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lunes, 16 de marzo de 2015

LA FAMILIA







Todos tenemos una familia formada por padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, sobrinos y demás parientes; pero los que hacemos atletismo tenemos además otra familia formada por todos aquellos compañeros con los que hemos entrenado o competido a lo largo de los años. Una familia atlética que tiene su máximo exponente en la figura del club. Y traigo todo esto a colación porque la mañana del sábado nos reunimos los componentes del club CAIM (Club Atletismo Independiente Malagueño) para hacernos una foto de familia, pues la anterior ya había empezado a amarillear.


Club de Atletismo Independiente Malagueño (CAIM). Temporada 1981-1982


 Sobre el césped y las gradas de la Ciudad Deportiva de Carranque, y junto a los que cogieron el testigo para seguir llevando el club hacia adelante, posamos algunas viejas glorias (tirón de orejas a los que no vinieron) junto a gente joven que no deja de ampliar y transformar la familia. Aquí os dejo las fotos de la sesión y unos vídeos con el making off de la misma (ahora mismo falta uno que añadiré en cuanto me lo pase Guillermo).


Foto oficial del club CAIM (Temporada 2014/2015)
Ciudad Deportiva de Carranque, Málaga, 14-3-2015
Fotografía: José Javier Aranda


Club de CAIM (Ciudad Deportiva de Carranque, Málaga, 14-3-2015)
Fotografía: José Javier Aranda


                                 


 Podéis ver más fotos en el siguiente enlace:
https://picasaweb.google.com/107871572638125434834/FotografiaOficial2015DelClubDeAtletismoIndependienteMalagueno?authuser=0&authkey=Gv1sRgCNO-tdyxhYnypwE&feat=directlink


 Y ya puestos y porque viene al hilo del título de esta entrada, os voy a recomendar una película de Ettore Scola, una maravilla que vi en el cine cuando la estrenaron en 1987 y que volví a ver anoche en DVD: La familia ( La famiglia ). Con cinco premios David de Donatello, el equivalente italiano a nuestros Goya, y una nominación al Oscar a la mejor Película Extranjera, La famiglia comienza con una foto familiar en la que un abuelo posa junto a un bebé recién bautizado, un niño que ya anciano volverá a fotografiarse con otro pequeño al final de la película, cerrando así el círculo. Entre medio, la historia de una familia burguesa a lo largo de ochenta años, y con ello un repaso a lo que aconteció en Italia a lo largo de buena parte del siglo XX. La amistad, el amor, el drama, la vida cotidiana con sus triunfos y sus fracasos, con sus encrucijadas y nuestras vacilaciones, el tiempo que pasa y una historia que podría ser la de cualquiera de nosotros.


Trailer de La familia (Una película de Ettore Scola)


viernes, 20 de febrero de 2015

DUELO AL SOL




Un murmullo recorrió la grada de Anoeta cuando los atletas de 400 metros vallas salieron a la pista. Las voces flotaron leves sobre los espectadores unos instantes, y luego se hizo el silencio. Las miradas fijas en dos atletas, saltando de uno a otro, tratando de interpretar cada uno de sus gestos. El público sabe que ésta no es una carrera más. Van a asistir a un duelo y como en las películas del viejo Oeste sobre el inmaculado tartán hay dos pistoleros: el malagueño Carlos Azulay, del club CAIM, y José Alonso Valero, del club Galgo MAM. El primero corre por la calle 8 y el segundo por la 7, y ninguno cruza la mirada al colocarse en los tacos de salida. Silencio sepulcral cuando el juez levanta la mano con la pistola. El cañón que apunta a un cielo aún soleado de julio. No sopla viento esa tarde en San Sebastián, y el humo del disparo tarda en disiparse. Como propulsados por un muelle los atletas han abandonado los tacos y corren raudos hacia la primera valla. Los dos atacan el obstáculo a la vez, pero Azulay tropieza con la madera. Sin llegar a caerse trastabilla el paso y continúa la carrera.

