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| Sandro Mazzola te enseña el fútbol y el artículo de Iñigo Domínguez de EL PAÍS Fotografía: Lucía Rodríguez |
Decía Iñigo Domínguez, en su artículo de EL PAÍS del pasado 27 de septiembre, que todas las historias de emigración se parecen, más allá del pasaporte y del color de la piel. Y para ello nos ponía el ejemplo de un país pobre, atrasado y bajo un régimen autoritario, donde un marroquí –el artículo se llama Vente a España, Mohamed– decide emigrar a Europa influenciado por la falta de futuro en su pueblo y los comentarios de sus amigos, que ya emigraron y le cuentan maravillas del país cuando vuelven a casa en verano. En España, a donde llega sin papeles, cae en manos de las mafias, de un compatriota explotador al que debe dar parte de su sueldo para poder trabajar; ejercer en jornadas interminables y agotadoras los trabajos más duros e ingratos que no quieren hacer los españoles. Y luego está el choque cultural, la diferencia de costumbres. "Todos venimos pensando en volver", le dice un compañero a Mohamed cuando masculla sus penalidades. ¿Les suena? Porque si cambiamos a Mohamed por Pepe, tenemos el argumento de ¡Vente a Alemania, Pepe!, película de 1972 dirigida por Pedro Lazaga, con Alfredo Landa en el papel de emigrante.
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| ¡Vente a Alemania, Pepe! (Pedro Lazaga, 1972) |
Pero Iñigo Domínguez no se queda ahí, nos habla de otro film, en este caso italiano: Pane e cioccolata (Aventuras y desventuras de un emigrante italiano), película de 1973 dirigida por Franco Brusati, con Nino Manfredi interpretando a un emigrante que trabaja de camarero en Suiza; una comedia italiana, de lo más amarga, que también nos retrata, y que después de verla me lleva a pensar que hemos olvidado demasiado pronto que somos un país de emigrantes.
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| Pane e cioccolata (Franco Brusati, 1973) |
Un compañero le pregunta por qué allí miran mal a los italianos, y le dice: "Somos demasiados. Dos millones de extranjeros en una población de cinco. Es una invasión". Aunque concluyen que si no fuera por ellos a ver quién iba a trabajar allí. Sus peripecias para seguir en el país sin papeles y pasar por suizo llegan al punto de que al final se tiñe de rubio, para parecerlo. La escena más famosa es cuando entra en un bar y hay un partido de Italia. Todos se meten con los italianos y él también, para disimular, pero cuando marca Italia no lo puede resistir y se pone a gritar gol como un loco, y así se descubre.
El autor enlaza, en la parte final de su artículo, la famosa escena del gol de Italia con la muerte, el pasada 19 de septiembre, de Sandro Mazzola, el jugador que inicia la jugada del gol en la película, leyenda de la selección italiana y estrella del Inter de los sesenta y setenta.
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| Sandro Mazzola (Turín, 1942-Monza, 2026) Fotografía: Wikipedia |
Iñigo Domínguez nos cuenta que entre los artículos de homenaje que se escribieron en los periódicos, hubo uno de un escritor que vivió en su niñez en Suiza y asistió a un Suiza-Italia, donde vio el gol más bonito de su vida, marcado, esta vez sí, por Sandro Mazzola.
Contaba que con 14 años fue a ver un amistoso Suiza-Italia en 1970 en Berna, muy emotivo para todos los inmigrantes italianos, que soñaban una victoria para darle en los morros a los suizos. Pero el partido fue mal, perdían 1-0 hasta que, a falta de cinco minutos, Mazzola empató, y para él fue el gol más bonito de su vida. Contaba el contexto político: tres meses antes se había celebrado el referéndum sobre la llamada iniciativa Schwarzenbach, un político de extrema derecha, admirador de Franco, que estaba obsesionado con la Überfremdung, traducible como "extranjerización" del país, aunque mejor no dar más ideas en este campo: propuso expulsar a 300.000 extranjeros y limitar el número al 10% de la población (entonces eran el 17%, y más de la mitad, italianos). Es curioso recordarlo ahora que Meloni quiere limitar los alumnos extranjeros a un 30% en las clases italianas. La participación fue altísima, un 75%, y al final un 54% de los suizos votó "no". Eran otros tiempos. Nosotros, los de entonces, tampoco somos los mismos. Más serios, quizá un poquitín peores.
Mi padre, cuando de crío me aficioné a jugar al fútbol, me regaló un libro sobre la técnica del fútbol escrito por Sandro Mazzola y David Messina: Sandro Mazzola te enseña el fútbol (Editorial de Vecchi, 1973). Un libro que por supuesto aún conservo y en el que he guardado el recorte de este artículo.
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| Aprende la técnica del fútbol con Sandro Mazzola Fotografía: Lucía Rodríguez |
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| Aprende la técnica del fútbol con Sandro Mazzola Fotografía: Lucía Rodríguez |
Mis padres, que ya superan los noventa años, están en ese momento de la vida en que el camino se angosta y por la cabeza ronda más el pasado que el futuro, quizás por eso mi madre aún recuerda que tenía que poner la lavadora cada vez que llegaba del entrenamiento y zurcirme las rodilleras del chandal, porque jugaba de portero y los campos eran de tierra. No como ahora, que todos son de césped artificial. Quizás también eso, como lo anterior, lo hayamos olvidado.
Nota: esta entrada está dedicada a Antonio Torres Acosta, primo de mi padre, que también fue emigrante en Suiza en los años sesenta.




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