lunes, 14 de septiembre de 2015

INSULARIDAD: DE MEDIAS MARATONES Y CORAZONES ROTOS




A pesar de que esta novela fue finalista del Premio Desnivel de Literatura 2014, no encontrará el lector montañas en sus páginas; aunque sí retos personales que pueden asemejarse a éstas.

 "Hubo un tiempo no muy lejano en el que eso de un medio maratón era para ti un sinónimo del Everest. Algo absurdo e inalcanzable, tan desmesuradamente grande que solo pensarlo resultaba inabarcable".

 Valiéndose de la autoficción, Ralph del Valle ha escrito el cuaderno de alguien que empieza a correr para huir de un desengaño amoroso, un hombre que deja su hogar y su trabajo para poner tierra de por medio marchándose a Alemania: a Tegel, donde correr sigue siendo la mejor terapia, el mejor bálsamo para el alma, para volver a sentirse en paz consigo mismo y ordenar sus pensamientos. Es allí, en el frío invierno prusiano, donde empieza a escribir este bloc, como los estudiantes de Bellas Artes que garabatean, esbozan o emborronan sus libretas.

 "Yo, que no sé dibujar, solo lleno este cuaderno y huyo de mis cosas. Como huyen los hombres que huimos: en silencio, sin aspavientos, sin tragedias griegas a la hora del té. John Wayne, Centauros del Desierto: nos giramos y nos vamos hasta que nuestra espalda se pierda en el horizonte. Por eso cuando nos cruzamos con otro corredor le miramos brevemente a los ojos. Si huye de lo obvio, el infarto de miocardio, el colesterol, el pantalón de hace dos años que ya no le cabe, si huye de todo eso le miraremos sin interrumpir en absoluto el fluyo ni el ritmo de nuestro movimiento. Pero si le miramos a los ojos y vemos que huye de lo inesperado, del menú y el hotel para uno, de la foto de boda que desde la estantería le recuerda todas y cada una de las veces que ella le propuso hacer cosas que él jamás hizo, hasta que dejó de decírselas y la fotografía se convirtió en madera varada, transformando las palabras en pasado, en sombras que sin piedad se reflejan en cada zancada que él da para negar el hecho irremediable de que ella no volverá jamás; si podemos ver como vemos todo eso porque él también lo ve en nosotros, le saludaremos con una leve inclinación de cabeza al cruzarnos, acaso un parpadeo lento y respetuoso, un casi invisible gesto en el que reconoceremos todo su pasado y el peso granítico que conlleva huir de algo tan grande que acabaría aplastándole de todas formas, al igual que él comprende nuestro presente, donde el vacío resuena como las pisadas de un bisonte que nos cierra el aire sobre el cuello y nos hace pedir una clemencia sorda cada vez que pasamos del kilómetro 10 en nuestra loca y estúpida huida de nosotros mismos hacia ninguna parte".

 Es éste un libro lleno de referencias (Kerouac, John Wayne, Larry Bird, David Bowie...),


Fotografía: Pedro Delgado

de reflexiones, de pensamientos filosóficos y de preguntas.

  "Hoy he tenido que contestarme a mí mismo en voz alta por qué corro. Estaba con I., comiendo una pizza como si no hubiera un mañana, y ha surgido el tema de mi supuesta delgadez, lo cual ha llevado inexorablemente a las preguntas.  
   -¿Por qué corres?, ¿por qué correr?  
 Parecen la misma pregunta, pero no, son dos muy distintas y con muy diferentes escalas de dificultad en la respuesta. La segunda es muy sencilla, la jodida es la primera".

 También de lugares comunes: el enganche a correr como forma de meditación o liberación; el miedo a la lesión, a esa rodilla que empieza a doler de la noche a la mañana y que amenaza la preparación de la prueba que has marcado con rojo en el calendario; los días en los que no puedes calzarte las zapatillas por un resfriado o porque las inclemencias meteorológicas son excesivas. ¿Y quién no tiene un amigo que  se echó a correr con su perro tras un descalabro amoroso?

 "Nada más que la niebla de tu vaho y el tintineo del collar del perro que corre a tu lado. Se aburre, tu ritmo humano es apenas un trote para su velocidad, pero ahí está, quebrando contigo el invierno como quebró contigo el verano, cuando eras otro y huías tan fuerte que daba miedo mirarte a los ojos si alguien se cruzaba contigo mientras enfilabas la avenida y sobre vosotros caían el atardecer y las panzas de los aviones comerciales que en un par de minutos tomarían tierra en Tegel".

