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sábado, 20 de junio de 2026

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (IX)


Defensa de la escuela rural (Cartas al Director de EL PAÍS)
Fotografía: Pedro Delgado 

 

Defensa de la escuela rural
El miércoles, el señor Núñez Feijóo fue a divertirse a cierto programa de televisión. En un momento de la entrevista, dijo que no sabe inglés porque "esto de haber estudiado en la escuela rural tiene algún problema". Como maestro rural, no pude evitar sentir decepción y vergüenza ajena. No tanto por mi experiencia, sino por el mensaje que transmite sobre una institución educativa que ha desempeñado y sigue desempeñando un papel fundamental. La escuela rural no es un problema ni una desventaja. Para miles de niños y niñas es la garantía de acceso a una educación de calidad sin que tengan que abandonar sus pueblos. Es un espacio donde la cercanía entre docentes, alumnado y familias favorece una atención personalizada; donde la convivencia entre alumnos de distintas edades fomenta la autonomía y la cooperación. Asociar el dominio de un idioma a haber estudiado en una pequeña localidad hace un flaco favor a la escuela rural, que merece reconocimiento y apoyo, no convertirse en la excusa de las carencias de nadie.
Héctor González Mayorga. Toral de los Guzmanes (León)
Cartas al Director. EL PAÍS, sábado 20 de junio de 2026


 Of course, Mr. Feijóo! Como bien dice Héctor González, sus palabras dan vergüenza ajena.

viernes, 13 de febrero de 2026

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (VIII)


La educación que tenemos, artículo de José Luis Raya (Diario SUR)
Fotografía: Pedro Delgado

José Luis Raya Pérez es un profesor jubilado de instituto y escritor granadino –malagueño de adopción–, del que tengo algunos artículos suyos sobre educación recortados y clavados con chinchetas en el tablón de mi despacho. A ellos sumé recientemente otra pieza, que lleva por título La educación que tenemos, artículo aparecido en el diario SUR del sábado 24 de enero de este año. Por lo certero de su reflexión y por la claridad con la que explica un problema que es una realidad en muchísimos institutos, he querido compartir su reflexión con ustedes.