 Nueve días antes se han enfrentado ambos en la pista de Vallehermoso, en el I Trofeo MAM. Allí, la misma tarde que Alberto Ruiz "Lobito" sobrepasa el listón del salto de pértiga en 5.41, estableciendo un nuevo récord de España, Carlos Azulay le arrebata el récord a Valero en los 400 metros vallas, parando el cronómetro eléctrico en 49.59.

 El Campeonato de España en San Sebastián es pues una revancha para Valero que, de momento, después de esa primera valla, le ha cogido dos metros de ventaja al malagueño, una ventaja que se mantiene valla tras valla. Superada la última, Azulay encuentra fuerzas de donde no las hay, aprieta los dientes y acelera. Acelera sordo al griterío de la grada, con los ojos fijos en la línea blanca de meta, inclinando cada vez más el tronco hacia adelante. Valero se cree ya ganador y alza su mano derecha, apuntando con su dedo índice al mismo cielo que cuarenta y nueve segundos antes encañonó el juez de salida. Entonces, Carlos comprende que ha de tirarse si quiere ganar la carrera. Y allá que se tira.


Final de los 400 m.v. en el Campeonato de España de Atletismo de 1983 en San Sebastián
Primero Carlos Azulay, y segundo José Alonso Valero (dorsal 111)
Foto: Atletismo Español


 En un primer momento la acción resulta inútil y, aunque le adjudican a ambos el mismo tiempo (49.7), los jueces dan como ganador a Alonso Valero. Carlos Azulay se encomienda a la foto finish, pero no existe tal foto. El sistema eléctrico está estropeado y los tiempos son manuales.

 Minutos después, surge un rumor y el locutor Gregorio Parra sacude Anoeta. El que ahora llaman speaker está a su vez retransmitiendo el campeonato para la televisión, y ha visto en pantalla la llegada a cámara lenta. Una, dos y hasta tres veces, desde un ángulo y desde otro. El ganador siempre es Azulay. Los jueces se reúnen, visualizan las imágenes y rectifican. Luego, la fiesta cambia de bando y mientras Carlos Azulay celebra el título, Manuel Pascua Piqueras, el entrenador de Valero, monta en cólera, un Pascua Piqueras que ya empieza a querer ganar a toda costa. A cualquier precio*.


 *Aunque eso es algo que no se descubrirá hasta muchos años más tarde, como se puede ver en el siguiente enlace:
http://deportes.elpais.com/deportes/2010/12/30/actualidad/1293697312_850215.html


Nota: Gracias de nuevo a David Amores por traerme la foto de Azulay a casa.

lunes, 14 de julio de 2014

¿HASTA DÓNDE HABRÍAMOS LLEGADO?


Equipo de fútbol del CAIM (Club de Atletismo Independiente Malagueño) en el campo de fútbol del Arroyo de la miel. De pie y de izquierda a derecha: Pedro Delgado Fernández, Francisco Javier Rivas, Antonio Espejo, Mohamed Mestour, Miguel Ángel Moya, Roberto Puig, Manuel Ángel Cortés y Antonio Castro. Agachados y de izquierda a derecha: Salvador Villalta, Manolo Jurado, Francisco Espejo, José Luis Leal y Paco Moreno.


Ahora que acabó el Mundial con la victoria de Alemania sobre Argentina, me pregunto qué tal lo habríamos hecho nosotros. ¿Hasta dónde habríamos llegado?
 Aunque atletas, muchos fuimos futboleros, así que no era difícil vernos al final de la temporada retando a algún equipo. De chaval jugué unos cuantos años de portero en varios equipos federados: El Vasco Zaya, de la calle Santa Marta, el Tiro Pichón y la Universidad Laboral. Los campos eran de tierra, no como ahora que son todos de césped artificial, y tenía siempre las rodillas y la cadera destrozadas, lo que hacía que corriese con dolor. Ese fue el motivo por el que dejé la portería cuando empecé a ganar carreras, cambiando la soledad del arquero por la soledad del corredor de fondo.