 Es el título, Insularidad: el viaje interior de un corredor (Ediciones Desnivel, 2014), una metáfora del corredor solitario, ese que finalmente descubre que la felicidad reside en el movimiento.
 Como en el libro de Murakami, aquí no hay grandes atletas ni grandes marcas, por lo que son los corredores anónimos que engrosan las cifras de participantes los que más identificados se sentirán con su protagonista: alguien que no aspira más que a bajar de 1 hora 50 minutos en su primera media maratón, la de Berlín. Y aunque el personaje nos dedica unas líneas duras, injustas y gratuitas a los que entrenamos duro para disputar las pruebas,


"Siempre habrá deficientes mentales poniéndose objetivos de kilómetros, tiempos, promedios y series; por supuesto. Esa gente es la que llena el mundo de porcentajes y de cuotas, de audiencias medidas en tanto por ciento de share, esa espuma rezumante que mancha el mundo de jerarquías y clasificaciones y vive de espaldas a sí misma, pendientes de generar números que se puedan lanzar, mostrar, publicar; esa gente que no corre para sí misma sino para los demás, que expone su alma abierta de patas en un escaparate indecente; esa escoria es la que te dirá que no hay razones sino objetivos, que no hay tardes en las que todo te dé un poco igual sino metas, y tú tendrás que hacer un esfuerzo para no dejarte absorber por su deleznable prosa y seguir corriendo porque sí, porque no se te ocurre otra forma mejor de conectar contigo mismo en la meditación infinita de los eternos pasos que se suceden rítmicamente y que solo te llevan al punto de partida de nuevo".

el tiempo le hará percibir las cosas de otra manera, pues él también empezará a fijarse en el crono: 1h 38'42" en la Media Maratón de Potsdam, en la antigua RDA.


"Has sobrevivido al mayor sufrimiento que recuerdas corriendo, y te has pulverizado a ti mismo en seis minutos. Qué agonía, te dices, yo que me reía de los imbéciles preocupados de sus marcas y me he convertido en uno de ellos. En alguien que sonríe cuando le dicen que ha quedado en el puesto 288. De 2.400. En alguien que piensa que es un milagro. Tú, que hace un año a duras penas podías completar 7 kilómetros. Tú, que es este tu segundo medio maratón".

 La parte final del libro me reserva una sorpresa, pues el protagonista viaja a Islandia para correr la Midnight Sun Race de Reikiavik, una ciudad y un país que visité en el verano de 2014 y del que guardo muy buenos recuerdos. Como él, también pasé allí el solsticio de verano, aunque yo lo hice con mi hijo mayor, recorriendo durante un mes toda la isla.


En la carretera, Islandia 2014 Fotografía: Pedro Delgado Fernández

 Viajábamos a dedo y en autobús, en el sentido de las agujas del reloj, con la mochila a la espalda y los ojos bien abiertos. Allí, en el país de los volcanes, los icebergs y las cascadas, el trasunto de Ralph del Valle comprenderá por fin que correr no tiene por qué ser una huida.
 Si quieren acompañarlo en ese descubrimiento, no tienen más que hacerse con este libro, seguro que luego querrán calzarse un par de zapatillas.



Ralph del Valle (Londres, 1978). Criado en Alicante, vive desde hace nueve años en Berlín. En 2012 ganó el IV Premio de Creación Literaria Bubok con su primera novela Gnadenlos (Sin compasión), y en 2014 fue finalista del XVI Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Viajes y Aventuras con Insularidad.


                                           


lunes, 7 de septiembre de 2015

III TRAVESÍA A NADO SOLIDARIA FARO DE TORROX

Faro de Torrox.  Fotografía: Lucía Rodríguez

Ayer se celebró la III Travesía Solidaria Faro de Torrox, organizada por el Patronato Municipal de Deportes de la localidad, a beneficio de la ONG Amigos de Anzaldo, encargada de numerosos proyectos solidarios en Bolivia. Y, al igual que el año pasado, colaboré con ellos conduciendo uno de los kayaks que acompañan a los nadadores durante el recorrido.

Fotografía: Lucía Rodríguez

 Afortunadamente, el cielo no descargó sobre los nadadores la lluvia que está cayendo hoy, y la prueba se celebró con gran éxito de público y participantes: 154 valientes que desafiaron la distancia (1.600 metros) y, sobre todo, las bajas temperaturas del agua.