La educación que tenemos

Por José Luis Raya Pérez

Recuerdo cómo inicié mi modesto recorrido como articulista de este diario en 2008, cuando reflexioné sobre la precaria situación de la enseñanza pública tras asistir al estreno de 'La clase', de Laurent Cantet, una lúcida simbiosis entre docudrama y cine testimonial. Aunque ya me haya jubilado, sé de primera mano que la situación no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado curso tras curso. Muchos docentes se sienten profundamente insatisfechos con su labor; las bajas por depresión aumentan de manera alarmante y los más veteranos cuentan, con ansiedad, los días que les restan para jubilarse. Así no se puede trabajar, ni siquiera con una mínima solvencia emocional. Aprobar unas oposiciones certifica que tus conocimientos son superiores a los de otros aspirantes. Sin embargo, esa preparación cultural e intelectual resulta estéril cuando en determinadas aulas se concentra un porcentaje elevado de alumnos que carecen del más mínimo interés por aprender. En ocasiones, el profesor termina conformándose con que el alumno duerma y no moleste. Es duro admitirlo, pero cuando se busca el bien de la mayoría, se acaban tolerando determinadas actitudes, sobre todo si los padres ya han sido informados. La verdadera desazón profesional surge cuando un número significativo de alumnos disruptivos impide el desarrollo normal de una clase. Y por 'normal' entendemos algo tan básico como que el docente pueda transmitir conocimientos y, al mismo tiempo, contagiar entusiasmo e interés por aprender. Ambas cosas se vuelven prácticamente imposibles cuando uno o varios alumnos interrumpen de forma constante. Precisamente eso retrata 'La clase': una sucesión ininterrumpida de adolescentes boicoteando la enseñanza hasta la extenuación. El resultado es asfixiante. Avanzamos ya hacia la segunda década de aquel docudrama y, sin embargo, en muchos centros la realidad es aún peor. A la disrupción se suman faltas de respeto, insultos y agresiones verbales o físicas, a menudo con la connivencia –explícita o tácita– de padres y madres. Este despropósito no se limita a la educación obligatoria: también se reproduce en bachillerato. Hoy, los profesores que logran trabajar con normalidad pueden considerarse afortunados. Lo que antes era una excepción se ha convertido en norma. Los centros periféricos ya no son los únicos conflictivos; el problema se ha extendido a cualquier enclave. También conviene analizar la inversión en educación en los últimos años. Aunque ha aumentado, resulta evidente que o bien es insuficiente o bien se gestiona de forma deficiente. Probablemente ambas cosas. Se ha puesto el foco –y los recursos– en el alumnado con mayores dificultades, lo cual es loable, pero se ha abandonado al alumnado con mayor predisposición. Se ha igualado siempre desde abajo. Las adaptaciones curriculares han funcionado en algunos aspectos, pero no se ha trabajado para que los alumnos más aventajados puedan desarrollarse plenamente. El resultado es un descenso generalizado del nivel curricular. Además, muchas de estas adaptaciones se han aplicado a alumnos que antes deberían haber sido educados en normas básicas de comportamiento. Recuerdo a estudiantes cuya actitud en clase era indistinguible de la que se tiene en un concierto de rock. Si gritaban al profesor era porque en casa gritaban a sus padres. Todo apunta a que en el ámbito familiar se gesta gran parte de esta falta de respeto, disciplina y consideración. Muchos progenitores carecen de valores educativos y, ni saben, ni pueden inculcarlos; algunos, incluso, han llegado a amenazar o agredir a los docentes. Hoy, reprender a un alumno, retirarle el móvil o castigarlo sin recreo puede desencadenar reacciones absolutamente desproporcionadas por parte de sus padres. Es cierto que estos casos aún son minoritarios, y que muchos padres delegan en los docentes una educación que ellos no han sabido proporcionar. Pero esa delegación pervierte la función del profesor, que deja de enseñar para dedicarse a educar en lo más elemental. Se invierte más tiempo en inculcar normas básicas de respeto que en explicar las oraciones de relativo, las ecuaciones o la Segunda Guerra Mundial. No sorprende, entonces, que muchos estudiantes lleguen a la universidad con una formación cultural deplorable. Las redes sociales, internet y buena parte de la televisión no fomentan la cultura ni la educación; al contrario, imponen la grosería, el griterío y la violencia verbal o física. Si las nuevas metodologías educativas no están funcionando, quizá haya llegado el momento de replantearse aquello que sí lo hacía: disciplina, rigor, puntualidad y respeto a la autoridad. A ello habría que añadir medidas como limitar la interferencia de padres problemáticos, restringir el acceso a redes sociales y frenar el veneno que se inocula a través de programas basura, youtubers o influencers violentos.

 Solo así los centros educativos podrían aspirar a transformar la sociedad. Pero me temo que está ocurriendo justo lo contrario: es esta sociedad perniciosa la que ha penetrado en colegios e institutos. Si no aunamos fuerzas, todo esto acabará irremediablemente yéndose al gareteracteres con espacios.

 Afortunadamente, en mi instituto no tenemos esa problemática tan marcada, pues se optó hace muchísimos años por la disciplina, el rigor y el respeto a la autoridad, y tenemos un aula de convivencia para esos alumnos que impiden reiteradamente el desarrollo de la clase. Pero me consta, por muchos amigos y compañeros del gremio, que somos una parte de la excepción, y que la norma es la que nos retrata José Luis Raya en su artículo.

 Tengo en la videoteca de casa el DVD de La clase, que vi hace muchos años, cuando los periódicos casi regalaban las películas. Si no han visto el film de Laurent Cantet que menciona José Luis en su texto, les animo a ello.

 Pueden ver otras entradas sobre La educación en España clicando sobre los siguiente enlaces:

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/01/la-importancia-de-la-educacion-en-espana.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2020/09/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2022/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2023/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2024/06/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2025/10/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2025/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

martes, 16 de diciembre de 2025

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (VII)


La asfixia de la universidad pública madrileña. Así se muere una universidad
Artículo de Antonio Jiménez Barca (EL PAÍS)
Fotografía: Pedro Delgado

Lo que está ocurriendo en la Universidad Complutense de Madrid muestra la necesidad de defender la enseñanza pública, más cuando la infrafinanciación responde a una apuesta ideológica contra lo público. «Madrid es la versión silenciosa de una ofensiva que recorre las democracias occidentales para debilitar estas instituciones».

