martes, 6 de enero de 2026

EL MEJOR REGALO DE REYES

No hay regalo de Reyes que supere al que nos ha hecho a toda mi familia el cirujano Diego González Rivas. El mediático cirujano torácico, al que solo conocía por sus intervenciones en La Revuelta de David Broncano, ha entrado directamente en el santoral de este ateo al extirparle a mi prima Elisabet un tumor de 4 kilos, lo que pesan algunos bebés al nacer.

El cirujano torácico Dr. González Rivas
con el tumor de mi prima en las manos
Fotografía: dieguinidoc

 «¡He vuelto a nacer, primo!», me decía el otro día al teléfono desde Galicia. Y sin duda eso es lo que ha ocurrido, porque en la sanidad pública, la de todos –¡a qué infraniveles está llegando!–, ya la habían desahuciado. Así que su última carta fue viajar hasta La Coruña para ponerse en las manos del Doctor González Rivas. Allí, en el hospital privado de San Rafael, el cirujano le extirpó el tumor gigante que le había crecido en la pleura del pulmón –un sarcoma de Ewing diagnosticado en octubre de 2024 que nadie se había atrevido o querido operar en Málaga–.

«Me dijo que tenía tres meses de vida, que eso tenía que quitarlo, que me iba a morir ya, que cómo no me habían operado de eso».

 El carácter con el que mi prima ha afrontado las piedras que la vida le ha puesto en el camino es digno de admiración. En 2009, con tan solo veintidós años, tuvo un primer tumor en la cabeza. La operaron con éxito, y tras radioterapia y quimioterapia, se vio libre de enfermedad durante 15 años. Como secuela del tratamiento corticoideo, desarrolló una necrosis aséptica de caderas, que precisó sendas prótesis de cadera. Aquello, y el excesivo celo o la falta de humanidad de sus profesores del grado medio de Ed. Física del I.E.S. Fernando de los Ríos, le impidió, al no poder terminar de realizar sus prácticas con la bicicleta de montaña, obtener el título de Técnico en Guía en el Medio Natural y de Tiempo Libre, que era lo que más ilusión le hacía en aquel momento.

 Tras muchos años de seguimiento, en septiembre de 2024 le dieron el alta y le dijeron que había logrado vencer el cáncer. Recuerdo la alegría con la que toda la familia lo celebramos un sábado por la mañana en la cafetería Cañamero. Sin embargo, poco nos duró la fiesta, porque un mes después consultó en Urgencias por una gastroenteritis y tras objetivarse un derrame pleural, se diagnosticó de nuevo de un sarcoma de Ewing pleural.

 En un principio eran varios nódulos pleurales, pero tras 14 meses de quimioterapia, el tumor en lugar de reducirse, siguió creciendo, y, a sus 39 años, Elisabet dejó de tener vida. Ya le costaba hasta respirar, y tenía que dormir sentada. El corazón, empujado por la masa del tumor, se le había desplazado al otro lado, y había riesgo extremo de muerte súbita. No habiéndose planteado nunca para su caso un abordaje quirúrgico, tuvo conocimiento de la existencia del Dr. González Rivas, el afamado y experto cirujano torácico.

Elisabet Rivas con el Dr. Diego González

 El día 29, uno de los hermanos de Elisabet, mi primo Aurelio, se puso en contacto con Diego González, y el día 2, ya estaba en la mesa de operaciones. Tras cinco horas de intervención, San Diego González Rivas le extirpaba todo el tumor y le devolvía a mi prima, Elisabet Roldán Comitre, la vida. Y por ende, la alegría a toda su familia.


 Vaya desde aquí mi eterno agradecimiento al Doctor Diego González Rivas. Y como en este blog siempre tienen cabida los libros, les voy a recomendar el suyo: Curando el mundo. Diario de un cirujano nómada (Plaza & Janés).

Curando el mundo: Diario de un cirujano nómada
Diego González Rivas
Plaza & Janés