Primeras brazadas de la III Travesía Solidaria Faro de Torrox. Fotografía: Lucía Rodríguez

 Los primeros en llegar a meta fueron Álvaro Martín, del Club Natación Melilla (19:09), Manuel Gallego, del Club Naútico de Sevilla (19:16) y Pablo Cordero, del Club Aquaslava (19:47).

Podio masculino absoluto de la III Travesía Solidaria Faro de Torrox, 6 de septiembre de 2015
Fotografía: Pedro Delgado

 En la categoría femenina, las primeras fueron María de Valdés, del Club Fuengirola Swimming (21:26), Mª Victoria Rodríguez del Corral, del Club Natación Alcalá (21:59) y Zayra Cayuela, del Club Natación Inacua (22:09).


Podio femenino absoluto en la III Travesía Solidaria Faro de Torrox, 6 de septiembre de 2015
Fotografía: Pedro Delgado

 Entre los participantes estuvieron el humorista Manolo Sarria Cuevas y el atleta Daniel Pérez, quien va a compaginar este invierno el atletismo con el triatlón.


Miguel Ángel Moya, Manolo Sarria, Pedro Delgado y Dani Sánchez
Fotografía: Lucía Rodríguez

El Doctor José Ramón Alvero, Pedro Delgado y Dani Pérez
Fotografía: Lucía Rodríguez

 Y no puedo dejar de anotar, al referirme a la prueba, que el diseño del logo del faro que aparece en las camisetas y medallas de esta edición ha sido obra de mi pareja, Lucía Rodríguez Vicario. Por los comentarios oídos, gustó bastante.


Manolo Sarria Cuevas y Lucía Rodríguez Vicario
Fotografía: Pedro Delgado

Medalla de cerámica III Travesía Faro Torrox

 Aquí os dejo una selección de fotografías del evento, reiterando mi enhorabuena a organizadores y participantes.


Instantes previos a la salida, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Lucía Rodríguez

Salida de la III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Lucía Rodríguez

Salida de la III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Lucía Rodríguez

¡Todos al agua!, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Lucía Rodríguez

III Travesía Solidaria Faro de Torrox, 2015
Fotografía: Lucía Rodríguez

Últimos metros para los dos primeros clasificados, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Lucía Rodríguez

El vencedor absoluto: Álvaro Martínez
Fotografía: Lucía Rodríguez

Llegada de Miguel Ángel Moya, Torrox 2015
Fotografía: Lucía Rodríguez

Llegada de Antón Moya, Torrox 2015
Fotografía: Lucía Rodríguez

Últimas brazadas para el británico Andrew O Connell, Torrox 2015
Fotografía: Lucía Rodríguez

Voluntarios de la prueba. Fotografía: Lucía Rodríguez

Alejandro Moya, III Travesía Solidaria Faro de Torrox, 2015
Fotografía: Lucía Rodríguez

José Martín, Carlos Moreno, Miguel Ángel Martinez Figueroa, Juan Mayorga y Marco Puche
Fotografía: Lucía Rodríguez

Podio masculino de 21 a 30 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio femenino de 31 a 39 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio masculino de 31 a 39 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio femenino de 40 a 44 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio masculino de 40 a 44 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio femenino de 45 a 49 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio femenino de 50 a 54 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio masculino 50 a 54 años, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Podio masculino 60 años y +, III Travesía Solidaria Faro de Torrox
Fotografía: Pedro Delgado

Hipólito Martín (29:06), 1º clasificado en categoría Paralímpica, Torrox 2015
Fotografía: Pedro Delgado

Joaquin María Canales, quíntuple campeón mundial de natación Master 75
Fotografía: Pedro Delgado

 Esta entrada está dedicada a Carlos Moreno Aparicio, "El Padrecito" como le dicen en Bolivia, fundador de la ONG Amigos de Anzaldo, y a todos los que colaboran con ella.