 Por si quieren informarse de lo que allí está ocurriendo, extrapolable a otras universidades públicas de España, les dejo aquí el artículo que apareció el pasado 14 de diciembre en el diario EL PAÍS. Lo firma el reportero y escritor Antonio Jiménez Barca.

ASÍ SE MATA UNA UNIVERSIDAD

Por Antonio Jiménez Barca

José Antonio Magán, director de la biblioteca de la facultad de Matemáticas, contaba la historia esta semana sin forzar la voz, mientras paseaba bajo la lluvia por la avenida Complutense: "Hace más de 10 años, yo participaba con colegas de Harvard y de Oxford en un proyecto para digitalizar fondos sufragado por Google. Ellos los suyos. Nosotros los nuestros. La biblioteca de la Complutense es la segunda mayor de España, después de la Nacional. Y así logramos digitalizar casi 150.000 libros del siglo XIX. Pero a partir de 2018, como ya no había personal para catalogar y seleccionar los libros, dejamos de acudir a ese programa. Ya no vamos con Harvard ni con Oxford". Y luego, con la misma voz neutra, bajo la misma lluvia pesada, añadía: "Es más: desde ese año, junto con mis compañeros de la facultad de Matemáticas, apañamos y arreglamos con pasta de cola y tijeras los manuales rotos de nuestra biblioteca porque ni siquiera tenemos fondos para reponerlos. Lo mismo hacemos con los sillones".

 La Complutense, el viejo mastodonte universitario situado en la esquina oeste de Madrid, agoniza por asfixia económica. Es la universidad más grande de España (sin contar con la UNED), con 64.000 alumnos (6.000 menos que hace cuatro años, 40.000 menos que en los 90), casi 7.000 profesores e investigadores y cerca de 3.300 trabajadores de servicios. Una ciudad entera con la población de Toledo que se pone en pie cada mañana. Aquí fueron a clase cinco premios Nobel españoles (Cela, Benavente, Severo Ochoa, Aleixandre y Vargas Llosa) y uno más, Ramón y Cajal, fue profesor. Aquí también, hace poco, los miembros de un departamento de una facultad de Económicas, muriéndose de apuro, confesaron a una colega de Granada a la que habían propuesto que diera una conferencia en el campus de Somosaguas que no tenían dinero ni para pagarle el tren. El viaje acabó abonándolo el departamento de la profesora, cuyos miembros eran conscientes de la situación casi mendicante de sus colegas madrileños. Pasarse una semana en esta universidad madrileña casi infinita, con su laberinto de facultades, pasillos, laboratorios, paseos y aulas es asistir a la degradación paulatina de esa ciudad que a cada paso está a punto de derrumbarse, y a la pelea de un ejército de profesores y de profesionales comprometidos con su trabajo que logran que cada mañana todo funciones de nuevo.

 Hay recortes en las fotocopias. La profesora de Filosofía de la Ciencia Laura Nuroga recuerda que hace unos meses les conminaron a hacer las fotocopias en la máquina del departamento en vez de ir al centro de reprografía, donde, al haber personal que atiende los pedidos, cada copia sale un céntimo o medio céntimo más cara. También se recorta en barro: en la facultad de Bellas Artes es mejor que muchos alumnos no aspiren a recrear modelos humanos a tamaño natural, ya que el material escasea y se recomienda el trabajo a escala, cuanto mayor la escala  mejor. El barro, una vez que la obra ha sido evaluada, se recicla y vuelve al arcón húmedo donde esperará a metamorfosearse de nuevo. Los alumnos que quieran cocer la pieza para conservarla deberán pagarla.

 Hay recortes en muchas suscripciones de revistas electrónicas científicas, necesarias para que los investigadores estén al día de su especialidad. Esto se suple con aplicaciones piratas, o pidiendo la clave de acceso o el PDF a colegas de la Autónoma o pagando a escote una publicación entre un grupo de profesores. Hay recortes incluso en los cadáveres. La catedrática de Anatomía de la facultad de Medicina Teresa Vázquez cuenta que el Centro de Donaciones de Cuerpos, del que es directora y en el que se tratan, se almacenan y se gestionan los cadáveres que sirven para las clases de disección, carece de una cámara congeladora supletoria. Y que esto acarrea que el número de prácticas con cuerpos reales disminuya. "Hasta las universidades americanas que hace años impulsaron los simuladores por ordenador han vuelto a lo de siempre". Y añade una de esas fases que solo pueden escucharse en la universidad: "Nada enseña más que un cadáver". Por cierto, que hace falta estómago –además de vocación– para enfrentarse a un pedazo de pierna embalsamado de un feo color cerúleo, o un bazo entero extendido, o un tórax seccionado por la mitad. De hecho, el médico que la mañana del miércoles envolvía en plásticos una cadera para reutilizarla otro día como el que envuelve una lámpara de Ikea se había desmayado el primer día de clase.

