ZÍ!

Cabeza de carrera y medallistas del último Europeo de Cross: dos keniatas-turcos y un etíope-español

"Si esta práctica no cesa, entonces las carreras de larga distancia en los Europeos se convertirán en Campeonatos de Etiopía, en los que participarán algunos atletas de Marruecos y Kenia. Nosotros no seguiremos el camino de Azerbaiyán y Turquía, que ganan medallas con las piernas de corredores africanos".
Valentín Balájnichev
Presidente de la Federación Rusa de Atletismo



Ayer se enfrentaron las selecciones de España y Qatar en el Mundial de balonmano que se está disputando en el emirato árabe, una competición de la que todo el mundo ha tenido noticia por esos aficionados conquenses que han sido "contratados" para animar al equipo local, algo que me parece de lo más triste, y conste que no lo digo por los aficionados hispanos, que si a mi me pagan viaje, estancia y manutención, también me apunto. Pero bueno, no voy a hablarles aquí del corazón partío de esos animadores patrios que tuvieron que animar ayer a Qatar (menos mal que ganó España 28-25 y así todos quedaron contentos), sino del escandaloso hecho de que sólo dos jugadores del equipo local hayan nacido en Qatar. ¿No les parece una farsa tremenda que la federación qatarí de balonmano haya nacionalizado a ocho jugadores para tratar de brillar en su campeonato? Entre ellos están el español Borja Fernández y el portero bosnio del Barça, Danijel Saric.


Borja Fernández con la camiseta de Qatar (Fotografía: HandStation)


 Según he leído, cada nacionalización le ha costado al emirato 40.000 euros. Si a eso le añadimos un sueldo de 13.000 euros al mes y un incentivo de 100.000 euros por cada triunfo, a ver quién se resiste. Por tanto, nada que objetar en contra del pivote asturiano ni de ninguno de los otros nacionalizados. Pero a quien sí hay que decirles ¡Basta! es a los organismos deportivos internacionales. Un ¡BASTA! bien fuerte para que detengan ya esta mentira, esta pantomima que afecta cada día a más deportes y países. A España también, que aquí tenemos, o tuvimos, al serbio Arpad Sterbik en balomnano, al chino He Zi Wen "Juanito" en tenis de mesa, al alemán Johann Mühlegg en esquí de fondo (que encima nos salió drogata), al brasileño Fernandao en fútbol sala, al congoleño Serge Ibakka en baloncesto, a la rusa Nina Zhivanevskaya en natación o al tan traído brasileño Diego Costa en fútbol. Y eso por poner unos ejemplos, pues son muchísimos más.

 ¿Saben que la delegación española llevó a los Juegos Olímpicos de Pekín a 22 deportistas que no habían nacido en España? ¿Y que esa cifra se superó en los últimos Juegos de Londres? Si fuesen de segunda generación, o si se hubiesen criado aquí, me parecería bien, pero cuando no es así, me parece una penosa compra de medallas, como las de oro de Bezabeh (Campeonatos de Europa de Cross de 2009 y 2013), Niurka (Mundial de 1999) y Alozie (Campeonato de Europa de 2002), o la de bronce de Joan Lino (Juegos Olímpicos de 2004) en atletismo.


Aelemayehu Bezabeh


 Porque en atletismo tampoco nos quedamos cortos. Aquí tenemos nacionalizados a marroquíes (Ayad Lamdassem y Abdelaziz Merzougui), a etíopes (Aelemayehu Bezabeh), a cubanos (Niurka Montalvo, Yesenia Centeno y Joan Lino), a nigerianos (Glory Alozie y Josephine Onyia), a ecuatorianos (Jackson Quiñónez)... 


Ayad Lamdassem (Fotografía: Le Soir)

Merzougui (Fot: José Antonio Miguelez)


 ¿Saben que antes de nacionalizarse española Glory Alozie ya fue Subcampeona Olímpica en Sidney por Nigeria?




 ¿Y que Niurka Montalvo fue con Cuba subcampeona del mundo en salto de longitud antes de ser campeona con España?