Carlos Moreno Aparicio


Algunos de los colaboradores y organizadores de la prueba, Torrox 2015
Fotografía: Pedro Delgado






domingo, 30 de agosto de 2015

LA PRENSA ATRASADA

Estos días, mientras trato de aterrizar mentalmente y adaptarme a la vida cotidiana y sigo por televisión lo que queda del Campeonato del Mundo de Atletismo que se celebra en Pekín, repaso la prensa atrasada para ponerme al día de lo acontecido en mi ciudad y en el mundo. Es así como me encuentro con una noticia que me hace sonreír. Apenas ocupa unos centímetros en la página de deportes del Diario Sur (lunes 17.08.15), pero a mí me alegra una enormidad: Juan Vázquez, campeón del mundo de maratón veterano. Si ya es meritorio ganar un Mundial, imagínense lo que es ganarlo tres veces. Vaya desde aquí mi enhorabuena al amigo Juan, perote de oro, aloreño de lujo.


Mi enhorabuena al amigo Juan Vázquez.
También a Nachete, que sigue intratable.


 Tengo en un archivo unas fotografías que me hice con Juan en el Campeonato de España de Atletas Veteranos que se celebró en Águilas, Murcia, en junio y julio de 2012. En ellas posamos con nuestras medallas. Juan compitió en la categoría M-50 y yo en la M-45. En aquel campeonato Juan consiguió tres oros, en los 1.500 metros, los 3.000 metros obstáculos y los 5.000 metros, y yo un oro y un bronce en las dos pruebas en las que participé: los 3.000 metros obstáculos y los 5.000 metros.


Pedro Delgado y Juan Vázquez en el Campeonato de España de Atletas Veteranos
Águilas, Murcia, 2012


Juan Vázquez y Pedro Delgado en el Campeonato de España de Atletismo Veteranos
Águilas, Murcia, 2012


 En el mismo diario, pero del viernes 14, leo que Málaga acogerá en 2018 el Mundial de atletismo de veteranos. Entonces me pregunto si para entonces estaré corriendo, si para entonces me habrá abandonado esa fascitis plantar que me tiene desde hace ya tanto tiempo en el dique seco. Como dice la canción, Chi lo sa?, pero ojalá que empiece a entrenar ahora en septiembre y no me duela nada.




 La prensa también trae noticias tristes, como el fallecimiento del piloto de Formula 1 Jules Bianchi, y otras que me asquean, como esos 28 nuevos casos de dopaje que se han detectado al reanalizar con los nuevos avances científicos muestras de orina tomadas en los Mundiales de Helsinki 2005 y Osaka 2007 (Diario Sur 12.08.15). Aunque la Federación Internacional de Atletismo les ha abierto expedientes disciplinarios, no ha revelado sus identidades debido a los procesos legales, tan sólo ha comunicado que la mayoría de ellos ya están retirados y que ninguno participará en el Mundial de Pekín. Esperemos que esos nombres aparezcan para ponerle cara a los tramposos y que no recaigan sospechas sobre los que juegan limpio.




Apenas llevo vistos unos cuantos periódicos, pero, como ven, han dado para mucho.


Fotografías: Francisco Román.

jueves, 27 de agosto de 2015

DE VUELTA A CASA

El pasado lunes aterricé en Málaga después de viajar con mi hijo pequeño durante algo más de un mes por Holanda, Bélgica y Francia. Una especie de iniciación al noble arte del vagabundeo que ha incluido desplazamientos en autostop, acampadas y noches de couchsurfing. Una experiencia de lo más gratificante que seguro no olvidaremos nunca y que recomiendo a todos los que sois padres.

 La misma noche de nuestra llegada, recibí en el whatsapp de Lucía y en mi correo electrónico el aviso de que hablaban de mí en el Diario As. Por esas coincidencias que tiene la vida, y con motivo del paso por Málaga de la Vuelta Ciclista a España, el periodista deportivo Juan Gutiérrez volvía a rescatar la anécdota de la que les hablé en mi blog antes de irme de viaje, lo que me permite enlazar el inicio de mis vacaciones con el final de éstas.
http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2015/07/el-tour-de-francia-gallo-nero-y-los-dos.html

 Juan Gutiérrez fue el artífice de aquel encuentro, y Jesús Rubio el autor de la fotografía que acompaña el texto. A ambos les envío desde aquí un abrazo, extensible también a mi tocayo Pedro Delgado.

jueves, 16 de julio de 2015

EL TOUR DE FRANCIA, GALLO NERO Y LOS DOS PEDRO DELGADO




Precisamente ahora que se corre la ronda gala, he terminado de leer El Tour de Francia de Mario Fossati. Comparto con el periodista de Monza (fallecido hace un año y medio) el gusto por los mitos y las gestas deportivas, así que ha sido para mí un placer leer cómo fue el día a día de la prueba hace 63 años, pues el Tour que Mario Fossati nos narra, con ese minimalismo estilístico que le caracteriza, es el de 1952: el segundo Tour de Francia que ganó Fausto Coppi, el gran expreso italiano.