 El presupuesto de la universidad ascendió en 2025 a 632 millones de euros. La Comunidad de Madrid se hizo cargo de 412 millones. El resto llegó de las matrículas, de las aportaciones del Estado y de fondos europeos y de los propios recursos que genera el centro (la Complutense es un mundo en sí mismo y alberga, entre otras cosas, una clínica psicológica con pacientes de pago y un hospital veterinario donde no es raro ver caballos cojos o vacas enfermas). El agujero económico, a juzgar por la propia universidad, hay que buscarlo en la insuficiente inversión comunitaria En 2009, el Gobierno regional inyectó 394 millones. Es decir, en 15 años, la aportación regional ha subido un 5%. Y la inflación, un 44%. Ahí se encuentra el origen del pozo.

Préstamo con interés

Paralelamente, la Comunidad de Madrid ha ido impulsando año a año los centros universitarios privados. Hace dos días, precisamente, aprobó la implantación de la decimocuarta universidad privada de la región: IE Universidad de Madrid. La Complutense ha ido sobreviviendo gracias a los 456 millones ganados en los tribunales por la Complutense contra el Gobierno de Esperanza Aguirre (PP) por incumplimiento de planes de financiación. Pero ese dinero se acabó en 2025. De hecho, el rector, Joaquín Goyache, con un déficit de más de 30 millones pendiendo sobre sus cuentas y ante la amenaza de no poder pagar las nóminas, decidió en noviembre pedir a la desesperada un préstamo a la Comunidad de Madrid por un valor de 34, 2 millones, con 4 millones de intereses. La inmensa mayoría de los profesores y alumnos consultados para este reportaje no entiende cómo hay que pagar intereses a quien está encargado de financiarte.

 La universidad, desde principios de este año, emprendió un draconiano plan de ajuste consistente en recortar el 35% en prácticamente todo, exceptuando los sueldos. Este plan, que recuerda a los años de la troika en Portugal o a la época de la austeridad a machamartillo de la España de la crisis de 2011, durará al menos hasta 2029, según las previsiones del rectorado. Hasta que se haya pagado el préstamo.

 Eso se traduce en que cualquier facultad, cualquier departamento y cualquier actividad cuenta con el 35% menos de un presupuesto ya de por sí adelgazado. Por ejemplo, los 410.000 euros anuales que recibía la facultad de Matemáticas desde 2008 se han convertido, de pronto, en 270.000.

 En la facultad de Políticas y Sociología solo se pudieron comprar este año 10 sillas nuevas para profesores a pesar de que la comisión de riesgos laborales aconsejaba que se adquirieran muchas más, dadas las particularidades ergonómicas de las sillas viejas. Esta misma facultad cuenta con un laboratorio de imagen construido en los años ochenta que bien podría servir para rodar un capítulo de Stranger Things. "Es un poco vintage, sí", reconoce la voluntariosa decana de esta facultad, Esther del Campo. La facultad disfruta, eso sí, de una biblioteca moderna que dispone de unos ventanales amplísimos por los que entra una luz natural preciosa. Pero el miércoles pasado, la misma lluvia que empapaba al frustrado bibliotecario José Antonio Magán se filtraba por el tejado mal cerrado de la biblioteca de Políticas. Como otras veces, colocaron unas papeleras recubiertas de plástico en lo alto de las estanterías para que las goteras no estropearan los libros. Ese mismo día hubo goteras en los pasillos de Periodismo y en varios despachos de la facultad de Medicina.