El próximo sábado 19 de julio, a las 21:45, va a haber un encuentro de antiguos atletas del CAIM (Club de Atletismo Independiente Malagueño) en el que se celebrará la larga trayectoria del club desde que se constituyó oficialmente en el año 1977. Será en el bar Molly Mallone's, en el Bulevar Louis Pasteur nº 9. Me encantaría estar allí, pero me va a pillar un poco lejos, pues el día 17 marcho para Islandia con mi hijo mayor (vamos a la aventura, como Chris Mc Candless en Hacia rutas salvajes). No obstante, alzaré desde allí mi copa y brindaré al modo vikingo por el club y por todos sus atletas: los pasados, presentes y futuros.

 ¡¡Un abrazo a todos!!

miércoles, 2 de julio de 2014

NO SE RECUERDAN LOS DÍAS, SE RECUERDAN LOS MOMENTOS

Jesús Manuel Suárez García "Pipi" en el circuito de cross de la Universidad Laboral (1982)
Fotografía: José Luis Leal Ruperto.

Decía Cesare Pavese, acerca de la vida, que, al final, no se recuerdan los días, se recuerdan los momentos; y en eso pensaba ayer después de la llamada de mi amigo Alberto. Me pedía que hablase brevemente ("no más de tres minutos, por favor") de la segunda etapa de la EGB, del 6º, 7º y 8º que la Enseñanza Secundaria Obligatoria (la ESO) vino a trastocar. Y pensaba en el escritor italiano, al darme cuenta de que me resultaba imposible distinguir un curso de otro (el 77/78 del 78/79 o del 79/80). No recordaba los años ni los días, sino los momentos, y éstos me remitían directamente a nuestra infancia en el colegio. ¿Quién no recuerda las matinales de los sábados? Con aquellas películas de artes marciales, de romanos, de indios y cowboys, o de Johnny Weissmuller, el mejor de los tarzanes. ¿Quién no recuerda el trampolín de la piscina? Creo que tirarnos de cabeza desde aquellas alturas fue la primera prueba de valor de muchos de nosotros. ¿Y cuándo nos quedábamos a comer y, desobedeciendo los consejos de los Padres, nos escapábamos a explorar los alrededores del centro? La cueva cercana; los montes; los arroyos; "la casa del loco"; la tubería que comunicaba la zona del pozo con la entrada de la Universidad Laboral; el refugio de cuando la guerra que había en los olivares al pie del río, ya pasada la mencionada Universidad. Cuántos miedos tuvimos que superar para llegar a recorrer sus galerías... Recuerdo también las obras de teatro que representábamos (entre las de la segunda etapa La máquina automática, llevada a cabo por los alumnos de 7º); el periódico La voz de Los Olivos, en el que colaborábamos todos los alumnos de 6º, 7º y 8º; las dos bibliotecas con las que contaba el centro: la infantil, con aquellos tebeos de pasta dura de Los 4 ases que ahora busco por internet para mis hijos, y la de los mayores, una puerta abierta al conocimiento y a la aventura, donde uno podía encontrar de todo. ¿Os acordáis de los concursos de "Cesta y punto"? ¿Y de los concursos de relatos y dibujo? Recuerdo haber ganado ambos en una ocasión, y haber leído en este mismo salón de actos las páginas de El corredor, las andanzas de un indio americano en unas Olimpiadas. ¿Quién se olvidó de los piques sanos entre una letra y otra de un mismo curso? ¿Y de los Sota, caballo, rayo, las partidas de chapas y los partidos de fútbol con pelotas de tenis que jugábamos en las columnas y en la parada del autobús escolar? Cada vez que paso por el Cine París, hoy un bingo, me acuerdo de mis compañeros. ¿Olvidó alguien las competiciones deportivas internas e intercolegiales de fútbol, baloncesto, balonmano, hockey, ajedrez y atletismo? ¿Y las vueltas que dábamos corriendo al colegio en Educación Física? Yo no las he olvidado, ni tampoco las pruebas de cross en las que me inició D. Pablo Madrid junto a mi añorado Jesús Suárez Pipi. Revivo esos momentos y compruebo cómo influyeron en mi vida. Y veo que no es casualidad que haya dedicado más de media vida al atletismo, ni que me licenciase en Educación Física y sea hoy día profesor en un instituto de la ciudad. Tampoco que me dedique en los ratos libres a escribir novelas. Para escribir la segunda de ellas, Neguinha la garimpeira, estuve conviviendo un tiempo en el Amazonas con los misioneros de la Consolata, misioneros como los padres agustinos que veíamos en el centro y que partieron a las misiones de África y de Suramérica. Anoche, al revisar las páginas de las revistas del colegio, me encontré con algunos de ellos. Se me hizo un nudo en la garganta. En una página estaban las fotografías del personal de consejería, de secretaría, de limpieza, de cocina, de jardinería, del bar..., y comprobé que tampoco los había olvidado. También estaban en aquellas memorias escolares todos los que fueron nuestros profesores (y el nudo en la garganta se hizo todavía más grande), así como todos mis compañeros de viaje. Allí estaban sus caras tal como yo las recordaba. Creedme que, salvo por algunas arrugas y esas canas, no habéis cambiado nada. En aquella segunda etapa de la EGB éramos unos niños, pero, como la mañana al día, la infancia comenzaba a mostrar al hombre que hoy somos, adultos que se enorgullecen de aquellos tiempos, del esfuerzo que hicieron nuestras familias, y que dan las gracias al centro y a sus educadores por todo el empeño y el cariño que pusieron en nuestra educación. Gracias por ese buen hacer. Gracias de corazón. 
Pedro Delgado Fernández
Málaga, 20 de junio de 2009