 Imagino lo que tuvo que ser para Mario Fossati viajar a Francia como cronista de La Gazzetta dello Sport, tras sobrevivir, unos años antes, a la campaña rusa en la Segunda Guerra Mundial. La alegría de vivir la fiesta ciclista junto a la joie de vivre la vida después de casi perderla pues, como cuenta Enrico Curró en la introducción, "de los catorce amigos de la taberna Robbiati llamados como soldados a la estepa para servir de parapeto en la retirada de los alemanes, él fue el único que volvió del río Don".


Mario Fossati


 En aquel Tour de 1952, que Fausto Coppi estuvo a punto de no correr por un problema de ego con Bartali, el italiano cambió la maglia rosa del último Giro por el maillot amarillo del líder de la prueba francesa. Y lo hizo en la décima etapa, la que afrontaba el Alpe d'Huez.


Fausto Coppi en la ascensión al Alpe d'Huez en el Tour de Francia de 1952

 El Alpe d'Huez no es una colina, sino una montaña. La colina, en las carreras ciclistas, representa algo cóncavo, algo local (por expresarlo de alguna manera), el paisaje. El Alpe d'Huez tenía la plenitud de la montaña. Es la subida, la ascensión total.

 Por entonces, el director técnico del equipo italiano era el excampeón Alfredo Binda. Un Binda que tuvo que lidiar con los egos y los intereses de unos y otros a la hora de confeccionar el equipo, y desplegar su táctica sobre las carreteras francesas, moviendo sus piezas, como si de una  partida de ajedrez se tratara, en función de las innumerables y no siempre previsibles circunstancias que se iban presentando.

 -¿Qué adversarios pueden estar a nuestro nivel? Faltan Bobet, Kübler y Koblet. Su ausencia no nos beneficia. La igualdad no ayuda a los mejores, premia a los peores. Dado que temen a Coppi y a Bartali en las subidas (y al primero también en la contrarreloj), tratarán de atacar y batir a los nuestros en las etapas supuestamente fáciles, que de fácil no tienen nada: en las etapas llanas.

 Mario Fossati seguía la carrera "desde el espejo retrovisor de una enorme motocicleta que pilotaba Alippi, un probador de coches de Moto Guzzi", y después visitaba el hotel de la delegación italiana para tomar una copa e intercambiar impresiones con Alfredo Binda. Luego escribe, pero sin "transformar en fantásticos a los personajes de su historia".

 La tienda del guerrero es el hotel, el lugar en el que el campeón desvela a sus más íntimos los misterios de la carrera, manifiesta sus dudas, confía sus temores y lanza sus desafíos.

 Por supuesto, en un deporte como el ciclismo, en el que las rivalidades "no se apaciguan ni después de la línea de meta", y en ese equipo nacional con Coppi, Bartali y Magni como primeras figuras y un destacado elenco de gregarios, se vivirá la tensión entre sus dos primeras espadas,

 Incluso una entrevista, una palabra o una idea pueden ser utilizadas o falseadas por quienes quieren sembrar cizaña. Y la cizaña, como dicen en Cittiglio, no hace falta sembrarla, porque ya crece sola.

pero también la reconciliación entre ambos corredores cuando Coppi le dé su bote de agua a Bartali en el Galibier (aunque aún hoy muchos siguen discutiendo quién cedió la botella) o, sobre todo, cuando Gino Bartali le pase su rueda a Coppi en la etapa Sestriere-Mónaco.


Fausto Coppi y Gino Bartali en la ascensión al Galibier
Fotografía: Carlo Martini

  Agitaba un ejemplar de L' Équipe. Señalaba el rótulo de una ilustración (el cambio de rueda entre Gino y Fausto): Coppi, que ya ha quitado su rueda, agachado, con su cabeza contra la de Gino, en el momento en el que coge la rueda que le ha cedido Gino. La amistad entre estos dos hombres tal vez (¡!) haya nacido justo en este preciso instante.