 La progresiva escasez de fondos arrastra una paradoja: la infrautilización de elementos sobresalientes: hay decenas de ejemplos, de lo más pequeño a lo más grande: ahí está la magnífica biblioteca de Políticas con goteras, pero también el laboratorio de Seguridad Biológica de la facultad de Químicas, especializado en analizar virus y bacterias, parado desde hace dos años por falta de un técnico; o la pizarra electrónica en un aula de Educación, inutilizada porque no hay fondos para pagar la actualización informática; o la falta de becas internacionales que no se consiguen porque escasea el personal administrativo que se encargue de tramitarlas; o el hecho de rechazar a buenos alumnos que quieren estudiar. "Nosotros admitimos a 250 cada año; podríamos admitir a más, pero no tenemos medios: el que se lo puede pagar se va a la privada, y el que no... Y eso da coraje", explica el decano de la facultad de Físicas, Ángel Gómez Nicola. Y advierte: "Estamos en la cuerda floja".

"¿Por qué?"

Es cierto: la Complutense se debilita día a día sin que la enseñanza se resienta mucho. Es como una máquina que sigue en marcha a pesar de perder una pieza cada día sin que nadie sepa cuántas piezas más puede perder hasta que colapse. A este respecto, Gómez Nicola apunta: "Imaginemos que la Complutense no existiera, que nunca se hubiera creado: ¿Cuánto costaría levantarla? ¿Qué valor tendría? Por eso, como científico acostumbrado a preguntarme el porqué de las cosas, yo me pregunto: ¿Por qué?".

 Pablo Pose, portavoz de Educación del PP en la Asamblea especifica que la región acoge al 20% de los estudiantes universitarios de toda España, con tan solo el 14% de la población del país. Y añade que en el año 2026 se van a destinar más de 1.240 millones a las universidades públicas madrileñas y que se va a poner en marcha un plan plurianual "que las ayude a ser aún mejores". Este periódico intentó, sin éxito, recabar la versión del rector.

 A pesar del recorte presupuestario y del mordisco de la inflación, la Complutense no ha perdido puestos en el ranking de Shanghái, donde se encuentra en la quinta posición entre las universidades españolas y entre las 300 y las 400 mejores del mundo. A lo largo del curso 2024-2025 fue capaz de defender más de 800 tesis doctorales, más que todas las que son capaces de generar todas las universidades privadas de España. Esto, según muchos de los profesores consultados, obedece al compromiso casi sentimental de muchos docentes. Una de ellos, Carmen Pérez Díaz, de Veterinaria: "Yo estudié en la universidad pública. Si no, no habría podido hacerlo. Se lo debo".

 Hoy todo duerme. Pero mañana, lunes, volverá a levantarse la ciudad de la Complutense. En algunos despachos de Veterinaria no habrá calefacción. En algunas clases de Políticas la calefacción estará tan sobredimensionada debido al estado de las calderas que habrá que dar la clase en camiseta. Habrá aulas en varias facultades sin profesor porque los procesos de sustitución son cada vez más difíciles de cubrir. Pero el viejo mastodonte seguirá en pie. Sirviéndose de lo que tiene. Y conviene no infravalorarlo: con el barro reciclado de la facultad de Bellas Artes un grupo de profesores de esa facultad ayudó a modelar los bocetos de Antonio López para las nuevas puertas de bronce de la catedral de Burgos.

 No cabe duda de que defender la universidad pública es defender el futuro de la sociedad en su conjunto. Como la profesora Carmen Pérez que aparece en el artículo, yo también estudié en la universidad pública (y con becas). Si no, tampoco habría podido hacerlo. De ahí nuestro compromiso con ella.

Nota: Les dejo también el enlace a otro artículo, aparecido en el mismo periódico y día, que lleva por título 'La universidad bajo asedio' y que firma Máriam Martínez-Bascuñán, profesora de Teoría Política de la Universidad Autónoma de Madrid.

https://elpais.com/educacion/2025-12-14/la-universidad-bajo-asedio.html

lunes, 20 de octubre de 2025

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (VI)


Pizarrín (Museo Andaluz de la Educación)
Alhaurín de la Torre, Málaga

Es evidente que los profesores nos enfrentamos a menudo a una terminología mudable, cuya consecuencia única es más burocracia. Lola Pons, historiadora de la lengua y catedrática de la Universidad de Sevilla, nos lo cuenta, entre otras cosas, en este artículo del diario EL PAÍS que he querido compartir con todos ustedes.