Niurka Montalvo (Foto: S. Carmona)


 Además de pervertir la competición, estas nacionalizaciones cierran el paso a los atletas nacionales, no ya sólo a campeonatos internacionales, sino también a becas y sponsors. Y, para colmo, algunos nos salen rana y ensucian este deporte con sus problemas de dopaje (Bezabeh, Yesenia u Onyia).

  A nivel internacional, el primer caso que llamó mi atención, hace muchos años, fue el del keniata Wilson Kipketer, especialista en los 800 metros que, ya con la nacionalidad danesa, ganó 5 oros entre mundiales y europeos y dos medallas olímpicas. Un keniata corriendo por Dinamarca. 


Wilson Kipketer (Fotografía: Alberto Estevez)


 Aquello fue un shock. Igual que lo fue ver ganar al keniata Stephen Cherono el Campeonato del Mundo de 3.000 metros obstáculos con la camiseta de Qatar, cuando un año antes había ganado para Kenia los Juegos de la Commonwealth. Del 2002 al 2003 Stephen Cherono se cambió su nombre por el de Saif Saaeed Shaheen y le dio el récord del mundo de la especialidad a Qatar. Según me cuentan, la nacionalización de Cherono, su medalla, costó 1.000.000 de dólares. Me parece penoso y desolador.


Stephen Cherono ya como Saif Saaeed Shaheen


 Igual que me parece un fraude que el actual campeón de Europa de cross sea un keniata (Paul Kipkosgei Kemboi) que corre por Turquía con el nombre de Polat Kemboi Arikan, o que el subcampeon, Ali Kaya, también sea de origen keniano.


Paul Kipkosgei Kemboi ya como Polat Kemboi Arikan


 Y qué decir de la etíope Hewan Abeye, que se llama ahora Elvan Abeylegesse y le ha dado a Turquía dos platas olímpicas en 5.000 y 10.000 metros (Pekín 2008), dos oros en las mismas pruebas en el Europeo (Barcelona 2010) y una plata en 10.000 metros en el Mundial (Osaka 2007). 


Hewan Abeye ya como Elvan Abeylegesse


 Incluso Estados Unidos cuenta en sus filas con el keniata Bernard Lagat, pero ¿y qué? Que otros países nacionalicen no debería servirnos de excusa. A ver si nos enteramos de que no todo son las medallas. De que por encima de ellas está la honestidad.

 Sé que algunos dirán que hay que tener la mente más abierta, y más en los tiempos que corren. Para ellos dejo aquí el artículo de John Carlin que publicó El País el domingo 13 de octubre de 2013. Por favor, léanlo. No se puede explicar mejor el tema.