Bicicleta Bianchi con la que Fausto Coppi ganó el Tour de 1952


 La proeza de ganar Giro y Tour en el mismo año ya la había conseguido Coppi en 1949. Un Giro que ganaría por quinta vez en 1953, año en el que también fue Campeón del Mundo. Desgraciadamente, el Campionissimo murió prematuramente en 1960, a los 40 años de edad, después de contraer la malaria en una prueba que disputó en el antiguo Alto Volta (actual Burkina Faso), un país que visité, ajeno a este detalle, allá por 1997.

 Miro a Fausto y pienso en una máxima ciclista según la cual la grandiosa facilidad del estilo no consiste más que en un esfuerzo, en cierto modo, poco manifiesto.  
 *** 
 Coppi vuela: las llantas de sus ruedas no pesan. Fausto escala, como levitando. La bicicleta de Le Guilly está pegada al asfalto. 
 *** 
 Como sabemos, un campeón es aquel que, durante la carrera, afronta ritmos prohibitivos cuando es necesario, pero va despacio siempre que puede. Fausto lo bordaba. 

 Por edad, Coppi me pilla tan lejos como Anquetil, Bahamontes, Eddy Merckx o Luis Ocaña. Mi ciclismo está emparentado con los franceses Bernard Hinault y Laurent Fignon, el escocés Robert Millar, los colombianos Enrique Parra y Lucho Herrera, los italianos Claudio Chiappucci y Gianni Bugno, el americano Greg LeMond, el suizo Tony Rominger y, por supuesto, los españoles Ángel Arroyo, Marino Lejarreta, Álvaro Pino, Pedro Delgado y Miguel Induráin (seguramente me olvido de algunos nombres ahora).

 Como ven, hace mucho tiempo que dejé de seguir las retransmisiones ciclistas, tras tantísimos y sonados casos de dopaje. Por eso me ha gustado leer la crónica de aquel Tour del 52 que nos brinda la editorial Gallo Nero (http://www.gallonero.es/), pues siento ese ciclismo en blanco y negro, más próximo al de los ochenta y noventa que al ciclismo actual. Es como cuando uno ve en algún documental las imágenes de Cassius Clay bailando sobre el cuadrilátero. Cualquier combate de Mohamed Ali contra Sonny Liston, Frazier, Foreman o Norton es cien veces más memorable que el último y cacareado enfrentamiento del siglo entre Mayweather y Pacquiao. No hay color. Y no sólo porque las retransmisiones fuesen en blanco y negro, sino porque la calidad de los púgiles es bien diferente.

  A mí, el ciclista que más me gustaba de todos era Pedro Delgado. Por tocayo y por levantarme del asiento como ninguno: memorable su descenso a tumba abierta en los Pirineos en su debut en el Tour de 1983; su caída en el de 1984; su abandono por el fallecimiento de su madre en el de 1986; su pugna con el irlandés Stephen Roche, no apta para cardíacos, en el de 1987; su victoria en el de 1988; su despiste y tercer puesto en el de 1989; su cuarto puesto en 1990...


Pedro Delgado Robledo (Fotografía: Graham Watson)


 Debido a esa coincidencia en el nombre y el primer apellido, he compartido curiosas anécdotas con el ciclista a lo largo de toda mi carrera deportiva, la ultimísima durante la Feria del Libro de Madrid, cuando algunos seguidores del ciclista se acercaron a buscarlo a la caseta de Desnivel, en la que yo firmaba esa tarde. Venían con un ejemplar de A golpe de micrófono (las peripecias de un ciclista de élite reconvertido en periodista deportivo) bajo el brazo, y se encontraban conmigo y con mi Carta desde el Toubkal (Ediciones del Genal, 2015).

 En un post titulado La primera vez*, del 26 de octubre de 2014, ya les hablé sobre la primera vez que nos confundieron, pero, sin duda, la que más repercusión tuvo, llegando a salir incluso en el informativo de Telecinco, fue la que voy a mostrarles ahora:


El País, miércoles 6 de febrero de 2002


Diario As, miércoles 6 de febrero de 2002


Diario Málaga, febrero 2002


Contraportada As Andalucía, 22 de octubre de 2002


 Ya ven que la anécdota es de las buenas. Por cierto, y como no podría ser de otra manera, esta entrada está dedicada a mi tocayo, el ciclista Pedro Delgado Robledo (a ver si vuelvo a engancharme a sus retransmisiones), y a la editora de Gallo Nero, Donatella Ianuzzi, a la que felicito por su proyecto editorial.


*http://pedrodelgadofernandez.blogspot.com.es/2014/10/la-primera-vez.html