Edulecto, el dialecto de la educación

Lola Pons

"Debe desterrarse su empleo". En 1967, un escrito publicado por el Centro de Documentación y Orientación Didáctica de Enseñanza Primaria sentenciaba así el futuro del pizarrín en las aulas españolas. Se llamaba pizarrín (y también pizarra) a la pizarrita de uso individual que manejaban los alumnos en clase antes de que los cuadernos se generalizaran. El pizarrín estaba rodeado por un marco de madera debidamente agujereado para que colgara de él un trapo con el que se podía borrar lo escrito. La normativa de 1967 censuraba el uso del pizarrín "por razones higiénicas y pedagógicas". Y sí, razones había, porque muchos alumnos escupían sobre el pizarrín antes de frotar con el trapo. La palabra pizarrín denominaba también el objeto con que se escribía, una barrita de mineral. Ambos se han quedado en el mismo ángulo oscuro del patrimonio histórico educativo donde yacen la cartera escolar que se hacía llamar cabás o los dechados que bordaban las niñas. El desuso de las cosas lleva al olvido de las palabras con que son nombradas; el vocabulario sobre la enseñanza en las aulas no es ajeno al cambio general en la sociedad.

 Junto con este vocabulario de los recursos materiales que rodean al proceso de impartir una clase, la lengua de la educación ha variado de manera acusada desde finales del siglo XX. El resultado es que, en general, no hay padres que hayan sido certificados en su recorrido educativo con el mismo léxico con el que lo han sido sus hijos. Han cambiado los nombres y la distribución de los grados educativos (la etapa de preescolar es ahora infantil), los descriptores de notas obtenidas (fui de la época de los necesita mejorar y progresa adecuadamente) o las designaciones de las pruebas de acceso a la universidad. Internamente, esa renovación se basaba en la modificación de nomenclatura administrativa y de concepción pedagógica que latía bajo las distintas (demasiadas) leyes educativas que se han sucedido en España.

 Pero esas regulaciones han incluido otros cambios que, en general, no han trascendido más allá del profesorado que se ha tenido que hacer a ellos y que han afectado sobre todo a los niveles preuniversitarios. Un mismo profesor puede haber asistido al nacimiento y la consolidación de voces como competencias y saberes, puede haber observado la relegación de examen en favor de prueba de evaluación, habrá aprendido que el aula de expulsión pasó a llamarse aula de convivencia (allí siguen yendo los expulsados), se estará haciendo ahora al término diseño universal de aprendizaje y habrá sido testigo de la proscripción de los contenidos, la palabra estrella de otro tiempo que ahora merece para muchos un "debe desterrarse su empleo" como se hizo con el pizarrín y su salivilla.

 El resultado ha sido la conformación gradual de lo que podemos llamar edulecto. El lenguaje jurídico o el médico son, por la especialización de su vocabulario, tecnolectos, dialectos profesionales; el lenguaje de la educación se ha ido configurando en las últimas décadas como tecnolecto. Uso edulecto para denominarlo, buscando el equivalente hispánico de lo llamado en inglés edspeak, el término que, con la inspiración del new speak de Orwell, hoy convive con eduspeak, educationese o pedagogese. Diane Ravitch reunió bajo ese nombre un glosario de términos usados en el sistema escolar estadounidense, explicados de forma enciclopédica y no satírica. La acuñación de edspeak a finales de los años ochenta en inglés revela que la construcción de un tecnolecto para la educación no es un proceso exclusivo de España ni del español.

 No voy a ensalzar de manera acrítica que los años de experiencia docente sean por sí mismos suficiente aval para ser un buen profesor. Soy consciente, porque tengo mucha tiza encima, de que no se imparte dos veces la misma clase y de que la docencia implica renovarse, acompasarse constantemente con la sociedad que está dentro y fuera del aula. Pero me llama la atención que el edulecto sea tan cambiante y creo que ello en absoluto ayuda a legitimar la teoría basada en la investigación educativa que alienta los cambios normativos. Aunque cada regulación se presenta como un faro nuevo, se corre el riesgo de que este sea un foco de escaso aguante. Los profesores que estos días abren las aulas para un nuevo curso navegan a menudo por el mar incierto de una terminología mudable, cuya única consecuencia real es el incremento del volumen de burocracia que deben echarse encima.

