domingo, 8 de febrero de 2026

EL QUE NO CORRE, VUELA


Borrasca en los Ozores, de Pablo Aranda
Fotografía: Pedro Delgado

El mes pasado, cuando venía una borrasca tras otra, me acordé de una novela corta de Pablo Aranda que lleva por título Borrasca en los Ozores, y como hacía una tarde de sofá y mantita, como la de hoy, la cogí de la estantería y me puse a releerla.

 Al abrirla me encontré con su dedicatoria, y no pude más que esbozar una sonrisa:

 Para mi amigo Pedro, aunque en esta micronovela nadie corre; aunque el que no corre, vuela.
 Un abrazo enorme,
Pablo Aranda
abril 2018

 Veo su caligrafía tan particular, y recuerdo el mimo y el cuidado que ponía en cada una de sus dedicatorias, el detalle personal, lo recto de sus renglones...

https://cartadesdeeltoubkal.blogspot.com/2026/01/borrasca-en-los-ozores.html?m=0

 Leer a Pablo siempre es grato, de alguna manera es sentir de nuevo su compañía, como si estuviera sentado a mi lado en el sofá. Y como la tarde era lluviosa y no apetecía nada que no fuera estar arrellanado en él, me releí también Una historia de amor, un relato largo de Pablo que editó Promotora Cultural Malagueña con la colaboración del Ayuntamiento de Málaga y la Empresa Malagueña de Transportes (EMT), de ahí que lo repartieran en los autobuses de línea de Málaga para promocionar la lectura en la campaña «Libros sobre ruedas-Librerías en marcha».

Una historia de amor, de Pablo Aranda
Libros sobre ruedas-Librerías en marcha
Fotografía: Pedro Delgado

 Una historia de amor es un relato sobre un tipo que con veinte años recién cumplidos se enamora de Merit, una noruega que pasa sus vacaciones de verano en Málaga, y de cómo se la sopla su amigo Pedro. Al protagonista le gustan los videoclubes, el cine español y el café en una taza grande con mucha leche. Podría ser el propio Pablo, pero no lo es, porque entonces su perro no se llamaría Miércoles, sino Turrón. Tampoco soy yo el Pedro del relato, porque entonces estaría viviendo en Oslo, y Noruega es el único país de Europa, junto a Luxemburgo, Suiza y Liechtenstein, que todavía no he visitado.

Marit va a cumplir 50 años porque yo también estoy a punto de cumplirlos y en el verano de 1988, cuando yo acababa de cumplir 20, ella también acababa de cumplirlos. Los domingos no íbamos a la playa, porque los domingos no se va a la playa, tanta gente, las sombrillas y las voces, pero aquel domingo Pedro me propuso ir y dije bueno. Entre las familias  numerosas descubrimos un oasis de jóvenes extranjeras y extendimos las toallas junto a ellas. Yo creía que Pedro iba a contarme alguna intimidad y me preguntaba de qué se trataría, pero Pedro no decía nada y yo me callaba para dejar espacio a su confesión y lo miraba buscando algún gesto extraño que no hallé y me decía que tal vez simplemente le habían entrado ganas de ir a la playa aunque fuera domingo. Las extranjeras eran cuatro y nosotros dos éramos sólo dos. Parecían contentas y no lográbamos adivinar qué idioma hablaban. El pelo clarísimo nos hizo pensar en un idioma nórdico, también nos hizo pensar en un idioma nórdico haber descartado inglés, francés, alemán e italiano, tampoco holandés del que no entendíamos una sola palabra pero distinguíamos el fuerte acento, ni portugués porque las portuguesas no eran rubias. Era una lengua musical y  mientras esperaba lo que fuese a contarme Pedro me imaginé saliendo con tres de las cuatro, no a la vez sino que me imaginaba que iba a visitar a una a su país y luego me imaginaba visitando a otra, pero las imágenes me resultaban confusas porque deseaba escuchar la confesión de Pedro y además no sabía en qué país visitarlas. Tampoco sabía si visitarlas enseguida, al mes siguiente de que hubiesen vuelto a su país, o años después, cuando desconocía el aspecto que yo tendría. Mi aspecto 30 años después es el que tengo ahora, pero entonces no lo sabía.
 Mi cumpleaños había sido hacía muy poco y cuando cantaron el cumpleaños feliz en su bella lengua extraña Pedro dijo que me cantaban a mí y solté una carcajada y una de ellas, la del biquini naranja, se volvió a mirarme y le dije gracias.
 –¿Gracias por qué? –me preguntó en español.
 –Acabo de cumplir 20 años –respondí sonriendo.
 –Yo los cumplo hoy.
 Tenía una mirada rara y nos fuimos los seis juntos al agua. Le señalé la sombra violácea de una montaña africana pero no logró verla y me dijo que se llamaba Marit y era de Noruega. Me imaginé caminando por las calles de Oslo cogido de la mano de Marit, pero Noruega comienza por no y desordenando las palabras de Oslo llegué a solo, lo cual constituía un mal presagio que sin embargo no me desanimó. Nos invitaron a una fiesta esa noche y nosotros avisaríamos a Isidro y los otros y llevaríamos cerveza. Al despedirnos noté reflejos en su ojo dorado, como en la novela de Carson McCullers que aún no había leído, y me entraron unas ganas terribles de besarla.
 –Me gustan mucho tus ojos –logré decirle.
 –En realidad sólo es mío el izquierdo –dijo ella, y yo atribuí lo enigmático de su respuesta a su mal español, que no era malo en realidad, aunque tampoco muy bueno.
 En el camino de vuelta Pedro me contó algo, tal vez eso tan importante que le había hecho quedar conmigo para ir a la playa en domingo, pero yo no le escuchaba. Él hablaba y hablaba y yo me decía que en navidades vendría a visitar a mi padre y a mi madre, en las navidades futuras, cuando yo ya estuviese viviendo con Marit en un pequeño apartamento de un edificio antiguo sin ascensor en el centro de Oslo. No supe apreciar el mal presagio de que el edificio careciera de ascensor.