Con este texto en la mano subí al estrado del salón de actos del Colegio Los Olivos en junio de 2009 cuando, por iniciativa de José M. Casero y Alberto Castro Tirado volvimos a reunirnos todos los compañeros de la décimo quinta promoción (71/84) para celebrar nuestro 25 aniversario. Yo me fui de aquel colegio al terminar 1º de BUP, así que me alegró que se acordaran de mí para aquel reencuentro. Fue grato recuperar por unas horas a los compañeros de la infancia y la primera adolescencia, ver cómo nos había tratado la vida, volver a ver a muchos de nuestros profesores y revivir anécdotas.

 Desde entonces, hemos procurado no perder el vínculo y reunirnos una vez al año, la última el pasado sábado 21 cuando almorzamos en el Restaurante Gallego Candamil, donde también trabaja nuestro compañero de promoción Cecilio.

 La vida fue implacable con algunos que tristemente ya no están entre nosotros, pero a los que sí seguimos manteniendo vivos en la memoria. Éste es un blog de atletismo, así que voy a aprovechar para recordar la figura de Jesús Suárez Pipi, compañero de estudios (él estaba en 1º C y yo en 1ºA) y de carreras.


Carrera de campo a través en el circuito de cross de la Universidad Laboral
(En la primera fila se ve a Pedro Delgado Fernández, Jesús Suárez Pipi y Joaquín Bueno)


 Cuando Pipi falleció en un accidente de moto, en agosto de 1985, a los 19 años de vida, ya se había alejado del atletismo; pero, aún así, sus años atléticos dejaron huella en todos los que lo conocimos. Tenía un talento natural excepcional. Recuerdo que en nuestro primer Campeonato Provincial de Cross, en enero de 1981, él llegó primero y yo segundo en la categoría cadete, y que al mes siguiente, en nuestro estreno en un Campeonato de Andalucía de Cross (ese año se celebró en Los Llanos del Nacimiento, en Granada) él quedó 1º y yo 7º. También me acuerdo mucho de su padre, el conocido futbolista Alberto Suárez Pipi, que tenía la tienda Deportes Pipi, donde mis padres me compraban el material deportivo.