 En el edulecto se integra además (y aquí sí con especial fruición en el ámbito universitario) otra corriente nutricia de terminología que surge de poner a la educación bajo la órbita del rédito económico: el lenguaje empresarial. Este hace que el discurso se llene de términos propios de ligas de negocios, que se hable de capital humano antes que de alumnado, o que sean pródigas las menciones a la generación de beneficios, los socios estratégicos y las alianzas por la empleabilidad. Es el edulecto en su variante pseudoempresarial, propio de una universidad en la que no creo, la que busca la fabricación de triunfadores en el sentido más capitalista y agresivo del término. Pienso en todo esto mientras mi nuevo grupo de estudiantes entra en clase y me escruta con la mirada curiosa del recién llegado. Es, en fin, lo que nunca cambia.

EL PAÍS, sábado 13 de septiembre de 2025


lunes, 10 de junio de 2024

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (V)


Diario Sur del viernes 7 de junio de 2024
Fotografía: Pedro Delgado

En la misma portada del diario SUR donde anuncian que Alberto González será el primer triatleta malagueño en unos Juegos Olímpicos, aparece un subtitular que me hace torcer el gesto.

 La Consejera de Educación Patricia del Pozo sostiene que la ratio de alumnos por aula «no es la panacea para mejorar la enseñanza», y yo, que ya estoy cerca de la jubilación, me pregunto cómo puede decir esto la persona que está a la cabeza de la Educación en Andalucía.

 Uno lee la noticia y se acuerda del tren de la bruja, donde un operario vestido de ídem te golpeaba con una escoba en la coronilla cada vez que la vagoneta salía de la oscuridad.

Tren de la bruja, Feria de Málaga 2024
Fotografía: Pedro Delgado

 Les voy ahorrar mis historias de cuando empecé a dar clases en un centro privado con cuarenta o cuarenta y dos alumnos por clase hasta llegar a la pública y las ratios actuales, pero por la experiencia que me dan mis cerca de 35 años trabajados puedo certificar que cuando mejor se trabaja y más aprenden los alumnos es cuando las ratios son bajas. Solo así se puede dar una atención individualizada y de calidad. Negar o ponerle peros a eso es un sinsentido. Un escobazo en la cabeza de los docentes. Y creanme, no estamos para miedos infantiles.

P.D.: Para los lectores que sean ajenos al tema, les señalaré que en la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria) se llega a la treintena de alumnos en la mayoría de las aulas –en algunos institutos todas las clases superan esa cifra–, con grupos dispares en los que es habitual tener alumnos con necesidades educativas especiales y un reguero de problemas. La ratio no puede ser un obstáculo. Tiene que permitir que el profesorado atienda cada vez más y mejor a la diversidad del alumnado, al que hay que prestar una enseñanza individualizada difícil de dar con las ratios actuales que merman la calidad educativa.

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/01/la-importancia-de-la-educacion-en-espana.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2020/09/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2022/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2023/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html

lunes, 18 de diciembre de 2023

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (IV)


Lo progresista es dar dos pasos atrás
Fotografía: Pedro Delgado

Porque es una verdad como una casa, y no se puede contar mejor ni más claro, quiero compartir con todos ustedes este artículo de la periodista y escritora Ana Iris Simón donde habla del uso de las tablets y el aprendizaje por competencias basado en la gamificación y el trabajo por proyectos en nuestros colegios e institutos.

Lo progresista es dar dos pasos atrás

En el aula del colegio en el que estudió mi madre en los setenta había un crucifijo sobre la pizarra. En la del mío, en los noventa, un retrato de Juan Carlos y Sofía. Si llevara a mis hijos al único concertado laico de mi localidad, en los pasillos habría logos de Apple. Resulta que es un Apple Distinguished School, un centro que "refleja la visión de Apple en cuanto al papel de la tecnología en la educación". Que supongo que es, ni más ni menos, la de colocar sus cachivaches hasta en clase de gimnasia (Ed. Física, please, Ana Iris).