EL CÓRNER INGLÉS

La mentira se come al fútbol internacional

Por John Carlin

"Nuestra verdadera nacionalidad es la humanidad".
-H.G. Wells, novelista inglés-

Los ingleses andan desesperados por encontrar futbolistas que ofrezcan posibilidades a su selección de ganar algo tras casi 50 años sin trofeos. Por eso cuando un chico joven marcó dos goles para el Manchester United el fin de semana pasado en una ajustada victoria contra el último de la Premier, el Sunderland, se emocionaron. A los cinco minutos de finalizar el partido se oyó un clamor: "Adnan Januzaj, ¡selección!. El problema es que Januzaj no es a primera vista, como indica el nombre, precisamente inglés. Nació en Bélgica, pero por parentesco podría también vestir las camisetas de Albania, Kosovo, Serbia o Turquía. Por residencia aún no puede representar a Inglaterra pero si estuviera dispuesto a esperar unos años podría hacerlo en el Mundial de 2018. O sea, es un caso que recuerda al de Diego Costa, el jugador del Atlético de Madrid nacido en la localidad de Lagarto, Brasil, del que se ha hablado mucho en los últimos días como posible seleccionado español. Lo que a todo esto conduce es a lo que ya nos está llevando la FIFA con sus absurdas o corruptas  elecciones de sedes mundialistas: a la lenta destrucción del fútbol internacional. Januzaj tiene 18 años, los mismos que tenía Diego Costa cuando llegó a España, y la verdad es que sí, tiene pinta de crack. Tanta que no sorprendería que el Real Madrid ofreciera 100 millones por él en el mercado de invierno, lo que abriría las puertas a que España se sumase a la larga lista de países que el belga-albano-kosovar-serbio-turco-medio inglés podría representar a nivel internacional. Lo simpático sería que Januzaj optara por Albania pero, en cualquier caso, la decisión será enteramente suya. Costa lo tiene un poco más complicado, entre otras cosas porque ya ha disputado un partido amistoso con la selección de Brasil. Pero al final él tendrá que tomar la decisión y, como ha dicho: "Jugaré donde me sienta mejor". Es un lío. Y si Januzaj acaba jugando con Inglaterra o Costa con España habrá más. Mucho dependerá de las leyes de cada país en cuanto a la nacionalización. No es inconcebible que determinadas naciones cambien sus leyes para poder tener a los mejores jugadores en sus filas. Ya es mucho más fácil conseguir la ciudadanía española si uno es un jugador de primera que si uno es un extranjero sin especial talento para el balompié. Para una persona normal el trámite dura dos años; para un futbolista que milita en la Liga BBVA, dos minutos. Lo que faltaría ahora sería que en vez de haber residido en España -o en Inglaterra, o donde sea- cinco años, el tiempo necesario de residencia en un país para que un futbolista pueda cambiar de nacionalidad se rebajara a uno. En resumen, la cuestión se reduce a legalismos o a dónde nacieron los antepasados de determinado jugador. Lo cual da lugar a muchas posibilidades de debate, como hemos visto en España con el caso Costa, y en Inglaterra con el de Januzaj. Uno que lo tiene muy claro es Jack Wilshere, joven jugador del Arsenal y de la selección inglesa. "Los únicos que deberían jugar para Inglaterra son los ingleses", declaró esta semana. "El haber vivido cinco años en Inglaterra no te convierte en inglés". Lo que quería decir Wilshere es que la nacionalidad no depende de circunstancias legales sino de sentimientos subjetivos. Si cualquiera puede jugar para cualquier país con un simple cambio de domicilio, o porque descubre que tiene una abuela nacida en quién sabe dónde, lo que nos espera en el ámbito del fútbol internacional es la anarquía. Representar a un país será casi lo mismo que representar a un club. Todo dependerá de los caprichos de una directiva o, como dice Costa, del equipo en que cada jugador "se sienta mejor". Lo que distingue una selección de un club es que la selección es donde los pueblos invierten su orgullo patrio, sus sensaciones de lealtad a una misma bandera. Si las culturas nacionales de los seguidores y los jugadores de una selección no se corresponden nos convertimos en cómplices de un gran autoengaño colectivo. ¿Januzaj es inglés? ¿Costa es español? Sobre el papel lo podrían ser. Pero de veras, según el sencillo pero honesto punto de vista articulado por Jack Wilshere, ¿lo son? ¡Qué va! Y menos si admitimos que el idioma es, ante todo, lo que define la identidad nacional. Januzaj habla el inglés con acento extranjero, y Costa el español también. Su lengua auténtica, la que hablan en cada caso con sus familias, es otra. Y vayamos más lejos: el acento con el que se habla un idioma también es determinante. Que Lionel Messi jugase para España sería una mentira, como lo fue que lo hiciera Alfredo di Stéfano en la época de Franco. Sí. Vivimos en tiempos globalizados. Cada día nos mezclamos más. Pero si no estamos dispuestos a cuidar los criterios que definen quién puede jugar para qué selección acabemos de una vez con la broma del fútbol internacional y quedémonos con la identidad local o arbitrariamente tribal que nos ofrecen los clubes.


 Más claro agua.
 Por cierto, se imaginan si el pivote de Qatar fuese gaditano en vez de asturiano. "Are you qatarí?" "Zí picha, zí". Jaja, me da que después de este post y del de ¡¡¿¿Pero esto qué es??!! el emir me va a poner en su lista negra. En fin, qué vamos a hacerle.