 La fotografía del grupo que acompaña esta entrada la he sacado de mi álbum familiar. No sé la fecha ni quién la tomó, tal vez José Luis Leal. En ella se ve además a otro compañero del colegio: Joaquín Bueno Caro, que corre a la derecha con la camiseta blanca del CAIM. Jesús Suárez Pipi está en el centro, con la camiseta roja del CAIM, y yo estoy a la izquierda de la imagen con una camiseta adidas blanca que me había mandado mi tío Antonio desde Francia. Estamos corriendo en el circuito de cross que había junto a la Universidad Laboral, y detrás nuestra aparece Miguel García Velasco, Francisco Reina y otros corredores de los que ahora mismo no recuerdo el nombre. 


Pedro Delgado Fernández, Miguel García Velasco, Paco Reina, Jesús Suárez Pipi y Joaquín Bueno
(Detalle de la foto anterior)


 En ese último almuerzo, Miguel Ángel Ortega me dijo que han conseguido el archivo de fotos del Padre Mayo, y que van a tratar de escanearlo para subirlo a la web del colegio. Por aquello del deporte, en muchas de ellas aparecemos Pipi y yo, así que espero poder subirlas aquí cuando las tenga.

 Y para terminar, aprovecho para mandarles un abrazo a todos los antiguos compañeros de la décimo quinta promoción del colegio Los Olivos. ¡Buen verano a todos!

viernes, 28 de marzo de 2014

LOS SIETE MAGNÍFICOS



Sí, sí..., ya sé que sólo hay seis atletas en la fotografía, pero no puedo dejar de acordarme del mítico western de Johs Sturges cada vez que la miro pues probablemente yo podría estar allí, junto a ellos, de no haber tenido que correr aquel día algún cross o un 1.500.
 La imagen, tomada en la pista de atletismo de la Ciudad Deportiva de Carranque, recoge los instantes previos a la salida de un 800, y en ella se pueden ver, de izquierda a derecha, a Francisco Espejo, Tristán González, Miguel Bandera, Juan Sarria, Rafael Morales y Erik Berg Madsen.

Francisco Espejo, Tristán González, Miguel Bandera, Juan Sarria, Rafael Morales y Erik Berg Madsen en los instantes previos a una salida de 800 metros en la pista de atletismo de Carranque en 1982 (Fotografía: Leal)

 Le he preguntado a Miguel Bandera por la fecha de la prueba y me ha dicho que es de febrero de 1982 (el año del ascenso a División de Honor en Fuenlabrada). También me ha comentado detalles curiosos, como que ni él ni Juani llevan la camiseta oficial del club CAIM, en el que todos militaban por entonces, porque las de la talla L no llegaron hasta más tarde. Juan corrió con la de la temporada anterior. Y dos apuntes de premio: salió de liebre marcando el ritmo Tristán, que pasó a 54.5, y Miguel hizo una marca de 1.59.5 en una carrera que ganó Francisco Espejo con 1.54.
 No sé si alguno más de ellos se acordará de su orden de llegada o de los tiempos que les cronometraron, pero de ser así les ruego que lo apunten aquí a modo de comentario. Juan Sarria no se acuerda de nada de eso, pero me apunta que el atleta que se ve de pie y de espaldas, a la derecha de la imagen, es su hermano Manolo Sarria quien estaba participando en la prueba de longitud.

 En fin, ya de paso, aprovechen los lectores de este blog para revisar ese magnífico western, curiosa adaptación de la película de Akira Kurosawa Los siete valientes, Los siete samurais. La banda sonora de Elmer Bernstein no tiene desperdicio.





 Por cierto, ahora que lo pienso, encuentro cierta similitud entre ese grupo de pistoleros que aceptan un trabajo, no por dinero, sino por la oportunidad de volver a la acción, y ese otro grupo de atletas que, por lo mismo, se están volviendo a calzar las zapatillas deportivas. Ánimo a todos ellos.