 Recuerdo la impresión que me dio ver propaganda de una multinacional en un colegio mientras leo el informe PISA, que nos muestra que la educación en España es hoy peor que hace 20 años. Un dato que seguramente sorprenderá a muchos padres, que se estarán preguntando cómo es eso posible, si sus críos van a un centro bilingüe, usan tabletas y hacen los deberes por el aula virtual. Además, el director les contó que estaban probando un programa pedagógico innovador, en el que la memorización quedaba en un segundo plano para potenciar el aprendizaje por competencias basado en la gamificación y el trabajo por proyectos. La explicación que algunos expertos dan a este fracaso educativo sorprenderá a algunos aún más que los terribles resultados del informe PISA: la educación en España es hoy peor que hace 20 años precisamente por todo eso.

 A lo que llevan tiempo advirtiéndonos de ello se les ha llamado rancios y antiguos. En España, Catherine L'Ecuyer, Gregorio Luri o Pascual Gil llevan años diciéndonos que "la escuela no es un parque de atracciones", señalando lo anómalo de un modelo educativo que enseña quiénes eran los Reyes Católicos en inglés, explicándonos que algunos de los modernos paradigmas pedagógicos generan que nuestros hijos sepan cada vez menos y refuerzan la brecha de clase entre alumnos. L'Ecuyer incide en el uso de dispositivos electrónicos; se pregunta, como nos preguntamos muchos, por qué el pediatra nos recomienda que no expongamos a nuestros hijos a pantallas, pues generan problemas –de atención, de conducta, de sueño–, mientras que en el colegio nos venden como la panacea tener a los niños seis horas con la tablet.

 Enfrente tienen a los que conciben el cambio como un fin en sí mismo, a los que piensan que el dos es mejor que el uno solo por el hecho de venir después, a los que no saben explicarnos qué clase de magia opera para que los dispositivos electrónicos dejen de generar perjuicios si se usan con fines educativos. ¿Qué cara creen que me pondría el pediatra si, cuando me pregunta que si mis críos ven demasiada tele, le respondo que sí, que ocho horas diarias, pero que como es Barrio Sésamo no pasa ni media?

 Escribía C. S. Lewis que cuando uno está al borde de un acantilado, lo más progresista es dar dos pasos para atrás. Los poderosos lo saben, por eso los CEO de Silicon Valley llevan a sus niños a colegios sin pantallas ni dispositivos, siguiendo esa máxima de los traficantes por la cual uno no consume la mierda que pasa, y haciéndola extensiva a su prole. Ahora solo falta que tomemos conciencia el resto. Que nos demos cuenta de lo grave que es que nuestros hijos estén formándose peor que nosotros. Y de lo ridículo que resulta que nos quieran seguir vendiendo las causas de ese fracaso como signos de progreso.

Ana Iris Simón. EL PAÍS, 9 de diciembre de 2023

 Otras entradas de la sección La importancia de la educación en España:

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2017/01/la-importancia-de-la-educacion-en-espana.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2020/09/la-importancia-de-la-educacion-en.html

https://pedrodelgadofernandez.blogspot.com/2022/12/la-importancia-de-la-educacion-en.html


martes, 13 de diciembre de 2022

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA (III)


Raúl García habla sobre la importancia de los profesores
Fotografía: Pedro Delgado

En el tablón del pabellón deportivo del instituto, tengo clavado con chinchetas un recorte del periódico El PAÍS con una entrevista a Raúl García, futbolista del Athletic Club. En la parte final de la misma, cuando le preguntan por los comportamientos agresivos que sigue habiendo en las gradas, Raúl comenta que es un tema de educación.

 «¿Le ve arreglo?», le interpela el periodista. Y Raúl García, el tercer futbolista que más partidos ha jugado en Primera, sólo por detrás de Zubizarreta y Joaquín, le da una respuesta digna de aparecer en esta sección:

Es un tema que viene del colegio. Para mí el futbolista no tiene ninguna importancia en la sociedad. Para mí, importancia la tiene un profesor. Un profesor es el que intenta educar o dar valores. Tenemos que valorar al profesor como se debe. Hay que darle importancia a la gente que está en la base. Yo dejo a mi hijo en el colegio, y la persona que está con mis hijos tiene una importancia increíble y hay que darle esa importancia. Pero no se valora.

 Si quieren leer la entrevista completa, realizada por David Álvarez y Jon Rivas, pueden clicar sobre el siguiente enlace:

https://elpais.com/deportes/2022-10-22/raul-garcia-encantado-de-que-me-suban-los-impuestos-si-van-a-lo-que-deben.html