 Una historia de amor es un magnífico ejemplo de la literatura de Pablo, pues en sus páginas podemos encontrar sus habituales e ingeniosos juegos de palabras, su fino sentido del humor y su inmensa ternura por los perdedores.

 –Pero si Merit es noruega –dije.
 –Es lo mismo –dijo él.
 Por la noche daba vueltas en mi cama, preguntándome como Dios, o Thor, o quien fuese, permitía que una noruega de dos ojos bellísimos, aunque sólo uno fuese biológico, con esa sonrisa y ese acento, esa dulzura, podía salir con un tipo que consideraba lo mismo ser noruega que sueca y que se refería a ella aludiendo a lo que no tenía, un ojo, que en realidad sí tenía, aunque no fuera biológico, como quien tiene un hijo adoptado y es igual de hijo que un hijo biológico, o incluso más, pues es elegido, pero Merit no tenía un hijo adoptado sino un ojo adoptado mientras yo daba vueltas en mi cama y lloraba, en cierta manera tuerto, pues me faltaba una mitad, Merit, ¿qué haces con Pedro si quien iría a visitarte a Oslo soy yo?
***
Cuando terminaron aquellas vacaciones de 1988 fuimos a un concierto de Danza Invisible en Torremolinos y coreábamos todos juntos a gritos la canción El fin del verano siempre es triste, porque nos parecía verdad, y yo no se lo decía a nadie pero no sabía cómo afrontar el siguiente curso de la universidad sabiendo que Merit volvía a su fiordo y, lo peor de todo, sin que yo tuviera una buena excusa para ir a visitarla y tampoco dinero, aunque en aquella época no tenía problemas en viajar haciendo autostop y tardando lo que tardase, porque el billete de avión costaba un ojo de la cara, aunque esta expresión me deje un regusto sucio al escribirla.
***
Merit ha cambiado pero es la misma, como yo. Tiene el pelo largo pero no tanto como antes. Su ojo izquierdo sigue teniendo reflejos cuando la luz le da de cierta manera y aunque se nota que han pasado los años sigue guapísima. Su español es buenísimo, pero conserva un poco la musicalidad noruega y yo la besaría. Me ha dado un abrazo al verme y me ha preparado un café con leche en una taza muy grande, que es como a mí me gusta el café, con mucha más leche que café, pero yo no se lo he pedido así, a lo mejor se acuerda de cuando tomábamos café y pasábamos del inglés al español y yo calculaba las posibilidades de que dejase a Pedro y me pidiera salir con ella, pero nunca dejó a Pedro y yo sí lo fui dejando, porque un día me contó que Merit se depilaba el pubis, tío, aunque en realidad él dijo coño, y yo me enfadé porque me lo contase, y también un poco porque lo tuviese depilado, y me enfadé por haberme enfadado y le dije que preferiría no saberlo y él me preguntó el qué y si ni siquiera sabía eso es que era mejor dejarlo, y fui dejándolo, y poco a poco no fui yendo con él a la playa aunque fuese entre semana y llegó un momento en que hacía varios años que no nos veíamos y como Merit y él se fueron a vivir juntos pero sin casarse no tuvieron que invitarme a la boda ni yo tuve que no  ir, porque seguía enamorado de ella, como sigo ahora, casi treinta años después.

 Merit sólo estaba en aquellas páginas de papel, pero Pablo ya había hecho que cobrara vida. Me la había metido en la cabeza, y me dieron ganas de pisar Oslo, de ir a visitarla. Y entonces cogí la tablet y busqué Oslo en la página de la Lonely Planet. Escribí «Qué ver y qué hacer en Oslo», y gasté la última hora de la tarde en recorrer con Merit todos aquellos lugares.

https://www.lonelyplanet.es/europa/noruega/oslo/imprescindible

Una historia de amor de Pablo Aranda y la guía de Noruega de Lonely Planet
Fotografía: Pedro Delgado

 Y como la mayoría de los lectores de este blog son atletas, les anoto aquí, por si también se animan a visitar Oslo, la fecha de la próxima Maratón de la capital: 12 de septiembre de 2026.

https://oslomaraton.no/en/

Maratón de Oslo – 12 de septiembe de 2026